EL HOMBRE FUERTE

Berni no toma la realidad nacional por una comedia, sino a su comedia por la realidad nacional

 

 

«Para un soldado es normal tener un arma en la mano.
El soldado está más con el arma que con su mujer».
Sergio Berni

 

 

Escribo esta nota con la imagen del Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, frente mío. Se trata de una imagen que circuló hace unas semanas por las redes sociales y la televisión, una imagen que fue ampliamente glosada, objeto de la indignación progresista y la celebración punitivista. No es para menos, en la foto en cuestión se veía a Berni paseándose con un arma aparatosa en medio de un operativo.

No es la primera vez que vemos armado a Berni. En septiembre de 2014 se había mostrado también con un arma en la cintura cuando la Gendarmería y la Policía Federal desembarcaron en la ciudad de Rosario, en el marco del megaoperativo de saturación policial que implicó la movilización de más de 1.000 efectivos. Una medida que no sirvió de nada o para muy poco, tal vez para que algunos rosarinos  se sintieran más tranquilos. Pero a la distancia sabemos que no sirvió para bajar los homicidios dolosos y, mucho menos, para acabar con las cocinas de drogas. Quiero decir, ni la violencia interpersonal, ni el tráfico de drogas ilegalizadas se van a resolver a través del policiamiento masivo. Peor aún, el operativo generó más enojo entre los jóvenes de los barrios pobres que fueron el objeto de rigor de la prevención policial a través del hostigamiento.

Berni también se mostró con un arma en otro operativo que tuvo lugar en la ciudad de Pergamino, después de un robo piraña a un supermercado, que terminó con nueve jóvenes sospechosos detenidos. Iban unos pocos días de cuarentena y el fantasma de los saqueos colectivos recorría el Conurbano y a sus dirigentes. Dijo Berni: “A todos ellos que tengan la loca fantasía de repetirlo les decimos que la Policía y la fiscalía estamos trabajando coordinadamente, que esto no solamente fue un robo sino que tiene el agravante de haber sido un robo en banda, utilizando menores y habiendo cortado la cuarentena, así que tienen para rato”.

 

 

Todos sabemos que Berni es muy afecto a los disfraces. Alguna vez lo comparamos con Batman. En efecto, al igual que Batman, Berni se dedica a perseguir perejiles y lo hace ostentando parafernalia. El objetivo de sus excéntricas performances no es el crimen complejo sino el delito callejero o predatorio de poca monta. Sabe que las conflictividades complejas necesitan tiempos largos para desandarse y cuando la política está sometida a rendir cuentas cada dos años, y la oposición hace política con la desgracia ajena, la gestión tiene que salir a responder las tapas de los diarios. Más aún cuando Berni se ha convertido en un dirigente y está levantando la mano también. Por eso se dedica al bacheo policial, a tapar agujeros, hace fulbito para la hinchada. Berni sabe lo que quieren los televidentes y los imagina como sus futuros electores.

Berni es un dirigente político pero también un militar. En realidad Berni es militar, político, pero también médico cirujano, abogado, karateca, etc. etc. Encima es alguien que aprendió a desenvolverse con soltura frente a las cámaras de televisión y le gusta que le hagan las preguntas difíciles. Él le pone el pecho a las preguntas más feas. Recordando su lealtad, Berni se pone debajo del paraguas del kirchnerismo puro y duro. O por lo menos eso es lo que le gustaría que nosotros creamos.

Llegó a la política de la mano de Alicia Kirchner, pateando la calle, resolviendo problemas aquí y allá, apagando incendios por todos lados. Corría el 2003 y el 2004 y había que sacar la protesta de la calle. No se puede gobernar con la gente todo el tiempo en la calle. Berni fue el hombre elegido para abrir espacios de diálogo. Con esa capacidad de gestión se metió a muchos referentes sociales en el bolsillo que todavía siguen mirándolo con simpatía, como un personaje excéntrico, pero de palabra.

Berni es un militante hiperactivo como pocos. Hizo de la prepotencia de trabajo una marca registrada. De hecho confunde la hiperactividad con la eficiencia. Porque Berni, como la televisión, está ahí, lo importante es llegar primero, estar alerta, hacer política con el último momento, subirse a cada primicia para ganar prensa.

Y para estar en todos lados hay que hacerlo vestido para la ocasión. Si se trata de un incendio, Berni estará disfrazado de bombero; si se trata de buscar a una persona que se ahogó, lo tendremos metido adentro de un traje de neoprene junto al equipo táctico zambullidos en el agua; si hay una fuga de algún químico, estará con un equipo especial y máscara protectora; en una clase de karate lo encontraremos en patas y con bata atada a un cinturón negro; si se trata de Covid-19 lo veremos encapsulado con el traje de rigor; y si es un desembarco en un barrio a través de un allanamiento masivo, lo veremos vestido con la gorrita que los directores de cine suelen ponerle a los actores que interpretan a los oficiales de la DEA en los operativos especiales, solo que esta vez el arma que lleva en la cintura no será de utilería.

