El que ríe último

Estados Unidos está perdiendo la guerra, sin que signifique que China la esté ganando

El curso de la guerra comercial que EE.UU. emprendió contra China desde enero de 2018 ha vuelto a cambiar. Al inicio, con el propósito de corregir un inmenso déficit comercial de más de 793.000 millones de dólares en 2017 (equivalente al PIB de Bélgica y Portugal sumados), Trump lanzó una guerra arancelaria contra la economía exportadora más dinámica desde 2009: China. El objetivo no sólo era reducir el déficit comercial con esta economía, sino debilitar su dinámica de crecimiento económico, 6.7%, y reducir su creciente participación en el mercado exportador, 13% de las exportaciones totales, en 2017. Sin embargo, el resultado no ha favorecido a EE.UU. y ha sido adverso al orden internacional multilateral.

Al comenzar la guerra, el déficit estadounidense con China equivalía al 47% de su balanza comercial. Las principales importaciones de EE.UU. provenían de: China, México, Canadá y Japón, en ese orden. En cambio, el superávit chino con EE.UU., para 2017, representaba cerca del 62% del total; y sus principales compras provenían de Corea, EE.UU., Japón y Taiwán. Aunque las dos economías eran principales socios proveedores de importaciones, su contenido era diferente. Mientras China le compraba vehículos de transporte (carga y aéreo), maquinaria y granos, EE.UU. importaba computadoras y maquinaria, manufacturas y productos semielaborados.

Después de 23 meses de guerra, 7 rondas de agresiones arancelarias mutuas, más de 15.000 productos gravados, 600.000 millones de dólares en aranceles y dos periodos de tregua (más información), las dos economías entraron en un primer acuerdo. Dos días previos a la entrada en vigor de los aranceles publicados en agosto de 2019 (10% a 556 productos de importación chinos, y 10% y 5% a 3,361 productos estadounidenses), el 13 de diciembre de 2019 se anunció el inicio de las negociaciones (ver más). De forma estacional, similar a la tregua de diciembre de 2018, se acordó no implementar nuevas medidas arancelarias, aunque ninguna de las impuestas se redujo.

El objetivo central de la imposición de aranceles es la restricción de las importaciones del país al que se le aplica. China, por un lado, redujo la participación de las importaciones estadounidenses al punto que desplazó a EE.UU. del segundo lugar, como principal socio importador, al quinto. Por el lado inverso, EE.UU. no pudo conseguir lo mismo. Sus importaciones provenientes de China se mantuvieron estables, y es aún el principal socio importador de EE.UU. (Véase gráfico).

 

 

 

 

Con la guerra comercial, EE.UU. sí redujo su déficit con China en -7%, pero a partir de una contracción en sus exportaciones en -17%, y en sus importaciones en -10%. Con esto reforzó su incapacidad por promover crecimiento económico, que continuó en descenso de 2.9 a 2.3%, entre 2018 y 2019. China, por su parte, continúa con una balanza superavitaria con EE.UU., participa en más del 13% en las exportaciones mundiales y crece, todavía, por encima del 6%, en 2019.

El pasado 15 de enero se anunció la firma de la Primera Fase de un “Acuerdo económico y comercial entre los Estados Unidos de América y la República Popular China”. La desequilibrada representación diplomática, entre el Presidente Donald Trump y el Viceprimer Ministro Liu He, para la firma del acuerdo, fue presentada como una victoria estadounidense, que le imponía nuevas condiciones a China. En este acuerdo se definieron nuevas condiciones sobre: propiedad intelectual; transferencia de tecnología; agricultura; servicios financieros; política monetaria; expansión de comercio; y resolución de disputas comerciales. La evidencia muestra que EE.UU. está perdiendo la guerra, sin que signifique que China la esté ganando.

De manera muy específica, a través de este acuerdo EE.UU. busca que China “ponga fin a su práctica de presionar a las empresas extranjeras para que transfieran su tecnología”; elimine “las barreras comerciales y de inversión para los proveedores estadounidenses de servicios financieros”; que “no utilice prácticas monetarias para competir injustamente con los exportadores estadounidenses”; y más importante, que importe “bienes y servicios estadounidenses durante los próximos dos años por un monto no menor a $ 200.000 millones de dólares”. Otra vez, el acuerdo no implica el retiro de aranceles impuestos desde 2018, sino únicamente detiene las nuevas imposiciones.

El pasado 6 de febrero, China anunció algunas medidas que se ajustan tanto a los acuerdos de la primera fase como a la reciente crisis sanitaria provocada por el brote del coronavirus. Se anunciaron recortes a tarifas de 10 a 5%, y de 5 a 2.5% en importaciones provenientes de EE.UU., que corresponden a las tarifas aplicadas a inicios de septiembre de 2019, sobre 1,717 productos. Cabe señalar que esta lista estaba focalizada 39% en animales vivos y productos del reino animal, y en 24% productos de la industria química. Esta medida implementada por China está más enfocada a resolver el desabastecimiento de carne provocado por la peste porcina del segundo trimestre de 2019 y por la creciente necesidad de medicamentos; antes que por las demandas comerciales estadounidenses.

Adicionalmente, el Acuerdo incluyó un capítulo de Resolución de Disputas. Este mecanismo ignora la estructura multilateral de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y es bilateral. Con este Acuerdo y el nuevo Tratado de Libre Comercio con América del Norte, EE.UU. avanza en la construcción de un nuevo orden comercial internacional sobre la ley del más fuerte. El mejor ejemplo es la modificación de la lista de la OMC de los países en condición de desarrollo y menos desarrollados, que gozaban de preferencias comerciales, que el pasado 10 de febrero cambió, al eliminar países unilateralmente.

 

 

 

 

 

Num.2, Año 2020, 14 de Febrero
– Oscar Ugarteche, Investigador titular, IIEc-UNAM, SNI Conacyt, coordinador del www.obela.org
– Armando Negrete, Técnico Académico, IIEc-UNAM, miembro del www.obela.org
Fuente: Observatorio Económico Latinoamericano, OBELA.

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2 Comentarios
  1. David K dice

    Tirando el corona virus los yankis van por el empate

  2. EDUARDO ERNESTO GARAY dice

    Parece que de la historia no se aprende. Ya a principios del siglo 18 se recurrió al bloqueo comercial para imponer por la Fuerza condiciones a a una potencia emergente. La disputa era entre la Francia de Napoleo, convertido en emperador, contra Inglaterra. Si bien al principio la táctica de Napoleón pareció condenada al
    éxito con el pasar de los meses se convirtió en el germen de su derrota. Pueto que el bloqueo impuesto a Inglaterra a comerciar con el continente europeo trajo como consecuencia que el comercio del continente se derrumbara al faltar su socio indispensable Sería así que en el continente europeo poco a poco se fueran aliando a los ingleses y lograron llegar a la batalla de Waterloo donde las fuerzas aliadas derrotaron al Gran Napoleón. Notes la similitud:; la Francia napoleónica, potencia militar dominante, cae derrotada al imponer por ese Poder un nuevo orden mundial Y ahora los EEUU se ve en aprietos económicos por sus bloqueos comerciales que seguramente terminarán derrotados.

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