El fuego

La horrenda muerte de 65 presos comunes de Devoto en 1978

 

Es otro hito del proceso juzgamiento a los crímenes de la dictadura. Y una causa destinada a escalar la mirada sobre las cárceles en el presente. La Sala I de la Cámara Federal de Apelaciones acaba de confirmar la imprescriptibilidad de la masacre del Pabellón Séptimo de Devoto, el 14 de marzo de 1978, cuando unos cuarenta uniformados del Servicio Penitenciario Federal entraron a golpes a requisar el Pabellón porque los presos se negaban a apagar un televisor. Luego les cerraron la puerta, los ametrallaron y les lanzaron gases lacrimógenos. Los presos taparon la entrada con camas y colchones. La pila de colchones se incendió. Los penitenciarios, en lugar de socorrerlos, siguieron disparando. Murieron 65 personas.

Con votos de la mayoría integrada por Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, la Sala I confirmó los procesamientos ordenados en diciembre por Daniel Rafecas, al entonces director de la cárcel de Devoto, Juan Carlos Ruiz; el entonces Jefe de Seguridad Interna, Horacio Galíndez; el entonces Jefe de Requisas, Carlos Sauvage y el celador, Gregorio Zerda. Todos retirados del Servicio Penitenciario Federal. Rafecas los procesó por imposición de tormentos reiterados en 154 casos, de los cuales 65 se encuentran agravados por la muerte. Con los procesamientos, Rafecas mantuvo además las detenciones, dos domiciliarias y dos en cárcel común. La Sala I revocó la prisiones.

La causa ya había sido declarada imprescriptible por la Sala I en 2014, pero con otros integrantes. En aquel momento le ordenaron a Rafecas profundizar la investigación, porque había encuadrado los hechos como graves violaciones a los derechos humanos imprescriptibles, pero a su criterio debían volver a la justicia ordinaria. A partir de entonces, con el impulso de la querella encabezada por la abogada Claudia Cesaroni, el juzgado tomó testimonios a sobrevivientes, reunió prueba, dictó una medida de no innovar en el Pabellón Séptimo de Devoto y en diciembre dictó los procesamientos. Los penitenciarios apelaron. Desde entonces, se abrió un tenso compás de espera. La Sala, con una nueva composición, demoró más de dos meses en confirmar el fallo.

El fallo incluyó  un voto en disidencia de Mariano Llorens, nombrado durante la gestión de Mauricio Macri. Llorens no sólo desconoció la calificación de lesa humanidad, sino que volvió a inscribir los hechos como un motín y no como masacre, y negó incluso el carácter de graves violaciones a los derechos humanos del primer procesamiento de Rafecas, apelado por la querella.

«Nos preocupa, y mucho, el voto del juez Llorens», dijo Claudia Cesaroni. «No vamos a objetar las libertades porque entendemos que la cárcel solo debe imponerse luego de la realización de un juicio y la determinación de una condena. Solicitaremos al juez Rafecas medidas de control adecuadas para garantizar el proceso. Pero el voto de Llorens niega toda posibilidad, no solo de un acto de justicia y de reparación para las víctimas, familiares y sobrevivientes de esta masacre impune, sino tan siquiera de investigar qué pasó, retrocediendo décadas en las luchas por Memoria, Verdad y Justicia».

Entre los asuntos pendientes, aún se debe revisar el rol de los funcionarios judiciales que intervinieron en el comienzo de la causa. Ya antes de 2014, el fiscal Federico Delgado definió en numerosos dictámenes que la Justicia había actuado con desidia en aquella investigación y con una total inexistencia de imparcialidad. Entre los antiguos jueces y fiscales estaban Julio Cesar Strassera y Jorge Valerga Aráoz. El primero como fiscal federal y el segundo a cargo del Juzgado Nacional de Instrucción Nº 28.

 

Strassera y Valerga Aráoz.

 

El primer juez de la causa fue Guillermo Federico Rivarola, titular del juzgado en lo Criminal y Correccional Federal Nº 3. Llegó a la cárcel, escribió Cesaroni, dispuso una supuestas medidas de prueba, tomó una o dos declaraciones y mintió diciendo públicamente que no había heridos de bala.

