El problema es Comodoro Py

La Corte Suprema y el fuero federal tras la victoria de Alberto Fernández

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene”.
“Quién mató a Rosendo”. Rodolfo Walsh.

 

“El resultado de la elección no puede funcionar de manera que signifique impunidad o castigo”, dijo el abogado de Cristina Kirchner Carlos Alberto Beraldi en una conversación que tuvimos para mi podcast Dos Justicias. Para escuchar la entrevista completa pueden hacer click aquí.

“Es muy difícil tener una agenda organizada en este contexto político y con las relaciones de desconfianza que hay acá”. La explicación viene de una fuente de la Corte Suprema ante la consulta sobre los fallos importantes que se tratarán hasta fin de año. En otras vocalías la respuesta es similar. Más allá de reclamos puntuales como los de los gobernadores por los combustibles, “en estos momentos no creo que haya muchas resoluciones sobre temas relevantes para el poder”. Mientras tanto, el mensaje público que les envía el gran ganador de las PASO Alberto Fernández es conciliador. En una entrevista radial dijo: “La Corte nunca hizo algo que me hiciera reaccionar en términos de derecho; seguramente dictaron decisiones que no me gustaron o que me gustaron menos que otras… pero todas estuvieron fundadas”.  En la Corte, Alberto cae bien. “El problema es Comodoro Py”, señalan.

Alberto Fernández conoce bien los pasillos del cuarto piso del Palacio de Justicia. Diseñó con Néstor Kirchner el desarmado de la “mayoría automática” menemista. Y más tarde intervino en la formación de la Corte Suprema que impulsó el ex Presidente. Ese tribunal, que logró un importante reconocimiento social, también fue clave en la gobernabilidad.

En efecto, a caballo de ese prestigio dictó fallos claves como aquel que convalidó la salida del corralito de Domingo Cavallo. Es decir, que el candidato más votado en las PASO tiene experiencia en lo que tiene que ver con la combinación de las lógicas institucionales con los intereses de los gobiernos.

Pero el problema es Comodoro Py. Lo sería para cualquiera de los candidatos de estas elecciones. La dirigencia política responsable tiene bien claro que la democracia necesita que los tribunales ratifiquen permanentemente el Estado de Derecho. Los tribunales de Retiro no siempre cumplen esa función.  Por ejemplo, hasta hace unas semanas Julio De Vido era sinónimo de rechazo a cualquier pedido ante la Justicia. Ahora, tras el tsunami Fernández-Fernández, el ex ministro de Planificación se acaba de llevar una buena noticia: la Cámara Federal anuló los procesamientos de los ex funcionarios K y dictó falta de mérito para los empresarios dictados por el juez Marcelo Martínez De Giorgi en la causa «Odebrecht & Soterramiento Sarmiento».

En Comodoro Py la historia es conocida y la venimos contando en este espacio. Se trata, básicamente, de la existencia de varas diferentes según los tiempos políticos y de relaciones reñidas con la ley que establecieron algunos funcionarios con servicios de inteligencia, políticos y empresarios. Aunque la actualidad más caliente pasa por otro lado. Se vincula con la situación procesal de la candidata más votada a vicepresidenta.

Los tribunales orales aún no establecieron las fechas de comienzo de los juicios a Cristina Fernández de Kirchner por supuesta corrupción, conocidos como “Hotesur y Los Sauces”, “Memorándum con Irán” y “Dólar Futuro”, a pesar de que algunas de estas causas fueron elevadas a juicio a principios de 2017. Un ejercicio de simple contraste entre la historia de Comodoro Py y la hora presente arroja resultados que intrigan y envueltos en una pregunta enigmática: ¿habrá más juicios contra Cristina?

Por su parte, los procesos por supuesta corrupción K que sí comenzaron —tales como “Oil Combustibles”, “Obra Pública”, “La ruta del dinero K” y “Los autos de Boudou”— siguen su curso. Pero, a medida que avanzan, aumentan los cuestionamientos acerca de cómo se instruyeron esos procesos, el modo en que se dictaron prisiones preventivas y los caminos que recorrieron las confesiones de arrepentidos.

Paradójicamente, de acuerdo a los abogados que intervienen en los expedientes, el avance de los juicios genera la sensación de que se van visibilizando prácticas reñidas con la legalidad. El propio Alberto Fernández lo hace saber: “Yo lo que quiero es que hagan justicia, algo que se olvidaron de hacer algunos de ellos los últimos años”.

Finalmente, las causas que involucran al Presidente Mauricio Macri, a su familia y funcionarios, que han estado “amesetadas”, registran ahora tímidos movimientos… Casi esperando el desenlace electoral. “De acá a fin de año, estoy casi seguro de que no van a pasar grandes cosas en este edificio”, confiesa un viejo funcionario de Comodoro Py.

Las definiciones de las vacantes en sectores clave de la Justicia también quedaron envueltas en esta inercia de “amesetamiento”. El cargo de Procurador General, que dejó vacío Alejandra Gils Carbó tras su renuncia y que Macri soñó con cubrir con Inés Weinberg de Roca, seguirá ocupado interinamente por Eduardo Casal hasta que asuma el nuevo gobierno.

A partir del 10 de diciembre, el nuevo Presidente deberá encargarse de cubrir aproximadamente 200 vacantes de jueces. Entre ellos hay al menos ocho lugares clave en Comodoro Py. Uno es el del juzgado federal 12 que quedó acéfalo tras el pase de Sergio Torres a la Corte Suprema bonaerense. Además faltan nombrar dos jueces en la Cámara Federal y cinco en los tribunales orales federales

Esta paralización del proceso de designación de autoridades judiciales es otro indicador que revela cómo en nuestro país se confunde Estado con gobierno y, además, el modo en que se va sedimentando la dependencia política de la Justicia. De lo contrario, no se explica por qué nombrar jueces, fiscales y un procurador general (nada menos), permanezca atado a un escenario electoral.

En definitiva, así como Alberto Fernández parece enfrentar un escenario de convivencia razonable en la Corte, el desafío es inversamente proporcional en Comodoro Py. Grosso modo, el candidato, si finalmente es electo, tiene abiertos los dos grandes caminos que cada Presidente tuvo frente a esa “maquinaria”.

Por un lado, pactar una convivencia con algunos retoques que no alteren el funcionamiento del esquema de siempre y con la chance de utilizarlo en su beneficio.

Por el otro, tomar el toro por las astas e iniciar un proceso que ubique nuevamente a Comodoro Py dentro de la ingeniería legal, para terminar con la sospecha que tiñe todas las decisiones de ese edificio. Este sendero permitiría en un futuro recuperar para la democracia a la Justicia Federal.

 

 

 

* Publicado en #DosJusticias

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