El refugio del alma

Casa Propia-Casa Activa, un cambio de paradigma con perspectiva gerontológica

 

Solemos creer que los niños son ingenuos. Sin embargo, en sus primeros trazos sobre el papel reflejan que aquella sinceridad que vamos perdiendo con los años y las desventuras les hace expresar lo que verdaderamente creen, sueñan, desean y sienten.

En la mayoría de los casos, en su primer encuentro con sus lápices y una hoja, el niño estampa una casita. Una hecha a su manera, de estructura básica, que deja ver lo trascendente que es para él –con su sinceridad e inocencia– sentir el resguardo y el cobijo de ese hogar que es el asiento no sólo de su familia, de sus afectos, de sus juguetes, mascotas y lo poco o mucho que posee, sino también el sitio en que comienza a construir sus sueños.

En ella habita el adentro, el afuera y el compartir. El adentro representa la seguridad que brinda la contención familiar, el afuera está dado por todos aquellos que no habitan la casa pero la perciben en la figura del resto de la sociedad, mientras que el compartir se manifiesta con todas aquellas relaciones que vienen de visita al espacio propio, que pasa a ser el espacio común de las relaciones humanas y configura, por lo tanto, los afectos externos. Todo esto se pone de manifiesto en los trazos simples que conforman la casita del niño, y que nos acompañará, aun sin racionalizarlo, a lo largo de nuestra vida.

A medida que vamos creciendo e imaginando la independencia familiar, tiene lugar un proceso tendiente a cristalizar el sueño de la “casa propia”. Sueño que cada día se complejiza más, en especial en los grandes centros urbanos, donde quedan pocos predios baldíos en los cuales construir viviendas, y las pocas que se construyen tienen costos elevadísimos. La demanda de viviendas supera ampliamente la oferta disponible y, por ende, no se llega a cubrir. Cabe recordar que el último párrafo del artículo 14 bis de nuestra Constitución establece el derecho al acceso a una vivienda digna, que se ve no sólo vulnerado sino denostado por una realidad cuasi fatídica si se considera el rol lamentable que tienen los bancos como dadores de crédito, donde su única y exclusiva finalidad es el lucro desmedido y creciente. No obstante ello, el acceso a la vivienda digna sigue siendo un derecho humano amparado por el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Para el gran filósofo alemán Martin Heidegger, la expresión “casa” (haus) no designa el sitio material donde se vive sino el lugar donde se habita. Lo que determina la esencia de la casa no es el hecho físico-espacial de que tenga piso, paredes, techo, puertas y ventanas sino el hecho de que allí se constituye un ámbito o un medio que permite que algo sea o se manifieste.

Nuestra sociedad, a través de los siglos, ha hecho de la propiedad un dogma de fe según el cual quien es dueño de un inmueble puede hacer lo que le dé la gana, hacerlo producir, modificarlo, destruirlo o dejarlo improductivo. Esa concepción absoluta ha ido revirtiéndose paulatinamente en el constitucionalismo social para arribar al concepto de la función social de la propiedad. Claro que es muy poco lo que se ha avanzado: la lucha de aquellos que creen en el absolutismo del propietario dan, y seguramente seguirán dando, una feroz batalla por conservar sus privilegios. En nuestro país, muy tímidamente se ha ido abriendo paso la concepción de la función social de la propiedad. En este contexto se enmarcan las distintas leyes de alquileres, los impuestos a las tierras improductivas, la reciente ley que impide construir en terrenos que han sido incendiados exprofeso presentada por el diputado Máximo Kirchner, entre otras iniciativas.

A su vez, al ritmo de la vida moderna el concepto de familia ha evolucionado y mutado con diferentes arraigos. La familia monoparental producto de la naturalización de la ley de divorcio, el matrimonio igualitario y las uniones de hecho son testigos de estos cambios sociales producidos en los últimos tiempos, que requieren soluciones diferentes, imaginativas, solidarias e inclusivas.

En este contexto se enmarca el programa “Casa Propia – Casa Activa”, recientemente comunicado por el PAMI y el ministerio Desarrollo Territorial y Hábitat. No se trata de un simple proyecto de viviendas porque, en primer lugar, está dirigido a un grupo etario específico: las personas adultas que no tienen vivienda y que no tienen otra forma de acceso a ella sin la ayuda social del Estado. No es un conglomerado de viviendas en un predio determinado, ya que el proyecto planteado incluye parrillas, biblioteca, huerta, gimnasio, pileta y comedor. Es decir que se trata de espacios comunes de interacción social, facilitando que el complejo funcione de manera interconectada.

Se ha anunciado que cada complejo contará con:

  • 20 viviendas mono-ambientes y 12 de dos ambientes. O sea que, allí podrán habitar 20 ancianos solos y 12 con familia.
  • Un Centro de Día con cocina, administración, mantenimiento, área de dirección y depósitos. También contará con zonas especializadas como oficina psicosocial y de enfermería.
  • Áreas de actividades comunes como comedor o SUM, zonas de descanso para las personas de la comunidad que asistan al Centro de Día, área de estimulación de movimientos físicos y desarrollo cognitivo, espacios para las expresiones artísticas y también áreas de recreación y aire libre.

La propuesta comprende claramente un cambio de paradigma no sólo en el abordaje de las necesidades materiales de la vida de las personas mayores sino en la dignificación de aquellas que se encuentran solas o sin conexiones familiares. Si bien las viviendas serán siempre propiedad del Estado, serán entregadas en comodato a los adultos mayores, quienes mantendrán el uso de la misma hasta su fallecimiento o incapacidad que amerite su internación o cambio de hábitat. De esta manera, el beneficiario podrá compartir sus días con aquellos que viven en el predio y también mantendrá los vínculos con sus familiares, de manera de interrelacionarse en forma integral con la comunidad en general.

A su vez, el proyecto prevé que los servicios propuestos puedan ser usados por todos aquellos afiliados que quieran o necesiten usarlos, y el uso de la vivienda será idéntico al que le damos a nuestras casas quienes tenemos la dicha de poseerla, y así permanecerá mientras tengan la posesión. La existencia del Centro de Día facilitará una movilidad física y mental que redundará sin dudas en una sensible mejora en la calidad de vida de quienes integren esa comunidad.

Los números que justifican el proyecto demuestran la importancia y trascendencia de un programa de estas características. Nuestro país registra más de 7,2 millones de mayores de 60 años de edad y, de ellos, un 18,8% son inquilinos. Es decir que aproximadamente 1,35 millones de personas mayores de 60 años no poseen vivienda propia. A ello habría que agregar que los computados son actualmente inquilinos, es decir personas con la capacidad económica suficiente para abonar un alquiler, por lo que todavía queda un número indeterminado de adultos mayores que viven en casa ajena, con familiares o personas que les prestan un lugar, donde obviamente la intimidad tan particular y necesaria de los viejos queda hecha trisas. Es en esta población en que adquiere toda su dimensión un programa como “Casa Propia – Casa Activa”, porque cada casa que se entregue será un “devolver o ganar” dignidad.

En el proyecto participará el Estado en forma armónica, con lo cual demostrará una vez más que sólo el Estado presente puede y debe cambiar la realidad. Para la implementación del programa han confluido el ministerio Desarrollo Territorial y Hábitat, el PAMI y los municipios donde se asentarán los complejos: el primero estará a cargo del financiamiento de las obras, los municipios serán los responsables de ejecutarlas, se harán cargo del mantenimiento del predio y de la adjudicación de las viviendas, y el PAMI financiará el Centro de Día, establecerá los parámetros para la adjudicación de las viviendas y determinará que las tareas realizadas se adecuen a lo planeado.

Las autoridades han manifestado que el objeto del programa considera que “el espacio que se habita es fundamental para la salud integral, el bienestar social y el desarrollo humano, por lo que el programa se propone no sólo favorecer la autonomía, la intimidad y la independencia sino promover la participación social en el seno de la comunidad, combatir la soledad y el aislamiento, y generar nuevas redes y vínculos. Se trata de un nuevo paradigma con perspectiva gerontológica”.

La enorme diferencia con cualquier barrio de viviendas está dada por la instalación en el seno del complejo de un Centro de Día, que es un área abierta a la comunidad y de uso constante por los beneficiarios, donde las personas mayores pueden realizar sus actividades del día a día con el apoyo de servicios socio sanitarios y de contención familiar preventiva. Pero también es un ámbito de encuentro con los afectos y con las nuevas relaciones que surgirán del intercambio social que naturalmente se producirá en el marco de esta nueva convivencia. En definitiva, representa el alma del proyecto, el que le da vida y singularidad, representando el cambio de paradigma en la atención gerontológica. Además es una fenomenal herramienta para combatir la soledad y el hastío. “Casa Propia – Casa Activa”, además de un cálido lugar para vivir, es una maravillosa forma de evitar, o al menos demorar, la internación geriátrica.

En definitiva, las unidades de “Casa Propia – Casa Activa” no son sólo viviendas sino que configuran el refugio para el alma. En buena hora, y ojalá se multipliquen hasta cubrir todas las necesidades de atención, porque las verdaderas transformaciones se construyen con la suma de pequeñas realizaciones.

Bienvenida “Casa Propia – Casa Activa”, bienvenido el cambio y buenos augurios para la dignificación de los viejos. Es mi deseo que el PAMI siga dándole vida a la vida, ese hogar donde los viejos puedan reencontrarse juntos con sus sueños, con sus afectos y con el resguardo y el cobijo que sentían de niños, cuando soñaron con esa casa propia que se les fue negando durante tantos años.

 

 

 

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