EL HANTAVIRUS NO ESTÁ EN LA AGENDA

Debe darse una respuesta de salud a la población, sin licuar la responsabilidad en los ratones ni en los enfermos

 

La falta de políticas públicas de prevención y atención del Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH) persiste, a cinco meses de finalizado el último brote con víctimas fatales en Chubut y a las puertas de un aumento importante de la población de ratones colilargos (que transmiten el virus) en la costa norte del lago Nahuel Huapi, sur de Neuquén.

Once muertos y treinta y cuatro personas que sobrevivieron a la enfermedad es el saldo más crudo del brote de hanta desatado en noviembre del año pasado en Epuyén, pequeña localidad del noroeste de Chubut. El daño persiste no sólo en las familias directamente afectadas, sino en los espacios sociales y comunitarios golpeados por la experiencia traumática que no puede ni cerrarse ni encapsularse desde el Estado, desde la verticalidad de las burocracias.

La región de la cordillera patagónica necesita capitalizar la experiencia social sufrida y acumulada desde el primer caso registrado en El Bolsón (Río Negro) en 1995, para acompañar el proceso de recuperación comunitario de Epuyén, así como también prepararse ante nuevos escenarios de crisis como la futura ratada en la zona de Villa La Angostura (Neuquén). Cierta distancia temporal del duelo y el dolor permite y exige identificar un puñado de elementos fundamentales para una estrategia regional ante el hanta que cuente con recursos y conducción estatal (al menos de las provincias y los municipios directamente afectados) y participación y consenso comunitario.

La experiencia personal de quienes adquirieron el virus, los avances de las investigaciones científicas, el diálogo entre los profesionales en instituciones del Estado y los vecinos, la acción y reclamos de familias y comunidades mapuche de la zona, las advertencias gremiales sobre recortes presupuestarios en el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas Dr. Carlos Malbrán, la necesaria cooperación con Chile, son algunos de los ejes ya identificados. Otros exigen afinar más la mira y los discursos, como la necesidad de producir una vacuna y/o suero para dar una respuesta de salud a la población humana, para no licuar la responsabilidad estatal ni en los ratones colilargos ni en los enfermos.

 

Elaboración Fundación Soberanía Sanitaria en base a datos de los presupuestos nacionales de 2015 a 2019.

 

 

Experiencia personal, memoria comunitaria

Fabiola Salerno, 44 años, profesora de educación especial, es una de las treinta y cuatro personas que adquirieron el virus del hanta (de la cepa andes sur) durante el brote que las autoridades de salud de Chubut no identificaron a tiempo, ni reconocieron hasta que las muertes resultaron inocultables. Es docente de nivel medio en Epuyén; estuvo internada desde el 29 de diciembre al 6 de febrero en el hospital de Esquel. Mientras estaba en terapia intensiva, en la cama de al lado falleció un alumno suyo, contó en esta primera entrevista que ofrece mientras todavía está con licencia médica y en proceso de recuperación. Quiere volver al aula; lo necesita ella y seguramente también ese espacio golpeado con la muerte de dos adolescentes y la portera. Las autoridades de educación de Chubut no intervinieron ni en ese momento ni después.

“Adquirir el virus está relacionado a políticas de salud que fallaron”, sostiene Fabiola, alejándose de las visiones que pretenden hacer aparecer los casos como inevitables en una zona endémica. “Gente del área programática de Salud de Esquel nos aseguró, cuando ya teníamos personas fallecidas, que el contagio no era interhumano. Cuando desperté, después de estar entubada por 20 días —ausente, podría decir— me encontré con investigaciones científicas de nuestro país, de la doctora Paula Padula, que ya en el ’96 nos hablaba del contagio interhumano”. Se sumó al movimiento vecinal que reclamó medidas sanitarias desde el primer momento y cuestionó la militarización del área.

“Se había formado una mesa de vecinos, todo indicaba que esa mesa había que formalizarla, consolidarla. Nuestra zona es endémica y nos encontramos sin políticas públicas que hablen de protocolos ni de organización. En los parques nacionales Nahuel Huapi y Lanín estas mesas existen desde 2010. Presentamos un proyecto de ordenanza en marzo, recientemente se aprobó. El Ejecutivo local tiene que ratificarla. Esperamos que no dé un paso atrás”.

A fines del año pasado, “estábamos en clase cuando estudiantes de la escuela adquirieron el virus. Una chica falleció mientras estábamos en clase, dos estudiantes más fueron internados”.

–En estos meses, ¿volvieron a Epuyén las autoridades de salud y de educación de Chubut, para hacer una reflexión crítica?

