La organización israelí de derechos humanos B’Tselem acaba de publicar un informe titulado “El proyecto de eliminación”. En este, considera que lo que ocurre actualmente en Cisjordania no debería entenderse sólo como una suma de incidentes aislados —violencia de colonos, demoliciones, restricciones de movimiento o expansión de asentamientos—, sino como un proceso dirigido desde el Estado israelí destinado a reducir y finalmente eliminar la presencia palestina en Cisjordania. El nombre B'Tselem en hebreo significa “a imagen de”, en referencia a la idea bíblica de que el ser humano fue creado a imagen de Dios. Su objetivo declarado es documentar y denunciar las violaciones de derechos humanos cometidas por Israel en los territorios palestinos ocupados en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, y promover el fin de la ocupación. Entre sus actividades están la recopilación de datos sobre los asentamientos, la confiscación de tierras, las demoliciones y desplazamientos forzados de la población, la violencia de las fuerzas israelíes y de colonos contra palestinos y el análisis de las políticas israelíes desde la perspectiva de los derechos humanos. Desde 2021 sostiene que el sistema de dominación que ejerce el gobierno israelí sobre los palestinos constituye una forma de apartheid.
La expansión de los asentamientos
B'Tselem presenta el proceso que denuncia como la culminación o aceleración de políticas que vienen desarrollándose desde hace décadas, pero que habrían adquirido una intensidad particular bajo el actual gobierno israelí de extrema derecha. El informe describe varias estrategias que funcionarían conjuntamente. La expansión de asentamientos y puestos avanzados israelíes reduce progresivamente el territorio disponible para las comunidades palestinas, no sólo por la superficie ocupada físicamente por los asentamientos, sino también por la infraestructura que los acompaña: carreteras, zonas de seguridad, vallas y restricciones de acceso. El sistema de permisos y planificación en buena parte de Cisjordania —especialmente en el Área C— es presentado como un mecanismo que dificulta el desarrollo de las comunidades palestinas. Las demoliciones de viviendas y otras construcciones forman parte, según B'Tselem, de esta dinámica. Por otra parte, los puestos de control, cierres de carreteras, barreras y otras restricciones dificultan el desplazamiento entre comunidades y el acceso a trabajo, escuelas, servicios médicos y tierras agrícolas. La tesis de B'Tselem es que el efecto acumulativo es fragmentar el espacio palestino. La pérdida de tierras agrícolas, las restricciones al pastoreo y al acceso a recursos y la destrucción de infraestructuras hacen cada vez más difícil mantener determinadas comunidades rurales. Considera que la violencia contra palestinos desempeña una función territorial: intimidar a los habitantes, impedirles acceder a sus tierras y, en determinados casos, provocar su desplazamiento. La organización sostiene que esta violencia no puede analizarse separadamente de la actuación de las fuerzas de seguridad israelíes y de lo que considera una respuesta insuficiente de las autoridades gubernamentales.
Una parte importante del análisis es que no centra su explicación únicamente en los colonos. Según el informe, el Estado israelí está incorporando progresivamente la expansión de los asentamientos a sus estructuras administrativas y presupuestarias. Esta cuestión también aparece documentada en investigaciones externas. Por ejemplo, Amnesty International ha descrito para el período 2023-2025 un aumento considerable de los recursos destinados a asentamientos e infraestructuras y cambios administrativos que facilitan su expansión y un fuerte incremento de la aprobación de viviendas en asentamientos. Además, la construcción palestina en el Área C permanece extremadamente restringida. Israel se esfuerza mucho por convencer al mundo —y a los propios israelíes— de que sus acciones en Cisjordania responden principalmente a motivos de seguridad y de que existen grupos ajenos al Estado —los colonos— que actúan al margen de la ley. Pero lo cierto es que los colonos violentos son equipados y entrenados por el Estado, actúan bajo dirección estatal y gozan de casi total impunidad por parte del Estado al agredir a los palestinos. Según B’Tselem, estas milicias cumplen la función del Estado sin llevar sus uniformes.
La caracterización jurídica y política
En los últimos tres años el proyecto del Gran Israel se ha acelerado, se ha vuelto más violento y se manifiesta abiertamente. Los líderes israelíes, como los ministros ultraderechistas Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, declaran públicamente sus objetivos: soberanía judía permanente, negación de la autodeterminación palestina y presión para que los palestinos se retiren. Los asentamientos avanzan junto con las demoliciones, las restricciones de movimiento y la violencia de colonos, en una estrategia integral cuyo propósito es hacer cada vez más difícil la permanencia de comunidades palestinas en determinadas partes de Cisjordania. La tesis fundamental de B'Tselem es que la expansión de asentamientos y la violencia y presión ejercidas sobre las comunidades palestinas no son fenómenos independientes. Son mecanismos que se refuerzan mutuamente y que están produciendo una transformación territorial de Cisjordania favorable a la consolidación del control israelí y al desplazamiento de población palestina. Por eso el título habla de “proyecto de eliminación”: la organización utiliza esa expresión para describir la desaparición progresiva de la presencia palestina de determinadas áreas, como método para conseguir una mayoría étnica judía. La lógica de la eliminación no exige la desaparición de todos los palestinos. Busca hacer cada vez más imposible la vida colectiva palestina, al tiempo que garantiza el control judío israelí permanente. En Gaza, la lógica de la eliminación ha adoptado su forma más extrema: el genocidio.
En una columna de opinión publicada en The New York Times, la directora ejecutiva de B’Tselem, Yuli Novak, añade una serie de apreciaciones personales que resultan útiles para entender algo que intriga a los observadores independientes: la indiferencia de la casi totalidad de los ciudadanos israelíes, muchos descendientes de víctimas del Holocausto, al sufrimiento que está causando su gobierno. Novak considera que un elemento decisivo es el lenguaje que el sistema israelí utiliza para explicar y legitimar sus acciones, dado que moldea lo que la gente puede justificar y lo que puede ignorar. Añade que, como israelí judía, nacida en Tel Aviv, creció inmersa en ese lenguaje que transforma la dominación violenta en “seguridad”, el despojo en “asentamiento” y la violencia a gran escala en “legítima defensa”. Sostiene que ese lenguaje extrae gran parte de su poder de un miedo real que conoce porque creció con él. Un miedo que tiene muchas fuentes, incluyendo décadas de ataques armados contra israelíes, y que el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023 lo ha intensificado. “El lenguaje político israelí lo manipula deshumanizando a los palestinos, reduciéndolos a una sola categoría: una amenaza. Utiliza la violencia de algunos para justificar el control y la opresión de toda una población. Esta es una de las maneras en que el apartheid se perpetúa”.
En otras declaraciones al diario El País señala que en Israel “la supremacía judía y los privilegios que conlleva se dan por sentados, hasta el punto de que ni siquiera se perciben. Uno está ciego ante ellos. Y ese es el poder del apartheid: funciona gracias a la ceguera. Oprime a un grupo y hace que el otro no se dé cuenta de que vive bajo un régimen de apartheid. Para el que se considera superior es simplemente una situación natural”. En lo que se refiere al comportamiento de la denominada “izquierda sionista”, manifiesta que ninguno habla ya de libertad ni de derechos colectivos para el pueblo palestino. “Ninguno menciona siquiera temas que antes se debatían a nivel mundial, como la evacuación de los asentamientos. Todos apoyan el genocidio, aunque no lo llamen así”. La circunstancia de que casi todas las familias tengan algún reservista favorece la solidaridad grupal de una sociedad espartana según la definición de Netanyahu.
Colonialismo de asentamiento
Para Novak, “rechazar el lenguaje que racionaliza la violencia infligida a los palestinos implica también rechazar el sistema que la produce e insistir en que se le ponga fin”. Observa que muchos israelíes rechazan el término “colonialismo de asentamiento” porque el lenguaje político de Israel les ha enseñado a interpretar que esos términos son una negación de la historia y la identidad judías. Ahora bien, sin negar que existen lazos históricos, religiosos y culturales del pueblo judío con Palestina, ni una larga historia de persecución y violencia contra los judíos en muchas partes del mundo, Novak señala que “nada de esto cambia el hecho de que la soberanía judía exclusiva se construyó mediante el despojo palestino. La política ha evolucionado con el tiempo, pero la lógica subyacente se ha mantenido: Israel ha preservado un orden político que sitúa a los judíos por encima de los palestinos en derechos, poder y control sobre la tierra”.
Según Novak, “el proyecto sionista israelí buscaba, desde el principio, borrar al pueblo y a la sociedad que vivía aquí —los palestinos— para construir un nuevo orden (político y social) y una soberanía basados en la supremacía judía. Lo observamos desde 1948, en la Nakba y la expulsión masiva de palestinos, hasta la forma más extrema que conocemos, lo que ocurre en Gaza: el genocidio. Así que diría que las cosas están cambiando a peor, pero cimentadas sobre un proyecto que comenzó mucho antes de Netanyahu”. Santiago Alba Rico, en su libro Gaza y el destino del mundo (Ed. Arpa), expone que Israel no es un país normal: “Y no porque pretenda ser un 'Estado judío' —anomalía religiosa incompatible con la democracia—, sino porque se sostiene cotidianamente sobre la negación colonial del pueblo palestino”. Advierte que ya en plena Guerra Mundial, Ben-Gurion pensaba en aprovechar el conflicto bélico para plantear la expulsión de los palestinos: “En la guerra actual, la idea de transferir a una población está adquiriendo mayor simpatía como un método práctico y el más seguro para resolver el problema peligroso y doloroso de las minorías nacionales”, escribió el 5 de octubre de 1941. Ilan Pappé ha señalado que luego fueron los gobiernos del Partido Laborista (1969-1977) los que crearon los primeros asentamientos judíos ilegales en el valle del Jordán, cerca de Hebrón, Belén y los alrededores de Jerusalén.
La indiferencia internacional
Novak tiene duras palabras frente a lo que considera muestras de indiferencia cínica de la comunidad internacional frente a las brutales violaciones de los derechos humanos en todo el territorio palestino. Señala que, incluso cuando Israel declara abiertamente sus objetivos, los gobiernos e instituciones internacionales siguen reformulándolos con un lenguaje político convencional como si fuera un conflicto más que puede gestionarse o una ocupación meramente transitoria. “Esta reformulación permite a los gobiernos condenar la violencia sin confrontar el sistema que la sustenta. Les permite permanecer dentro de una narrativa política tranquilizadora, en lugar de afrontar sus obligaciones bajo el derecho internacional y ejercer la presión sostenida necesaria para revertirla. Oculta la realidad más amplia: una nueva fase del proyecto político para consolidar el control judío israelí de forma permanente, al tiempo que se desmantelan las condiciones para la vida colectiva palestina”.
Novak considera un paso en la buena dirección la decisión adoptada por el Reino Unido, Francia y Canadá de prohibir el comercio con los asentamientos, no tanto por su efecto práctico, sino porque marca el comienzo de una comprensión de que es el gobierno y no sólo colonos violentos quienes están detrás de la operación de eliminación. Pero la medida está lejos de ser suficiente y añade que “si la gente y los Estados del mundo quieren preservar algo de la noción de derechos humanos, del derecho internacional y de unos estándares morales básicos, necesitamos ver mucho más. Si los derechos humanos no son algo universal, no significan nada”.
--------------------------------
Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí