El mundo erótico de Stornelli

Las relaciones del fiscal de los cuadernos con la Agencia Federal de Inteligencia

 

Carlos Stornelli describe a Marcelo D’Alessio como un charlatán, chupamedia y exagerador. En su teoría, el espía se erotizó cuando entendió que tuvo sentado a su lado al intendente de Salta. O cuando entendió que podía poner una mano en el expediente de los cuadernos.

¿Por qué se erotiza con Etchebest y con Campillo?, se preguntó el fiscal, días atrás en Dolores. Para entonces, Alejo Ramos Padilla aún no lo había procesado. Y Stornelli intentaba una defensa convocado a indagatoria. D’Alessio se había erotizado, dijo, porque Campillo era un arrepentido, digamos, sensible, porque era del entorno, del entorno íntimo del gobierno, del gobierno pasado –aclaró–, y estaba todos los días en los medios.

La indagatoria quedó tapada por el procesamiento de la semana pasada. Pero vale la pena volver a mirarla. Son 245 fojas, en las que el fiscal habló y habló alrededor de un escrito, que aclaró una y otra vez. En él trabajó la teoría del complot, la hipótesis de un acuerdo entre el espía y el empresario y expuso la hipótesis en clave de psicoanálisis que parece un espejo sobre sí mismo.

Las audiencias de Dolores quedan grabadas. Y se desgraban literalmente. En este caso, lo literal acerca el mundo de palabras donde fiscal y espía podrían confundirse. Stornelli dijo que Leonardo Fariña lo boludeó tres o cuatro veces. Que lo giraron. O que lo bolsiquearon. Pero todo aquello asume un carácter distinto cuando menciona sus propias relaciones de poder. Le dice amigo íntimo a Mario Montoto, también al jefe del Estado Mayor del Ejército Claudio Pasqualini con quien comparte una carpa en el balneario o al ex espía Fernando Pocino. También aparecen escenas con Mauricio Macri y su cara de orto, cuando el fiscal le impidió entrar a la cancha de Boca. Y está el cruce en el Colegio Militar.

«La foto que apareció está sacada en diagonal y pareciera, o da la sensación, que yo estoy sentado al lado de Macri», dijo el fiscal. «Yo estoy con el público, y explico por qué fui: el jefe del Estado mayor es íntimo amigo, de la infancia, me invitó al acto. Yo estaba entre el público y Macri fue. Entró después que empezó el acto y se fue antes de que termine, pero no tuve ningún cruce con él, ni estuve cerca, ni nada, entró y salió».

 

Entró y salió

 

También aparece un casamiento en el que conoció a Claudio Bonadío. Y, finalmente, lo importante: un nombre que conecta con una trama pendiente en la investigación de Dolores. Stornelli lo menciona como Pablo o Pablito. Se trata de Pablo Pinamonti, segundo en la estructura de la Agencia de Inteligencia Federal durante el gobierno de Cambiemos.

La investigación de Dolores trabaja una hipótesis sobre la intervención de la AFI en la trama D’Alessio. En esa hipótesis, la banda del espía aparece como un grupo operativo todo terreno que fue producto de una descentralización progresiva de los servicios de inteligencia del Estado.

En esa línea, habría habido una primera política de descentralización con el proyecto de instalación de las agencias AMBA en el conurbano bonaerense. Y una segunda etapa que se inició luego del fracaso del AMBA con una tercerización del espionaje en grupos alentados para despegar políticamente al organismo de encargos ilegales. En ese esquema, se analizan las últimas imputaciones de la causa, el procesamiento a D’Alessio y sus socios: espías o ex espías, ex comisarios, dos fiscales y un periodista.

A esta altura se sabe que D’Alessio trabajaba con agendas distintas. Para el año 2016 aparecía alrededor de la causa de la Aduana paralela con la extorsión al empresario Gabriel Traficante. A comienzos de 2018, estaba alrededor de la causa GNL dirigida por el juez Claudio Bonadío. Y a fines de 2018, sobre esa causa intervenía en la encuadernadora. En ese contexto, extorsionó al empresario Pedro Etchebest para sacarle plata mientras aseguraba que existía una pre-causa en el expediente de los cuadernos. Cuando estalló el escándalo en enero de 2019, D’Alessio le envió un último mensaje al fiscal Stornelli.

