El Movimiento de las 28

El viernes 28, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, 28 pibas leyeron un manifiesto extraordinario 

 

A la comunidad educativa, familiares, amigues y conocides:

Hoy nos reencontramos para dar cierre a un ciclo muy significativo en nuestras vidas.

Queremos aprovechar esta oportunidad para hacer una puesta en valor de lo que significó nuestro paso por el Colegio Nacional de Buenos Aires. Para ello me gustaría convocar a aquellas personas con quienes compartimos la cotidianeidad dentro de esta institución. ¡Compañeres!

Nos acercamos les pibis:

Somos un grupo de mujeres y disidencias egresades del turno mañana 2016. Venimos a denunciar la violencia institucional ejercida y avalada por la comunidad educativa hacia nosotres. Les pedimos que por un momento nos presten su atención dado que las experiencias que tenemos para contarles fueron y siguen siendo sumamente dolorosas.

Retrocedamos un poco en el tiempo, revivamos el año 2012. Tenemos doce o trece años e ingresamos a un establecimiento educativo que desde el primer momento nos impone normas de comportamiento que marcan una clara diferencia entre nosotres y nuestros compañeros varones cis, es decir, aquellos cuya identidad de género coincide con su sexo biológico. Como todas las mañanas, llegamos al Colegio y nos recibe el regente Guillermo Belleville. Nos hace comentarios sobre el largo de nuestras polleras, nos toca y nos besa, no nos computa los tardes si le caemos bien. ¿Es necesario detenernos a explicar por qué esto es inaceptable?

Sigamos.

Año 2015. Tenemos quince o dieciséis años. Subimos las escaleras para llegar al aula y nos encontramos con Diego Riveiro, preceptor. Nos ofrece su servicio de masajes, evalúa junto a nuestros compañeros cuál es el mejor culo del año y les comenta “cómo se garcharía” a una de nuestras compañeras. También hay besos y manoseos que nos incomodan. Solo comentamos estos episodios entre nosotres en el baño durante el recreo.

Suena el timbre. Volvemos al aula y un grupo de varones toca la puerta para hacer una pasada de cara a las elecciones del centro de estudiantes. La Roxi, La Liga, Clan+Anticlán, Remate 5, La Popi, La Boba: año tras año, estos grupos —conformados principalmente por hombres cis—, se organizan bajo distintos nombres pero con un mismo objetivo: hacer del odio hacia las mujeres, las gordas, los gays, las lesbianas y disidencias, el eje de su campaña política. Estos grupos de varones recibieron los suficientes avales de parte de les estudiantes como para consolidarse como una entidad política más y en el proceso no hubo ni una sola norma del reglamento del Colegio que se viera quebrantada.

Y es esto último lo que queremos poner de manifiesto: hay un sistema normativo imperante en este Colegio que da lugar a que asistamos a clases rodeades de carteles que predican, con total impunidad, que somos putas por disfrutar libremente de nuestra sexualidad, que somos objeto de consumo de nuestros compañeros. ¿O se atreverían a decir que no se percataron de que esto era una constante en nuestro día a día? ¿No era lo suficientemente llamativo el mural de “Gordas y vino” frente al Colegio? ¿No había siempre una autoridad presente en el aula mientras estos personajes se burlaban de nosotres?

Pero… ¿quiénes son esas autoridades a las que hacemos referencia? Suena el timbre otra vez, cambiamos de materia, tenemos matemática. Entra Jorge Blumenfarb —docente— y saluda a algunas de nosotras con un beso, nos toca la cintura. A sus favoritas nos pide que seamos “sus secretarias” o que le mandemos fotos de nuestras vacaciones por mail. A quienes no le agradamos nos denigra buscando complicidad con nuestros compañeros varones y haciendo comentarios sobre lo pronunciado de cierto escote: (ironía) ¿acaso no es evidente que nos vestimos de este modo para provocarlos? Nos toca celebrar la aprobación del código de vestimenta al mismo tiempo que aumenta la frecuencia e intensidad de los comentarios sobre nuestro modo de vestir.

