El PLAN D

Para Trump la salida es convertibilidad o dolarización

 

Desde Washington el principal asesor económico del presidente Donald Trump, Larry Kudlow, presidente del Consejo Económico Nacional, confirmó lo que El Cohete a la Luna anticipó en mayo: la dolarización de la economía argentina como única salida imaginada para la crisis que creó el gobierno del presidente Maurizio Macrì [i]. Las chances de que el Congreso apruebe la muerte del peso y de la soberanía económica parecen reducidas, cuando ni siquiera el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional ha obtenido el consenso necesario. Sólo mediante medidas de excepción sería posible.

Kudlow dijo que la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos participa en forma activa de las negociaciones de la República Argentina con el Fondo Monetario Internacional. La recomendación del Tesoro, que Kudlow comparte con entusiasmo, es volver a la convertibilidad de los años de Domingo Cavallo. El editor y ex precandidato presidencial republicano Steve Forbes contempla incluso la posibilidad de la directa dolarización de la economía. Su única crítica a la convertibilidad de los ’90 es que “se hizo a medias y por eso explotó”. Y el diario de negocios financieros Wall Street Journal lo postula en su página de opinión como la única alternativa a la miseria.

 

Trump con su asesor Kudlow.

 

 

 

 

 

 

Un as para la predicción

La fama de Kudlow se debe a sus apariciones como popular columnista en medios gráficos y programas de televisión, y al menos dos de sus informes hicieron historia.

En 1993, Kudlow predijo que los aumentos de impuestos decididos por Bill Clinton dañarían el crecimiento. Como ocurrió todo lo contrario, lo atribuyó a las quitas de impuestos de Ronald Reagan. Luego apoyó con entusiasmo a George W. Bush. En diciembre de 2007 vaticinó que el crecimiento proseguiría por años. Ese fue el exacto mes en que comenzó la mayor recesión desde 1929. Kudlow muestra la misma pauta de los hombres de negocios argentinos que se dedican a la comercialización de información económica. Desde hace años Alfredo Zaiat publica una revisión anual de los pronósticos de esos consultores, ya sea del comercio exterior, precios de los commodities, inflación o crecimiento del PIB. Son insolventes pero interesados y sus errores responden a un sesgo de intereses políticos o de negocios: sobreestimaron los datos durante los gobiernos afines y los subestimaron cuando la economía respondió a la heterodoxia populista.

El columnista económico de Fox News, David Asman, entrevistó a Kudlow, con quien contó que tenían una vieja relación, entre ellos y con la Argentina, donde estuvieron juntos hace muchos años, y “la amamos”.  Asman cubrió América Latina para el Wall Street Journal desde 1985 hasta 1997. ¿Qué Argentina amarían, la de Alfonsín o la de Menem/Cavallo?

 

 

Asman contó que Macrì debió recurrir al Fondo Monetario Internacional en busca de un crédito de emergencia. El FMI le exigió a cambio que aumentara los impuestos sobre las exportaciones, lo cual afectará la economía. “Conozco a los argentinos y a varios funcionarios del gobierno. Odian la medicina del FMI, en realidad odian al FMI para ser honestos y preferirían tratar con el Tesoro de los Estados Unidos”.

¿Existe alguna posibilidad de que eso ocurra?— preguntó entonces.

—Sí. El Tesoro está profundamente involucrado en este diálogo. Pro-fun-da-men-te, lo cual es una gran cosa. Y como usted y yo aprendimos, la única forma de que los argentinos resuelvan su dilema es establecer una caja de conversión que ate al peso con el dólar, pero que no permita crear ni un solo peso más. Creación monetaria cero, a menos que haya dólares para respaldarla. Eso funcionó en los ’90, abatió la inflación y trajo prosperidad. Eso es lo que necesitan hacer de nuevo ahora. Y la gente de la Secretaría del Tesoro está trabajando en eso. Está en eso.

 

El curandero y el médico

Asman mostró el video de Kudlow a Steve Forbes, el director de la revista homónima que en 1996 y 2000 aspiró a la candidatura presidencial republicana.

 

 

Conocido por su hostilidad a toda institución multilateral, inclusive el Fondo Monetario Internacional, porque sus políticas no le parecen suficientemente conservadoras, Forbes aprobó con entusiasmo la información y dijo que las cajas de conversión funcionan siempre que se las quiten de las manos a los políticos y a los banqueros centrales, como ocurrió hace dos décadas en Bulgaria.

El anuncio de Kudlow “es sensacional. En los ’90 la Argentina tuvo una caja de conversión a medias que tuvo bastante éxito, pero no lo hicieron bien y terminó explotando”. A su juicio “la economía argentina resucitaría volviendo a la convertibilidad o algo así. Nunca probaron dolarizar”.

El Tesoro y gente como Larry Kudlow saben mejor que nadie cómo arreglar las cosas— aseveró Asman.

—Que se ocupen ellos en vez el FMI es la mejor noticia posible, como ir al médico en vez del curandero— respondió Forbes.

 

 

El domingo 9, la recia columnista Mary Anastasia O’Grady tituló su columna en la página de opinión del Wall Street Journal: “La Argentina necesita dolarizar. Nueva crisis del peso porque es imposible confiar en el Banco Central”. O’Grady se pregunta cómo es posible que vuelva a ocurrir con un Presidente que se suponía que personificaba el cambio. Su simple respuesta: “Porque la Argentina todavía tiene un Banco Central. Para solucionar el problema de una vez para siempre, deberían dolarizar”.

Mary Anastasia O’Grady fue una de las sucesoras de Asman en el WSJ.

 

 

Tanto el Ministerio de Hacienda como el Banco Central desmintieron que se esté trabajando en una nueva convertibilidad o en la dolarización, lo cual ni detuvo el nuevo ascenso del dólar, que volvió a cruzar holgadamente la frontera de los 40 pesos (cerró la semana a 40,53), ni robusteció la posibilidad de que el Peornismo Anti Kirchnerista (PAK) consienta el presupuesto del ajuste como le exige el gobierno. Las negativas de Nicolás Dujovne y de Luis Caputo no significan demasiado, porque ninguno se ha caracterizado por el respeto a sus propias palabras previas, y el FMI tiene sus propias ideas sobre lo que hay que hacer. El viernes 14 Caputo emitió una comunicación sobre el desarme de la bomba de las LEBACs, en la que afirma que "como ya fuera informado, el BCRA y el FMI han acordado modificaciones al programa que permiten la disponibilidad de recursos adecuados en moneda extranjera para asegurar el buen funcionamiento del mercado de cambios a lo largo de esta operación. En el caso que sea necesario, el BCRA ofrecerá dólares de sus reservas mediante subastas". Quien lo informó fue Macrì en su discurso de 103 segundos de hace dos semanas. Pero hasta ahora el FMI no confirmó el supuesto acuerdo, sino todo lo contrario: como respuesta a Caputo, hizo saber que el lunes 17 no entregará la segunda cuota de 3.000 millones de dólares con los que el gobierno contaba. Estas discordancias abren paso a conjeturas que a la luz del reciente libro de Bob Woodbar Miedo, sobre el caótico gobierno de Donald Trump ya no son  impensable:  la existencia de dos proyectos alternativos para la Argentina,  del FMI  y el del Tesoro norteamericano. Si esto fuera así, se trataría de un conflicto como el de la década de 1980 entre el Banco Mundial y el FMI.

 

Te lo dijimos

En una edición anterior de El Cohete, el columnista Sebastián Soler [ii] calculó que el precio teórico de una hipotética dolarización sería $58 pesos por dólar si sólo se canjeara el dinero circulante más los depósitos en los bancos a corto plazo, $100 pesos si además se canjean los depósitos a plazos fijos más largos, y $125 pesos si no hay más remedio que canjear también las LEBACs y las LELIQ.

 

 

Soler advirtió que “implicaría una transferencia brutal de ingresos de los asalariados en favor de los sectores ya dolarizados de la economía” y puso el ejemplo de una directora de escuela de la provincia de Buenos Aires cuyo sueldo se reduciría de 1000 a 517 dólares, en la hipótesis más favorable para ella. Además “significaría resignar un atributo constitutivo de la soberanía nacional, perder la facultad de influir sobre un aspecto crucial de la política económica como el tipo de cambio, dejar de contar con un prestamista de última instancia para nuestro sistema bancario y, en la práctica, delegar a un gobierno extranjero la gestión de las variables claves de nuestra economía”.

 

Procesos difícilmente reversibles

El primero en advertir acerca del tema fue el economista Eduardo Basualdo. “La creciente insistencia en proponer la dolarización, que curiosamente es más intensa en el exterior que en el ámbito local salvo por parte de algunos integrantes del monetarismo ortodoxo, no constituye una propuesta inédita porque ya estuvo presente en la profunda crisis que se desplegó entre 1998 y 2002 y dio por tierra con la convertibilidad y la versión original de la valorización financiera (1976-2001)”, afirma ante una consulta para esta nota.

 

 

“En el marco de esa crisis se fracturó la alianza entre el capital financiero internacional y los grupos económicos locales —alianza que era ciertamente inestable porque unos eran los principales deudores externos privados y los otros sus acreedores—, lo cual dio lugar a dos propuestas contradictorias relacionadas con la situación estructural de cada una de esas fracciones del capital. Los grupos económicos locales proponían la devaluación del peso debido a que, luego de haber vendido buena parte de sus empresas y fugado esos recursos al exterior, estaban posicionados en activos financieros y seguían controlando un número significativo de empresas exportadoras. En cambio, el capital financiero y las empresas extranjeras de servicios privatizados postulaban la necesidad de dolarizar la economía argentina ya que tenían activos fijos que habían pagado en dólares y una devaluación licuaría esa inversión en términos de esa moneda”, añade.

“Planteando el tema en sus condiciones más extremas para hacer patentes sus consecuencias, aunque sean esquemáticas y difícilmente realizables de esa manera, la dolarización implicaría la pérdida de la soberanía monetaria en tanto la moneda interna pasaría a ser el dólar y, por lo tanto, el Banco Central tal como lo conocemos pasaría a ser un resabio del pasado. De este modo, el gobierno se vería imposibilitado de llevar a cabo políticas expansivas o contractivas a través del manejo de la oferta monetaria y el establecimiento de una tasa de interés de referencia. Sin embargo, la dolarización no solo implica la renuncia a tener política monetaria autónoma. Además el país asume como propia la política monetaria del país cuya moneda utiliza (los Estados Unidos) y que es manejada de acuerdo a sus propios intereses”.

“Sin la posibilidad de realizar políticas monetarias activas, el país se volvería mucho más vulnerable al impacto de eventuales crisis y shocks externos. Modificar el tipo de cambio permite a veces suavizar el ajuste real necesario para salir de una crisis; pero al no poder usar la política monetaria, los mecanismos de ajuste deberán surgir de modificaciones en los movimientos de capitales hacia fuera y dentro del país, alteraciones en el presupuesto del gobierno, y/o mediante cambios en los precios y salarios”.

“Del mismo modo, la dolarización implicaría la pérdida del Banco Central como eventual prestamista de última instancia de los bancos comerciales y otras instituciones financieras. Esta situación también podría dar lugar, como se propuso en la crisis anterior, a la privatización del Banco Nación que tradicionalmente ha sido un sustento fundamental para la política monetaria y el financiamiento del sector público nacional. Por otra parte, la política fiscal se vería limitada al suprimirse la posibilidad del financiamiento a través de la emisión monetaria o del ajuste mediante la devaluación. En términos de la estructura estatal cabe la posibilidad de que esta política sea acompañada por una reducción severa del régimen jubilatorio estatal sustituyéndolo por un sistema privado, así como replantear el sistema educativo del país”.

“Obviamente, la dolarización implicaría una tasa de cambio que hiciera posible como mínimo que tanto el circulante en pesos, así como los depósitos en cuenta corriente, caja de ahorro y plazo fijo sean convertibles en dólares. No necesariamente tendría que ocurrir lo mismo con los créditos y los bonos estatales en pesos, como las LEBACs y LETES, que eventualmente podrían cubrirse con diferentes bonos estatales dolarizados. De esta manera, el nivel de devaluación que se requiere para hacer compatible el total de la base monetaria de la economía con la dolarización pasa a depender del monto de divisas disponibles en términos de reservas. De esa ecuación se desprenderá el tamaño y los precios relativos de la economía resultante de la dolarización”.

“Como se barajó durante la experiencia crítica de 2001, la dolarización implicaría probablemente también reformas en el tipo de Estado que están en línea con las concepciones planteadas por Cambiemos. Por ejemplo, implementar las administraciones regionales, lo cual reduciría notablemente los gastos estatales. En el marco del crac de 2001, esto fue planteado por el Banco Mundial y de hecho se llegó a establecer institucionalmente que la provincia de La Pampa sería la capital de la región patagónica. A su vez, esta política traería aparejada una modificación substancial en las representaciones políticas, específicamente en la estructura del Poder Legislativo. Este sería el caso de la composición de ambas Cámaras que podrían eventualmente pasar a estar integradas por representantes regionales y no provinciales”.

“En términos más estructurales, una eventual dolarización implicaría una apertura económica en la misma línea que la impulsada por el actual gobierno, aunque más acentuada aún. Esto significa redoblar la tendencia hacia la primarización de la economía basada en la producción agropecuaria pampeana, complementada eventualmente por la producción de petróleo y gas de Vaca Muerta si los pronósticos del actual gobierno, siempre dudosos, se cumplen. La contracara sería una profunda desindustrialización, aún más acentuada que la actual, cuyo núcleo central es toda la producción manufacturera vinculada al mercado interno”.

“Los asalariados sufrirían una significativa caída en su participación en el ingreso, no sólo por la reducción de sus salarios reales sino también por la no menos importante disminución de la ocupación. Lo cual, a su vez, implicaría un salto cualitativo en los niveles vigentes de pobreza e indigencia y el intento de consolidar la matriz distributiva vigente desde la dictadura militar, que solo fue cuestionada en los últimos cuarenta años durante el ciclo de gobiernos kirchneristas”.

Basualdo tiene dudas sobre la viabilidad de esta política y las transformaciones que provocaría en la sociedad. “Es importante tener en cuenta tanto la contradicción principal entre capital y el trabajo, como las secundarias con los grupos económicos locales. Respecto a las primeras, caben pocas dudas de que conocidas sus implicancias tendrá un rechazo categórico de los sectores populares debido a los perjuicios que supone. En relación a las segundas, la experiencia histórica indica que también habrá un rechazo por parte de los grupos económicos ya que en 2001 plantearon una salida alternativa que finalmente triunfó (la devaluación). Más aún, durante la campaña de 2015 impulsaron a su candidato propio (Sergio Massa) a que compitiera en una interna con Macri, para ganarle y manejar esa alianza, lo cual fue rechazado por el PRO”.

La coyuntura actual es ambigua, apunta, porque un conjunto de hechos indica cierto tipo de acuerdos entre esta fracción del capital y el gobierno actual. “Los grupos económicos encabezan la producción energética en Vaca Muerta recibiendo un precio preferencial (Techint); la salida de Mario Quintana del gabinete puso entre paréntesis el conflicto de los laboratorios con Farmacity en la provincia de Buenos Aires; el nuevo presidente de la Corte está relacionado con Clarín; en la causa de los cuadernos Bonadío propuso que la investigación se realice desde 2008 lo cual protege a la familia presidencial pero también a Techint”, aunque eso luego se corrigió.

“En síntesis, la dolarización puede entenderse como la culminación de un largo proceso de reestructuración económica que ha erosionado las condiciones de vida de la mayor parte de la población. Y uno de sus mayores problemas es que una vez que la dolarización se ponga en marcha genera procesos difícilmente reversibles, tal como lo demuestran las experiencias de Ecuador y El Salvador”, concluye el economista y doctor en historia.

 

Al cementerio es fácil entrar

La Cátedra Abierta Plan Fénix está circulando entre sus miembros un proyecto de documento en el que alerta a la ciudadanía sobre el riesgo de "pérdida de nuestra soberanía y a consolidar un modelo dependiente con altos niveles de pobreza y una distribución inequitativa de los ingresos". Sostiene que "la convertibilidad funcionó mal, aun en los casos en que se presume que ha funcionado bien. La cuestión no es cómo terminó, sino lo que hizo durante su vigencia: estabilizó los precios, pero, una vez que estos se estabilizaron, las tasas de interés quedaron muy altas, no hubo incremento de entrada de capitales y los niveles de inversión fueron bajos. Estos mismos argumentos se pueden aplicar también a la dolarización. Estamos en un punto de crisis que consideramos provocado por este Gobierno y lo que nos tenemos que preguntar es cuál será el último escalón para descender al infierno. Alguna vez ya paramos en la convertibilidad, que hoy sería como el limbo para descender luego al Infierno del Dante, que es la dolarización y que, como en el cementerio, es fácil entrar, pero imposible salir".

"El mecanismo de reducción de la volatilidad para emprender la dolarización trae aparejado: 1) la reducción de salarios nominales, 2) la reducción de impuestos al trabajo e 3) incrementos de la productividad; lo que presenta un tema sensible porque, en los hechos, implica una devaluación de la moneda con su evidente impacto inflacionario y la caída del salario real. Para completar el ajuste estructural, se requeriría un mecanismo de supervisión financiera (al no haber prestamista de última instancia, se “compraría” la confianza de bancos internacionales más importantes para que regulen los encajes), una fuerte caída del gasto público para obtener superávit fiscal y una reforma laboral precarizadora, que destruya la tradición sindical argentina".

Esto supone que la inflación solo caerá después de destruir el poder de compra del salario. Las supuestas ventajas resultan como mínimo dudosas (en Ecuador y El Salvador no cayeron las tasas de interés ni aumentó la inversión), pero se estaría reordenando el cuadro social del país con salarios de la India y ganancias en dólares".

El documento concluye que "en el esquema de Análisis de la Teoría de la Desconexión de Samir Amín, donde la secuencia lógica es que la Globalización conduce a la concentración económica y a la especialización en exportaciones primarias, con la progresiva desaparición del poder de policía del estado nación, la dolarización sería el broche de oro, ya que consolidaría la integración simbólica final como apéndice periférico del capitalismo transnacional".

 

El destino de Puerto Rico

Para El Experto Que Ya Vio Casi Todo, la convertibilidad fue un disparate, lo que no impide que vuelva a imponerse, y esta vez con el dólar como moneda. En un país desarrollado puede ser cierto a medias que todo se resuelva con la política monetaria, pero en uno como el nuestro no. “Una moneda es la expresión de una economía real. El dólar es fuerte, porque el capitalismo de Estados Unidos es el más fuerte del mundo, pero la adopción del dólar no modificaría la estructura económica que produce y exporta”.

El Experto entiende que desaparecerían casi todas las empresas en manos nacionales, con un gigantesco retroceso social y el país convertido en una colonia, a ejemplo de Puerto Rico. Clarín, Arcor y Techint, que tienen deuda en dólares, podrían ser adquiridos por capitales estadounidenses. La perspectiva de la dolarización no puede considerarse fuera del marco de la guerra económica de Estados Unidos con China. El interés estadounidense residiría en impedir que el Mercosur se convierta en el polo alimentario y energético de China.

 

 

Poder político impreso

Para el columnista Enrique Aschieri, profesor en la Universidad Nacional de Moreno, no se entiende cómo la dolarización podría constituir una solución a las transferencias reales, dado que la crisis argentina es consecuencia de la falta de dólares, motivada por la política del actual gobierno.

“De hecho, la dolarización no es una cuestión financiera ni económica, es un problema político. Y muy denso entre los más densos. La moneda es poder político impreso, de curso legal. Suprimir la moneda nacional, entonces, es renunciar a resolver las cuestiones comunes de la sociedad argentina por medio del proceso democrático. La dolarización es optar por apaciguar la diputa política acudiendo a la violencia de la moneda, según la expresión que da título a un ensayo de los economistas franceses Michel Aglietta y André Orleán. Para Aglietta y Orleán, la moneda surge como principio de soberanía del orden mercantil. “Mientras sea sacralizada como moneda emitida por el Estado, sus funciones son preservadas. Es, por el contrario, su descrédito (en este caso la dolarización) lo que desata la violencia”.

 

De modo que “suprimir la disputa política, temeraria y peligrosamente, es el verdadero objetivo político de la dolarización, así como fue el de la convertibilidad, su verdadera razón de ser”.

Si la sociedad argentina fuera embarcada en la dolarización, “lo más probable es que la vida nacional se vuelva estructuralmente violenta”. Aschieri menciona un estudio de Paul Collier y Anke Hoeffler, quienes calculan que la dolarización puede generar graves problemas durante siete años y reducir el PIB un 15%. “La frivolidad con que se trata esa desgracia de la dolarización es aterradora”, concluye Aschieri.

 

El objetivo de disciplinar

“Tanto en las fracasadas experiencias previas de dolarización (la tablita de Martínez de Hoz durante el Terrorismo de Estado y la convertibilidad de Cavallo en los '90), como ahora con Macrì, el objetivo buscado es disciplinar la protesta social, abaratando los salarios y provocando masivas transferencias de ingresos y riqueza acumulada desde los que menos hacia los que más tienen. También ha buscado disciplinar la pugna entre distintas fracciones del capital local que luchan por acrecentar sus respectivas cuotas de apropiación de los ingresos del conjunto de la población a partir del control monopólico que ejercen sobre sus precios en sectores claves de la economía”, afirma Mónica Peralta Ramos.

 

 

Lo más significativo del intento actual, opina, “ha sido tratar de imponer esta política de disciplinamiento a fracciones del capital que son precisamente el núcleo duro de su base de apoyo. Esto ha desembocado en los últimos meses en una inflación indomable nutrida por la deliberada “formación de precios” en sectores de importancia estratégica para el conjunto de la economía”. El acuerdo con el FMI es un avance en el camino hacia la dolarización. Sus condiciones “ataron de pies y manos al Banco Central quitándole toda independencia en el manejo de la política monetaria”, y el efecto inmediato de la política financiera y cambiaria impuesta “ha sido la combinación letal de un estado de acelerada recesión de la economía acompañado de permanente devaluación. Más allá de las intenciones, la política del FMI ha sido funcional a la corrida cambiaria y a la progresiva dolarización de activos bancarios”.

“La dolarización de la economía se presenta como solución al dilema del gasto loco impulsado por el populismo. En la práctica es un intento de anclar al país a la esfera de poder norteamericana. La incontenible corrida cambiaria produce la brutal devaluación que conduce a la dolarización. Dolarizar implica imponer la paz de los cementerios sobre la protesta social y a las pugnas entre fracciones del capital local. No se limita a ser un “ejercicio técnico” virtuoso en sí mismo, sino el resultado de una relación de fuerzas y por lo tanto está sujeta a una dinámica siempre posible de cambio, en la que intervienen otros factores. De ahí la importancia de generar una oposición al Ajuste que sea capaz de sumar energías para desbaratar la relación de fuerzas que se trata de imponer con la dolarización”.

Te invito a leer también mis otras notas de este domingo, A Rey Muerto,  sobre el relevo de Ricardo Lorenzetti por Carlos Rosenkrantz en la presidencia de la Corte Suprema de Justicia y La AFIP se va a la guerra, sobre la militarización de la agencia recaudadora de impuestos, con entrenamientos en Campo de Mayo a cargo de instructores del Ejército. También, a curiosear la música que escuché mientras escribía.

 

 

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[i] Ver mis notas ¿A dónde van? ¿Hacia dónde conduce a la sociedad este hato de inútiles y descarados?, 13 de mayo de 2018; y El año verde, los millennials asisten a la muerte del peso, 20 de mayo de 2018, y la de Roberto Feletti Por la dolarización hacia el Protectorado, 20 de mayo de 2018.

[ii]  Cualquier cosa dolarizamos, no?, 19 de agosto de 2018.

 

 

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