 

 

No se trata de una imagen improvisada. Si llegó hasta nosotros es porque su equipo de prensa decidió propalarla. Berni quería ponerse en el centro de la escena otra vez. En las imágenes vemos a Berni comandando personalmente un operativo en la madrugada del miércoles 10 de junio en el cual fueron detenidos dos jóvenes de 16 y 19 años, acusados de ser los presuntos asesinos de un gendarme que regresaba en bicicleta a su vivienda en la localidad bonaerense de Zárate. Metiche como siempre, en las imágenes que circularon se ve a Berni dando órdenes a miembros del grupo GAD que estaban rodeando y deteniendo a un presunto sospechoso. En su mano derecha Berni porta un fusil negro que, eso sí, el ministro tiene la precaución de mantener siempre apuntando hacia el suelo.

 

 

 

 

En una nota muy curiosa de Infobae, sin firma, escrita para los devotos de la violencia —tal vez los interlocutores favoritos del ministro—, nos cuentan que se trataría de una “pistola Bersa Thunder PRO empotrada en lo que parece ser un kit RONI del mismo fabricante, una empresa argentina de armas y municiones.” El artículo sigue de esta manera: “Los kit RONI se montan por encima de la pistola, de modo que sólo la empuñadura, la cola del disparador (gatillo) y el guardamontes quedan a la vista. Así, permite un mejor agarre de la pistola, al proveer de una culata para apoyar en el hombro, transformándola de hecho en un fusil táctico, con mejor puntería y alcance real de hasta unos 50 metros. Además, el kit RONI permite montar accesorios adicionales mediante su riel Picatinny, y en el caso del utilizado por Berni parece verse una mira PS 44, fabricada por la empresa alemana Walther. Se trata un visor sin aumento dentro del cual se proyecta un punto rojo que facilita la puntería rápida, y que suele ser utilizado por las fuerzas de seguridad. La pistola BERSA Thunder PRO se produce en tres calibres: 9×19 mm Parabellum, 40 SW y 45 ACP. No estaba claro en las imágenes del video de cuál se trataría, aunque en Argentina el calibre 9×19 Parabellum es el más común y de uso reglamentario en las fuerzas de seguridad y en el ejército. El Kit Roni de BERSA, fabricado en polímero, pesa 1,3 kilogramos y la pistola Thunder PRO unos 870 gramos, llevando el total a poco más de 2 kilogramos, sin contar las municiones. ¿Cuál es su costo aproximado? Unos 850 dólares para la BERSA Thunder PRO y unos 800 dólares para el kit RONI, llevando el precio del arma completa de Berni a unos 1.600 dólares”.

Pero regresemos a la escena. Se dice que Berni estuvo mientras se registraba casa por casa. La policía no encontraba a la persona que estaba buscando pero que tuvo una “corazonada” y quiso volver a la primera. Ahí fue cuando un vecino le señaló el techo, subió y fue él quien lo corrió hasta acorralarlo junto a otros dos agentes. Berni es virtuoso, la escena lo pinta no solo como un líder sino a alguien con olfato policial, destreza de grupo táctico, valentía del buen policía, heroísmo. A esta altura tiene más atributos policiales que de conducción política.

 

 

Después de tantas películas tenemos la mirada entrenada para hacer foco en aquellos detalles. Las imágenes son elocuentes. El objetivo no es persuadir a nadie sino hacer creer. Berni nos invita a creer que es el hombre fuerte, alguien que le pone el cuerpo a las cosas, que no duda, que no solo sabe dirigir sino que vemos cómo lo hace. Berni imparte órdenes, es muy expeditivo y seguro de sí mismo. Berni se para arriba de cada operativo, por lo menos de aquellos que son merecedores de grandes audiencias. Y todo eso lo hace con un lenguaje formal, por lo menos cuando está frente a las cámaras de televisión, a veces incluso usando un lenguaje castrense. Siempre lo vemos activo o hablando por teléfono, dando instrucciones, reuniendo a la tropa para levantarles el ánimo y monitoreando todo lo que ordena. Las pantomimas contribuyen a certificar los prejuicios que pesan sobre él.

Las imágenes que selecciona su equipo de prensa apuntan a reforzar la imagen que tenemos sobre Berni, el hombre duro de la Seguridad local que lo aleja del “progresismo garantista”.

