EL MINOTAURO SIN SU LABERINTO

El fenómeno del fascismo asociado a la práctica del fútbol europeo

 

Cuando nuestras vidas responden más a nuestros miedos que a nuestros sueños se dan algunas de las condiciones que determinan el auge del fascismo. Son condiciones que señalan la posibilidad del desclasamiento, de la degradación de unas capas sociales que, según su conciencia subjetiva, desean mantener sus privilegios y su status social.

De la antigua Grecia solo quedan derribados capiteles de templos inexistentes y dioses de mármol con el sexo y la nariz rota. También algunos mitos eternos. Se sabe que el rey de Creta llamado Minos ofendió a los dioses, que se vengaron con lasciva premura en su hermosa esposa Pasífae. Le inyectaron el deseo irrefrenable de aparearse con un toro blanco. De aquel adulterio nació un ser endiablado, medio hombre, medio bestia, que encerraron en una mansión tan intrincada de la que nunca encontraría la salida. Con el símbolo pagano se perpetúo la alegoría del Minotauro en su laberinto, pensada como una metáfora continuada que sugiere, despeja, teoriza, confirma y propone.

Con el odio que mejor se vende —el de la inmigración— el fascismo inoculó en el universo futbolístico un moderno y embravecido Minotauro desnudo de su laberinto. La “bestia” de nuestro mundo consigue escapar de aquel “dédalo” de encrucijadas, bifurcaciones y pasillos cegados, para edificar, de espaldas a Teseo, el relato sartreano de la nueva modernidad donde el infierno son los otros y su mirada el silencio faústico que nos penetra y delata.

 

Los muchachos del Dinamo.

 

En Dresde, Alemania, la ciudad devastada por los bombardeos aliados en la Segunda Guerra, anida el Dinamo con sus 35.000 aficionados incondicionales que se desplazan junto a su equipo por todo el territorio nacional. La impactante imagen de sus 3.000 ultras vestidos con uniforme militar, casco y saludo nazi, dejó estremecido al mundo. El odio estaba ahí, agazapado, con su memoria atravesada, desapacible, llena de cicatrices.

 

Una manifestación contra el AFD.

 

La ciudad es capital del estado de Sajonia, y cuna del Movimiento Islamófobo y Antinmigración Pegida, hoy incrustado en la médula dorsal de gran parte del Estado germano. Los “Footballarmy” del Dinamo se han convertido en la fuerza de choque del movimiento, primer caladero del partido de extrema derecha Alternative Für Deutschland (AFD), la tercera fuerza del Parlamento alemán. El grupo neonazi es uno de los más violentos del fútbol teutón, y se ha visto implicado en numerosos actos de barbarie a ciudadanos extranjeros. Varios de sus miembros fueron imputados y detenidos por generar incendios repetitivos en asilos de refugiados y casas de acogida. El consistorio declaró en 2.019 el “estado de emergencia nazi”. La moción recoge que el municipio “tiene un serio problema con la extrema derecha”, una resolución apoyada por todos los partidos políticos, excepto por el AFD. El Dinamo no es una excepción. Los grupos ultras de equipos como Chemnitz —antigua Karl Marx— Leipzig, Cottbus, Stuttgart, Colonia, son una preocupación constante para las autoridades germanas. La violencia contra la inmigración ha posicionado a Alemania en el primer país europeo en delitos contra las minorías étnicas, según la Oficina Federal de Protección de la Constitución.

Por el contrario, en Baviera, la lógica de la emigración es un laberinto de paradojas existenciales que se edifican sobre el cinismo de la doble moral. En un “land” donde se construye, día a día, esa demente fantasía de una sociedad sin extranjeros, se mastican los prejuicios y se mira para otro lado con los inmigrantes “premium” del Bayern Munich. La población bávara rechaza en un 63% la asistencia por necesidades humanitarias a refugiados de conflictos bélicos, de hambre, o de identidad; un 67% a extranjeros de países no desarrollados del resto del mundo; y un 69% a ciudadanos europeos de los países ex comunistas, según datos de ACNUR, la Agencia para los Refugiados de la ONU. Con esa falsa dicotomía del alma en el sur de Alemania, se pasa con demasiado cinismo de la aporofobia a la adulación. El último campeón de la Champions League, el Bayer Munich, se alzó con el torneo con un plantel de catorce jugadores extranjeros entre “sudacas”, negros, mestizos, musulmanes, y un admirado goleador como Robert Lewandowsky, de origen polaco. El irracionalismo de los bárbaros es tan peligroso como el de los civilizados.

 

Los Chelsea Headhunters.

 

El pasado no es solo historia, es también memoria. Los años sesenta convirtieron al Reino Unido en un artefacto explosivo de intenso “hooliganismo” y de grupos ultras neonazis asociados al fútbol británico. Su bautizo fue el 6 de noviembre de 1965 con el lanzamiento de una granada de mano al campo de juego del Brentford por los hinchas de extrema derecha del Willwall. Fue así como este deporte ya no regresó sobre sus pasos, engordado por el conflicto nor-irlandés, y más adelante por la revolución conservadora-neoliberal de Margaret Thatcher. Los neonazis del Willwall, junto al Chelsea Headhunters, del Chelsea Football Club, mantienen en la actualidad relaciones muy estrechas con la ultraderecha británica. Adoctrinados por la Liga de Defensa Inglesa, han desarrollado actos de violencia extrema en Irlanda del Norte, codo con codo con grupos paramilitares del Ulster, como Ulster Defensa Association y Ulster Volunteer Force. En 2018, junto a hinchas del Portsmouth y del Leeds, se enfrentaron a la policía con un saldo de cientos de heridos y numerosos destrozos en el centro de Londres. La manifestación fue convocada en apoyo al cofundador y ex líder neonazi de la Liga de Defensa Inglesa (EDL), Tommy Robinson, arrestado por difundir y retransmitir el juicio de unos musulmanes detenidos por presunta pedofilia. Los hooligans del Midwall y del Chelsea trasladaron a sus estadios los mensajes solidarios hacia Robinson de los parlamentarios de la extrema derecha europea y del ex Presidente norteamericano, Donald Trump.

La mayor parte de grupos ultras del fútbol británico mantienen líneas abiertas con la ultraderecha. Los más activos son los Birmingham Zulus, los Aston Villa Hardcore, los Inter City Firm del West Ham, y el “6,57” Crew del Portwouth. En la década de los ’90, John Deason, simpatizante del Tottenham Hospurs, club cercano a la comunidad judía de Londres, decidió crear la Football Fans Against the Nazis (FFAN) para contrarrestar la marea fascista que inundaba el fútbol inglés. Tuvo una enorme repercusión mediática en sus inicios, pero en la actualidad su presencia en los campos de juego es irrelevante.

 

El cantante Marko Perkovic.

 

La relación del fútbol croata con el nazismo viene de lejos. Desde sus tiempos de gobierno títere aliado al nacionalsocialismo en la Segunda Guerra. En ocasiones la voluntad de reconocerse en el otro trae aparejado un sinfín de problemas sin resolver. Fue lo que les pasó a Luka Modric, actual jugador del Real Madrid, e Ivan Rakitik, ex Barcelona y hoy en el Sevilla, cuando quedaron “pegados” en los braseros de las redes virtuales con el líder de la banda Thomson, Marko Perkovic. El cantante, defensor del movimiento nazi, se subió al micro abierto de la selección nacional en el festejo del subcampeonato del Mundial de 2018. El “Rey” conversó y cantó junto a los jugadores el Bojna Cavoglave, antiguo himno del régimen ustacha resaltando la emblemática frase Za dom spremn! (¡Por la patria, listos!), grito de guerra de los nazis croatas. Ambos futbolistas le quitaron importancia al incidente, aunque gran parte de la sociedad no salía de su asombro. En la primavera de 2018 los ultras croatas dejaron una imagen poderosa que recorrió medio mundo. En el partido entre las selecciones de Italia y Croacia dibujaron una esvástica humana en la tribuna norte del Estadio Comunale de Livorno, ciudad donde nació uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci. Nada resultó ser casual, ni el momento ni el escenario. La performance estuvo orquestada con el apoyo de fascistas italianos. La Federación Croata de Fútbol debió desembolsar 250.000 euros de multa por el incidente.

El central Josip Simunic se quedó sin el Mundial de 2014 por entonar el himno ustacha por los altavoces del estadio Maksimir, de Zagreb. La FIFA lo apartó con 10 partidos de suspensión y 30.000 euros de sanción. A Manuel Neuer, arquero de la selección alemana, se lo filmó exultante cantando la marcha política con amigos croatas en la costa dálmata. Se disculpó manifestando que desconocía lo que cantaba. La Federación Alemana de Fútbol aceptó sus disculpas, la opinión pública no tanto.

El 28 de abril de 1945 Benito Mussolini era ejecutado junto a su amante Claretta Petacci en el pequeño pueblo de Giulino di Mezzegra, cerca del lago de Como, por partisanos comunistas. Los cadáveres fueron trasladados a Milán y colgados boca abajo desde una viga de metal en la Plaza Loreto. La muchedumbre enfurecida contempló y maltrató los cuerpos de forma violenta durante horas. El espacio quedó marcado como recordatorio de recogimiento y de oración por los movimientos fascistas italianos. La peregrinación al lugar de los violentos irriducibilis del Lazio, el grupo más comprometido con la extrema derecha, se compone de un folclórico desfile militar con banderas negras y brazos en alto. Conformado inicialmente como grupo de choque del Movimiento Social Italiano (SMI) en la actualidad mantienen excelentes relaciones con la xenófoba Liga Norte de Mateo Salvini. Hace unos años conmovieron a la opinión pública italiana al imprimir pegatinas con la imagen de Ana Frank con la camiseta de la Roma, su eterno rival. Un rival que, paradójicamente, nació de la mano del dictador, el 22 de agosto de 1927, para contrarrestar la influencia de los equipos del norte del país.

 

 

En Francia, España, Ucrania, Rusia, Grecia, Hungría, Bulgaria y Polonia, ya se han  consolidado movimientos de extrema derecha relacionados de forma activa con grupos ultras del fútbol vernáculo. Es un clima de mal sueño, lleno de cicatrices.

Desde el interior de la niebla uno imagina ninfas bailando en torno a los manantiales del Parnaso, horizontes limpios de la fuente de Castalia, dioses de barro derribados en medio de viñas moscatel y la poesía como epígrafe, glosando el misterio inasible de la belleza del mundo:

Lo dejó escrito el poeta:

Bajo la noche el mundo silencioso naufraga

Bajo la noche rostros fijos, se pierden

solo queda esa sombra blanca.

Con la caricia del viento cargado de calima el minotauro albo continúa cabalgando, libre, por los prados abrasados. Uno arde de frío. Es tiempo de buscarle un laberinto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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