El gran relato del mercado

Realizadores audiovisuales, documentalistas y actores responden a las amenazas de Milei

 

No ha sido la lógica del mercado la que ha intercedido en pos de disminuir el consumo de comida chatarra. No fueron las multinacionales del sector alimenticio las que se pusieron de acuerdo para hacer accesible la información sobre el exceso de azúcares, grasas o sodio presente en los productos que ofertan. Tampoco hubo un boicot popular que hizo caer la demanda. Las regulaciones públicas, como la ley de etiquetado frontal, se suelen construir por el empuje de sectores especializados o de minorías organizadas, no por plebiscitos. La moraleja es que ni una oferta variada ni una alta demanda son sabias en garantizar la protección de la salud de la población. Vale el recordatorio porque este es un tiempo en el que se le otorgan al mercado cualidades que nunca tuvo ni intentó tener.

Si hablamos de productos culturales, el asunto adquiere otros ribetes. No producimos ni consumimos cultura solamente para entretenernos, aunque sea ese un factor ineludible: el goce también construye calidad de vida. Producimos y consumimos cultura para narrarnos a nosotros mismos, para explorar qué imágenes y qué voces nos representan, para entender quiénes somos y quiénes queremos ser y contárselo al mundo. La cultura nos permite construir respuestas sobre los problemas que nos aquejan desde las sensibilidades comunes: con la mixtura de la reflexión y la emoción se logra un cimiento más sólido para la acción conjunta.

La amplísima oferta de producciones audiovisuales no garantiza su circulación en un mercado que, en materia de distribución y exhibición, está cada vez más concentrado en pocas pantallas y plataformas transnacionales. Su apariencia on demand encubre de manera eficaz que es un sistema predeterminado por una lógica on offer. Lejos está el usuario del tener el control. La cantidad tampoco es sinónimo de diversidad, más aún, puede confluir con la homogenización de contenidos (a los que, quizá, correspondiera etiquetar por exceso de estereotipos y lugares comunes, tanto en estéticas como en narrativas).

En este contexto global, un presidenciable como Javier Milei propuso cerrar el ente autárquico que tiene a cargo el fomento y la regulación de la actividad cinematográfica en todo el territorio de la República Argentina: el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Ya es una recurrencia: tienen más propuestas que apuntan a cerrar espacios que a abrirlos. Avanzan contra las libertades.

 

Quiébrese

“Genera déficit”, fue el argumento que esgrimió el líder libertario al prometer terminar con el INCAA. “Si genera déficit, es porque vos no generás un producto apetecible para el mercado. En condiciones normales no deberías existir, tendrías que quebrar”, agregó. Lo primero que cabe puntualizar es que la “normalidad” a la que apela el candidato no se corresponde con la realidad de los países de economías desarrolladas, que invierten en su industria cinematográfica por comprender que es una forma de proyectar su influencia al mundo. En segundo lugar, su tesis del “déficit” desinforma sobre cuál es la forma de financiamiento del organismo. A partir de la modificatoria de 1994 de la Ley de Fomento de la Actividad Cinematográfica Nacional, número 17.741, se constituye un Fondo de Fomento integrado por:

  • El 10% del precio de cada localidad o boleto entregado para presenciar espectáculos cinematográficos en todo el país, cualquiera sea el ámbito en el que se realicen.
  • El 10% del precio de venta de todo tipo de videograma grabado, destinado a su exhibición pública o privada. Este ítem está desactualizado, ya que correspondía a la venta de videocasetes o DVDs. A partir de un proyecto de ley presentado por el INCAA, hoy se debate que sean las plataformas de streaming las que destinen un 10% de lo que los abonados ya le pagan de IVA a este Fondo. La iniciativa también prevé que estos servicios incorporen una cuota de pantalla de producciones audiovisuales nacionales.
  • El 25% de las sumas percibidas por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) a partir del gravamen que pagan los titulares de los servicios de comunicación audiovisual.

