El silencio de Tehuel

La desaparición de un joven trans en Alejandro Korn y los derechos vulnerados de trans y travestis

 

El atardecer del viernes 26 de marzo la familia de Tehuel de la Torre participó de una marcha de antorchas en Alejandro Korn, provincia de Buenos Aires, para pedir por su aparición. Fue el día del cumpleaños del joven trans desaparecido. Tiene 22 años y lo último que se sabe de él es que el 11 de marzo fue a buscar trabajo como mozo para un evento a la casa de Luis Alberto Ramos, el único detenido. “El silencio de Tehuel es nuestro grito de justicia”, se leyó en el cartel que encabezó la marcha de vecinos y vecinas que caminaron desde el cruce de la Ruta 210 hasta el Centro Cívico. Son las mismas personas que en los días previos organizaron rastrillajes en las zonas descampadas de los barrios La Esperanza y La Laurita. Las mismas a las que Tehuel les vendía berlinesas hechas por su novia.

Tehuel de la Torre es changarín, se las rebusca cortando pasto o podando árboles en el barrio. Algunas veces, compra mercadería en algún mayorista y la revende en la calle. Otras, se organiza con su novia Michelle: ella cocina las “bolitas” de masa frita y después salen juntos a venderlas en la zona de la Laguna de San Vicente. Golpean las manos en las casas y ofrecen una opción para el mate.

 

 

El trabajo es uno de los derechos vulnerados de las personas trans y travestis: el 90% está en la informalidad y la mayoría ejerce la prostitución. Para la generación que supera los 25 años es casi la única alternativa de subsistencia y la jubilación ni siquiera es un horizonte posible. En Argentina hay alrededor de 10.000 personas trans que están registradas con su nombre de identidad de género y otras 2.000 que no regularizaron su documento. Marcela Romero, presidenta de la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA) y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans, explica que hay diferencias generacionales que impactan en el acceso al mercado laboral. “La población de 35 años para arriba quedó excluida de toda política pública. Hay una franja de 25 a 30 que es una población que pudo acceder a algunos beneficios pero no a todos. Y hay una generación de adolescentes que ya nació y puede disfrutar de los derechos de la identidad de género: la educación y muchos de elles ya ingresaron a la universidad o en espacios laborales. Pero para una persona que no terminó la secundaria o la primaria es difícil que pueda ingresar al circuito laboral. Tiene que subsistir, ahí es donde ingresa al trabajo sexual o prostitución”, le dijo a El Cohete a la Luna.

Pao Raffetta, es docente y activista trans, da capacitaciones de Educación Sexual Integral y está por terminar una Maestría en Estudios de Género en la Universidad de Tres de Febrero. Hizo su transición después de los 40 años y cuenta que ese fue un factor importante para acceder al mundo académico y al mercado formal del trabajo. “El trabajo sexual y la prostitución es uno de los pocos espacios que se encuentran habilitados para la población transfemenina, pero hay un porcentaje importante de trabajadores sexuales transmasculinos. Es la posibilidad de tener un trabajo más o menos autónomo. También hay personas que hacen changas, cartoneo o cirujeo. Muchas hacen venta de comida casera, peluquerías, tatuajes, trabajos de gráfica o música independiente. Pero las chances de vivir haciendo un flyer es muy poca, se hace muy inestable la vida. Con la pandemia todos esos recursos están cortados”, le explicó a este medio. El asociativismo también es una alternativa aunque resulta difícil sostenerla en el tiempo. La mayoría de las cooperativas trans están en el rubro textil: estampado, confección y costura. Siguen el legado de la Cooperativa Nadia Echazú, un taller escuela creado por Lohana Berkins en Avellaneda en el año 2008. “Son una salida buenísima pero alcanza a poca gente y requiere mucho y permanente apoyo del Estado. Durante los cuatro años del macrismo desapareció todo lo que se había avanzado en una década, ya sea formando personas, conformando y armando las cooperativas, todo desapareció. Te caía una factura de 50.000 y chau. Hay que reconstruir mucho”, explica Raffetta.

Tehuel De La Torre comenzó su transición a los 13 años. Tomó la decisión y lo habló con su mamá Norma. Se sintió acompañado. “Dijo que quería ser varón, siempre tuvo esa idea. Nosotros como familia materna siempre lo respetamos, siempre tuvo nuestro apoyo”, cuenta su hermana Verónica Alarcón. Sin embargo, dejó la escuela cuando promediaba el secundario, en parte por las urgencias económicas de su familia y en parte porque el sistema sigue siendo expulsivo.

Un informe de ATTA y la Fundación Huésped realizado en el año 2014 (la falta de datos oficiales también da cuenta de la invisibilización del colectivo trans y travesti) muestra la escasa terminalidad educativa. Aunque la mayoría ingresó al sistema de educación formal, es muy común la deserción: entre los mayores de 18 años, 6 de cada 10 mujeres y 7 de cada 10 hombres trans abandonaron el secundario. El estudio revela que después de la Ley de Identidad de Género, sancionada en el 2012, 1 de cada 10 mujeres y 3 de cada 10 hombres trans retornaron al sistema educativo. “No es que dejamos de estudiar, nos obliga el Estado a dejar, es cómplice de la violencia institucional que recibimos, de las burlas, de la discriminación continua. Eso te lleva a dejar. Además, en muchos casos te obligan a irte de tu casa. No es sólo la violencia institucional dentro del espacio educativo, también dentro de tu familia. Así es difícil mantener un estudio”, explica Romero. Las políticas públicas actuales orientadas a la finalización escolar como el Plan FINES o las becas Progresar tuvieron en cuenta estos recorridos y le quitan el límite de edad. Las experiencias de bachilleratos populares como el Mocha Celis tienen un papel clave para la inclusión.

