EL HOMBRE INVISIBLE

Hoy hay miles de policías en las calles, pero el Presidente elige volverse invisible

 

Nunca antes

En el primer anuncio para su campaña presidencial se muestra una sucesión de personas repitiendo “Somos…”, y se ven sus caras. Pero de él, sólo al final se pueden ver las letras de su apellido. Es el candidato, pero no se lo ve. Es invisible a los ojos, aunque no resulte esencial.

En el subte de la línea D pude observar un afiche que decía: “Más de 13.000 policías en las calles. Nunca antes. Seguimos transformando la ciudad”. Y al pie, los logos de Buenos Aires Ciudad y Presidencia de la Nación. Al verlo, asocié libremente los días que pasé en la ciudad de Helsinki en 2003. En aquella Asamblea Mundial de Médicos se presentó la Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, con un solo acompañante. Durante una hora escuchó con extrema modestia los debates y luego se retiró sin pompa alguna. Y aunque me esfuerzo, no recuerdo de esos días haber visto un solo policía en las calles. Quizá haya sido ese el disparador de mi asociación. Sólo al visitar Turku pude ver primero a una persona borracha durmiendo en un banco de la plaza, y al rato a una ambulancia de la que bajaba un hombre con su maletín y parecía querer convencerlo para que se dejara prestar asistencia. Pero todo era de una quietud mansa.

Me resulta paradójico comparar a un país en el que se ve a una Presidenta caminar entre la gente como una ciudadana más mientras la policía es invisible, con la Argentina de hoy en la que se ve a miles de policías en las calles mientras el Presidente se vuelve invisible. Quizás un tercer factor resuelva esa perplejidad. En la lista de países de Naciones Unidas (PNUD) ordenados por igualdad de ingreso (índice Gini), en 2017 Finlandia ocupaba el séptimo lugar y Argentina el 112. Entre 2003 y 2017 Finlandia no tuvo una variación significativa en su nivel de igualdad, pero Argentina, que bajó su desigualdad fuertemente entre 2003 y 2015, la aumentó en cambio en 2016 y 2017 y siguió en esa tendencia hasta hoy. La cifra informada por el INDEC para el segundo trimestre de 2019 (0,422) es el peor registro para ese período en trece años. En 2006 era de 0,438 puntos, pero en aquel caso la tendencia era a la baja desde el 0,451 de 2002 y hasta el 0,409 de 2015. Hoy la curva de la desigualdad sigue ascendiendo.

 

 

La idea y el método

 

René Magritte, «Invisible world», 1954.

 

El Presidente se ha vuelto invisible. Pero hasta las PASO, él y sus funcionarios veían un mundo invisible a los ojos de la mayoría. Un mundo en el que no aumentaban la inflación, los despidos, los cierres de empresas, la pobreza, la indigencia, la violencia policial, la persecución política, la entrega de la soberanía territorial, la negación de la historia y sus protagonistas, los reclamos sociales, las demandas legítimas de los maestros y los científicos, la satisfacción de los intereses particulares de los miembros del gobierno favorecidos por sus políticas, el encubrimiento mediático de sus abusos de autoridad, la corrupción judicial, la violación del estado de derecho, el favoritismo con algunos sectores como la minería, el campo, la especulación financiera, las empresas energéticas y de servicios, con el olvido simultáneo de la inmensa mayoría de productores y trabajadores, el endeudamiento desmesurado del Estado, el aumento de las desigualdades, la desprotección de los vulnerables como los jubilados y los discapacitados… En fin: la universalización de la venalidad. Un túnel de una oscuridad sin fondo que como un agujero negro se tragó toda luz cercana.

En la novela El hombre invisible (1897), de Herbert George Wells, el protagonista es un joven estudiante de medicina, y luego de física (Griffin), que concibe una idea que le lleva a un método a través del cual le resulta posible, sin cambiar ninguna propiedad de la materia, disminuir el índice de refracción de una sustancia hasta hacerlo igual al del aire: «Si ese cuerpo ni la refleja, ni la refracta, ni absorbe la luz, no puede ser visible”. Y así logra hacerse invisible para robar y matar impunemente. Con ese poder pretendía reunir el dinero necesario para extenderlo sobre un amplio territorio y así instaurar un Reinado del Terror sin sujetarse a escrúpulo moral alguno.  Pero antes de hacerlo, le dan muerte.

Se ha señalado repetidamente la habilidad del Presidente para reflejar, refractar (desviar) y no absorber rayo de luz alguno que se intentó arrojar sobre él. Así, con el método de Griffin, transformó en invisible el mundo que administraba y logró alcanzar más que lo que aquel personaje de ficción nunca logró.

 

René Magritte, «Les Cornes du Désir», 1960.

