El príncipe está triste, ¿qué tendrá el príncipe?

Morales abrió las sesiones ordinarias cercado por la mayor movilización de estos años

 

Quienes lo conocen vieron a Gerardo Morales nervioso. Tartamudeando durante los primeros minutos. Un grupo de diputados ya lo había ido a buscar a la Casa de Gobierno para reiniciar ese ritual religioso que todos los años lo lleva escoltado hasta la Legislatura para hacer la apertura del año. Pero esta vez las cosas fueron distintas. En enero, cuando Milagro Sala cumplió dos años detenida de modo ilegal, ella decía que la gente estaba volviendo a la calle. El miércoles pasado ante la Legislatura de Jujuy hubo miles de personas. Como un símbolo de los tiempos, el edificio estuvo vallado y militarizado. Cuando el gobernador se puso a hablar de paz, unión y trabajo, los escuadrones de uniformados tiraron gases y balas de goma contra espaldas, brazos, piernas y caras de quienes estaban ahí, donde quedaron más de veinte personas heridas. Pero el dato político de ese día es otro: quienes estuvieron en la calle corrieron, se ahogaron con los gases, pero volvieron una y otra vez. Cantaron. Arengaron. Sacaron la voz y desataron el miedo, dice Pachila, Patricia Cabana, una de las dirigentes de la Túpac Amaru, detenida en 2016, liberada, que vio a su gente entre una manifestación que reunió a los despedidos del ingenio La Esperanza, a los docentes que no quieren cinco por ciento de aumento, estudiantes que protestan contra el cierre de escuelas y, también, por primera vez, a la organización a los saltos, en clave de fiesta, en un día donde dice que lo más importante es que lograron verse como dirigentes.

«¡Vos tenés que cantar!», le dijo Pachila a una doña grande que se le quejó asustada por una de las balas. Ya había visto a sus compañeros, las caras tristes, las banderas sin ganas. Y entonces paró la moto y empezó a arengar. «¡A ver, compañeros!», dijo. «¡La Túpac vive, sigue de pie, nosotros somos la Túpac! ¡Tenemos que seguir como sea, con la frente en alto! No hicimos nada malo. Y todo lo contrario: ¡hicimos mucho por Jujuy!» Y siguió. Levanten las banderas. Y las banderas se levantaron. Y nadie agache la cabeza. Y volvieron los cantos. Y ella gritó. Y ahora, todavía trata de entender qué sucedió ese miércoles. ¡Cantá! ¡Cantá!, decía mientras ella misma se desataba con el canto. ¡Pachi, saquemos el carro!, le dijo un compañero cuando vio que los policías le apuntaban directo a las ruedas de la moto donde llevaban la música. Hasta ahí habían logrado avanzar con carro, parlantes, música, generador y banderas hasta las vallas. ¡No seas cagón!, le dijo ella. Y puso las piernas para proteger las ruedas y recibió uno de los dos balazos que le impactaron en el cuerpo. Y así, mientras cuidaba ruedas, carro, música y eso que dice que fue la presencia de doscientos compañeros que parecían muchos miles, ahogada entre los gases y corriendo para irse, vio una bandera caída en medio de la calle. Y entonces dijo: Esperen. Volvió a meterse en la plena furia. Agarró la bandera, la agitó y se la llevó, así, en andas, bien mostrada, hasta la sede de la Túpac.

«Ese día veníamos con bronca guardaba, de no poder gritar, sentirte atado, porque  que no hay justicia, porque no hay mínima chance de algo. Porque yo quiero ser una persona normal, que no me rompan los huevos, quiero vender y darle de comer mis hijos. Apenas llegamos a la esquina de la Legislatura empezaron a meternos balazos y gases, y a mí me metieron dos balas en la pierna. Ahogada estaba la gente mayor. No pensábamos que iba a pasar todo esto. Pero, la verdad, estamos contentos. Recontentos. Primero porque la Túpac pechó, estábamos a dos cuadras del vallado y llegamos al vallado, nos sacaron a balazos, pero hace mucho que no veíamos una movilización así. Segundo, porque desde que pusieron presa a Milagro, este gobierno nos destruyó, con la persecución y todo lo que se sabe. Muy pocos salíamos a las marchas, pero esta vez la gente empezó a juntarse. ¡A nosotros mismos nos sorprendió! No nos fuimos nunca. Y la bandera la flameamos hasta último momento».

