EL RELATO Y LOS CONFLICTOS

Las amenazas al dólar adquieren un cariz cada vez más concreto, el sistema financiero internacional cruje

 

A más de veinte días de iniciada la invasión rusa a Ucrania, la guerra informativa ha tomado dimensiones inusitadas y encierra al conflicto militar en un callejón sin salida. Las reiteradas advertencias de funcionarios norteamericanos y del Presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, sobre inminentes “incidentes” con armamentos químicos y biológicos, que serían provocados por Rusia para justificar más violencia, constituyen una operación peligrosa que pretende legitimar el rechazo de Estados Unidos a la negociación, al tiempo que conduce al enfrentamiento abierto entre potencias nucleares.

Esta guerra informativa hunde sus raíces en los principios desarrollados por la propaganda nazi y utilizados en todos los conflictos bélicos ocurridos desde la Segunda Guerra Mundial. Construye un relato que presenta a las operaciones militares como un “acto de autodefensa ante un asesino maníaco”, apela a sentimientos atávicos de miedo y odio y siembra en la población ambivalencias, contradicciones y confusión, buscando detonar comportamientos de manada que anulan la reflexión y la crítica. En este proceso, el relato silencia y desfigura acontecimientos y noticias que favorecen al bando opuesto y propaga mentiras y simplificaciones que atribuyen al enemigo objetivos y errores propios.

Así, la narrativa sobre la actual guerra en Europa comienza con un gran silencio sobre la historia del conflicto y la existencia de una guerra civil que desde 2014 azota al este y sur de Ucrania, donde prevalece la población ruso parlante. Esta guerra civil ya se ha cobrado más de 15.000 vidas y es dominada por el accionar de grupos neonazis infiltrados en el gobierno y en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, no hay registro de estos fenómenos en un relato que atribuye el origen de la guerra a las veleidades de poder de un Vladimir Putin demoníaco, que busca anexar al país y bombardear sin piedad a la población civil, destruyendo todo lo que encuentra a su paso. En esta narrativa, la reacción de Fuerzas Armadas y civiles ucranianos ha logrado infligir pesadas pérdidas de soldados y pertrechos que, junto con la dificultad de abastecimiento, han bloqueado el avance y anticipan la inminencia de un fracaso militar que detonará un cambio de régimen político en Rusia.

Este relato contrasta con las definiciones de Putin y los hechos militares. Según el Presidente ruso, la “operación especial” desatada en Ucrania no busca ocupar al país ni anexarlo a Rusia. Pretende, en cambio, desmilitarizar y desnazificar a Ucrania, garantizar la autonomía de las regiones del Donbass y asegurar la integración de Crimea al territorio ruso, al que pertenece desde hace siglos. El avance de las tropas rusas ya ha logrado destruir al sistema de comando y control de las Fuerzas Armadas de Ucrania en todo el país, ha dividido y aislado a los grupos neonazis que operan en el este y sur de Ucrania en tres “bolsones” sobre los que se estrecha el asedio y ha llegado a rodear las grandes ciudades del norte y este, destruyendo su infraestructura militar, pero sin pretender tomarlas todavía para evitar la masacre de la población civil.

El coronel retirado Douglas MacGregor, jefe militar norteamericano y ex funcionario del Pentágono durante varios gobiernos, coincide con esta evaluación. Sostiene que el Ejército ruso ya definió el resultado de la guerra a su favor, desarticulando totalmente a las Fuerzas Armadas de Ucrania, y que no ha intentado todavía controlar a Kiev y otras ciudades del norte y del este para no provocar mayores daños a la población civil. Sin embargo, según MacGregor, esto tendrá que cambiar rápidamente para obligar al gobierno norteamericano a negociar. Washington rechaza la negociación para no reconocer el éxito que ya ha logrado Putin y en cambio busca prolongar la guerra para provocar su caída, algo que para MacGregor carece de realidad, pues según las encuestas, hoy Putin tiene el apoyo del 70% de la población. MacGregor destaca también la brutalidad de las operaciones de las fuerzas neonazis en el sur y este de Ucrania, donde utilizan a la población civil de “escudo” y le impiden escapar reprimiendo salvajemente, algo que ha sido constatado, según el coronel [1].

 

 

Rusofobia, traición a la patria y Rusiagate

La guerra en Ucrania parece haber tomado un nuevo cariz durante la semana que pasó. Desde tiempo atrás, Rusia ha advertido que el envío de armamento sofisticado a Ucrania será considerado como un acto de guerra. Sin embargo, los envíos se han acelerado. Ante esto, el domingo pasado Rusia atacó con misiles –que no fueron interceptados– un depósito de armamento y una base de entrenamiento militar de la OTAN en Iavoriv, en la zona este y a 20 kilómetros de la frontera con Polonia. La operación, primera en su género, señala el inicio de una etapa caracterizada por una mayor ofensiva bélica para imponer una “negociación seria”. Zelenski, mientras tanto, con el apoyo masivo de los medios de comunicación [2], sigue rechazando todas las demandas rusas y puja por escalar el conflicto. Apelando ahora al Holocausto, Pearl Harbor, el 11S y Martin Luther King, presionó a los Congresos norteamericano, canadiense y británico y a la población de estos países para que cierren el espacio aéreo de Ucrania y envíen más armamento. Lo primero implica una confrontación directa entre potencias nucleares y ha sido rechazado por el Pentágono. Lo segundo dio lugar a un nuevo compromiso norteamericano de 800 millones de dólares que se suman a los 2.000 millones ya acordados para la compra de armamentos. Este contexto fue aprovechado por Antony Blinken, jefe del Departamento de Estado norteamericano, para volver a advertir que “Moscú está preparando el terreno para el uso de un arma química y acusando a Ucrania por el incidente justificará un nuevo ataque a la población civil” [3]. Este contexto llevó a Putin a exigir exasperadamente el jueves una negociación seria y efectiva, al tiempo que la Cancillería rusa tronaba contra la prensa occidental por sembrar mentiras y rusofobia.

Al mismo tiempo, en Estados Unidos, la prohibición de difusión de información periodística proveniente de Rusia, o de cualquier otra fuente que critique al relato oficial, ha desembocado en sanciones y acusaciones de “traición a la patria”. La primera víctima fue Tulsi Gabbard, oficial de reserva del Ejército norteamericano y ex miembro del Congreso. Su crimen: haber divulgado un video donde convocaba al Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a “trabajar con Rusia para establecer un cese del fuego en Ucrania que permita destruir el peligroso material existente en institutos de investigación biológica en Ucrania que son financiados por Estados Unidos” [4]. Mientras algunos políticos y senadores exigían que Gabbard sea procesada, Facebook destruía textos en los que ella mencionaba las ganancias que realiza el complejo industrial militar con la guerra en Ucrania.

 

 

Ex diputada y militar de la reserva Tulsi Gabbard.

 

 

En este contexto caldeado, Biden acusaba a Putin de ser un criminal de guerra, al tiempo que enviaba drones militares armados a Ucrania y uno de los senadores republicanos neocon mas importantes, Lindsey Graham, convocaba por tercera vez a eliminar “por cualquier medio” a Putin [5]. En paralelo con estos exabruptos, se publicaron los resultados de una investigación que,  con múltiples fuentes de información y evidencias, expone la conexión existente en 2016 entre funcionarios del Departamento de Estado, el gobierno de Ucrania y dirigentes demócratas –incluidos Biden y el Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan– en el lanzamiento del operativo Rusiagate que, como hemos visto en otras notas, pretendió vincular a Trump con Putin para inducir su fracaso electoral primero, y luego su juicio político y posterior destitución de la Presidencia de la Nación [6].