 

El mundo invisible de Macri es el mundo mercancía, cuya mayor expresión es el inframundo financiero. Es el mundo abstracto de ese valor capaz de abstraer toda materialidad, todo tiempo y espacio. Los 50.000 millones de dólares de deuda contraída invisibilizan cada hora de trabajo con la que habrá que pagarlos, y nunca verá nadie la cara de cada persona que dedique esas horas de sus vidas a pagar ese número abstracto. Sus vidas serán invisibles como lo serán todo su dolor y sufrimiento.

Pero ahora que las elecciones primarias han descargado sobre Macri, con una luminosidad que superó sus habilidades, la luz barroca opositora sobre la escena política y social, sólo le ha quedado el intento de hacerse invisible a sí mismo. Y de apelar a estrategias complementarias.

 

No sucedió

Si la materia es invisible en la negra liturgia mágica del macrismo, el tiempo, al volverse instantáneo, rompe con toda sucesión de acontecimientos. Es lo que está en los versos de Borges: “El presente está solo, la memoria/ erige el tiempo, sucesión y engaño, / es la rutina del reloj, el año/ no es menos vano que la vana historia”. La elección no sucedió.

Una vez más las trampas macristas del lenguaje. Si ha habido elecciones primarias y habrá elección presidencial, una elección sucedió y la otra no. Apelando a una lógica formal, abstracta, es posible hacer un corte entre una y otra: el instante de la primera elección está tan solo como lo estará el de la segunda. La sucesión entre una y otra es un engaño, es la vana historia. No hay trayecto. No hay punto de partida y punto por delante.

Pero Hegel, para no ir a la filosofía antigua, ya marcó la diferencia. La lógica dialéctica no se detiene en cada instante en forma disociada (las fotos) sino que ve la sucesión de instantes en movimiento (la película) para analizar el movimiento de los contrarios y sus contradicciones. Y la contradicción que ha quedado en evidencia en las elecciones primarias es la que media entre el gobierno y el rechazo mayoritario de los electores a sus políticas.

Por eso es que sólo la negación de la sucesión esperable entre la voluntad de los votantes en una y otra elección, que no es más que la negación de su realidad en tiempo y espacio por el delirio de un mundo invisible, permite el ensueño de un milagro como el de la Virgen de Salta.

 

El vaciamiento

 

«Petróleo sangriento», 2007.

 

En la película Petróleo sangriento (There Will Be Blood), cuyo guión se basó en la novela Oil de Upton Sinclair aunque sin ceñirse demasiado a ella, Daniel Plainview (Daniel Day Lewis) es un minero pobre que no ha tenido éxito. Un día, en un pequeño pueblo del oeste —Little Boston, descubre un enorme yacimiento de petróleo gracias al dato que le acerca Paul Sunday (Paul Dano), un joven campesino de la zona, cuando le habla de un brote petrolífero espontáneo en un campo de propiedad de su familia.

Plainview le compra a Paul su parte de propiedad en el campo y comienza a explotar el yacimiento. Un hermano de Paul, Eli Sunday (también interpretado por Paul Dano), es pastor de la Iglesia Pentecostal del pueblo y en una ocasión es humillado por Plainview. Más adelante, cuando el petrolero ya se ha hecho rico y necesita pasar sus tuberías por un campo de la zona que no le han vendido, acude a la iglesia de Eli para ganar la confianza de los pobladores, y ahora él es humillado por Eli.

En la muy comentada escena final, Eli va a visitar a Daniel a su mansión, aparentemente para saludarlo, hasta que termina confesándole que tiene problemas económicos y le ofrece tener negocios con la Iglesia de la Tercera Revelación para perforar uno de los grandes campos que cree todavía no explotados en el pueblo. Es entonces cuando el empresario toma venganza:

“¡Drenaje! ¡Drenaje, pequeño Eli! Drenaje seco. Lo siento. Aquí mismo, si tú tienes un batido de leche, y yo tengo un batido de leche, y yo tengo una pajilla. Aquí está, esta es una pajilla, ¿la ves? ¿Estás mirando? Y mi pajilla cruza a traveeeeeeés del cuarto, y empieza a beber tu batido…  ¡Yo… me tomo… tu… batido! ¡Me lo tomo todo! (I… drink… your… milkshake! ¡I drink it up!)

 

 

El petrolero ya había drenado todos los campos petrolíferos de Little Boston aún sin perforar cada terreno. Es lo mismo que ha hecho el macrismo con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES para los jubilados. Lo ha ido vaciando en seco. Del activo de 67.000 millones de dólares que recibió el actual gobierno al asumir, hoy sólo quedan 22.000 millones. Un monto equivalente al de otro endeudamiento como el que contrajo para todos los argentinos. Nunca antes: ¡Sí, se puede!

 

 

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