Por su parte, Raffetta detalla el impacto que la educación tiene en la falta de acceso a los organismos con cupo laboral trans. “Ahora que se abren esos espacios, uno de los problemas que se evidencian es que cuando piden experiencia laboral y antecedentes educativos una parte grande de la comunidad queda afuera. Eso generó tensiones sociales porque aparece un imaginario de que están dando trabajo a personas que no están capacitadas o no son idóneas. Sin tener en cuenta que quizás tienen otras habilidades que no son tradicionalmente valoradas pero son las que les han permitido sobrevivir. Lo importante es que las políticas de inclusión laboral tengan en cuenta esas situaciones diversas”, sostiene.

En septiembre del año pasado el presidente Alberto Fernández decretó el Cupo Laboral Travesti Trans en el sector público nacional, que garantiza un mínimo del 1% de la totalidad de cargos y contratos para personas travestis, transexuales y transgénero. Además, varias provincias, municipios y universidades implementaron medidas similares. En el 2015, la provincia de Buenos Aires fue la primera en sancionar el cupo, sin embargo tuvieron que pasar los cuatro años del gobierno de María Eugenia Vidal para que se reglamentara. Chubut, Río Negro, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán y Misiones también se sumaron. Hay otras como Mendoza, Santa Cruz o San Luis que trabajan en legislar o que tienen municipios que ya establecieron ordenanzas en ese sentido. Pero el cupo no resuelve el problema. “No va a beneficiar a todas las personas trans, hay un grupo muy alto, que es el 80% que no va a poder ingresar a ningún espacio laboral. Primero porque no terminó la primaria ni la secundaria, es difícil que te tomen en un municipio con 40 o 50 años. Creo que el Estado argentino está generando la inclusión, pero no solamente queremos que les compañeres entren al ámbito público, queremos que entren también en las empresas privadas. Hay una resolución que sacó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad que descuenta impuestos a quienes nos contraten, está bueno porque es necesario ocupar otros lugares. También es importante que se debata en el Congreso la Ley Integral”, afirma Romero.

Los antecedentes penales también influyen. “Eso deja a un montón de travestis afuera del empleo público. Tienen que sacar el certificado y le dicen: ‘Pero usted tiene 198 ingresos a la comisaría’. Pero son antecedentes que se generan cada vez que sale a la calle y viene un patrullero y la levanta por escándalo, oferta sexual, por lo que sea. No importa si va a comprar pan con jogging, la levantan igual. Y así, cuando van a pedir los antecedentes tiene un prontuario que ni el narco más afamado consigue. Eso genera un conflicto social porque no tiene la escuela terminada y tiene antecedentes penales y surge la pregunta: ¿a quién le estamos dando ese trabajo? Es muy difícil sacudirse esa idea a la sociedad”, describe Raffetta.

Tehuel de la Torre vive en San Vicente, en la casa de su mamá Norma junto a su novia Michelle y el bebé de ella. Se conocieron en el 2019 y viven juntos desde entonces. Desde que desapareció, la casa es transitada por vecinos y vecinas que van y vienen: colaboran con los rastrillajes, con la organización interna y con el cuidado de la familia. “Norma ahora está descansando, llamá más tarde. La tengo que despertar en una hora”, dice una mujer que atiende el teléfono. La encargada de hablar con los medios es Véronica, una de las hermanas. “Tehuel era una gran persona, no tengo palabras, era muy agradable. Era sonriente, de joder, muy familiero. Siempre en su casa y dispuesto a estar con su familia. Era un chico increíble, muy buena persona”, lo describe en diálogo con El Cohete a la Luna.

“Los ámbitos de trabajo no tienen a la gente sensibilizada para la población travesti”, denuncia Raffeta. “Para alguien que el promedio de vida es de 35 años la jubilación no es un horizonte. No está en el imaginario llegar a la edad de acceder a ese beneficio. Ahora tenés políticas de moratorias a las que podrían acceder pero no tienen la expectativa de llegar a los 60 años. A una piba que estuvo parada en una esquina desde los 12 hasta los 28 y llegó a los 30 tratando de terminar la primaria no le podes decir que tiene que esperar a los 60 para jubilarse. Hay una generación que está terminando la escuela sin discriminación porque es ilegal echar a un pibe o piba por ser trans, están entrando masivamente, están graduandose. Eso también va a hacer cambiar mucho la situación. Hoy podemos decir que el 80% de las pibas trans y travestis están en situación de prostitución o sin trabajo formal, yo creo que en 15 años se va a invertir esa proporción”, estina Raffeta.

Tehuel de la Torre pertenece a esa generación.

 

 

 

 

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