Ilan Pappé (Haifa, 1954) es un historiador israelí especializado en el conflicto palestino-israelí y fue profesor de la Universidad de Haifa en Israel. Se convirtió en una figura destacada de los llamados “nuevos historiadores israelíes”, que revisaron críticamente las narrativas tradicionales sobre la creación de Israel a partir de archivos desclasificados. Sus posiciones cada vez más críticas con el sionismo hicieron imposible su permanencia en Israel a pesar de que había formado parte del ejército israelí como reservista durante la guerra de Yom Kipur de 1973. En 2007 dejó la Universidad de Haifa y se trasladó al Reino Unido, a la Universidad de Exeter, donde actualmente desarrolla su carrera académica y dirige el European Centre for Palestine Studies. El libro más conocido de Pappé es La limpieza étnica de Palestina, en el que describe, basándose en documentos oficiales, la Nakba, es decir el desplazamiento forzado mediante el terror de más de 700.000 palestinos de sus hogares y tierras entre 1947 y 1949, coincidiendo con la creación y proclamación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948. Otros libros son la Historia de la Palestina Moderna, Los diez mitos de Israel y, más recientemente, El lobby sionista, publicado en español por Akal en 2025. En esta obra relata cómo se produjo el nacimiento de la ideología sionista en Gran Bretaña y sostiene que la posición extraordinariamente favorable a Israel que mantienen Estados Unidos y Reino Unido no puede explicarse únicamente por afinidades culturales, religiosas o políticas, sino que es consecuencia de más de un siglo de una organización política que mediante presión sobre las élites, movilización religiosa, influencia intelectual y actividad institucional contribuyó a construir ese apoyo.

Los orígenes cristianos del sionismo
Uno de los argumentos más impactantes del libro El lobby sionista es que las raíces del apoyo occidental a un Estado judío en Palestina preceden al nacimiento del sionismo político de Theodor Herzl. El argumento es que el apoyo occidental al proyecto sionista no comenzó simplemente como consecuencia del Holocausto ni de la simpatía hacia los judíos europeos sino más bien por la acción de determinados sectores del protestantismo británico y estadounidense que interpretaban algunas profecías bíblicas como anuncio de una futura restauración de los judíos en Palestina. A esa dimensión religiosa se sumaron posteriormente descarnados intereses imperiales británicos.
Según Pappé, el sionismo tomó forma “cuando la escatología cristiana unió fuerzas con un brote de nacionalismo moderno en Europa que dio lugar tanto al antisemitismo laico como a un antídoto judío en forma de nacionalismo judío laico”. Estas dos ideologías aparecieron en la escena europea, sin que los pobladores de Palestina, que en ese momento seguía estando bajo dominio otomano, “fueran siquiera conscientes de que tanto cristianos como judíos se planteaban desposeerlos y quedarse con su patria”. Clérigos y seglares evangélicos de ambos lados del Atlántico experimentaron la esotérica revelación de que era voluntad de Dios reunir a los judíos del mundo y transportarlos a un Estado propio en la Palestina histórica. Escatológicamente, para los cristianos, el “retorno” de los judíos se asociaba con la Segunda Venida del Mesías y la resurrección de los muertos, hechos que irían precedidos o seguidos por la conversión de los judíos al cristianismo. Esta “teología del retorno” tiene, en opinión de Pappé, un claro trasfondo antisemita, ya que evidencia un deseo inconfundible de convertir a los judíos al cristianismo y de que los judíos dejasen de residir en el mundo occidental.