 

 

 

Impacto global de las sanciones: petroyuan y crisis de liquidez

Las sanciones económicas y financieras impuestas a Rusia superan en magnitud y profundidad las oportunamente aplicadas a Irán y a Venezuela. A pesar de ello, Rusia esta hilvanando una red de relaciones para sobrevivir el embate. En este proceso, su relación con China toma importancia creciente y muestra la magnitud del fracaso de la política exterior norteamericana, que en lugar de dividir a sus enemigos, los ha llevado a constituir una alianza estratégica en su contra.

Sullivan se reunió el lunes pasado durante siete horas con el máximo titular de la política exterior de China, Yang Jiechi, y amenazó al gobierno de ese país con imponer sanciones económicas “muy serias” si ayudaba a Rusia a eludir las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa. El viernes, Biden volvió a repetir esta amenaza ante el Presidente de China, Xi Jinping. En un símbolo de los tiempos que corren, horas antes de esta conversación, un portaaviones chino cruzaba el estrecho de Taiwán y era seguido de cerca por un destructor norteamericano.

En los últimos tiempos, China compró activos de las empresas estatales rusas y grandes cantidades de petróleo y commodities rusos. Asimismo, coopera con los bancos rusos excluidos del SWIFT para incluirlos en el sistema de mensajería financiera de China donde prevalece el yuan digital. En paralelo, ha comenzado negociaciones con Arabia Saudita para financiar sus compras de petróleo utilizando al yuan digital. El 25% del petróleo que vende Arabia Saudita es comprado por China. Si las transacciones se hacen en yuanes, provocará una caída de la demanda de dólares, afectando su valor y erosionando su rol como moneda internacional de reserva. China podría, además, intensificar este impacto vendiendo las cuantiosas reservas de letras del Tesoro norteamericano que posee. Esto despertó la alarma en los medios financieros y en el propio gobierno de Estados Unidos. El anuncio realizado la semana pasada sobre grandes transacciones comerciales y financieras entre India y Rusia y entre India y China, utilizando sus propias monedas (rublos, rupias y yuanes), agrega fuego al posible incendio del dólar y empieza a configurar un nuevo escenario financiero internacional, caracterizado por un anclaje creciente de las cadenas de pagos en las cadenas de suministros de bienes y commodities: un sistema no alcanzado por las sanciones económicas norteamericanas.

Así, mientras las amenazas al dólar adquieren un cariz cada vez más concreto, el sistema financiero internacional empieza a crujir ante una incipiente crisis de liquidez en las transacciones de commodities y sus márgenes de garantías (margin calls), afectando a las cámaras de compensación que intermedian y respaldan a estas operaciones. La semana pasada, el Mercado de Metales de Londres (LME) fue cerrado súbitamente por varios días, luego de que el precio del níquel subiera un 250% y amenazara con llevar a la bancarrota a la principal corporación mundial productora de acero inoxidable por su incapacidad de cubrir sus posiciones en corto gracias a la dificultad de los bancos, y en particular del JP Morgan, de financiarlas. Otro ejemplo reside en las dificultades que enfrentan los principales traders de metales y petróleo para conseguir financiamiento para la intermediación de posiciones en corto debido a la brutal suba del precio del petróleo y del níquel [7].

Por estos días, la Federación Europea que integra a los traders de energía en Europa (EFET, entre cuyos miembros se cuentan BP, Shell, Trafigura, etc.) envió una carta a sus integrantes y a los entes reguladores advirtiendo que la industria tiene limitada capacidad de liquidez para asegurar el funcionamiento del mercado mayorista de gas y de energía [8] y pide que los Bancos de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Banco de Inversiones Europeas se hagan cargo del problema, otorgando financiamiento para estas actividades. En paralelo, Glencore, uno de los gigantes en la transacción de commodities, advirtió que la dificultad de financiamiento es uno de los principales riesgos del momento actual [9].