De ello se deduce que son quienes consumen o comercializan cine los que aportan al fomento de la producción cinematográfica nacional. Liliana Mazure, quien presidió el INCAA entre 2008 y 2013, explicó que “quienes deciden qué películas van a recibir subsidios son los comités conformados por directores, técnicos, guionistas, actores y productores propuestos por las asociaciones y por las provincias”, por lo que su “funcionamiento es sumamente federal”. El Consejo Asesor del INCAA está integrado por once miembros: cinco son propuestos por la Asamblea Federal –uno por cada región cultural– y seis son propuestos por entidades con personería jurídica o gremial que representan a sectores del quehacer cinematográfico.

Mazure, quien también se ha dedicado a la producción y dirección de largometrajes, indicó que el INCAA contiene y reglamenta un sector muy amplio, ya que “tenemos cerca de 300.000 trabajadores y trabajadoras agremiados en todo el rubro audiovisual”. Además de aplicar el Fondo de Fomento, el organismo es responsable de regular la distribución y exhibición de los bienes audiovisuales y de calificar su aptitud para ser vistos por niñas, niños y adolescentes a través de su Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas (CAEC). A la lista de espacios que los candidatos de La Libertad Avanza pretenden vaciar, hay que agregar la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), puesto que el INCAA “se hace cargo de las escuelas de cine que hay en todo el país: el ENERC central y sus cinco sedes”, completó la cineasta.

 

Para Milei, ¿los estudiantes de la ENERC sede NEA tampoco deberían existir?

 

 

Identidad y diversidad

“Si nosotros como sociedad no tenemos ninguna participación en los relatos audiovisuales que consumimos, las regulaciones las pondrán otros”, evaluó Marcelo Piñeyro, uno de los realizadores audiovisuales argentinos más reconocidos a nivel internacional. Para el director de las multipremiadas Tango feroz (1993), Cenizas del paraíso (1997) y El método (2005), hace más de 30 años el Estado –atravesando todo tipo de gobiernos– ha decidido que nuestra sociedad tenga sus propios relatos: “Un relato que nos cuente, que nos haga reflexionar sobre nosotros, que nos divierta con nuestras cosas, que sea crítico: lo que tenemos que defender es la diversidad de los relatos”. En ese sentido, enfatizó que “el INCAA siempre ha sido súper amplio, nunca ha ejercido ningún tipo de censura”.

Para Piñeyro, quien también guionó junto a Marcelo Figueras películas como Plata quemada (2000), Kamchatka (2002) y Las viudas de los jueves (2009) y fue productor ejecutivo de la primer película latinoamericana en ganar un Oscar, La historia oficial (1986), lo que permite el cine nacional es “ser quien sos”: “Si yo consumiera exclusivamente audiovisual coreano y pretendiera vivir mi realidad como parte de eso, si yo creyera que mi realidad es la de Corea, viviría insatisfecho, desconociéndome y no pudiendo articular mis deseos”, ilustró. Por lo tanto, la creación del propio relato audiovisual “tiene que ver con la posibilidad de desarrollarse mejor, de conocerse mejor y de poder proyectar un futuro mejor”. Respecto a las declaraciones de Milei, consideró que se trata de una “mirada que se corresponde al concepto de país que se imaginan: una gran estancia con cuatro financieras”. “Yo no quiero vivir en ese país, francamente”, concluyó.

“Es una bravuconada decir que el INCAA genera déficit”, manifestó Juan Palomino, quien lleva cuatro décadas en las pantallas argentinas, y puntualizó que hay películas que han sido un éxito en taquillas, como Relatos salvajes (2014) y El secreto de sus ojos (2009), que también se construyeron con aportes del INCAA. En su extensa trayectoria actoral, le ha tocado interpretar a íconos de nuestra cultura nacional como a Martín Fierro, en el largometraje Martín Fierro, el ave solitaria (2006), y a Diego Armando Maradona en la serie de televisión web Maradona, sueño bendito (2021). “El cine es un elemento de construcción identitaria, una forma de multiplicar en una red de espejos nuestros rasgos identitarios”, dilucidó. “Lo que más les molesta a estos personajes es que se hable de la cultura de un país, de la identidad de un país, de un país que tiene también identidad marrón”, sintetizó Palomino, quien ha sido secretario general de la Asociación Argentina de Actores.

