El factor sorpresa

Vísperas de los cien días de Biden

 

Este miércoles Joe Biden, Presidente de los Estados Unidos, anunció que apoyará la renuncia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) a la propiedad intelectual de las vacunas. La noticia recoge una lluvia de críticas por parte de la industria farmacéutica y los republicanos del Congreso pero a su vez agranda el factor sorpresa ante medidas del tinte progresista (y no del establishment) que durante su campaña el demócrata se veía lejos de tomar.  La exención de las patentes de las vacunas se suma a las filas del Plan de Infraestructura; la reforma tributaria para que las grandes empresas paguen mayores impuestos; el regreso de su país al Acuerdo de París; el Plan para las Familias Estadounidenses (que incluye 1000 millones de dólares en gastos y 800 millones en recortes de impuestos y créditos para la clase trabajadora) y el incremento del salario mínimo, dentro de otras políticas anunciadas en vísperas de los cien días de gobierno.

Los motivos que explican que «los ricos se hicieron más ricos» residen principalmente en la recuperación del mercado bursátil y de bienes raíces durante la pandemia. El 1% de los hogares norteamericanos con mayores ingresos vio aumentar su patrimonio neto en más de mil millones de dólares en 2020. Lo cual significa que obtuvieron el 35% de la riqueza generada en todo el país según el último estudio trimestral de la Reserva Federal y que ahora valen más de cuatro mil millones de dólares. Por el contrario, la mitad más pobre de la población obtuvo solamente el 4%. Según una investigación de la fundación United Way el 43% de los hogares no puede pagar los gastos básicos: un techo, la comida, el cuidado de los hijos, gastos médicos, transporte ni un teléfono móvil.

Por primera vez en la historia dos mujeres acompañaron al Presidente en su discurso de apertura. “Ya era hora” dijo Biden al presentar a Kamala Harris, Vicepresidenta, y a Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes que se ubicaron detrás de él por ocupar los dos cargos de más jerarquía luego del suyo. Pelosi, líder demócrata e impulsora del impeachment mostró sus preferencias en contraste al último discurso de Donald Trump en donde culminó rompiendo los folios del texto que llevaba escrito el ex presidente luego de que el republicano le había negado antes el saludo al inicio del encuentro.

Kamala Harris es la primera mujer, y la primera afroamericana, que ha sido elegida Vicepresidenta. Su autobiografía titulada Nuestra verdad fue publicada hace un mes y allí realiza un recorrido sobre su vida, sus ideas y su construcción política desde su militancia en la Universidad de California hasta la vicepresidencia de su país. “Mi nombre se pronuncia comma-la”, aclara Harris en la contratapa. “Y significa ‘flor de loto’, un símbolo importante de la cultura india. El loto crece bajo el agua; su flor asoma en la superficie, pero sus raíces están bien firmes en el lecho del río”, agrega.

El análisis del discurso de Biden en clave con la lectura de este libro y la figura de Harris resulta interesante para la comprensión del programa de gobierno que prometen ejecutar. “El pueblo estadounidense no ha abandonado el sueño americano. Estoy segura de ello. Pero si no pueden dormir por la noche, ¿cómo van a soñar?” se pregunta y continúa “¿cómo vas a soñar si ganas el salario mínimo y trabajas cuarenta horas a la semana cuando sabés que en el 99% de los condados de EEUU no vas a poder pagar un alquiler a precio de mercado de un piso típico de un dormitorio?”. Kamala asegura que la vida de la clase media debería tener seguridad y estabilidad económica, algo imposible cuando el costo de vida se vive a “un paso de la catástrofe”.

Según una encuesta el 57% de los estadounidenses no tiene suficiente dinero para cubrir un gasto inesperado de quinientos dólares. En un repaso por su carrera como senadora, la actual vicepresidenta había presentado la Ley de Impuestos a la Clase Media (LIFT). Un proyecto que creaba desgravaciones fiscales para la clase media que proporcionarían 6.000 dólares más al año o 500 mensuales a familias que cumplan determinados requisitos. Este tipo de deducciones se pueden implementar “cuando se deja de ofrecer interminables beneficios fiscales a empresas y a las grandes fortunas”, opina Harris.

Cristina Fernández de Kirchner, Vicepresidenta de la Argentina, deslizó un hilo de Twitter donde analizaba puntillosamente el primer discurso del actual mandatario de los Estados Unidos. “La clase media construyó el país y los sindicatos construyeron la clase media. Por eso le pido al Congreso que apruebe la Ley para proteger el derecho a sindicalizarse” fue uno de los destacados que eligió junto con otros vinculados al mercado de trabajo y a la redistribución de la riqueza.

“¿Cómo hemos llegado hasta aquí?” reflexiona Kamala y pone una lupa sobre el gobierno del ex presidente Reagan. En la década de 1980 el Partido Republicano “redujo los impuestos a las empresas, se opuso al aumento del salario mínimo, desmanteló los sindicatos”. Desde ese momento “los trabajadores no han conseguido un aumento de sueldos significativo en cuarenta años y sin embargo, al parecer, no avergüenza a nadie que los directores generales ganen más de trescientas veces el salario de su trabajador medio”. En ese contexto Estados Unidos entró en el siglo XXI. “En 2017 (la administración de Trump) bajó los impuestos a personas que no lo necesitaban y se los aumentó a quienes no se lo pueden permitir. Desataron una guerra comercial que subió los precios. Nombraron jueces con la intención de destruir sindicatos. Cancelaron un aumento de sueldo para los funcionarios federales” continúa.

