EL ILUSTRE ARTISTA DE AL LADO

Donde el cine de entretenimiento inteligente es posible

 

Cuatro ancianos andrajosos, lobotómicos, frente al televisor del geriátrico. Los personifican el artista plástico León Ferrari (Buenos Aires, 1920-2013), el sociólogo Horacio González (Buenos Aires, 1944), el poeta y escritor Rodolfo Fogwill (Quilmes, 1941- Buenos Aires, 2010), el narrador Alberto Laiseca (Rosario, 1942- Buenos Aires, 2016); los mira el músico y actor Sergio Pángaro en su papel de enfermero. Si fuera un fotograma de una película del neorrealismo italiano en blanco y negro, convocaría la lágrima. Si perteneciera al cine-bajón de tiempos muertos argento, combatiría el insomnio. Si los asilados se convirtieran en transformers jolivudenses, no pasaría nada de nada.

Pero pertenece a El Artista (2008; no confundir con el bodrio homónimo de Michel Hazanavicius de 2012 que se llevó un Oscar), primer largometraje de ese trío arrollador compuesto por Gastón Duprat-Mariano Cohn en la dirección y Andrés Duprat (foto principal) en el guión. Entonces, el senil cuarteto de marras se convierte sin necesidad de onerosos mecanismos tecnológicos en una compacta paradoja que comienza a deslizarse. Lo hace por una Cinta de Moebius, ese ocho con un giro interior que hace afuera lo de adentro y arriba lo de abajo, infinitamente. La imagen de cuatro sujetos de los cuales se podrán decir muchas cosas pero jamás que son ancianos descerebrados, sino todo lo contrario, mentes de las más creativas y lúcidas que supo albergar esta tierra. Ni guiño para iniciados ni juego de cabotaje, el dispositivo resulta una constante —por demás eficaz— en la de Duprat x 2 + Cohn en general y del escriba Andrés en particular. Curiosamente, la escena de marras no se encuentra en el guión original de éste último y ratifica la potencia generatriz del trío o, al decir de los directores, constituye un sistema “tan consistente que podés sobrescribir con la cámara una nueva mirada sin problemas, la maquinaria sigue funcionando”. La afirmación corresponde al prólogo del volumen que reúne tres guiones de Andrés Duprat, correspondientes a los films más conocidos, El Artista, El Hombre de al lado (2009) y El Ciudadano Ilustre (2016).

Por alguna ignota razón no es costumbre editorial por estos pagos la publicación de guiones cinematográficos y menos considerarlos como género literario. Cosa rara si se evoca que el mismísimo Orson Welles (EE.UU., 1915-1985) anunciaba a quien quisiera escucharlo que el mejor libretista de cine fue y seguirá siendo William Shakespeare. Probablemente la falencia vernácula guarde alguna relación con cierta menesterosidad de la producción local, un tanto infatuada en la frasecita aquella de la imagen y las mil palabras, de la que se colige que con una docena de imágenes la palabra se torna innecesaria. No sólo en los diálogos, también en las atmósferas, actitudes, planos y demás señalamientos. (Evítase aquí hablar de cisnes negros, tréboles de cuatro hojas y demás excepciones.)

Por el contrario, los guiones de Andrés Duprat (La Plata, 1964) nunca escatiman sugerencias de planos, posiciones de cámara, actitudes actorales, iluminación, sonidos, tonos, detalles sutiles que otorgan ritmo literario a la lectura y acaso se sostienen en la tranquilidad que han de encontrar eco al momento de llevarse a la práctica en el set. Confianza entre el escritor y los realizadores que hace a la eficacia del producto final tanto como cobija al lector. Arquitecto en sus orígenes y autoridad en las artes visuales, tras un extenso recorrido al día de hoy Duprat ejerce la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes, cargo que ganó en un muy transparente concurso a mediados de 2015. Arte y diseño son por ende recurrencias en su obra, tanto en forma aislada como en su combinación: la Casa Curutchet (Av 52 nº 32 de la ciudad de La Plata), único diseño del suizo Le Corbusier en el continente, es la locación única de El Hombre de al lado y un personaje principal en La Obra Secreta (2018), dirigida por la gigantesca artista visual y académica Graciela Taquini. Las artes plásticas son privilegiadas en, claro, El Artista, con especial énfasis en los recovecos intestinos de ese mundillo, en el episodio del concurso de pintura en El Ciudadano Ilustre, y en un capítulo de la metafísica serie de tv La Decisión Equivocada, todos firmados por Duprat.