Strassera introdujo como fiscal la cuestión de la competencia entre el fuero federal y el penal ordinario, un eje que se llevó más un año de expediente. Su única intervención, dijo Cesaroni, fue para decir que los acontecimientos configuraban hechos de carácter común y debían pasar al fuero penal ordinario. “De los presos quemados vivos, asfixiados y ametrallados no se ocupó —dijo la abogada—. No hay mención alguna en las 15 líneas, de las únicas víctimas de los acontecimientos ocurridos en la Unidad 2: los 64 muertos y los 97 sobrevivientes.”

El 12 de junio de 1978, Valerga Aráoz recibió el expediente. “Quizá porque estaban entretenidos con los partidos del Mundial de Fútbol que había comenzado el 1º de junio y terminado con la Selección Argentina coronada como campeona el 25 de junio y porque luego llegó la feria judicial de invierno –dice la abogada–, recién el 18 de julio de 1978 el fiscal criminal y correccional Carlos López Correa emitió su dictamen”. Con argumentos inversos a Strassera, dijo que “debe intervenir la Justicia federal”. Ese mismo día, Valerga Aráoz no dio su acuerdo, el fiscal apeló y el expediente comenzó a ir y volver del fuero ordinario al federal. Vuelve a Rivarola, pasa a la Procuración y a la Corte. luego volvió al juzgado de Valerga Aráoz para el dictamen final. El 18 de julio de 1979, el fiscal López Correa solicitó el sobreseimiento provisorio de los penitenciarios. El 30 de julio, Valerga Aráoz se bastó con una foja para dictar un sobreseimiento provisorio.

Strassera murió, pero Valerga Aráoz es el defensor del empresario Carlos Pedro Blaquier, procesado por los crímenes cometidos en el Ingenio Ledesma. La situación de los funcionarios judiciales aún no fue analizada en este expediente. Pero la querella insistirá al juzgado para pedir que lo llame a indagatoria.

 

 

 

 