Por primera vez la imagen positiva de los sindicatos es la más alta en los últimos cincuenta años en comparación con las grandes empresas que es la más baja. Sobre este tema la vicepresidenta norteanmericana opina que firmar “la sentencia a muerte” del movimiento sindical es “inaceptable”. A la vez que define a los sindicatos como “los únicos” que han dado “el poder al pueblo en los lugares de trabajo” y concluye diciendo “necesitamos un renacimiento de los sindicatos en Estados Unidos”.

 

 

 

New youth

Un informe realizado por el el Instituto de Política de la Escuela Kennedy de Harvard reveló que el compromiso político de los jóvenes estadounidenses alcanzó niveles históricamente altos. La encuesta realizada que entrevistó a 2.513 estadounidenses de entre 18 y 29 años arrojó que la participación política es del 36% lo cual indica que el número aumentó en doce puntos desde la elección de Barack Obama. No sólo incrementó el interés por la política sino que ideológicamente los jóvenes se movieron considerablemente a la izquierda en los últimos años respaldando mayormente la intervención estatal en distintos temas. Además el 46% de los jóvenes dicen sentirse incluidos en la «América de Biden» mientras que el 24% no y el 28% son neutrales.

A la luz del Black Lives Matter y la muerte de George Floyd los jóvenes afroamericanos son los más activos políticamente alcanzando el 41% de los encuestados. La militancia entre los universitarios también aumentó. Se observa que uno de cada cinco estudiantes y uno de cada cuatro graduados están interesados en la política. En temas como la atención médica, el clima, la inmigración y la pobreza la mayor parte de los consultados está a favor de la intervención estatal.

 

 

Durante los últimos cinco años se registraron aumentos en afirmaciones como: “las minorías calificadas deben tener preferencias especiales en la contratación y educación” (↑19 puntos); “el gobierno debería hacer más para frenar el cambio climático, incluso a expensas del crecimiento económico” (↑18 puntos); el gobierno debería gastar más para reducir la pobreza” (↑16 puntos); “el seguro médico básico es un derecho de todas las personas y si alguien no tiene medios para pagarlo el gobierno debería proporcionarlo” (↑16 puntos); “La reciente inmigración a este país ha hecho más bien que mal” (↑8 puntos).

John Della Volpe es el Director de Encuestas a cargo de este reporte desde el año 2000. Según su experiencia dijo que las cifras muestran «el nivel más alto de participación política que jamás hayamos visto en nuestra encuesta». Durante la administración de Donald Trump el 31% de los jóvenes creía que había esperanzas en el futuro del país mientras que el 67% decía tener miedo. Cuatro años más tarde el optimismo sorprende ya que el 56% se encuentra dentro del primer grupo mientras que el 44% en el segundo. Esto es más impactante si se analiza sólo el recorte en jóvenes negros. El 18% tenía ilusiones en 2017 y hoy ese número asciende al 72%.

No hay buenas noticias para el Partido Republicano. Casi dos tercios de los jóvenes tienen una opinión “muy desfavorable” sobre Trump. Cuando se les pregunta cómo creen que el expresidente pasará a la historia, el 30% dijo que será recordado como “el peor presidente de todos los tiempos» y un 24% adicional dijo que debería ser visto como “malo” o “terrible”. Los jóvenes republicanos están divididos. El 56% desea que Trump «desempeñe un papel clave en el futuro de la política republicana» mientras que el 22% no estuvo de acuerdo y el 21% fue neutral.

Contra todo pronóstico, la paridad entre las generaciones mayores no se observa entre los jóvenes respecto a su identificación política. El 52% de los jóvenes dice que se siente más cerca del ala demócrata o se inclina hacia ellos en comparación con el 28% que simpatiza con los republicanos. La brecha es aún mayor entre los jóvenes de color. El único grupo en el que los republicanos corren con ventaja son los residentes rurales que representan menos de uno cada cinco jóvenes.

Della Volpe cuenta que hace veinte años cuando comenzó a entrevistar jóvenes el escenario entre las opciones se encontraba equilibrado. “Los jóvenes eran tan propensos a votar por George Bush como por Al Gore”. Las diferencias comenzaron a marcarse durante el mandato de Bush, se ampliaron durante el gobierno de Obama y se reforzaron en la era Trump. Una vez que un demócrata llega al 60% o más de aprobación entre los jóvenes como sucedió con el presidente Biden «para un republicano es muy difícil ganar”. Según el analista Biden se esforzó durante la campaña por comprender las preocupaciones de los votantes jóvenes «él los escuchó” dijo y agregó que los republicanos deberían hacer lo mismo.

Hace un año la misma investigación de Harvard indicaba que un tercio de la juventud tenía una imagen positiva de Biden ubicándolo por detrás de otras figuras como por ejemplo Bernie Sanders, su contrincante en la interna demócrata. Pero tan solo en tres meses la popularidad del actual Presidente creció a pasos inimaginables. Entre los votantes universitarios su aprobación es del 63% la más alta que haya registrado este sondeo para un titular (Bush 61% en 2003, Obama 57% en 2016). Por un margen de dos a uno el  40% espera que sus vidas mejoren como resultado de sus políticas en comparación con el 19% que cree que sus vidas empeorarán.

 

 

 

 

 

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