El precio de un título

Cada carrera tiene su salario

 

Elegir una carrera universitaria puede ser una de las aventuras más desafiantes del proceso educativo. El futuro del trabajo irrumpe en las orientaciones vocacionales sin direcciones definidas, pero con una presencia insoslayable. Los últimos datos del Ministerio de Educación de la Nación arrojan que el 40% de los estudiantes universitarios abandonan sus estudios o cambian de carrera en primer año. En la era de la incertidumbre, cualquier proyección a largo plazo pareciera ser un sendero de medios y no de resultados. El Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo elaboró un documento inédito que propone proveer información confiable e insumos para la toma de decisiones de los jóvenes y para mejorar el diseño de las políticas públicas. De allí se extrae que procuración, criminología, farmacia y las ingenierías son las carreras que obtienen mejores remuneraciones.

El documento no sólo indaga sobre las desigualdades retributivas de los distintos títulos universitarios en el mercado de trabajo, sino que avanza un casillero en tanto cuestiona la vinculación entre las profesiones y la estructura productiva del país. Daniel Schteingart, Director del CEP XXI y Doctor en Sociología, dijo que “si tenemos una estructura productiva que apuesta al valor agregado, a la incorporación de tecnología, de ciencia, con mayor sostenibilidad ambiental, vamos a necesitar cierto tipo de perfiles profesionales. Pero si se forman perfiles y después la estructura productiva no los demanda la gente termina trabajando de otra cosa o se va del país. Y ahí es cuando sucede la llamada fuga de cerebros”. Además agregó que es importante que existan personas que tengan la “formación específica” que el “país necesita”, porque sino “no se puede avanzar en tener actividades estratégicas”.

El tipo de carrera implica distintos salarios. De las ciento veintinueve carreras el ranking con mayores primas salariales es encabezado por Procuración seguida de Criminología, Derecho, Farmacia, Informática y Economía, entre otras. Por otro lado, los profesionales con peores remuneraciones son aquellos vinculados a títulos de arqueología, dermatología (no la especialidad de medicina sino la ligada a cosmetología), teatro, danza, astronomía, artes plásticas, biología, física, antropología, música, psicología o sociología, y siguen. En cuanto a la distribución de graduadas y graduados, las ciencias sociales son las ganadoras representando al 43% del total de la base. Según los investigadores esto responde al hecho de que esta rama incluye la mayoría de las carreras de derecho y ciencias económicas, “que gozan de gran tradición en nuestro país”. Otras incluidas en esta rama aunque con un peso menor son sociología, servicio social, ciencia política, comunicación social y turismo. 

El techo de cristal. Entre las disciplinas con brechas de género de mayor tamaño, se encuentran astronomía (46%), meteorología (34%), otras ciencias aplicadas (24%), ciencias agropecuarias (22%), otras ciencias sociales (20%) y sanidad (19%). Existen casos donde los salarios son altos y las brechas de género son bajas. Aunque esto solo incluye tres sectores: bioquímica y farmacia, matemática y medicina. «Claramente se trata de excepciones a la regla general. Los trabajadores con salarios más altos provienen, ceteris paribus, de carreras donde las mujeres obtienen una menor remuneración por sus credenciales universitarias que los varones», remarca el texto.

En la Ciudad de Buenos Aires como en la Patagonia se tiende a tener salarios más altos que en la media del país y particularmente que en el norte argentino. Schteingart afirmó que si bien el “costo de vida” es más “caro”, el análisis debe incorporar “características de la estructura productiva” de esas regiones respecto de las del norte. En el caso de la Patagonia hay “baja informalidad laboral”. Explica que esto se debe a dos motivos. Por un lado, por la mayor “predominancia de sectores” que pagan “salarios altos”. En ese sentido apuntó al sector hidrocarburífero (Chubut, Santa Cruz y Neuquén), al minero (Santa Cruz) y a la industria manufacturera (Tierra del Fuego). En cambio en el norte grande hay un “mayor peso de la agricultura” que en general tiene “menores remuneraciones y mayor informalidad”. Esto suele ser mayor en las llamadas “economías regionales”.

LinkedIn es una red social que a menudo es utilizada por jóvenes y adultos cuando se embarcan en la odisea de conseguir empleo. Una tendencia común es encontrar quejas sobre la cantidad de requisitos educativos y de experiencia laboral que solicitan las empresas en sus búsquedas de personal. “Hay una muy alta correlación entre la cantidad de años que estudia una persona, si tiene títulos y el tipo de trabajo que consigue”, opinó el Director del CEP. “En general a mayor nivel educativo mayores suelen ser los salarios, más probabilidad de conseguir empleo formal y el desempleo es mucho más bajo” puntualizó.

Con salarios altos y baja probabilidad de empleo formal aparecen tres carreras: derecho, economía y administración, entre otras ciencias sociales. En su extremo, con alta probabilidad de inserción formal pero salarios menores a la media, se encuentran artes, química, biología, sociología, ciencias de la comunicación, letras e idiomas y educación. Los autores (Trombetta, Pascuariello, Sidicaro, Sonzogni y Trebotic) afirman que si bien hay una correlación entre tener un puesto de trabajo formal y salarios altos, no sucede en todos los casos. “Puede haber casos donde tener un puesto de trabajo formal no implique necesariamente tener salarios altos y a la inversa. Sobre todo en el cuentapropismo profesional. Donde en muchos casos tienen ingresos laborales muy altos. Es una categoría muy heterogénea”, explicó Schteingart.

 

 

 

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