A juzgar por la ropa que usa Berni parece un personaje salido de Apocalypse Now. De hecho recuerda al personaje interpretado por Robert Duvall. Berni se viste como el Coronel Bill Kilgore, usando los mismos borceguíes y camisas verde oliva. Berni, como Kilgore, tampoco le teme a las balas. Le falta el sombrero de cowboy, pero usa las gorritas con las iniciales de las fuerzas que representa. Incluso, cuando sobrevuela en el helicóptero los territorios donde se despliegan las operaciones, lo vemos apuntando con el dedo. La escena es casi perfecta, montada para las grandes audiencias, lo único que le falta es la cabalgata de las Valquirias de Richard Wagner.

Sabemos que una imagen vale más que mil palabras. Y tratándose de Berni, un personaje que hizo del anti-intelectualismo un estilo, una forma de diferenciarse y hacerse notar, las imágenes-fuerza están para subrayar la imagen de hombre fuerte. Las escenas de Berni empuñando un arma larga o llevando una pistola en la cintura son provocativas. No hay inocencia en ellas y están cargadas de ideología. No hay casualidad ni improvisación, si están ahí es porque decidieron que esas imágenes lleguen hasta nosotros.

La pregunta que nos hacemos es por qué el gobernador Axel Kicillof eligió a Sergio Berni. Entiendo que la Bonaerense es una institución que merece un dirigente con alto perfil, incluso con perfil propio, otro peso pesado. No solo para pararse arriba de una institución desmadrada sino para absorber los costos eventuales que pueden llegar a pagarse si la apuesta sale mal. Berni lo sabe y lo hace valer; sabe que si a él le va mal los costos correrán por cuenta propia y no salpicarán al gobernador. Pero el precio que debe pagar Kicillof es demasiado alto. Berni queda como el hombre de acción, incluso las pocas palabras que prepotea públicamente no buscan abrir espacios de diálogo sino de confrontación. Acaso esto sea un problema mayor: porque cuando la política está devaluada y la gente pide más seguridad, la imagen que quiere dar Berni refuerza y empalma con la antipolítica militada por el macrismo.

Para contrarrestar esa imagen prepotente Kicillof fichó para la provincia a Andrés Larroque. Con eso no solo pretende devolverle a la gestión la política sino sensibilidad social. Larroque es una figura que va a contrabalancear el matonerismo del ministro de Seguridad. Berni lo sabe y por eso sube la apuesta y endurece su perfil.

Berni es un personaje enamorado de sí mismo. Lo digo parafraseando a Marx y con eso termino: Berni es víctima de su propia concepción del mundo, ya no toma a la realidad nacional por una comedia, sino a su comedia por la realidad  nacional.

 

 

*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de Temor y control; La máquina de la inseguridad y Vecinocracia: olfato social y linchamientos.

 

58 Comentarios
  1. Mariano Bianchi dice

    No discuto la capacidad de Berni. No discuto su inteligencia, preparación o niveles de testosterona. Lo que no comparto es la necesidad de hacerse el John Wayne. No es bueno el mensaje. Lleva a festejar a los violentos consuetudinsrios y confunde a quienes no terminan de definir los límites entre garantismo/impunidad y punitivismo/fachismo puro y duro.
    Definitivamente Berni está tratando de crear su propio caudal electoral con miras, por lo menos, de llegar a Gobernador (aunque su ego seguramente aspira a más)
    Ahora… quienes festejan la presencia física de Berni en todos lados en vez delos calienta sillas, están perdiendo de vista la función de un alto mando, ya sea en el ejército, en política, en una empresa o en el futbol. Un CEO eficiente puede recorrer la fábrica de tanto e tanto, pero si tiene que pararse al lado del mecánico para que arreglen una máquina, entonces es ineficiente. Porque no se puede estar en todos lados todo el tiempo. Un Presidente no sale a controlar precios, un DT no juega dónde falta uno. Los generales no pelean cuerpo a cuerpo.
    Trabaje en una empresa norteamericana, dónde a mi jefe, por estar metido e todos lados ultimando detalles en persona, lo suspendieron. Le dijeron que si tenía cien empleados a cargo y no era capaz de encontrar a alguien para terminar las tareas que el considerarse necesarias y se hacía cargo personalmente de algunas cosas en vez de dedicarse a monitorear y controlar el trabajo de su tropa, no estaba ni cumpliendo si trabajo ni siendo eficiente.
    El que manda, le dijeron, tiene obligación de ver todo el cuadro, no solo los detalles

  2. Jorge dice

    exacto, como los k o degliantoni o bauza no?

  3. Jorge dice

    La vocación mueve a los uniformados, pero usted sólo ve del color del tinte de su vidrio. Delincuente.

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