El nombre del macrismo es crisis

Un traspié de la actual gestión abriría otra vez las puertas a los agentes de la globalización neoliberal

 

Mientras se siguen acumulando los datos de la economía real sobre el gran descalabro causado por el macrismo, se incrementan las presiones internas y externas en relación a la resolución de la gran deuda pública acumulada por la gestión anterior.

La preocupación por la deuda externa no debería tapar el estado de la economía real: ambas esferas son importantes y están fuertemente relacionadas. Así nos vamos enterando que la producción siderúrgica cayó 10% en 2019 o que, según el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, el mercado inmobiliario local tuvo “el peor año de la historia”, con una caída de las ventas del 40,2% en relación al año anterior. La buena noticia de que se logró un superávit comercial externo de 16.000 millones de dólares queda empañada por las razones de ese superávit: se explica exclusivamente por la contracción del mercado interno. La cantidad de bienes exportados en 2019 subió menos del 1%, mientras que la cantidad de bienes importados cayó el 16%, reflejando el derrumbe de la actividad económica doméstica.

El macrismo logró elevar el déficit financiero de la Tesorería de la Nación al 3,76% del PBI, dedicado al pago de intereses de la deuda pública. Ese grave agujero fiscal tiene como contrapartida un dato tenebroso: durante toda la gestión de Cambiemos se fueron en “formación de activos externos del sector privado no financiero”, es decir dólares comprados para atesoramiento y fuga de nuestra economía, 88.371 millones de dólares. Es el equivalente aproximado a 900 fábricas de gran porte, que hoy podrían estar generando numerosos puestos de trabajo, produciendo riqueza exportable y ahorrándole divisas al país.

Algunos macristas, para escapar de las contundentes pruebas de su incompetencia económica, quieren blindar su preferencia conservadora, refugiándose en el vaporoso mundo de la “ética”. Parece que allí tampoco quedarán guaridas disponibles para los adherentes a Cambiemos: el escándalo de mega-crédito del Banco Nación a la empresa Vicentin es una síntesis de la inmoralidad e ineficiencia que caracterizaron al período finalizado el 10 de diciembre. Esperemos que esa síntesis perversa sea visualizada por amplios sectores de la sociedad.

 

 

Nosotros y el capital financiero global

Entre tanto está en marcha la gran negociación de la deuda externa, de la cual depende en parte el curso del actual gobierno.

Se han dado algunos pasos provisorios, como la extensión del plazo del vencimiento de las LETES en diciembre, el canje reciente de una parte de las LECAP por LEBAD, reduciendo stock de deuda en 2.000 millones de pesos y extendiendo los plazos, y está en marcha el diferimiento de un pago de capital por 250 millones de dólares de la grave deuda acumulada durante la gestión vidalista de la Provincia de Buenos Aires. Son parches transitorios, que muestran la imprescindible necesidad de refinanciar todo el paquete, así como la voluntad de hacerlo en el marco más acordado posible.

Mientras tanto, ya está en marcha el mecanismo global de presión sobre los países endeudados: Standard & Poor’s ya bajó la calificación de la deuda argentina y hubo un repunte en el indicador financiero de riesgo país, que mide la incertidumbre de los acreedores en cuanto al cobro de la deuda. Los valores de los bonos de deuda pública en dólares cayeron. Sin embargo, no es eso lo que debería preocupar a lxs argentinxs.

Para poder trazar un mapa del escenario que tenemos enfrente, hay que entender cómo funciona el sistema financiero global, que es económico y político al mismo tiempo.

El sistema consiste básicamente en un entramado de intereses e instituciones del capital financiero global respaldado por las principales potencias atlánticas. Este monumental mecanismo de poder y negocios abarca desde los financistas propiamente dichos –existe una diversidad de actores muy concentrados—, los empresas internacionales que “califican” a los países, las instituciones privadas que definen en qué momento hay default, los medios globales de comunicación y de formación de opinión a favor de las corporaciones financieras, el sistema de “expertos” y especialistas encargados de transmitir la visión del capital a dirigentes y dirigidos, los intermediarios e influyentes existentes en todas las transacciones, los actores institucionales como Bolsas y representantes corporativos, los estudios de abogados especializados en vivir de los que viven de los otros, los tribunales radicados tanto en los países centrales como en organismos “internacionales” (que responden a los países centrales)… Todo ese entramado está básicamente sincronizado en torno a custodiar el orden financiero especulativo vigente, y comparte la misma ideología de maximizar la ganancia financiera a costa de la economía productiva del planeta, y especialmente de la periferia endeudada.

Pasado en limpio, es un gigantesco aparato diversificado, respaldado por el peso político, militar e ideológico de las mayores potencias del mundo. Por si alguien se lo pregunta, ni China ni Rusia cuestionan este funcionamiento económico global, sino que disputan con la pretensión occidental de dominarlos a ellos también.

El anuncio del Ministro de Economía Martín Guzmán, en el sentido de pedir la prolongación de la jurisdicción extranjera sobre la deuda a renegociar, ha planteado importantes debates en el seno de los sectores comprometidos con el proyecto nacional. La pregunta que subyace es: ¿cómo hacer para que nunca, nunca, nunca tengamos que estar nuevamente dependientes de jueces como Griesa, que están al servicio de los acreedores financieros o peor aún, del capital más parasitario y rapaz?

¿Cómo hacer para no estar sometidos a una pesadilla de endeudamiento en un sistema en que jueces y acreedores son básicamente lo mismo? ¿Y cómo evitar la sistemática injerencia en nuestros asuntos internos de organismos que responden a los países centrales, como el FMI, traídos por las crisis de deuda provocadas?

 

 

Respuestas fáciles que son difíciles

La contestación a esos interrogantes nos remite al largo período transcurrido desde la dictadura militar hasta la actualidad. En principio, sería sumamente recomendable no tener deudas con el sistema global, o que esas deudas sean muy reducidas, como en la Argentina previa a la dictadura cívico-militar.

Pero la regla de oro básica que debería respetar un país soberano en relación al endeudamiento externo es tener deudas completamente compatibles con su capacidad de pago. Es decir, relacionar permanentemente, en forma dinámica, la capacidad de generación de divisas genuinas del país, con los compromisos externos que se deban afrontar. Eso implica, necesariamente, trabajar con inteligencia sobre nuestra estructura productiva para que no sea dependiente de los préstamos externos para crecer.

Pero tenemos un problema que es todavía previo a esa clarísima regla racional: ¿para qué nos endeudamos?

Es evidente que no es lo mismo utilizar un crédito internacional para construir una represa hidroeléctrica, una vía ferroviaria de interconexión o financiar el desarrollo de una innovación científica, que utilizarlo para vender dólares baratos (subsidiados) a los ricos para que los coloquen en Panamá. Desgraciadamente, esta cuestión tan elemental no está resuelta en la sociedad argentina, como lo prueba la experiencia macrista que es un ejemplo absoluto de la segunda opción.

Guzmán lo señaló con claridad: entre abril de 2016 y abril de 2018 los genios neoliberales lograron que Argentina perdiera su capacidad de cubrir sus compromisos externos. No entró en default porque el FMI corrió a auxiliar al gobierno del vasallo norteamericano Macri.

Sorprende que aún el discurso económico de la derecha argentina tenga apelación sobre sectores importantes del electorado, ya que del sector social de más altos ingresos salieron los gobiernos que se caracterizaron, ya en tres ocasiones, de endeudar a nuestro país más allá de sus posibilidades de pago.

Jamás los proyectos neoliberales acudieron al crédito externo en proporciones sensatas. Jamás lo hicieron calculando racionalmente los flujos de intercambio externo y compatibilizando los ingresos de fondos con nuestras capacidades exportadoras.

El papel de este sector no termina allí: en sus gobiernos la inversión productiva con sesgo exportador es irrelevante, al tiempo que son los grandes protagonistas de la fuga de capitales, que implica la esterilización de gigantescas masas de fondos que podrían protagonizar un vigoroso despegue productivo.

Ya en la oposición, desgraciadamente, asumen el papel de defensores y de voceros de los acreedores ante la opinión pública local. Para ellos “honrar los compromisos externos” es la meta suprema, sin importar qué vida aguarde al resto de sus compatriotas. Sus socios principales no hablan castellano.

Entender que el sistema financiero global es un aparato de control y dominación es clave, en relación a otras preguntas que se formulan en el campo nacional.

Hay quienes legítimamente quisieran que se pudiera decretar la nulidad de ciertos endeudamientos, apelando a la inconstitucionalidad de los procedimientos, a la falta de transparencia legislativa, a los desmanes administrativos y jurídicos locales, etc. Hay en dicho planteo, que se apega al criterio de justicia y a la legalidad interna, una cierta incomprensión de qué tenemos enfrente.

Ante nosotros está la “Comunidad Financiera Internacional” que hemos descripto, ese ente descomunal al servicio del capital financiero, al cual ese tipo de menudencias internas, sean legales o políticas, le importan un bledo.

Recordemos que en su momento la dictadura cívico-militar generó el endeudamiento madre de todos los endeudamientos argentinos posteriores: para la comunidad internacional había una “caja negra” que se llama Argentina a la cual le habían prestado dólares. De esa “caja negra” deberían salir los dólares para pagar los compromisos asumidos por quien sea, compromisos que ellos mismos, a su vez, graduaban mediante el manejo de la tasa de interés internacional.

En realidad, lo más importante no es que Argentina pague sus deudas, sino que pague los intereses. Sin deudores, no existiría el sistema financiero. Además, cuanto mayor sea el “desprestigio” del país, generado a partir de las pésimas prácticas macroeconómicas de los gobiernos neoliberales, de la prensa especializada internacional al servicio de los acreedores y del importantísimo lobby local al servicio de las desmoralización de la población, mejor, porque así los prestamistas exigen tasas de interés más altas, justificadas por la “desconfianza” que genera la imagen argentina.

Estamos en presencia de un mecanismo global de exacción, no de un negocio normal entre caballeros. Es gracioso que en las negociaciones financieras internacionales se hable de “buena fe”. Si hubiera habido buena fe en los prestamistas, no le hubieran prestado tanto al gobierno macrista, viendo que no había nada en su política económica que permitiera suponer capacidad de repago. Es que no hay buena fe en el sistema, sino especulación desmesurada en los fondos de inversión –sabiendo que alguien finalmente terminará cubriendo sus aventuras—, y apuesta política estratégica en los países centrales sobre poner a los países deudores entre la espada y la pared para incrementar su dependencia y sometimiento.

 

 

 

La trampa en que cayó Alfonsín

La gran advertencia histórica que deberían tener los negociadores argentinos en el actual proceso de reestructuración es que no nos lleven a la situación en la que quedó entrampado el gobierno alfonsinista: el gobierno argentino de ese momento aceptó pagar la deuda en su totalidad, aceptó no generarle a los bancos acreedores ningún evento traumático, pero las condiciones generales de la economía mundial en las que asumió los compromisos contraídos por la dictadura eran tan desfavorables que terminaron haciendo inviable la muy meditada macroeconomía de ese radicalismo.

Sin pretenderlo ni buscarlo, aquel gobierno terminó siendo un instrumento democráticamente elegido para que la población aceptara el sacrificio, se disimulara el origen de las penurias económicas y continuaran engordando las arcas de los irresponsables bancos acreedores. Alfonsín supo con mucha amargura qué era tener enfrente a la Comunidad Financiera Internacional.

Esto significa que las definiciones de política económica del ministro Guzmán y las del Presidente de la Nación cobran una importancia crucial. Varias veces ellos han señalado que se busca garantizar las condiciones macroeconómicas para la viabilidad del crecimiento del país. Este equipo económico comprende perfectamente la importancia del balance comercial y el balance de pagos de nuestro país. Será importante tener la fortaleza política, pero también la inteligencia histórica, para enfrentar con mucha firmeza la negociación.

El criterio inclaudicable en las negociaciones en marcha es precisamente el principio realista de viabilidad económica pero también social, porque toda “flexibilización” de este principio, que seguramente será puesto en entredicho por las demandas siempre irresponsables de los acreedores, pondría en crisis al actual gobierno. Y lo que es peor, dañaría a toda nuestra sociedad. Un traspié en ese sentido de la actual gestión abriría otra vez las puertas para que vengan a gobernar nuevos agentes de la globalización neoliberal, o sea, renovados protagonistas del saqueo de las riquezas de las que dispone el país.

Si el nombre de la actual crisis de solvencia externa es macrismo, la solución pasa por hacer exactamente las políticas económicas inversas.

Donde hubo endeudamiento para la fuga de capitales, sólo toma de crédito con fines productivos; donde no hubo estímulo a las exportaciones diversificadas, incentivos inteligentes y eficientes; donde hubo apertura irresponsable de importaciones, sustitución eficiente de importaciones; donde no hubo inversión, fuerte impulso al incremento focalizado de la producción de bienes y servicios. Y donde lo que primó fue el “mercado”, o sea los intereses exclusivos de las grandes corporaciones, tiene que aparecer el Estado, organizando, planificando y orientando un país que no puede seguir en la deriva malsana de la globalización neoliberal.

 

 

 

 

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10 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Ricardo:
    Impecable análisis y muy buena síntesis del funcionamiento del sistema.
    Si me permite, una digresión.
    En su libro “El horror económico”, Viviane Forrester, dice:
    “…Pero detrás de las supercherías, bajo los subterfugios oficializados, las pretendidas «operaciones» cuya ineficacia se conoce de antemano, el espectáculo morosamente asimilado, aparece el sufrimiento humano, real y grabado en el tiempo, en ese que trama la verdadera Historia siempre oculta. Sufrimiento irreversible de las masas sacrificadas, lo que viene a significar conciencias torturadas y negadas una por una.”
    “…En la actualidad, un desempleado no es objeto de una marginación transitoria, ocasional, que sólo afecta a determinados sectores; está atrapado por una implosión general,
    un fenómeno comparable con esos maremotos, huracanes o tornados que no respetan a nadie y a quien nadie puede resistir. Es víctima de una lógica planetaria que supone la su-
    presión de lo que se llama trabajo, es decir, de los puestos de trabajo.”
    “…Se acusan de aquello de lo cual son víctimas. Se juzgan con la mirada de quienes los juzgan, adoptan esa mirada que los ve culpables y a continuación se preguntan qué incapacidad, qué vocación de fracaso, qué mala voluntad, qué errores los arrojaron a semejante situación. A pesar de la irracionalidad de las acusaciones, los acosa la desaprobación general. Se reprochan -como se les reprocha- por llevar una vida miserable o estar al borde de ella. Una vida con frecuencia «subsidiada» (por lo demás, por debajo de un
    umbral tolerable).”
    “Porque nada debilita ni paraliza tanto como la vergüenza. Ella altera al individuo hasta la raíz, agota las energías, admite cualquier despojo, convierte a quienes la sufren en presa de otros; de ahí el interés del poder en recurrir a ella e imponerla. La vergüenza permite imponer la ley sin hallar oposición y violarla sin temer la protesta. Genera el impasse, paraliza cualquier resistencia, impide rechazar, desmitificar, enfrentar la situación. Distrae de todo aquello que permitiría rechazar el oprobio y exigir un ajuste de cuentas político con
    el presente. Más aún, permite explotar esta resignación, así como el pánico virulento que ella misma ayuda a crear.”
    “La vergüenza debería cotizarse en la Bolsa: es un factor importante de las ganancias.”
    “La vergüenza es un valor contante y sonante, como el sufrimiento que la provoca o que ella suscita. Por consiguiente, no sorprende ver la saña inconsciente, diríase característica, con que se trata de reconstituir y rellenar a voluntad aquello que la origina: un sistema difunto y fracasado, pero cuya prolongación artificial permite ejercer subrepticiamente vejaciones y despotismos de buena ley en nombre de la «cohesión social».”
    “Sin embargo, en este sistema sobrenada una pregunta esencial, jamás formulada: «¿Es necesario ‘merecer’ el derecho de vivir?» Una ínfima minoría, provista de poderes
    excepcionales, propiedades y derechos considerados naturales, posee de oficio ese derecho. En cambio el resto de la humanidad, para «merecer» el derecho de vivir, debe demostrar que es «útil» para la sociedad, es decir, para aquello que la rige y la domina: la economía confundida más que nunca con los negocios, la economía de mercado. Para ella,
    «útil» significa casi siempre «rentable», es decir que le dé ganancias a las ganancias. En una palabra, significa «empleable» («explotable» sería de mal gusto).”
    “Este mérito —mejor dicho, este derecho a la vida— pasa por el deber de trabajar, de estar empleado, que a partir de entonces se vuelve un derecho imprescriptible sin el cual
    el sistema social sería una vasta empresa de asesinato.”
    ¿Pero qué sucede con el derecho de vivir cuando éste ya no funciona, cuando se prohibe cumplir el deber que da acceso al derecho, cuando se vuelve imposible cumplir con la obligación? Se sabe que hoy están permanentemente cerrados estos accesos a los puestos de trabajo, que a su vez han prescrito debido a la ineficiencia general, el interés de algunos o el curso de la Historia… todo colocado bajo el signo de la fatalidad. Por lo tanto, ¿es normal o siquiera lógico imponer aquello que falta por completo? ¿Es siquiera legal imponer como condición necesaria para la supervivencia aquello que no existe? No obstante, se busca obstinadamente perpetuar este fiasco. Se da como norma un pasado trastornado, un modelo perimido; se imprime a las actividades económicas, políticas y sociales un rumbo oficial basado en esta carrera de fantasmas, esta invención de sucedáneos, esta distribución prometida y siempre postergada de lo que ya no existe; se sigue fingiendo que no hay impasse, que se trata solamente de pasar las consecuencias malas y transitorias de errores reparables.”
    ¡Qué embuste! Tantos destinos masacrados con el solo fin de construir la imagen de una sociedad desaparecida, basada en el trabajo y no en su ausencia; ¡tantas vidas sacrificadas al carácter ficticio del adversario que se promete vencer, a los fenómenos ilusorios que se pretende querer reducir y poder controlar!”
    “¿Cuánto tiempo nos dejaremos engañar y consideraremos enemigos a aquellos que se nos indica: los adversarios desaparecidos? ¿Seguiremos cerrando los ojos a los peligros que se
    presentan, a los escollos reales? La nave ya naufragó, pero preferimos (y se nos alienta a ello) no reconocerlo y permanecer a bordo, refugiarnos en un ambiente conocido antes que
    intentar, aunque fuese en vano, alguna forma de salvataje.”
    Al comienzo del libro hay una cita de Pascal (Pensamientos) que dice:
    “No es necesario [que el pueblo] perciba la verdad de la usurpación: introducida en otro tiempo sin razón, se ha vuelto razonable; conviene mostrarla como auténtica, eterna y ocultar su comienzo si no se quiere que llegue rápidamente a su fin”.

  2. apico dice

    Muy bueno su análisis respecto del sistema financiero internacional y su capacidad de daño. Concuerdo con Ricardo en que Alfonsin cayo en la trampa, pero no pudo salir porque después de Grispun(un patriota), puso a juan Sourrile y su plan austral, primer plan neoliberal de un gobierno democrático, y así les fue. Lo peor es que AF, pretende hacer lo mismo, pero en condiciones claramente mas favorables para la Argentina, porque el gran frente Financiero Internacional está en crisis y cuestionado, y porque acá ganó el peronismo. Si no hacen las políticas anti-liberales adecuadas y urgentemente, desgraciadamente ,seremos presa del llamado mercado interno, quien ya está desafiando, y burlándose de la timorata política económica del gobierno.La economía no se va a poner en marcha achatando pirámides, ni practicando caridad, manteniendo salarios a la baja, y no produciendo las inversiones económicas adecuadas. Así, no va a andar, y seremos ,los «de a pie», quienes votamos con esperanza, quienes sufriremos una nueva estafa electoral. Un saludo peronista.

  3. Mónica Ambort dice

    Un maestro, Aronskind. De una sencillez extraordinaria. Hasta para una ignorante de la macroeconomía como yo. Muchas gracias.
    Es tan claro lo que explica… Por qué tanta gente se niega a entender que el endeudamiento es un problema central? Es que los grandes medios hacen lo suyo, exitosamente. Ojalá se leyera a Aronskind, masivamente.
    Gracias de nuevo.

  4. Roberto Pintos dice

    Ricardo como siempre, tus artículos mas que claros son diáfanos. Quienes leemos semanalmente El Cohete, devoramos con fruición tus artículos porque en ellos, entiendo, siempre se aprende algo nuevo. Uno de los problemas principales actuales radica en que, en las pasadas elecciones, lamentablemente, 10.600.000 votantes volvieron a votar el engendro del Perezoso y sus secuaces. Siguiendo tu razonamiento impecable, me pregunto: ¿qué porcentaje de estos votantes, son beneficiarios directos de la catástrofe socioeconómica que dejó el Perezoso? Dueños de empresas de servicios, de minería, toda la burguesía que se enriqueció con el agro, bancos, consultoras, estudios de abogados, todos los que comandan la corporación mediática y sus familiares en edad de votar, estimemos que sean el 50%, o sea 5.300.000 votos. El otro 50% entonces, está formado por damnificados del desastre macrista, a los que les lobotomizaron el cerebro y les han inyectado el odio hasta en el calcio de sus huesos. ¿Cómo hacemos para que esa gente entienda que debemos decirle nunca mas al liberalismo como gobierno en la Argentina?

  5. Juan Carlos dice

    Ricardo. Siempre claro y con las palabras justas. Estamos por jugar una de las últimas cartas que a nuestra patria le quedan en este largo truco. Confio en Alberto y en Cristina. Igual temo. Abrazo

  6. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo el profesor Aronskind toca un tema central: el gran desafío que implicará para el gobierno de Alberto Fernández la resolución de la gran deuda pública acumulada durante el gobierno de Mauricio Macri. En efecto, durante su mandato AF deberá hacer frente a intereses de deuda por varios miles de millones de dólares (se habla de unos 160 mil millones, aproximadamente) que condicionarán fuertemente todas y cada una de las decisiones que tome en el terreno económico y en el internacional. Se trata, qué duda cabe, de una herencia muy pesada que le “obsequió” su antecesor.

    La pregunta que cabe formular es la siguiente: ¿por qué Mauricio Macri endeudó de manera tan irresponsable al país? Apenas asumió creyó que con su sola presencia en la Casa Rosada las inversiones extranjeras llegarían al país de manera aluvional para fomentar el trabajo y la producción. Con el correr de los meses fue evidente que del exterior sólo ingresarían las inversiones ligadas estrechamente con la especulación financiera. Consciente o inconscientemente el presidente y el mejor equipo de los últimos cincuenta años comenzaron a pedir prestado al sistema financiero internacional hasta que un día el grifo se cerró. A comienzos de 2018 Wall Street le anunció a Macri que dejaría de seguir financiando su alocada política desendeudamiento. Ese momento debe haber sido espantoso para Macri porque en un abrir y cerrar de ojos se quedó sin financiamiento externo, sin oxígeno para continuar respirando. Desesperado y angustiado el presidente le rogó al FMI, por entonces bajo el mando de Christine Lagarde, que lo auxilie. Y la ayuda llegó. El FMI le prestó al gobierno cerca de 60 mil millones de dólares, una cifra colosal que Macri despilfarró. Es por ello que la gran pregunta que todos nos formulamos es la siguiente: ¿adónde fueron a parar esos dólares? Es de esperar que algún día el ingeniero la responda. Lo cierto es que a partir del acuerdo con el FMI la economía del país no paró de empeorar. La devaluación del peso no se detuvo y las corridas cambiarias fueron frecuentes. Al dejar Macri la Casa Rosada el nivel de endeudamiento era pavoroso.

    Alberto Fernández asumió atado de pies y manos. Porque delante suyo tenía dos opciones: iniciar con el FMI unas negociaciones que no serán sencillas (los hechos lo están poniendo en evidencia) o imitar a Adolfo Rodríguez Saá, quien en diciembre de 2001 declaró el default. Sensatamente Alberto Fernández eligió la primera opción. Es probable que a muchos de sus votantes les provoque indignación esta decisión. Es probable que se sientan defraudados, hasta traicionados. Pero ¿qué más podía hacer? Porque hay que tener en consideración que en frente está nada más y nada menos que el sistema financiero global. Dice el profesor Aronskind en su artículo: “El sistema financiero global consiste básicamente en un entramado de intereses e instituciones del capital financiero global respaldado por las principales potencias atlánticas…Todo este entramado está básicamente sincronizado en torno a custodiar el orden financiero especulativo vigente, y comparte la misma ideología de maximizar la ganancia financiera a costa de la economía productiva del planeta, y especialmente de la periferia endeudada…es un gigantesco aparato diversificado, respaldado por el peso político, militar e ideológico de las mayores potencias del mundo”.

    En buen romance: el gobierno de Alberto Fernández es David y el sistema financiero global es Goliat. Tan poderoso es Goliat que ni siquiera Rusia y China se atreven a desafiarlo. Si Putin y Xi Jinping no lo hacen, ¿cómo lo va a hacer Alberto Fernández? En consecuencia, la única alternativa es sentarse a negociar con el FMI. Conviene tener siempre en consideración lo que Marx Weber denominaba la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Un gobernante debe guiarse fundamentalmente por la ética de la responsabilidad, aunque ello implique dejar a un lado la ética de la convicción. Porque cuando un gobernante toma decisiones a sus espaldas está un pueblo. Es probable que íntimamente (ética de la convicción) a Alberto Fernández le repugne tener que negociar con el FMI, pero su responsabilidad como presidente (ética de la responsabilidad) le señala que la negociación con el FMI es el único camino posible para intentar sacar al país de la ciénaga en la que lo sumergió Mauricio Macri. Sólo cabe esperar que en la mesa de negociaciones no esté en juego el destino de millones de argentinos angustiados por la incertidumbre y la desesperación, provocadas por un presidente altanero y soberbio que creyó que arrastrándose delante de los poderosos del mundo la Argentina dejaría definitivamente atrás décadas de atraso y decadencia.

  7. Oscar Kuchuk dice

    Mientras el perjuicio de la deuda recaiga de igual modo entre los que no compran dólares y los que sí lo hacen, esta calesita no para nunca, alguien que tiene capacidad de ahorro en dólares le conviene el dólar barato sin importar la deuda que contraiga el estado porque gana muchísimo cuando llega la obligatoria devaluación, los costos los paga con mayor esfuerzo la mayoría de la población que no ahorra en dólares.
    Aunque lo hayan denostado, el cepo es el remedio a la escasez de dólares no la deuda, el dólar recontra alto tampoco es solución, corremos el riesgo de volver a la edad de piedra por falta de acceso de la mayoría de la población a la tecnología moderna, a los medicamentos y algunos servicios, pero lo peor es que aleja a la población del acceso a los alimentos que están dolarizados.-
    El cepo no es necesario solo cuando el país alcanza el superávit comercial

  8. Ana dice

    Durante los cuatro años de Macri nada hizo la oposición para frenarlo. Incluso le dio una manito en varias oportunidades. Escucho las últimas declaraciones de Macri y tengo la sensación de que son tratadas como mera anécdota para las redes sociales. Tengo la triste sensación de que la historia volverá a repetirse una vez más.

  9. Javier dice

    Para estudiar y debatir en las escuelas secundarias.

  10. Juan Cruz Lopez dice

    Siempre un placer leerlo.

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