La declaración de Balfour
Pappé analiza el camino hacia la Declaración Balfour, mediante la cual el gobierno británico expresó su apoyo al establecimiento en Palestina de un “hogar nacional para el pueblo judío”. Comienza su relato con las actuaciones de Lord Shaftesbury, que era el presidente de la London Society for Promoting Christianity Amongst the Jews (Sociedad Londinense para Promover el Cristianismo Entre los Judíos). En 1839 instó al Parlamento británico a colaborar con un proyecto de “traslado de los judíos a Tierra Santa”, aportando como argumento las Sagradas Escrituras que, según su interpretación, revelaban que el siglo XIX era el momento en el que se acercaba el Apocalipsis, y que era posible precipitarlo propiciando el retorno de los judíos a Palestina. El primer ministro británico por entonces era lord Palmerston, quien se había casado con la suegra viuda de Shaftesbury, convirtiéndose así en su suegro. Apoyaba la idea de un Estado judío, pero a diferencia de Shaftesbury, respaldaba la idea de una Palestina judía como parte de un intento europeo de frenar las ambiciones expansionistas de Egipto sobre el decadente imperio otomano.
La alianza entre cristianos y británicos imperialistas tuvo algunas derivaciones que explica Pappé y que finalmente culminaron en la “Declaración Balfour”. Fue una carta pública de solo 67 palabras firmada el 2 de noviembre de 1917 por el ministro de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, dirigida al líder de la comunidad judía británica, el barón Lionel W. Rothschild, en la que el gobierno del Reino Unido expresó su apoyo al establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en la región de Palestina, que en esos momentos estaba bajo dominio otomano. El documento empleó términos deliberadamente vagos, como “ver con buenos ojos” y “hogar nacional”, sin precisar la creación de un Estado soberano independiente.

Las razones por las que Balfour apoyó la iniciativa sionista no eran tan obvias, dado que no experimentaba una simpatía especial por las desgracias de los judíos. En 1905 había votado a favor de la Aliens Act, la ley de extranjería que impuso los primeros controles a la inmigración en Gran Bretaña, diseñados para impedir la entrada de judíos huidos de los pogromos de Europa Oriental. En todo caso, el principal motivo de la declaración fue la creencia de que el apoyo británico al proyecto sionista en Palestina fortalecería los intereses británicos en Oriente Próximo.
El lobby en Estados Unidos
Tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, el contexto internacional cambió radicalmente, y Estados Unidos se convirtió en el principal protagonista de Occidente. El sufrimiento de los judíos europeos y el exterminio nazi proporcionaron al proyecto sionista un enorme apoyo afectivo. La estructura política de apoyo que ya existía antes en Gran Bretaña amplió sus operaciones a Estados Unidos. Pappé examina la evolución del lobby proisraelí estadounidense, sus organizaciones, relaciones políticas y capacidad para influir sobre congresistas, Presidentes y otros sectores de la clase dirigente. Una distinción importante es que Pappé no equipara “lobby sionista” con “lobby judío”. El fenómeno que analiza incluye tanto organizaciones y activistas judíos como, especialmente en determinadas etapas, cristianos evangélicos y otros sectores no judíos favorables al sionismo. Esto es importante porque una de las tesis del libro es precisamente que el apoyo a Israel no puede explicarse como una supuesta acción colectiva de los judíos norteamericanos. Su argumento es que una parte importante del apoyo político a Israel procede de cristianos que consideran que el retorno de los judíos a Palestina tiene un especial significado religioso y escatológico.
Pappé argumenta que el lobby no solo influye sobre la política exterior estadounidense sino que también interactúa con intereses estratégicos estadounidenses, estructuras políticas, grupos religiosos, medios y organizaciones de la sociedad civil. Según su interpretación, con el tiempo el objetivo del lobby habría cambiado parcialmente: ya no se trataría solamente de conseguir apoyo para una determinada política proisraelí, sino también de proteger la legitimidad del propio Estado de Israel frente a acusaciones como colonialismo, apartheid o violaciones de derechos humanos. El libro termina con un epílogo dedicado al 7 de octubre de 2023 y sus consecuencias. Pappé utiliza este acontecimiento para analizar qué futuro puede tener el sistema político construido alrededor de Israel y de su relación con Occidente. Considera que el paradigma de los dos Estados tiene graves problemas y plantea la necesidad de imaginar una estructura política diferente para israelíes y palestinos.
Nuevo ensayo sobre el lobby
El pasado 11 de agosto se publicó en Estados Unidos el ensayo Israel’s Lobby: America in the Grip of a Foreign Power (El lobby de Israel: Estados Unidos bajo el control de una potencia extranjera) de los expertos en temas internacionales Eli Clifton y Ian Lustick. Clifton se desempeña actualmente como cofundador y asesor principal en el Quincy Institute for Responsible Statecraft (Instituto Quincy para una Política Exterior Responsable), donde se especializa en analizar la influencia del dinero en la política exterior de los Estados Unidos. Una reciente entrevista a los autores del libro puede verse aquí:
El libro sostiene que el lobby proisraelí en Estados Unidos ha adquirido una influencia extraordinaria sobre la política exterior y doméstica estadounidense, hasta el punto de que en determinados momentos los intereses del gobierno israelí han pesado más que el propio interés nacional estadounidense. Los autores reconstruyen esta evolución, desde las primeras administraciones estadounidenses posteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta la política contemporánea. Su argumento no se limita a señalar que Israel tiene influencia en Washington, sino que existe una red política, financiera, empresarial y mediática que contribuye a mantener una relación extraordinariamente favorable hacia Israel. A lo largo de la obra los autores ponen especial énfasis en seguir el dinero, incluyendo donaciones políticas y el papel de organizaciones y grandes donantes. Analizan la influencia del lobby sobre las decisiones de distintos Presidentes estadounidenses; los esfuerzos del lobby en coalición con el gobierno de Netanyahu para impedir o limitar acuerdos diplomáticos con Irán, incluido el acuerdo nuclear de 2015; la influencia de grandes donantes sobre la política electoral estadounidense; la presión ejercida contra políticos, periodistas y activistas que cuestionan determinadas políticas israelíes; y la evolución del gobierno de Israel que al apoyarse en partidos ultranacionalistas religiosos hace todavía más problemática la relación con Washington. Desde la década de 1970, Israel ha sido el mayor receptor de ayuda estadounidense y recibe regularmente una cuarta parte de toda la ayuda militar de Estados Unidos a nivel mundial. De hecho, entre 1948 y 2024, Israel recibió más de 300.000 millones de dólares en préstamos y subvenciones ajustados a la inflación.
Los autores consideran que las decisiones de sucesivas administraciones de priorizar los intereses de Israel mientras sus abusos contra los palestinos en Cisjordania y Gaza son condenados por las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional han provocado una creciente reacción política interna. Esto ilustra una desconexión entre las élites políticas y las preferencias de sus electores. Cerrar esta brecha —o disimularla— ha impuesto nuevos costos a los estadounidenses. Más allá de los financieros, denuncian que actualmente los ciudadanos de Estados Unidos sufren la criminalización de la crítica a las políticas de Israel, restricciones a la libertad de expresión en los campus universitarios y una peligrosa defensa de Israel que equipara la crítica a ese país con un ataque contra todos los judíos. La estrategia incluye acosar, difamar, incluir en listas negras, intimidar e incluso procesar, encarcelar y deportar a personas identificadas como “antiisraelíes”.
Clifton y Lustick opinan que si bien los multimillonarios proisraelíes desempeñan un papel desproporcionado en la financiación de las campañas del Partido Republicano y tienen una influencia significativa dentro del Partido Demócrata, su enfoque sobre Israel no refleja las prioridades de voto de los judíos estadounidenses. Añaden que la devastación israelí de Gaza hizo que cada vez más jóvenes estadounidenses, analistas políticos y un número creciente de políticos de ambos partidos cuestionaran la ayuda y el apoyo político ofrecidos a Israel. Un sondeo publicado a mediados de 2026 reveló que casi el 50% de los judíos estadounidenses menores de 35 años apoyan el establecimiento de un Estado único que comprenda Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza, con un gobierno elegido por israelíes y palestinos. Esta postura prácticamente duplica las métricas de años anteriores y choca frontalmente con el consenso del sionismo clásico y la política oficial israelí. Una encuesta realizada por The Washington Post reveló que el 61% de los judíos estadounidenses cree que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, mientras que el 39% considera que cometió actos de genocidio contra los palestinos.
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