Esta fue la tercera apertura de sesiones legislativas que encabeza Gerardo Morales. Dicen que se enojó con los radicales porque movilizaron poco y que el número más grueso de movilizados oficiales lo puso la ODIJ, la organización que acompañó a la Túpac hasta diciembre de 2015 y desertó apretada por las extorsiones de Morales. En la Legislatura, el gobernador habló dos horas. Dijo que el crecimiento de Jujuy «no tiene techo» porque la provincia está liderando el cambio de la matriz productiva de la región, con energía renovable. Que en cinco años, Jujuy tiene que estar produciendo 500.000 toneladas de litio. Que se van a invertir 900 millones de pesos a través del plan Hábitat en unas cinco localidades. Que se sumarán a los 130 millones para obras habitacionales en comunidades dispersas. Que van a entregar 1200 viviendas este año y que están trabajando en 2400 casas con ocupación irregular. También dijo, como dice hace dos años, que la adjudicación  será a «través de sorteos» porque «se acabó el amiguismo».

Afuera nadie le creyó.

«La verdad es que vinimos en repudio al 5 por ciento de aumento», dijo Silvana de la escuela 55 de Pampa Blanca. «El trabajo del docente es contínuo, arduo, permanente, somos la base para que los niños vayan formándose. Yo estoy un poco decepcionada porque confiábamos que (Morales) iba a apoyar la docencia pero este cambio no nos favoreció». Violeta Fisteu es presidenta del centro de estudiantes de la escuela de teatro Tito Guerra. «Hoy estamos acá —dijo— porque vienen atropellando nuestra escuela, a toda la educación publica y cierran escuelas especiales para chicos con discapacidades». Leonor Sinchez es esposa de un trabajador del Ingenio La Esperanza. «Estamos acá por los despidos, somos todas mujeres y familias de los obreros del ingenio y estamos aquí reclamando: nos ha mentido, ha vendido el ingenio y nos mintió». Julio Castrillo es del sindicato de Luz y Fuerza. «No ha cumplido nada», dijo. «Lo único que cumplió es con los amigos y con los negociados que ellos hacen con la provincia tanto que hablaban de transparencia y de idoneidad».

Alrededor no sólo estaba la «planta permanente» de cada movilización, como dice Nando Acosta de ATE. Estaba el Frente de Gremios Estatales desde Luz y Fuerza, UPCN hasta la intersindical que agrupa a los sectores más combativos. Los docentes. La Túpac Amaru, el espacio de la hija del Perro Santillán, el movimiento Evita, la Cetep, la CCC, los gremios de la CTA, los azucareros, sectores díscolos del PJ, La Cámpora, Unidad Ciudadana, la izquierda con las banderas del PTS. Los organismos de derechos humanos y el movimiento campesino. «Un muy, muy amplio espectro», dice Acosta, dirigente histórico, referente de las luchas de los ’90, compañero de los primeros años de construcción de la Túpac, la persona que le puso el nombre a la organización y a quien Milagro reconoce como uno de sus maestros. «Yo volví a ver una marcha que por la cantidad gente se parecía a las marchas de antes de 2015 —dice—, la concentración se hizo en la esquina de la Legislatura por la tarde. Y mostró muchas ganas de pelear. Hubo mucha alegría entre los compañeros, tal vez por la presencia de esa enorme amplitud de sectores, muchas mujeres, señoras mayores, y lo más significativo fue que la gente no se iba: que a pesar de los golpes, no se iban. Pero no sólo los changos, que uno puede pensar que se la aguantan en una movilización. Las mujeres grandes tampoco se iban. Se quedaban. Por ahí retrocedían un cacho, pero se quedaban en el puente y volvían a avanzar, algo así como en diciembre en la plaza de los dos Congresos, pero más chico. Y lo que pensamos es que eso que pasó, hoy, cambió las cosas: que fue el inicio de una concentración muy grande de sectores dispuestos a pelear contra Morales».

