El Nobel más esquivo

¿Cómo es posible que no exista un premio Nobel en Matemática?

 

En el año 2001 se estrenó la película Una mente brillante (A Beautiful Mind), dirigida por Ron Howard y protagonizada por Russell Crowe. Es una adaptación de un libro escrito por Sylvia Nasar, quien fue candidata al Premio Pulitzer por ese trabajo.

La película es una versión libre de la biografía del famoso matemático norteamericano John Forbes Nash, quien trabajó en Teoría de Juegos, Geometría Diferencial y Ecuaciones Diferenciales en Derivadas Parciales. El atractivo que tuvo la vida de Nash fue que era esquizofrénico y por lo tanto, siempre es mejor pintar a un científico si está loco, y si es matemático, mucho mejor.

Hasta acá, todo bien. Pero el hecho es que en el año 1994, a Nash le dieron el premio Nobel junto con otros dos economistas (Reinhard Selten y John Harsanyi) y este es el motivo de esta nota. Si usted vio la película y/o si conoce gente que la vio, hágase/hágale esta pregunta:

¿En qué disciplina le dieron el Premio Nobel a Nash?

Se va a sorprender con las respuestas. Es que la mayoría (y con buena razón) dirá que le dieron el Nobel en Matemática. Pero lo curioso es que no existe tal cosa. Sí, otra vez: ¡no hay premio Nobel en Matemática! En la película el director y guionista se cuidaron muy bien de que ese detalle no apareciera, tanto que en ningún lugar se menciona que le dieron el premio Nobel… ¡en Economía! Y no es que no haya habido razones para hacerlo.

De hecho, los aportes de Nash fueron desde la matemática teórica aplicada a la economía. Pero lo sorprendente es que en función de lo que sucede en la película, este hecho queda totalmente marginado. Queda claro por supuesto, que Nash ganó algún premio Nobel, pero específica y cuidadosamente no se dice en qué disciplina.

Pero lo que más me interesa acá, es contar alguno de los mitos que existen respecto a que no haya Nobel en matemática. ¿Por qué?

El más famoso de los argumentos es el siguiente: Alfred Nobel no quiso que ninguna parte de su fortuna fuera a la matemática, porque habría descubierto que su mujer lo engañaba con uno (con un matemático).

Para enfatizar más el episodio, la historia sostiene que el científico Gosta Magnus Mittag-Leffler, un matemático muy conocido y reconocido como tal en aquella época. ¿A quién se le podría ocurrir inventar una historia de este tipo y encima tener el nombre del autor del ‘crimen’?

Se esgrimen varias razones para disputar la veracidad del hecho.

Primero, aunque parezca irrelevante, Nobel no estaba casado. Claro, eso no sería impedimento para que alguien lo estuviera engañando con su compañera (que sí tenía). Pero el inconveniente es que Nobel había emigrado de Suecia en 1865, cuando Mittag-Leffler era un incipiente estudiante y la diferencia de edades obraba como otro obstáculo. Más aún: Nobel volvió muy pocas veces a Suecia, y su compañera aún menos. El prestigio de Mittag-Leffler se generó cuando Nobel ya no vivía más en su país de origen.

Pero algún asidero para la fantasía existe, y es que Mittag-Leffler y Nobel estaban enfrentados (casi en el final de la vida de Nobel), ambos muy poderosos/ricos, y como Mittag-Leffler era además un científico prominente, si Nobel dejaba también en su legado un premio a la matemática, lo peor que podía pasarle era que nada menos que él (Mittag-Leffler) obtuviera un premio que llevara el nombre de su fundación… ¡su propio nombre!

La historia es simpática, pero en realidad lo más probable es que Nobel (como varios en esa época), no consideraran a la matemática como una ciencia independiente y/o relevante en sí misma. Nobel dejó en su fundación una fortuna en 1895 estimada en nueve millones de dólares, cuyos intereses debían cubrir los premios en cinco disciplinas: física, química, medicina-fisiología, literatura y de la paz. El propio Adolf Nobel estaba relacionado con todas estas áreas, salvo medicina. Como dato más saliente es pertinente recordar que Nobel fue el ‘inventor’ de la dinamita.

Un sexto premio se agregó en 1969 (economía), y naturalmente, se especula que en un futuro no muy lejano la propia matemática tendrá el reconocimiento que merece como ciencia pura.

Por el momento, lo más parecido al Nobel es lo que se conoce con el nombre de medalla Fields. Este premio se entrega a dos, tres o cuatro matemáticos, no mayores de 40 años, cada vez que se hace el Congreso de la Union Matemática Internacional. Esto sucede cada 4 años, y la diferencia en dinero con el Nobel es abismal: U$S 15.000 (quince mil dólares) para los ganadores de la medalla (último dato, año 2006), contra casi 1.600.000 (un millón seiscientos) que obtuvieron los ganadores del Nobel en el año 2007.

La medalla Fields lleva su nombre en honor al matemático canadiense John Charles Fields, y los primeros ganadores (en el año 1936) fueron Lars Ahlfors de Finlandia y el americano Jesse Douglas. Desde entonces y hasta acá (casi 2020), se entregaron sólo a 60 personas.

En la edición del año 2006 se produjo un episodio sorprendente, porque el matemático ruso Gregori Perelman se negó a recibir la medalla y ni siquiera concurrió al congreso que se hizo en Madrid, disgustado con que se hubiera puesto en duda la importancia de su contribución, ya que un grupo de matemáticos chinos sostuvo que ellos también habían participado en la solución de la famosa conjetura.

Perelman vive ahora recluido en su Rusia natal (en San Petersburgo, antes conocida como Leningrado), luego de haber resuelto uno de los problemas más importantes de la matemática: la conjetura de Poincarè. No solo eso: también se negó a recibir el millón de dólares que le hubiera correspondido por haber solucionado uno de los siete problemas que planteó el Instituto Clay a comienzos de este siglo (XXI).

Si hubiera habido premios Nobel en matemática, la Argentina habría tenido dos candidatos muy sólidos. El increíble Alberto Pedro Calderón —posiblemente el matemático argentino más importante de la historia—, nacido en Mendoza, ingeniero en principio y especialista en Análisis Armónico, fallecido en 1998 y sin ninguna duda el matemático argentino de mayor prestigio internacional en el siglo XX.

El otro es Luis Caffarelli, actualmente radicado en Austin, Texas, miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, y uno de los científicos que estuvo en la reunión que se hizo en el consulado argentino en New York convocados por la —en ese momento— candidata a Presidente de la nación, Cristina Fernández de Kirchner.

Caffarelli es el matemático líder en el mundo en problemas de “Ecuaciones Diferenciales en Derivadas Parciales con Frontera Libre”.

De todas formas, la Argentina tiene matemáticos de alto nivel internacional, produce matemática en el país de extraordinaria relevancia y no solo en la Universidad de Buenos Aires, sino también en Córdoba, Rosario (FAMAF), La Plata (UNLP), Bahía Blanca, Santa Fe, Tucumán… Además tenemos esparcidos por el mundo referentes en virtualmente todas las áreas: un verdadero orgullo para el país.

Con el nuevo gobierno que encabeza Alberto Fernandez, y el recuperado Ministerio de Ciencia y Tecnología, es seguro que la ciencia ocupará otra vez un lugar relevante y decisivo. El compromiso es grande y, con premios Nobel o sin ellos, tenemos la gran obligación de reconstruir lo que el macrismo deja como pesada herencia. Las condiciones están; ahora hace falta el presupuesto que acompañe.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí