EL PERONISMO DÓCIL NO ES PERONISMO

Nadie puede asegurar qué va a pasar en 2023, pero este peronismo lleva las de perder

 

El peronismo es provocador. Desde el 17 de octubre de 1945. Está en su ADN. A veces se le va la mano.

Cuando en 1952 se produjo un brote inflacionario –calificado “agio y especulación”— les aconsejó a los trabajadores a “dar leña” y amenazó a los “agiotistas” con colgarlos en la Plaza.

Carlos Menem arrastró al peronismo a la derecha, pero no abandonó el estilo. “Ramal que para, ramal que cierra”.

Los Kirchner devolvieron el peronismo al pueblo, y aumentaron el volumen.

Pero llegó Alberto Fernández, un conciliador. Por primera vez un peronismo dócil. Saludó al capo de Clarín, dijo que Rodríguez Larreta era su amigo y compartió una misa con Macri.

Desconozco si es su línea de pensamiento o producto de nuevos duranbarba.

A medida que el peronismo se apichonó, la derecha sacó pecho y se sinceró. Ya no oculta sus verdaderas intenciones: la debilidad del sindicalismo, la reforma del sistema jubilatorio y hasta entrar a los tiros en la provincia de Buenos Aires. El chanta de Milei promete “destruir el marxismo cultural”. Eso es lo que quisieron hacer los milicos del siglo XX. Pero fracasaron.

Los políticos lanzaron la carrera hacia el 2023. Desde ya que nadie puede asegurar qué va a pasar. Lo cierto es que este peronismo lleva las de perder. Lo primero que hay que saber que un 40% de los argentinos y argentinas no votan al peronismo. Unos por gorilas y otros por temor. El peronismo es quilombero.

En los comienzos de los ’70 el país vivía otro tembladeral. El Poder Real llegó a la conclusión de que había una sola salida: la vuelta de Perón. Y así fue. Perón aparecía como una especie de general San Martín, de salvador. El único que podía enderezar al país. Sacó el 62 % de los votos.

Macri, el peor presidente de la democracia, llegó al 40%  cuando quiso renovar su mandato. Tenía enfrente la “amenaza” peronista.

El peronismo tiene que recuperar su esencia. A la barriada no le gustan los dóciles, por lo menos en política. Tiene que volver a ser la herramienta para terminar con la pobreza y mejorar la vida del trabajador.

El peronismo dócil no es peronismo.

 

 

 

 

 

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