Mientras todo sucedía, la televisión terminó con la pantalla partida. De un lado, mostraba el discurso de Morales como el eco de un fantasma y del otro las corridas. La gente no fue preparada para la represión. No llevaron pañuelos. No llevaron limones. Nada hacía suponer que las cosas iban a ponerse como se pusieron. Acosta menciona la presencia de infiltrados tirando piedras desde el medio de la manifestación. Dicen que hubo más de cien policías metidos entre la gente. Y entre los relatos todo aparece sin tiempo, como si de golpe las balas hubiesen querido tapar el peso de la enorme movilización.

«Fui testigo del momento en el que las pantallas de televisión mostraban al gobernador hablando de paz, unión y trabajo y afuera la policía estaba a los cohetazos, a los gases y dándole garrote a la gente», dice ahora Juan Manuel Esquivel, diputado por la Túpac, que llegó con la gente y se metió en la Legislatura a tratar de parar la sesión por los gases. «La policía disparaba con sus escopetas por sobre el vallado el anti-disturbios. O sea, lo que sucedía es que todas las balas pegaban en la cara de la gente. Si miras las fotos, vas a ver que la gente tiene heridas en la cabeza, en la cara, en los hombros, en los brazos. Y una de las que recibió un balazo fue Sarita Velázquez, la cuñada del Chiqui Alvarez García, el embajador argentino en Bolivia».

Sara tiene 64 años. «A mí me sorprendió la rapidez con la que se largaron los gases», dice. «Los policías estaban formados como en cuadros a un nivel más elevado de la gente, todo estaba tranquilo, había dos vallas para evitar que la gente se acerque al edificio, por lo tanto era imposible acceder a ese lugar. Y había muchísima gente. Y de golpe, explotó algo con bombas de gases lacrimógenos y la gente empezó a correr».

Desde hace meses en la provincia crecen los sectores en conflicto. Hay problemas con los ingenios, los estatales y docentes, la semana pasada se disparó una protesta de estudiantes luego del anuncio del gobierno de cerrar cuatro centros educativos con 650 estudiantes y 120 docentes afectados, un mes después del comienzo de las clases. Protestaron los estudiantes de teatro porque el gobierno quiere trasladar el Tito Guerra al edificio del instituto Helen Keller, donde estudian niños con problemas hipoacúsicos. Hubo estudiantes detenidos ese día frente a casa de gobierno, docentes, una concejal con fueros parlamentarios y un abogado en ejercicio de su profesión luego de una protesta pacífica. Ese es el cuadro que parece explicar la movilización.

«Tuvimos que escuchar a un gobernador que dice que todo es muy bonito y donde todo, además, siempre está por hacerse», dice Esquivel. Y a dos años de asumido el mandato, la gente sabe que las promesas de 2016 y 2017 no se cumplieron. Un escenario que el diputado resumió con este cuadro:

 

«Morales dijo que ahora el Estado hace viviendas y dignifica. Dijo que acá se iba a terminar el curro de las cooperativas, y todo lo demás. En 2016 prometió 3.400 viviendas y en realidad entregó 200. En 2017 dijo que iba a hacer 4.300 y entregó 115 como mucho. En 2016 le gritaba a la asamblea legislativa diciendo que iba a hacerle juicio al Estado nacional para que devuelva los fondos históricos de coparticipación por 14.000 millones de pesos, que así Jujuy iba a tener autonomía financiera, a recuperar dignidad, la autonomía, porque somos una provincia y no el ultimo orejón del tarro. En 2017 dijo lo mismo. Y en diciembre firmó el pacto fiscal y bajó toda la pretensión sobre el juicio de los 14.000 millones. Y hace 4 días el ministro de Hacienda dijo que no tenía cómo pagar los sueldos. Y entre las consecuencias, el pacto fiscal alienta ahora a reducir además un 10 por ciento la planta de la administración pública».

¡Unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode!, cantó la calle. El viernes, las organizaciones hicieron una evaluación. La policía anunció a través de la televisión de Jujuy —así son las cosas en Macondo— que le había pedido al fiscal Gustavo Araya la detención de quienes hubieran estado como partícipes y de los organizadores. Los gremios no saben si eso va a ocurrir, pero se preparan para presentar una denuncia.

1 comentario
  1. eva dice

    a morales se le cae jujuy a pedazos y sigue actuando como si fuera europeo

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