EL HOMBRE QUE AMABA A LOS RENOS

Rarísimo texto de León Trotsky donde narra su fuga de la cadena perpetua en Siberia

 

“Para el proletariado, la democracia es en todas las circunstancias una necesidad política; para la burguesía capitalista es en ciertas circunstancias, una inevitabilidad política”. La frase no fue escrita ayer sino hace 117 años. Cursivas incluidas, surgieron de la tan exquisita como implacable y polimorfa pluma de Lev Davídovich Bronstein (Yánovka, Ucrania, 1879-Ciudad de México, 1940), inmortalizado en la Historia por su nombre de guerra, León Trotsky. Quien trae la sentencia a colación es el escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955), autor de una célebre novela —El hombre que amaba a los perros (2009)— que narra el asesinato del creador del Ejército Rojo a manos de un agente stalinista. Atinada referencia que en pocas palabras sintetiza el momento histórico en que transcurre la aventura que presenta. Tudá i obratno translitera del ruso Viaje de ida y vuelta. Tal fue como “el profeta desterrado” tituló inicialmente el relato del forzado exilio hacia Siberia y su fuga bajo cero por la tundra en un trineo de renos conducido por un aldeano, Nikifor Ivánovich, pintoresco borrachín, entrañable compañero durante casi 900 kilómetros. Por primera vez traducida y publicada en castellano, bajo el más explícito y romántico título de La fuga de Siberia en un trineo de renos, suma al encuadre de Pagura una nota detallada a cargo del editor Horacio Tarcus, útil al momento de incorporar matices sociales y políticos al relato.

Inesperada, bienvenida rara avis dentro de la bibliografía del teórico de la Revolución Permanente, estructurada como una nouvelle en primera persona, La fuga… es atravesada por diversas instancias. Primera y principal, el deber de escapar a fin de retomar la militancia, presente en todo revolucionario prisionero del enemigo. De allí que la historia arranca con la noticia en tercera persona, diciéndolo todo: “El autor fue detenido por segunda vez el 3 de diciembre de 1905 como miembro del Consejo (Soviet) petersburgués de delegados obreros. El Soviet existió durante 50 días. Los condenados del ‘Caso Soviet’ estuvieron encarcelados 400 días en total y luego fueron escoltados a la ciudad de Obdorsk para cumplir ‘asentamiento perpetuo’”. Escueto, el autor se abstiene de aclarar que la condena a perpetuidad junto a sus 14 camaradas tendría lugar en el circulo polar ártico, a 1600 kilómetros de la vía férrea más cercana, a 800 kilómetros de la estación de telégrafos más próxima y donde, en el invierno, la temperatura oscilaba entre los -25 y -55 grados bajo cero. Clima que, por otra parte, explica el consumo de alcohol dentro de una dieta que requiere calefacción interna, sumada al fuego del hogar. Circunstancia difícil de incorporar para los habitantes de regiones apenas más templadas, Trotsky incluido.

 

 

El autor, León Trotsky, durante su exilio en México.

 

 

Trotsky tiene 25 años al escribir lo anterior; los 26 los pasa detenido en San Petersburgo, 27 en el viaje al destierro y consiguiente escape. Ya es reconocido por sus aportes teóricos y filosóficos, no menos que como conducción revolucionaria. Cultiva un estilo oratorio con fuerte ascendencia sobre las masas que, llevado al papel, combina con el análisis dialéctico de singular extensión y profundidad. Lo peculiar de La fuga…, justamente, es su originalidad: se aparta de la retórica militante sin abandonarla; desplazándose con solvencia hacia cierta ternura que, en la primera parte –La ida– cobra la forma del relato epistolar y diario de viaje. En tanto, durante La vuelta, adopta el ritmo de una crónica que, sin proponérselo, acaricia la postal geográfica con el relato etnográfico. Trotsky se asombra de la vivienda, vestimenta, comida, crianza, economía, costumbres domésticas, hasta del peinado de los pueblos originarios con que se topa: «Todos los ostiacos*, tanto hombres como mujeres, llevan trenzas con cintas y anillos. ¿Será que se trenzan el cabello una vez al año? (…) ‘¿Trenzas, dices?’, respondió Nikifor. ‘No, se trenzan muy a menudo. Cuando se emborrachan y discuten, tiran de las trenzas del otro. Beben, beben… y al final se enredan y se agarran de las trenzas. Después el más débil dice: Suelta. El otro afloja. Siguen bebiendo juntos. Nunca guardan rencores: el corazón no les da para tanto’”.

La variación de géneros en el relato se debe a que la mitad inicial el autor la establece sobre las cartas enviadas a Natalia Sedova, su compañera, a lo largo de las cuarenta jornadas de penosa marcha hasta la última escala antes del sitio de reclusión: el lugar de fuga. En tanto, el regreso lo compone en un presente descriptivo, apto a fin de acompañar el temor constante por ser alcanzado por los presuntos perseguidores, mechado con impresiones de un paisaje de gélida belleza, la relación con diversas comunidades locales que surgen en el trayecto y el especial vínculo con los renos que halan el trineo: “Los renos son unas criaturas fascinantes. No pasan hambre ni padecen cansancio. Cuando emprendimos nuestra odisea, llevaban ya dos días sin alimentarse y va a ser otro día más sin probar bocado. Según asegura Nikifor, ‘apenas si tomaron carrera’. Corren a buen paso, sin un ápice de fatiga, a unas 8 o 10 verstas* por hora. Cada 10 y 15 verstas hay que hacer un descanso breve de dos o tres minutos para que los renos se repongan; al cabo de este tiempo, siguen como antes. Semejantes tramos se llaman ‘correrías de renos’. Ya que nadie se ocupa de calcular las verstas, los habitantes de éste paraje suelen medir las distancias en correrías. 5 correrías equivalen a unas 60 o 70 verstas”.

 

 

El joven Lev Davidovich, en tiempos de la fuga.

 

 

Texto atípico, de audacia literaria, compuesto sobre fuentes directas, en La fuga de Siberia en un trineo de renos León Trotsky cultiva una humanidad que habrá de aplicar en la función política, a través de esa  mirada de horizonte amplio donde siempre aparece el espacio para albergar la diversidad, distinguirla de la diferencia y sopesar la disidencia. Una convicción inquebrantable lo impulsa: “La historia es una gigantesca maquinaria al servicio de nuestros ideales. Arranca con una lentitud despiadada, con una crueldad indolente… pero hace su faena. Confiamos en ella. Tan sólo en estos instantes, cuando su mecanismo insaciable engulle como combustible la sangre viva de nuestros corazones, dan ganas de gritarle a todo pulmón: ‘¡Lo que hagas, hazlo ya!’”

Novela breve, testimonio, relato epistolar, libreta antropológica, todo ello, si sirvió al revolucionario de comienzos del siglo XX a construir una sensibilidad y un lenguaje, al lector del XXI le habrá de representar una fuente de recursos destinada a lo que bien se le ocurra. Con libertad, sin cautiverios.

 

 

 

* Ostiacos:  denominación genérica con que los rusos denominaban a diferentes  pueblos siberianos, sin necesariamente parentesco étnico, como los Kanty, Ket y Samoyedos

* *Versta: unidad de medida en desuso, equivale a 1066,8 metros.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

La fuga de Siberia en un trineo de renos

León Trotsky

Traducción de Irina Chernova

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2022

126 páginas

 

 

 

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí