EL POETA DEL ASOMBRO

El autor de joyas como 'Naranjo en flor' y 'Trenzas' conmovió y revolucionó el cancionero popular argentino

 

Si me preguntan para dónde va a salir corriendo un loco, yo digo: para donde corre un poeta. Y si no lo creen, lxs convido a zambullirse en Homero Expósito que desde niño –niñín como diría César Vallejo–, padeció la enfermedad sagrada del espíritu: la imaginación.

De allí su joyería de tangos hecha de imágenes insólitas, como "un arco de violín clavado en un gorrión" (Óyeme, 1947); asombrosas, como unos "ojos de azúcar quemada" (Pedacito de cielo, 1942); y acaso perturbadoras, como estar "ya lista para el viaje que desciende hasta el color final" (Maquillaje, 1957). Eso sí, Mimo –así lo llamaban lxs amigxs– jamás se olvidó de enlazarlos a la cuerda de lo popular, logrando un particular doble anclaje entre el decir del arrabal y las vanguardias literarias. “Yo hablo romanesco y genovés y los hablo en serio –dijo una vez—. Pero, ¿sabés lo que es difícil? Bajarse del caballo y tomar mate con el pueblo”.

Por eso, mis queridxs pasajerxs del Cohete, sepan que la irrupción de Expósito en la letrística del tango alzó la vara entre sus pares, dejó en orsai a lxs mediocres y alertó a lxs que llegaron después. Y es que no solo bebió whiskys y viñedos enteros; también –y sobre todo– bebió de la fuente de los clásicos, barrocos, románticos, simbolistas… y mucho de los surrealistas. De allí la cualidad insólita de sus letras que, por ser zarateño –aunque nacido en Campana– supo salpicar de arroyos, naranjos, flores de lino, almendros y frutillas, haciendo de su escritura una coloratura líquida que perfumea.

 

 

El color del sabor y el sabor del color

Ahora apaguen los celulares, abróchense los cinturones. Se viene la primera turbulencia, un fragmento del tango Trenzas (1944) que lleva música del compositor y bandoneonista Armando Pontier:

Trenzas,

seda dulce de tus trenzas,

luna en sombra de tu piel

y de tu ausencia...

Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor,

yugo casi blando de tu risa y de tu voz.

Fina

caridad de mi rutina,

me encontré tu corazón

en una esquina...

Trenzas de color de mate amargo

que endulzaron mi letargo gris (…)

 ¿Sintieron la estocada? ¿No les quedó el zumbido de ese trenzas de color de mate amargo? ¡Viva Expósito! ¡Viva el asombro! Si no, ¿para qué este mundo?

Por esta bellezura, sin embargo, la runfla ortodoxa del tango –los hay todavía y están entre nosotrxs– quiso crucificarlo tildándolo de esquizo, raro e irreverente. Y sí… en efecto, como dice mi tercer padre (un tal Eugenio Mandrini), ¡la poesía quema! Y es que en esa imagen de las trenzas de color de… Expósito traza la sinestesia, recurso tal vez tomado de los simbolistas que ya hablaban de “bosques de símbolos” que se relacionan entre sí, o aquello de darle un color a cada una de las vocales. Pero ¿qué es la sinestesia? El cruce de sentidos, la asimilación conjunta de por lo menos dos sensaciones en un mismo acto perceptivo. Por ejemplo: Trenzas de color de mate (visual), amargo: (gustativo). Recurso que también replica al escribir seda dulce y al hablar de lo blando de tu risa y de tu voz. ¡Pero no se asusten, che! Ustedes también son senéstetas: ¿o acaso al visitar su calle de infancia, una fotografía antigua, no les vino aquel perfume, aquel sabor, aquel roce en la piel, aquel sonido del recuerdo recuperado? Esta supuesta “irreverencia del lenguaje”, al parecer, también desorientó al cantor Edmundo Rivero quien re-interpretó la imagen y donde dice ‘color’ dijo ‘sabor’: trenzas de sabor de mate amargo. Rivero mató la sinestesia, no la entendió. ¡¡¡Y no se lo perdonamos!!! (Ríanse conmigo.) Y mientras escribo me viene el recordado Héctor Negro, quien me confesó que Expósito, al enterarse del error, un tanto ofuscado dijo: ¡Pero qué se piensa este hombre, que yo me chupo las trenzas! (Riámonos de nuevo.)

Ahora a levitar tres minutos quince con la orquesta de Pichuco y la voz del Polaco Goyeneche, versión año 1971.

 

 

 

 

¿Oyeron bien? Expósito le agrega a las "trenzas de color de mate amargo" el "que endulzaron" ¿Nos quiere volver loco? ¿Resulta que era amargo y ahora dulce? ¡Eso es un oxímoron! responde, es decir, la paradoja, los opuestos, como si dijéramos una blanca oscuridad, una triste alegría… Y sigue: "Me encontré tu corazón en una esquina" que es una sinécdoque; y luego: "¿Adónde fue tu amor de flor silvestre?" Que es el ubi sunt: la pregunta existencial sin respuesta; y las rimas encadenadas: fina-rutina-esquina; pena-llena-encadena; nudo-crudo-mudo y aquello otro de la "llama que te llama con la llama del amor", echando mano a las palabras de grafía idéntica pero de diferente significado (homógrafas). Y como corolario el "nudo atroz de cuero crudo, que me ataron a tu mudo adiós". Donde pareciera que busca anudar, estrangular el final de la canción, ¿como qué? Como una trenza.

Entonces, ¡aplauso cerrado para Expósito, compañerxs! Su artefacto-canción rara vez falla, llámese Afiches, Percal, Yuyo verde, Quedémonos aquí, Tristeza de la calle Corrientes, Chau no va más, Margo, Farol, Absurdo, Flor de lino o Naranjo en flor, del cual dejo para que disfruten este fragmento de su puño y letra:

 

El manuscrito de 'Naranjo en Flor'.

 

Para ir ensayando un cierre decimos que, de tanto acuñar la frase “si me siento me canso”, Homero Expósito se volvió un hombre atento a los dilemas de su tiempo, siempre en la vanguardia, siempre en los cambios cotidianos de su ciudad: ya sea como cronista, ya sea como artífice. Por eso supo adaptarse a las nuevas prácticas de producción y escribir la hermosa letra del bolero Vete de mí (1958), pero también el fox-trot Eso (1960) sí sí, aquel de: "Tienes eso, eso, eso/ que me tiene preso,/ eso, eso,/ tienes todo eso, eso, eso,/ que es la juventud". También Mi primera novia (1966) y la versión en castellano de Pity Pity (1960)… Pero esta, esta es otra historia.

¡Hasta otra esquina del grillo! ¡Hasta la ‘victrola’ siempre!

 

 

 

 

 

 

 

 

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