Hubo un cierre, esa fue la palabra que usaron las autoridades de salud, que consideraron clausurado el ciclo con un último informe oficial colgado en la web oficial. En el Deliberante local, al argumentar la creación de una mesa de trabajo interinstitucional, esta vecina dijo “acá no hay cierre posible”, diferenciando todo el tiempo el compromiso y labor de los trabajadores de la salud de los funcionarios del área “provistos de discursos y desprovistos de políticas”.

En ese sentido, la mirada y estrategia es regional. En mayo se realizó un congreso patagónico sobre hanta en Bariloche, donde se acordaron líneas estratégicas importantes y un acuerdo de cooperación con Chile. El gobierno de Chubut no asistió; Neuquén envió delegados.

Probado el contagio interhumano, la vida en comunidad necesariamente implica el riesgo de adquirir el virus. Así es que Fabiola cuestiona y rechaza “la estrategia de responsabilizarnos individualmente por haber adquirido el virus para no dar respuesta de política pública”. Y, especialmente, manipular la información del análisis del desarrollo epidemiológico del brote para estigmatizar a las primeras víctimas y sus familias. Fabiola revisó hasta su propio lenguaje como parte de esta experiencia: la enfermedad “no se contagia, se adquiere en cualquier momento. Hay personas que estuvieron muy cerca nuestro cuando estábamos con síntomas, que no adquirieron el virus. Al lado mío, en este contacto estrecho como dicen los médicos, estaba mi hijita de 8 años que no adquirió el virus”. Profesionales del Malbrán recientemente estuvieron tomando muestras de sangre de los que adquirieron el virus. “Ofrecí y ofrezco la posibilidad que las personas que estuvieron cerca también formen parte de esta investigación”.

 

 

Viejo escenario nuevo

A doscientos kilómetros al norte, en el área boscosa ubicada entre el casco urbano de Villa La Angostura y el paso internacional Samoré, desde fines del año pasado se registra un fenómeno medioambiental que produce un escenario de mayor riesgo para la propagación del hanta. Martín Monteverde, biólogo, director de ecosistemas terrestres del Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) con asiento en Junín de los Andes, está al frente de un monitoreo de la evolución de la población de roedores silvestres con la floración masiva de la caña colihue iniciada a fines del año pasado. En un área estimada en 90.000 hectáreas, esta floración produjo una gran disponibilidad de alimento para el ratón colilargo, una de las especies silvestres de roedores del bosque andino-patagónico. Según las proyecciones de estos muestreos, en uno o dos meses se registrará el mayor pico de la ratada de colilargos, no de los otros roedores silvestres ni de ratas “urbanas”.

En el primer trimestre el CEAN inició este monitoreo con trampas en puntos clave y muestras de sangre. Los informes se vuelcan en una mesa interinstitucional local y se giran a las autoridades de salud de Neuquén. De acuerdo a esos registros, en 30 o 50 días se produciría el momento de explosión numérica de estos ratones que se alimentan casi exclusivamente de granos.

La caña colihue, especie nativa del boque andino-patagónico, cada 60/80 años florece en forma masiva alfombrado el suelo de semilla, estrategia reproductiva que se da por sectores. Esta floración empezó a fines del año pasado. En marzo cayó la semilla en el área que comprende unas 90.000 hectáreas sobre el eje de la ruta de Siete Lagos, con el lago Villarino al norte, el paso internacional Samoré y el paraje Rincón al oeste, y el río Correntoso al este. Los roedores ya se dieron el banquete de semillas –sólo quedan las vainas— que altera el ciclo anual de reproducción, con más crías por camada, y aumenta el promedio de su peso.

Pasado el momento de la sobreabundancia de alimento, la población de roedores compite después por el espacio provocando una gran dispersión hasta que mueren. En ese momento es cuando avanzan sobre los entornos domiciliarios y las áreas urbanas. Monteverde insistió en que estos monitoreos son instrumentos al servicio de las estrategias sanitarias, ya que al aumentar la población de colilargos aumentan los portadores del virus y las posibilidades de exposición por parte de la población local.

El brote de Epuyén se registró sin floración masiva de caña y sin la consecuente ratada, doloroso caso que explica a cualquiera que no hay relación mecánica entre las estrategias reproductiva de la flora y fauna nativa (la caña y el colilargo) y los casos en que se adquiere el virus.

Las agendas electorales y los intereses económicos de temporada invernal no deberían interferir en la urgente necesidad de debatir y organizar espacios comunitarios en Villa La Angostura, donde además habría que contar con los antecedentes hospitalarios y científicos de los casos registrados en 2002 y la experiencia de sus familiares.

 

 

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1 comentario
  1. Silvia Quiles dice

    Excelente

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