 

La casa Curutchet.

 

Buceo en el mar cultural que, sin acuerdo previo, reconocen los propios actores protagonistas de las tres películas presentes en Tres guiones… y que sirven de introito a cada un de los textos. El multifacético Sergio Pángaro (a la sazón también autor de la música de la mayoría de los proyectos del trío) subraya su admiración por “cierto rastreo y eliminación de cualquier signo que pudiera confundirse con una opinión sobre el conflicto”. Rafael Spregelburd, por su parte, destaca que la historia que le tocó encarar “es una trampa, una falsa ficción para enmascarar lo real, una biología coherente y aterradora…”. Características extrapolables al conjunto de los scripts de Duprat, sin embargo en ningún momento dejan de asumir posición frente al esnobismo, la mediocridad, lo berreta, lo pretencioso, la infatuación, en fin, la miseria pequeñoburguesa sin distinciones. Lo formula tanto a través de parlamentos como de escenas, deslizando nunca una moralina, siempre una posición ante el mundo y si no, interrogantes. También manifiestos estéticos, por qué no: “La creación artística es independiente de la ética y la moral. Los grandes pintores del Renacimiento como Rafael y Miguel Ángel crearon obras geniales al servicio de la propaganda de la Iglesia”, dice Oscar Martínez en la piel de Daniel Mantovani.

Hay ironía pegada a las atmósferas y, cada tanto, explicitada a través de personajes secundarios, como cuando una novia bailarina moderna le traduce al protagonista del El Artista la frase de un coreógrafo pakistaní top que vive en Los Ángeles: “Dice que en su nuevo trabajo denuncia las políticas exteriores europeas y americanas que son discriminatorias hacia los países del Tercer Mundo. Todo a través del cuerpo”. O no duda en azuzar al espectador; marca la cámara y a los actores: “Es un beso que nunca termina de acomodarse y relajarse, un beso incómodo. Lo que tal vez refuerza la obscenidad que implican el encuadre, la duración y el detalle. Se nota que es su primer beso”. Por si cupieren dudas, Duprat aclara: “La escena dura tanto como para incomodar también al espectador”. Recurso llevado al paroxismo por los directores en el semi falso documental Todo Sobre el Asado, cuando una cámara fija extiende hasta lo insoportable el final de una canción entonada por un entrevistado, en una de las situaciones más angustiantes para la platea de la galaxia. Artilugios que ponen en cuestión las premisas de la comodidad burguesa, planteada desde la ruptura de la comodidad bienpensante de la propia burguesía.

Ficciones de equívoco realismo o naturalismo fraguado, da igual, corrobora potencia y eficacia de la Cinta de Moebius dupratiana, en interacción dialéctica con los films que origina, tanto como con los artefactos literarios independientes. Si no se ha visto la película, el mismo guión genera una propia dotada de rostros, cuerpos, colores, tiempos y ritmos íntimos. Por el contrario, si se ha sido espectador cinematográfico de la misma, al leerla acuden detalles y matices que pueden haber pasado desapercibidos: el lector “hace” cine. De un modo u otro, la aventura se duplica.

 

FICHA TÉCNICA

TRES GUIONES

Filmados por la dupla Cohn- Duprat

 

El Artista

El Hombre de al lado

El Ciudadano Ilustre

Andrés Duprat

Buenos Aires, 2018

307 págs.

 

2 Comentarios
  1. Guille dice

    De local al mundo. Si El artista es tan buena como El hombre de al lado.

  2. Hugo dice

    El arte nos salva .Gracias por el contenido del comentario y la invitación a seguir buscando

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