Esta situación se nos presenta inabordable desde nuestro lugar de subordinades y en un acto desesperado decidimos acudir a nuestra tutora. La respuesta ante nuestro pedido de ayuda es nula: les tutores minimizan el asunto, se lavan las manos, se desligan de su responsabilidad. Nos dicen que no es posible hacer nada al respecto porque estamos denunciando a alguien que es amigo del vicerrector, Roberto Rodríguez, acusado de consumir pornografía infantil.

Y es más, dicha tutora nos expone ante el mismo docente sin un mínimo de interés ante posibles represalias. A quienes estudiamos en este Colegio no nos sorprende que esto sea así: es harto conocida la inoperancia de les tutores en general y su habilidad excepcional para desampararnos y empeorar nuestra situación.

Volvamos al día de hoy. Diego Riveiro, quien fue nuestro preceptor, ocupa actualmente el cargo de regente y el docente Jorge Blumenfarb ahora es vicejefe del departamento de matemática. ¿Bajo qué concepto estas personas reciben una promoción en el escalafón educativo? ¿Qué méritos reconocidos los hicieron dignos de un ascenso? ¿Hasta cuándo van a perpetuar este sistema hostil que sigue empoderando a acosadores de menores, misóginos, violentos, mientras nosotres somos violentades y abusades en nuestra cotidianeidad?

El recuento de los horrores vividos a lo largo de los años excede lo que podemos poner en palabras en esta sola instancia. Nos estremece pensar que transitamos nuestro secundario —que crecimos, estudiamos, construimos conocimiento, desarrollamos nuestro pensamiento crítico— siendo violentadas tanto en el ámbito académico como personal. No nos olvidamos de Jorge Bottaro, profesor de informática, y la cosificación de la que nos hizo objeto. No nos olvidamos de Fernando Guarnaccio, docente de historia, y sus comentarios homofóbicos y misóginos. No nos olvidamos de Julian Lisczynsky, profesor de educación física, y sus distinciones entre rubias y morochas en las clases. No nos olvidamos del ex vicerrector, Agustín Zbar, que hace cinco años golpeó a una compañera en una sentada. Y nunca nos olvidaremos del director de esta orquesta, el rector Gustavo Zorzoli, que además expuso ante los medios de comunicación el caso de abuso de una compañera en el contexto de una toma con el fin de deslegitimar la medida de fuerza.

Regente, preceptores, docentes, vicerrectores, rector: ya no le tenemos miedo a sus sanciones. ¿Qué piensan de todo esto cuando se jactan de la supuesta excelencia académica que corre por estos claustros? ¿La violencia institucional también es uno de los pilares sobre los que se asienta el prestigio que reviste a este Aula Magna?

Es evidente que no tienen una respuesta a estas preguntas porque nunca quisieron planteárselas: hacerlo implica cuestionar sus lugares de poder y aceptar sus falencias como educadores. No habernos escuchado fue una decisión política que hoy ya no pueden tomar. Les arrebatamos este espacio para brindarles esas respuestas que van a marcar el camino a seguir a partir de ahora. No vamos a tolerar que naturalicen sus prácticas violentas ni que sean cómplices por omisión de aquellos que las llevan a cabo. No vamos a tolerar que cuestionen nuestro modo de vestir, que nos humillen y expongan, que desoigan y minimicen nuestros reclamos, que pongan en duda nuestra palabra. No vamos a cargar con la responsabilidad y la culpa de las violencias que ustedes mismes ejercieron sobre nosotres por años.

Nuestras hermanas y compañeras que hoy habitan el Colegio son un ejemplo de lucha. Están transformando esta realidad con su rebeldía combativa. Nosotres no nos vamos a quedar atrás. Somos parte de la ola verde que va a arrasar con este sistema machista y patriarcal y que a ustedes los va a pasar por arriba si no son capaces de estar a la altura de nuestro movimiento.

Acá nos paramos firmes. Somos les invisibilizades de siempre, les violentades, les acosades, les abusades, personas trans, gordas, putas, gays, lesbianas, pero por sobre todas las cosas somos personas empoderadas.