El fiscal no aportó su teléfono en la causa. No lo ofreció como prueba. Tampoco pidió peritajes para cotejar mensajes entre él y el espía que el juzgado reunió en cien fojas. Sin embargo, aportó ese último mensaje transferido vía Telegram. Allí el espía se defiende con la teoría de la interna de la interna y el complot que abandonó tiempo más tarde. También menciona el nombre de Pablo.»El que hizo la cama es un subordinado de Pablo».

 

Ultimo intercambio entre el fiscal y el espía.

 

 

Stornelli no pregunta quién es. El espía sólo mencionó el nombre, como si se tratara de una persona conocida. Hoy el juzgado considera posible que se trate de Pablo Pinamonti. D’Alessio lo mencionó varias veces. Dijo que era la persona de la AFI con quien había entrado en contacto para ofrecerle informes periodísticos y le había encargado el caso de Etchebest con la promesa de acceder a un puesto en el organismo. Ramos Padilla le preguntó a Stornelli por ese nombre. Stornelli dijo que lo conocía.

“A Pablo Pinamonti lo conozco desde hace 30 años, no sé, 30, 40 años”, explicó. “Pablo o Pablito. Trabajaba en Tribunales. En una fiscalía de instrucción, de ahí lo conozco. Cuando yo fui al Ministerio de Seguridad (de la provincia de Buenos Aires), llevo a varios fiscales. Vienen conmigo, en el equipo, y cada uno traía a su gente. Uno de ellos trajo a Pablo Pinamonti, que no trabajaba técnicamente en el Ministerio sino en el Copresede». Stornelli recordó que ese organismo se ocupaba de los eventos deportivos, cosa que a mí, en ese momento, con los quilombos que había, en el orden de prioridades, no estaba el Copresede.

Cuando quien llevó a Pinamonti se fue del ministerio, Pablo me pidió quedarse, dijo el fiscal. Se quedó hasta el final del mandato y después no lo vi más. Me lo encontré un día en la calle. Sí me lo encontré.

«Me lo encontré en la calle Florida una vez. Me dijo que había entrado en la AFI. Hablamos, que sé yo, y nada más. Pero desde que nos fuimos del Ministerio, en mayo del 2010, no tuve casi más relación. No lo vi más», dijo, y luego volvió atrás.

«Creo que (lo vi) en un asado una vez. Con ex compañeros y demás. Él estaba y no tuve más relación que encontrármelo una vez. Me contó que estaba en la AFI. No me acuerdo, ni le pregunte qué hacia ni nada. No suelo hacer esas cosas. Pero (me dijo) que estaba recién incorporado, recién incorporado. No me acuerdo la fecha. Sería 2016, por ahí».

Stornelli avanzó. No volvieron a preguntarle. Pero luego recordó que Pinamonti le contó que estaba trabajando en un proyecto muy interesante que le habían encargado. Nada más. Pero no tengo trato, no tengo relación, no tengo nada. Si me junto, lo saludo, pero no más. Después supe para mi desagrado que el Pablo que se mencionaba en el chat, muy posiblemente era Pablo Pinamonti, dijo. Y agregó: no, la verdad no pude haberlo asociado jamás.

Este Cohete escribió hace meses que efectivamente ambos se conocían por lo menos desde el paso de Stornelli por el ministerio de Seguridad cuando el fiscal firmó su nombramiento. Ese antecedente permitía pensar que la relación del fiscal con la AFI no se reducía al caso D’Alessio, sino que llevaba más tiempo. Stornelli lo negó. O por lo menos puso la relación con Pinamonti en otro contexto. El procesamiento tampoco avanzó en ese plano. Pero dio por probada una relación más estructural al explicar que el fiscal sabía que el espía respondía a una organización. Y que por su carácter de fiscal no podía desconocer que eso era ilegal.

Alejo Ramos Padilla lo dice en el contexto del caso Brusa Dovat. D’Alessio lo presentaba como El Centeno de PDVSA. El espía envió mensajes y un día le dijo al fiscal:

–Trabajamos prolijo! Sale en tapa del domingo en Clarín.

Efectivamente, en dicho trabajo no había estado solo: habían intervenido, entre otros, los ex policías Ricardo Bogoliuk y Aníbal Degastaldi. D’Alessio también le contó que reportaba la situación a Maine:

–Si es lo q imagino –dijo–, además del informe que tengo q armar para Maine y enviarlo por valija diplomática, está el factor Argentino qué seguro le vas a sacar mucho provecho.

En ese apartado, el juez sostuvo que «si bien, de momento, no se ha podido corroborar la existencia de reportes a Maine, sí se pudo determinar que existió un permanente reporte a Ricardo Bogoliuk, quien, a su vez, reportaba hacia una estructura mayor, posiblemente de la Agencia Federal de Inteligencia. Lo que demuestra que lo que D’Alessio le informaba al Fiscal acerca de un actuar coordinado y plural no era ficticio».

 

Trabajamos juntos

 

El juzgado se dispone a resolver ahora la situación de Marcelo D’Alessio. El espía pidió ser tomado como imputado colaborador. Declaró nueve horas ante el fiscal Juan Pablo Curi. Hasta ahora se supo poco del contenido. Se dijo que habló mucho, dio precisiones, aportó documentación y dio sentido a los documentos encontrados en sus computadoras. Entre los documentos algunos llevaban el nombre de Stornelli, otro Bonadío y otro de la AFI. Ramos Padilla viene sosteniendo en los procesamientos que esos nombres estaban indicando  los destinatarios. Entre ellos, también estaría entonces la línea todavía pendiente de la AFI.

La papa caliente

Esta semana, Stornelli apeló el procesamiento. Y el procurador interino Eduardo Casal volvió a presentar batalla para blindarlo. Ramos Padilla le había pedido que inicie el proceso de jury sobre el fiscal, pero Casal encontró un atajo legal y se negó.

Ramos Padilla procesó a Stornelli con prisión preventiva en suspenso por los fueros. Pidió a la Procuración que avance con el jury pero también dijo que si Stornelli pierde los fueros, va a volver evaluar la necesidad de la prisión. Eso es porque entiende que Stornelli puede producir un riesgo para la causa en su condición de fiscal, pero tal vez no como ciudadano. Eso que parece razonable, en la lógica jurídica no lo es. La postura de Ramos Padilla está discutiendo la doctrina de las relaciones residuales que sostuvo la lógica de prisiones preventivas arbitrarias de estos años. Y ese argumento ahora lo toma Casal para ejercer una de sus habilidades más conocidas: posturas ceñidas a extremar los reglamentos.

Rápido, en pocas horas, y vía correo electrónico, le dijo a Ramos Padilla que si quiere detener a Carlos Stornelli no pida a la Procuración que le saque los fueros. Si no que primero dicte la prisión preventiva. Es decir, que pague los costos.

El temperamento propuesto por el Juez, sostuvo el procurador, parte de considerar que previamente al dictado de la prisión preventiva deben removerse los obstáculos constitucionales y legales que obstarían su aplicación, cuando el procedimiento adecuado es exactamente el opuesto. En ese sentido, consideró que de lo contrario se invertiría el orden lógico al pretenderse la supresión del fuero sin una resolución judicial concreta que, por un lado, justifique su análisis y, por otro, permita la defensa del afectado.

Casal no lo dice pero hoy tiene dos herramientas para impulsar un desafuero. Un expediente por mal desempeño atado al avance de la causa penal. Y otro por rebeldía. El Comité Evaluador recomendó en noviembre abrir el jury porque el fiscal se había negado durante nueve meses a declarar a Dolores. Eso obligó a Stornelli a presentarse. La rebeldía terminó. Pero también quedó probada durante el tiempo que no se presentó. Casal puede declarar abstracto ahora el expediente o activarlo. Pero nada hace suponer que lo haga. La orden de detención es una papa caliente que parece dispuesto a dejar en manos de su reemplazante.

 

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