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2 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimada Alejandra:
    Una digresión.
    Onasis Ortega analiza la obra de Manuel Reyes Mate “Tratado de la injusticia”.
    He aquí algunos párrafos:
    “No obstante, la apuesta de Reyes Mate es: […] “reconocer el núcleo semántico de la injusticia y hablar desde ahí de la justicia. El secreto del valor teórico de la injusticia lo tiene la memoria, de ahí el lugar estratégico de esta categoría. Sin memoria la injusticia deja de ser actual y, lo que es más grave, deja de ser” (p. 27).”
    “No hay injusticia sin memoria. Sin memoria es como si la injusticia nunca hubiera ocurrido, esto explica porque el que comete la injusticia se empeña en que los demás se olviden, sabe que no es suficiente perpetrar el acto sino borrar el significado del crimen. Al crimen físico le sigue el crimen hermenéutico; según Mate, “la cultura occidental ha sido maestra en la invisibilización del crimen” (p. 291).”
    “La memoria abre expedientes que la ciencia da por archivados. La memoria es objeto de la filosofía, pero también de la historia y de la ciencia jurídica. La historia cuanta los hechos de la manera más parecida posible a lo ocurrido, pero no pretende hacer una valoración moral de lo ocurrido; por el contrario la memoria sí, para la memoria los hechos no ocurren de manera fortuita sino que son el resultado de proyectos individuales o colectivos de los cuales se puede demandar responsabilidad. La memoria tampoco es igual a la ciencia jurídica, ella se especializa en identificar delitos, la memoria habla sobre todo de culpa.”
    “…Pero “Sin responsabilidad histórica la justicia la justicia global resulta incompleta porque, sin ella no dejamos fuera lo que hicieron los abuelos o a ellos le hicieron, sino que nos desinteresamos por algo tan actual y presente como los nietos que heredaron aquellas fortunas o desgracias” (p. 296).”
    “De acuerdo con Reyes Mate, Santo Tomás continúa la idea aristotélica de la justicia como virtud, pero le atribuye dos características específicas: alteridad y materialidad. La primera quiere decir que quien decide lo correcto de la acción no soy yo sino el otro al que se le ha causado un daño. En cuanto a la materialidad, quiere decir que la clave de la justicia está en la respuesta a la pregunta del otro, es decir, la reparación del daño; la justicia sería lo que se debe al otro. Aquí están presente los tres elementos claves que Reyes Mate recupera de los antiguos: alteridad, deber (lo debido) y el ajuste o justum de mi acción a lo que se debe al otro.”
    “El mismo Habermas pareciera incomodarle pedir consentimiento a las víctimas de prácticas cuestionables en el pasado pero benéficas ahora. “¿no resulta obsceno, que los beneficiarios de normas que sólo se justifican por los efectos positivos que producirán después, soliciten de los aplastados y humillados un consentimiento contrafáctico?” (Habermas, 1998, p. 130). La respuesta de Reyes Mate sería sí, porque la validez universal se asentaría sobre el no reconocimiento de la vigencia de las injusticias pasadas.”
    “Críticas y críticos de la justicia procedimental liberal hay de distintos tipos y desde distintos enfoques, pero quizás lo novedoso en Reyes Mate sea su intento no solo de fundar la justicia en la injusticia sino en recurrir a la memoria como fundamento. ¿Es plausible una justicia anamnética en tiempos del capitalismo global y del optimismo neoliberal? Contraria a la perspectiva hegemónica de la justicia liberal, Reyes Mate recupera las voces críticas que hablan en distintos tonos y desde distintos ángulos. En primer lugar los que plantean una vía negativa a la justicia y recuperan la primacía de la injusticia, en segundo lugar, los críticos del modelo liberal que intentan corregirlo o mejorarlo sin salir de él. Luís Villoro no parte de un consenso racional entre sujetos iguales sino de la experiencia de injusticia de los sujetos concretos, en lugar de partir del consenso, Villoro parte de su ausencia; en lugar de principios racionales construidos a priori para aplicarlos a determinada sociedad, parte de la percepción de injusticia para pensar cómo remediarla. En otras palabras, no plantea la justicia como consenso racional sino como respuesta a la injusticia. El que padece la injusticia no pide consenso exige respuesta.”
    “¡Vae Victis! dirá Reyes Mate frente a esa teoría racional de la justicia, para subrayar la primacía de la experiencia de la injusticia, experiencia que contiene un momento irreductible en una formulación positiva de justicia. Remite a la mirada irreductible de la víctima, que como dijera Adorno, veía el mundo “boca abajo”; desde las alturas filosóficas podríamos aventurarnos a decir que las víctimas son una necesidad histórica, una fatalidad. Pero las víctimas ven en ese fatalismo una injustificada simplificación. Si la respuesta filosófica a la experiencia de la injusticia sigue siendo el desprecio de la relevancia teórica de lo concreto, entonces hay que someter esa filosofía a la crítica, hay que sospechar del manto de la abstracción, de su pretensión de universalidad y de lo que oculta de particular. Esa crítica bien podría echar mano del singular menospreciado tal como lo recogen ciertos filósofos contemporáneos en la expresión autrui.”
    “Autrui no es simplemente el otro sino la otredad que trasciende su condición de miserable y marginado, es un particular con la potencia de ser universal. El otro, nos dice Levinas “autrui es el pobre, el extranjero, el huérfano o la viuda, pero investido con la autoridad de Dios, es decir, dotado con el poder de ver en su situación de pobre una injusticia y no un factum inevitable o inapelable” (p. 69). El sobreviviente de la barbarie, desposeído y abandonado es un archivo viviente que con su presencia es capaz de interpelar al verdugo. Es el Autrui de la experiencia de injusticia que convoca la condición humana. Pero ¿cómo es posible que de una humanidad sometida y fracturada se levante una presencia capaz de interpelarnos? La respuesta no está en la voluntad de la víctima, sino en nosotros que necesitamos del autrui para ser yo, lo que se pone de manifiesto con el autrui es la elocuencia de la negatividad allí donde el hombre es negado y sometido a estrategias de destrucción, allí se hace presente la demanda de justicia.”
    http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-46882018000100269#aff1

  2. JOE AUBERGINE dice

    A los «héroes de ocasión»
    el tiempo siempre desnuda
    la verdad no siempre es muda
    solo le falta envión.
    Strassera fue ese chabón
    que ninguneó a Papaleo
    cuando la pasaba feo
    demientra la torturaban
    y los CEOS se aPROpiaban
    Papel Prensa en el blandeo

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