 

Exigimos

· que se imparta una educación sexual con perspectiva de género: queremos hablar de consentimiento y de placer;
· que se aplique el Protocolo de acción institucional ante las situaciones de violencia de género dictado en  2015;
· un Departamento de Orientación al Estudiante con psicólogues capacitades para acompañarnos en nuestro desarrollo y crecimiento personal, sin juzgarnos ni discriminarnos;

· una revisión de los programas de cada materia que se ajuste a los tiempos que corren y que incluya bibliografía feminista;

· una reforma en el Reglamento del colegio, que nos ampare, nos defienda, que fomente la igualdad y el respeto entre pares.

Basta de impunidad ante las violencias. Queremos que quienes habiten estas aulas en el presente y en el futuro no sean víctimas de su negligencia.

Abajo el patriarcado, se va a caer.

¡Arriba el feminismo que va a vencer!

 

Irina Sapollnik
Luna Giachino
Agostina D'Ascenzo
Catalina Gobelli
Zoe Taricco García
Lucia Rios
Lara Ciani
Helena Sedlinsky
Paloma anderman
Ana Sofía Traversi
Pau Fermin Diez
Inés Kremer 
Natalia Landrobe
Paula Giordanino
Violeta Antelo
Julia Carbonari
Miranda Boccalon
Luna Gericke Ipar
Ema Graña
Nur Nazur
Carla Waeyenbergh
Sol Gabay
Camila Payva
Pilar Otegui
Lola Romero
Malen Chittaro
Merlina Crawley Ruibal
Julia Agrest

 

29 Comentarios
  1. Dan dice

    No callar.
    <3

  2. Fabiana dice

    Enorme el valor de estxs mujeres y disidencias.
    Lxs queremos, lxs acompañamos, y luchamos con ustedes.
    Infinitas gracias por hacernos voz.
    <3

  3. Enrique Martin dice

    Si lo que denuncian es cierto, y seguramente lo sea, la pregunta es para qué mierda se quedaron en ese colegio del orto seis años? El Nacional Buenos Aires siempre fue una basura. Parece que las chiques no les comentaron nada a sus padres. De lo contrario son cómplices y también deben ser denunciados.

  4. Matias dice

    Increíble que tengas que escribir tanto para dar cuenta de tu perversa cabecilla. Muchos de los hecho relatados han sido comprobados y “debidamente” cajoneados. Por otro lado, la misma lógica de desoír a la víctima ha obrado de forma tal que la ha silenciado a ella y los posibles testigos, que en más de una vez son risueños asistentes de esos acosos.

  5. Graciela Cohen dice

    En el barrio se dice: Ojo al piojo! Me alegro hasta las lágrimas del dúo de la oportunidad para aclarar las visas… también se podría hablar de lobuenoyneesario… por otro lado estoy Ku de acuerdo que s nombres sin pruebas no sirve! Genera un modelo de impunidad autoritaria del que queremos deshacernos! ojo al piojo!

    1. clo dice

      Ellas ponen sus nombres tambien…como se rompe el cerco? en la siembra de duda no siempre el fruto será malicioso . Como hace el rehen para dejar de serlo ? Autorizandose

  6. Charly dice

    Un honor de habitar el mismo suelo que estas chicas!

  7. Gabriela dice

    Excelente denuncia pública! Va mi apoyo total y espero que se sigan las accioes formales de investigación y condena a los personajes nefastxs denunciadxs. Felicitaciones a les autores del escrito y éste entorno por publicarlo!!

  8. Belem springhart dice

    Sigue esta fuerza VIVA de estudiantes belles e intenses….q nos rearticula la lucha contra el único enemigo: los ricos, poderosos, impunes….que pasan tomando todo a su paso….cual rey, feudal sin límite…..PERO APARECIERON LES 28…..y les despiertes…q seguimos resistiendo y empoderades…

  9. Ale Continanzia dice

    Gracias por las palabras y el valor !!!!!

  10. Carlos de la Vega dice

    ¿ESTE ES EL CAMINO CORRECTO PARA EL FEMINISMO?