Así, la falta de liquidez empieza ahora a afectar a las finanzas, y pone en riesgo de bancarrota no sólo a las corporaciones y grandes traders de commodities, sino también a los bancos que financian estas transacciones. En este contexto, la Reserva Federal de Estados Unidos anunció la suba de las tasas de interés para enfrentar la inflación y detonó el pánico en los mercados ante el posible desencadenamiento a corto plazo de una recesión.

 

 

 

Argentina: el espejismo del poder

El jueves pasado se aprobó en Senadores el proyecto de ley que avala el Acuerdo del Poder Ejecutivo con el FMI para refinanciar la deuda externa por 56 votos a favor, 13 en contra y 3 abstenciones. El macrismo hizo posible el Acuerdo, mientras que los senadores próximos a La Cámpora y a la Vicepresidenta lo rechazaron porque aprobarlo implicaría “la derrota del pueblo que sufrirá las consecuencias y la derrota de la política, verdadera y vital herramienta” de transformación que “como militantes no estamos dispuestos a aceptar” [10]. Estos votos negativos constituyen un faro que apunta a la emergencia de una alternativa nueva. En un país embretado y al borde del abismo, no es poca cosa.

Estos votos también marcaron el punto álgido de una semana aturdida por la inconsecuencia y liviandad de una dirigencia política que no termina de entender que el país vive una tragedia griega y no un sainete. Enroscados en el dilema de resolver un poroteo que garantice la futura presidencia, esta dirigencia se empeña en justificar malabarismos que van desde anunciar el martes con bombos y platillos una “guerra contra los especuladores” –que comenzó el viernes sin brújula y sin libreto– a proponer una “Unidad de Resiliencia” para “mejorar la autoestima de los argentinos después de la pandemia” (¡!). A esto se agregó la filtración de una dramática carta del secretario de Energía reclamándole al Ministro de Economía más financiación ante el inminente quebranto del sistema energético, que no puede ser mantenido con los magros pesitos que le transfirieron y que ascienden al mero 20% de los fondos que se necesitan (¡!).

Esto último desnuda el significado de la “tranquilidad de la macroeconomía” que el ministro Martín Guzmán pregona y para la cual ha dedicado dos años de una negociación con el FMI, tan leve y espuria como las finanzas que transfiere a cuentagotas hacia el motor que hace posible el funcionamiento de la economía y la vida diaria de los argentinos. Esto ocurre mientras resuenan los tambores de guerra de un poder concentrado que se apura a reclamar ganancias extraordinarias ante la estampida de los precios de nuestras exportaciones y del oro gaseoso sobre el cual se asienta la República. El campo autoconvocado, punta de lanza del macrismo y de los formadores de precios, ya ha logrado que el gobierno ponga las barbas en remojo y masculle tibiamente cómo hará para impedir que la inflación no se convierta en híper a cortísimo plazo.

Estamos pues en una encrucijada que no reclama una unidad totémica que al ser definida se transforma en un monólogo abstruso para eliminar los abrojos que obstruyen la cancha del posibilismo. Esta unidad confusa y aturdida deshilacha el relato de la inclusión social y lo dispersa a los cuatro vientos. El momento que vivimos impone la generación inmediata de medidas que permitan alimentar, proteger y dar trabajo a los más vulnerables que, por esas casualidades de la vida, son millones y millones de seres cada vez más invisibles. Ante tanto dislate, el voto negativo y las abstenciones de los senadorxs y diputadxs ofrecen la esperanza de un cambio.

 

 

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=NFngc_8RiVc&t=31s
[2] realclearpolitics.com, 16/03/22.
[3] zerohedge.com, 18/03/22.
[4] @TulsiGabbard, twitter.com, 13/03/22; zerohedge.com, 15 y 18/03/22.
[5] zerohedge.com, 18/03/22.
[6] realclearinvestigations.com, 10/03/22.
[7] zerohedge.com, 15/03/22.
[8] marketwatch.com, 16/03/22.
[9] zerohedge.com, 16/03/22.
[10] ambito.com, 18/03/22.

 

 

 

 

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