 

Juan Palomino interpretó a Martín Fierro (2006) y a Diego Armando Maradona (2021).

 

 

Para el documentalista Gustavo Alonso –quien dirigió La vereda de la sombra (2003), El cielo otra vez (2014) y VHS: Volver a Hamlet siempre (2019), guionó La guardería (2015) y produjo Carne de Dios (2022), corto ganador del Festival de Mar del Plata y en carrera para el Oscar– no está en el pensamiento de Milei “cerrar un organismo por su costo, sino por una decisión política en cuanto a quiénes son los que cuentan la historia”. Lo que expresa es “una posición contra la democratización del relato”, puesto que “lo que no quiere es un relato distinto del relato mercantilista”. Desde la perspectiva de Alonso, que integra el Consejo Asesor del INCAA como representante de la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de la Argentina (ADN), avanzan contra el Instituto porque “es un símbolo de un modo de narración alternativo, federal, que incluye la equidad entre sus valores”. Recordó que la autarquía del INCAA fue interrumpida sólo una vez en la historia y lo hizo alguien a quien Milei admira: Domingo Cavallo. El ex ministro de Economía, a través de una Ley de Emergencia Económica, “tomó los fondos y los retuvo; y fue el peor año en la producción cinematográfica argentina”.

 

Crear pantallas

“Si el Estado no interviene, cuatro o cinco plataformas globales van a terminar formateando el gusto y los consumos culturales”, sostuvo el director de Políticas Audiovisuales del Instituto Cultural bonaerense, Pablo Torello. “Los contenidos que miramos cada vez se parecen menos a nuestras vidas particulares: nosotros comemos, nos enamoramos, bailamos y dormimos la siesta de manera distinta a los santiagueños o a los catamarqueños”, graficó. Definir el cine bonaerense, por caso, implica habitar una tensión: “Es un gaucho en el medio de la pampa; es un chico haciendo trap en el Conurbano”. Por lo tanto, “el cine, como tantas formas de narración, tiene que ser una expresión de esa diversidad: el mercado no va a ocuparse de estas particularidades”.

El miércoles se inauguró el Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires y se lanzó BAFILMA (https://bafilma.gba.gob.ar/), una plataforma de contenidos audiovisuales gratuita que ya reúne más de 500 títulos de directores y directoras bonaerenses en 600 horas de contenidos. “Es la primera vez que están reunidos en una sola plataforma y eso, en sí mismo, construye un camino hacia la definición de la identidad y su reconocimiento”, valoró Torello. Las secciones para agrupar los contenidos responden a una lógica que “no se encuentra en otro lugar”: Territorio conurbano, Historias bonaerenses, Mujeres directoras, Ventana Malvinas, Ventana medio ambiente, Ventana pueblos originarios, entre otras. “La plataforma reúne, además, un catálogo fotográfico de 4.000 locaciones para filmar y rodar en la provincia de Buenos Aires, con su diversidad de geografías y paisajes”, añadió.

 

https://www.instagram.com/reel/Cwlntfxs3sw/?igshid=MzRlODBiNWFlZA%3D%3D

 

El objetivo es crear “más pantallas para visibilizarnos”, resumió Torello, quien es también realizador de Historias de aparecidos (2003), producido por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. La investigación llevada a cabo en el rodaje de dicho documental permitió denunciar la existencia de tumbas NN en el Cementerio de General Lavalle, a partir de lo cual se logró exhumar e identificar los cuerpos de las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce y confirmar la existencia de los “vuelos de la muerte” de la última dictadura cívico-militar. Nuestro cine también construye nuestra memoria y nuestra verdad.

 

 

 

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