    El Cohete a la Luna, el sitio creado por Horacio Verbitsky para contribuir a horadar el cerco mediático e informativo orquestado por Clarín, La Nación, la Alianza Cambiemos y varios asistentes extranjeros comenzando por Washington y Tel Aviv; viene cumpliendo un rol fundamental denunciando y revelando la oscura y obscena trama que está reformateando a la Argentina para retrotraerla a su épocas más oscuras. Ese mismo sentido crítico debería aplicarse a las reiteradas notas que publica sobre feminismo, varias de ellas conteniendo tomas de posición de sus militantes que, vistas desprejuiciadamente (el prejuicio es un camino que puede ser perfectamente bidireccional) y desde el sentido común de las normas más básicas que deben regir la convivencia entre las personas, no tienen nada de virtuosas. Ya ocurrió con una nota publicada en el mencionado sitio cuya autora era la militante feminista Noe Gall (“Una lectura feminista de la condena”, 09/07/2018) en donde lisa y llanamente se hacía una apología del derecho de las mujeres a asesinar hombres. Algo no muy distante pasa con la transcripción, en esta ocasión, del manifiesto leído por un grupo de chicas el 28/09/2018 en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

    En el discurso en cuestión se menciona el nombre de una serie de docentes, preceptores y directivos de esa institución a los que se acusa de acciones muy graves pero hasta donde se puede saber no se aporta ninguna prueba de lo que se está afirmando. Si los hechos son como las protagonistas del discurso relatan, hay varios delitos penales en curso y, entonces, la denuncia debería ser realizada en los tribunales correspondientes, del modo adecuado y someterse a los proceso de verificación pertinentes. De otro modo, caemos en el escrache difamatorio que es precisamente una de las armas que han empleado, y emplean, los poderes más siniestros de las sociedades de todos los tiempos para avanzar sobre quienes se le oponen. Es la técnica a la que apelan, por ejemplo, en la Argentina de hoy, las grandes corporaciones mediáticas para estigmatizar a los principales representantes del kirchnerismo (cuyo exponente máximo es una mujer) independientemente de lo que digan las pruebas sobre los hechos de los que se los acusa.

    El escrache acusatorio basado en afirmaciones sobre las que no se brindan pruebas es una herramienta sumamente dañina cuya naturaleza está más cerca de la calumnia mentirosa que del acto revelador de la verdad. Es cierto que la denuncia pública de hechos aberrantes ante la obturación de las vías institucionales para el ejercicio de la justicia ha sido, en circunstancias con la excepcionalidad señalada, de gran ayuda. Recordemos, sino, los escraches a los genocidas de la última dictadura militar que los organismos de derechos humanos organizaron durante la década de 1990 luego del indulto menemista, pero se trataba de situaciones muy diferentes. En primer lugar, los hechos a los que respondía. Se trataba de crímenes de alcance social, generalmente reinvindicados públicamente por sus perpetradores impunes. Además, los organismos de derechos humanos se habían ocupado de realizar durante años una minuciosa investigación y recolección de pruebas para fundamentar sus imputaciones. En muchos casos, las denuncias habían logrado ser llevadas ante el Poder Judicial y las pesquisas procesales habían confirmado esas acusaciones, aunque luego fueran los criminales eximidos de su condena. Además, los organismos de derechos humanos debatían y consensuaban las medidas de exposición pública a realizar (los escraches) en amplios acuerdos que trascendían el de organizaciones particulares. Nada de esto parece ocurrir en las acusaciones que ciertos sectores feministas distribuyen a diestra y siniestra.

    Una cultura de la acusación pública difamatoria sin aporte de pruebas que las sustenten y evadiendo los procedimientos legales para su tratamiento se está apoderando de buena parte del movimiento feminista. No es la primera vez que una fuerza impugnadora de un orden social opresivo e injusto se extravía en el camino y termina perpetrando peores acciones que las que pretendía abolir. El siglo XX estuvo lleno de jóvenes movimientos revolucionarios que cuando llegaron al poder fueron peores dictadores que los opresores previamente desplazados (releamos la historia de los Khmer Rouge camboyanos). También entonces, estos luchadores tuvieron en sus orígenes el aplauso y el apoyo ferviente de todos aquéllos que tienen una inclinación emancipadora. Ese entusiasmo de tanta gente “de corazón generoso” cegó la visión crítica para ver que la sobreideologización o la pérdida del sentido común moral más básico y humano, no podía llevar a un mundo mejor, sino probablemente a un infierno aún más profundo, como efectivamente ocurrió.

    Se están multiplicando en todo el país estos escraches feministas que se prestan para cualquier cosa. La cobertura mediática, con la misma ausencia de objetividad y rigurosidad que se vuelca para linchar a los líderes populares que se oponen a políticas expoliadoras de toda una sociedad, no es considerada mala cuando se pone el servicio de causas simpáticas para el progresismo. Ahora, así como asesinar es siempre asesinar (otra cosa es la defensa propio legítima); mentir y difamar, es siempre mentir o difamar, se haga para favorecer los intereses de Magneto en Clarín o el de feministas insurrectas.

    Ya hay una perversión profunda de una justa causa cuando se comienza a dar crédito a las versiones sobre una situación o un suceso por el mero hecho de quien los dice o afirma (si la denunciante es mujer, es cierto, si la defensa es de un hombre, es una mentira). Caemos así en una versión invertida de la falacia “ad hominem” pero que conserva intacta su cualidad falaz. Cualquier persona con un interés espurio encontrará útil y eficaz acusar a algún otro (masculino, por supuesto) de violencia de género para sortear una situación en la que ella está en falta. En una de las Facultades más prestigiosas de la segunda Universidad nacional más importante del país se está por iniciar un juicio académico a un docente que le dijo a una alumna en un práctico que estaba haciendo mal el experimento sobre el que trataba el ejercicio. La persona acusada es un militante de los derechos humanos, cuyo único defecto achacable es, quizás, ser un poco vehemente en sus expresiones. Nada equiparable al maltrato, mucho menos, mediado por misoginia o algo similar. Sin embargo, las feministas de su Facultad están logrando que avance un procedimiento de exoneración del que prácticamente no se tienen registros en la Universidad en donde se desarrolla este drama. Ha habido en otras Facultades personal, docente y nodocente, con graves incumplimientos de sus obligaciones laborales, con delitos cometidos y constatados, con faltas de respeto hacia alumnos, colegas y directivos ciertas y graves, y no se logró colocar tamaña sanción.
    Tampoco es excusa para caer en la denuncia difamatoria que las instituciones no den respuesta a los justos reclamos sociales. ¿Vamos a señalar como asesino a quien no lo es porque el Poder Judicial y la policía no atrapa al verdadero culpable? Imagínense si las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se hubieran dejado ganar por el odio cuando un gobierno constitucional decidió dar por terminado todos los juicios de lesa humanidad brindándoles impunidad a los perpetradores de tales aberraciones. Imagínense si esas dignísimas mujeres hubieran tomado el camino de sus perseguidores (y asesinos de sus hijos/as, apropiadores de sus nietos/as, etc) cuando ni siquiera las dejaban protestar en una plaza y ellas mismas eran secuestradas, torturadas y asesinadas. Fue ese temple y esa sabiduría la que hizo de Madres y Abuelas una luz que permitió que germinara y creciera en Argentina una luz que había estado ausente en el pasado, y del que carecen otras naciones hermanas de la región. Luz que nos sigue iluminando en las oscuridades que retornan amenazantes. Cuán lejos está de ese ejemplo y de esa construcción mucho del feminismo que se expande hoy en día.

    La sustitución de la denuncia por la difamación, de la búsqueda de la justicia por la imposición patoteril del propio interés, o de la defensa de los legítimos derechos propios, por el sectarismo beligerante; no es un buen camino para construir un mundo mejor. Lejos de eso, si el feminismo cae en esa tentación lo que le espera, luego de hacer mucho mal en el camino, es el mismo destino que tuvieron tantas utopías esperanzadoras, cuyos nombres pasaron a la historia, no como hitos de nuevas dignidades y libertades, sino como renovados ensayos de otras formas de opresiones, algunas, incluso, peor que las que pretendían dejar atrás.

    1. Federico dice

      Ya de por sí es pretencioso que escribas ese choclazo, arrogándote importancia en un espacio de comunicación que bien dice: “comentarios”. Que llames difamación a este acto, MÍNIMO, requiere que conozcas a alguna de las partes involucradas. Y que desconozcas ese hecho político que es que siempre la culpa pesa con especial fuerza en la que denuncia un mal trato. Con todo respeto, sos de manual: sos un tipo, creés que desde un escritorio, sobreintelectualizando la cuestión, podés enseñarle a un movimiento entero el camino-ahora se le dice masnplaining a esto-, y encima te expandís a lo largo y a lo ancho-en el subte, ahora se le dice manspreading a esto-. Y la comparación con las madres es malísima.
      Un saludo.

    2. Dan dice

      Ademas de paranoia se ve que no tenes contacto con mujeres.
      El ejemplo vivo del patriarcado.

  11. Juan Francisco Seguí dice

    Felicitaciones era hora que se alcen más voces contra estos abusos y tantos otros más. Que haya Justicia, que se investigue y que se llegue a la verdad para que nunca más pase esto a nuestros alumnos y alumnas y trabajadores y trabajadoras

  12. Osvaldo dice

    Admiro estas chicas. Tengo mis reparos con este movimiento /la moda no es vanguardia diria el indio/ pero estas pibas se la juegan y se que no es facil en esta sociedad fascista. Abrazos!!

  13. Maria dice

    la revolución de les hijxs, basta de callarnos maria

  14. Marcela Lizárraga dice

    Qué orgullo, cuánta fuerza, qué polenta! Mi más ferviente apoyo por usar la palabra colectiva y organizada para ponee freno a tantos destratos y malos tratos!

  15. Silvia dice

    Genias! Felicitaciones!!!

  16. GABRIELA DUFOUR dice

    Aplausos a estas mujeres valientes que se animan a transformar a una sociedad retrógrada…

  17. Martina Miravalles dice

    Valientes. Esa violencia se expresó y expresa de muchas fomas no solo la brutal de género. Está inscripta en una matriz de violencia institucional -que es siempre patriarcal- ejercida de modo transversal los roles institucionales, género, filiaciones político -gremiales. Desde el grupo de Madres y Padres Autoconvicadxs del CNBA (MaPAc) desde nuestra creación en 2016 venimos denunciándolo. Acompañamos con toda disposición a lxs pibas y lxs pibes además de exigir investigación y acción formalmente a las autoridades que nunca respondieron. Son siglos de impunidad. No nos callamos más.

    1. Silvia dice

      Incomoda, verdad? Imaginate cómo la habrán pasado elles! Seguramente habrá denuncias penales y civiles. SE VA A CAER!

  18. Paula dice

    Un abrazo enorme. ¡Se va a caer!!!

  19. Eva dice

    Por eso no pierdo la esperanza!!! Gracias grandes mujeres!!!

  20. Santos dice

    Gracias!!! Por ayudarme a entender!!! Admiro vuestre valor!!! Genial! !! Hay futuro!!!!! Soy un hombre grande, que me costaba entender todo este movimiento.
    Hoy en nombre de mis dos hijas jóvenes, y sabiendo que también fui parte de ese patriarcado, me han ayudado a abrir mi mente y mis pensamientos desde otra óptica. GRACIAS.

  21. silvia dice

    Es la primera noticia que leo y estoy llorando, ante tanta desazón, son la única semilla de esperanza. Valientes y hermosas!!!

  22. Ana dice

    La ola verde es indetenible
    Gloria y admiración a las 28 mujeres valientes del “Colegio”, que, sólo gracias a ella podrá volver a ser un ámbito de excelencia educativa

  23. Otto Hansen dice

    ¡Qué genias, claras y valientes!

  24. Raquel dice

    Hermosa valentía de esta generación que va creciendo ,con nuevos y fuertes desafíos
    Un abrazo a todes

  25. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Sólo aplausos. Gracias por el aire fresco. Todos uds. hacen mucha falta.

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