El spa Arribas del espía

La ruta de D'Alessio entre los espías de la AFI

 

Marcelo D’Alessio era Marcelo Idor para sus clientes. Solía atenderlos personalmente en el spa, cuando nadaban en la pileta con agua de mar o almorzaban en las mesas del restorán de gastronomía mediterránea. A 25 minutos de la Ciudad de Buenos Aires, había abierto el primer spa boutique de lujo argentino donde ofreció hasta masajes de máscara de oro. En 2006, cargaba los teléfonos de los clientes en un archivo. Probablemente ninguno de ellos imaginó que diez años más tarde, los archivos iban a alimentar una escalofriante carrera extorsiva.

Hola Manuel, tenemos un amigo común en problemas.

Dijo el 2 de noviembre de 2016. Manuel era Manuel Alejandro Morilla, cliente del Idor. D’Alessio lo llamó al mediodía. Compartían club y las calles del Saint Thomas, el barrio cerrado de Canning donde se cruzaban cada tanto. D’Alessio manejaba el consorcio y el área de seguridad con ayuda de un antiguo hombre de la SIDE a quien nombró director de seguridad: Rolando Barreiro. Con Morilla era tan buenos vecinos que el hombre alojó en su geriátrico a la suegra de D’Alessio durante dos años.

—¿De quién me hablas? ¿Quién tiene problemas?

Preguntó Morilla. El espía mencionó a otro habitué del Spa: Gabriel Traficante.

Nos vemos en casa a las ocho de la noche.

Y agregó:

Venite con él.

 

Caminos del Saint Thomas

 

La historia del Spa de D’Alessio es el comienzo de la causa de Gabriel Traficante, una de las primeras víctimas del espía a quién le pidió abultadas sumas de dinero en 2016 para borrar supuestos datos que lo comprometían en la investigación de la mafia de los contenedores. El Spa también es un camino que lleva a otro espacio: un búnker en la oficina 320 de la avenida Giribone al 900 de la localidad de las Toscas. Las Toscas está en Ezeiza. D’Alessio citaba a los clientes del spa en ese lugar para pedirles dinero. En el lugar con guardias armados, armas en los escritorios y escopetas, los palpaban de cuerpo y, antes de entrar, les sacaban el celular. D’Alessio decía que era una base de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en Ezeiza. Es decir, una pista que puede conducir hacia ese vínculo siempre negado oficialmente con una de las oficinas del AMBA en la Provincia de Buenos Aires. ¿Quiénes estaban ahí?

 

El camino al SPA

Ese 2 de noviembre, Morilla subió a su camioneta Amarok, y arrancó hacia al este del Saint Thomas. A su lado, iba Gabriel Traficante. También ellos se conocían. Habían sido vecinos en Campos de Etcheverría. Más tarde se mudaron al Saint Thomas. Jugaban en el mismo equipo de fútbol. Y entrenaban en el Idor. A las 20,46 del 2 de noviembre, la camioneta pasó por el puesto de guardia del lote 69. Llegaban a la casa de D’Alessio. El espía estaba con su esposa. Ellos pasaron al living. D’Alessio ofreció café. Se sentaron. Les dijo que trabajaba para los servicios de inteligencia. Acercó su notebook. La abrió. Y les mostró imágenes de investigaciones en narcotráfico. Para 2016 no era raro. Con el cambio de gobierno, comenzaba a entrar en los espacios del ministerio de Seguridad.

—¿Y qué tengo que ver yo con todo esto?

Preguntó Gabriel Traficante. Morilla se levantó. Caminó a la cocina. Se puso a conversar con la esposa del espía. Quince minutos más tarde oyó que el diálogo subía de tono. Volvió al living. Traficante se había parado. Estaba evidentemente enojado. Dejaron la casa. Subieron a la camioneta. Cuando volvieron a pasar el puesto de guardia eran las 22,26: habían pasado casi dos horas.

—Es un ladrón —le dijo Gabriel Traficante, adentro del auto. D’Alessio le había pedido 90.000 dólares. Todo lo que ocurrió en esa casa se conoció más tarde. El empresario declaró ante la justicia en diciembre de 2016. Así se supo que el espía dijo que no sabía quién, pero alguien lo había caminado, que le habían plantado pruebas en la causa de los contenedores del juzgado penal económico de Marcelo Aguinsky: «Tal vez fue la Side o alguien que no te quiere». En el expediente había nombres de sus empresas, según el espía: Fashion Box SA y Vissagismo SRL. Con los 90 mil dólares quería borrar llamadas de teléfono. Lo podía hacer sin problemas, comentó: era Director de Observaciones Judiciales de la AFI, la Ojota, entonces aún la oficina de escuchas de la central de inteligencia. Si Gabriel Traficante no pagaba, iba a pasarla muy mal, dijo el espía: le esperaban escraches en los medios, con fotos, de él, de su esposa y el resto de la familia. Atrás de todo, había gente muy poderosa.

Un día después, volvieron a verse cerca del Departamento Central de Policía. D’Alessio nombró a uno de sus amigos poderosos, Rolo Barreiro. Dijo que era agente de la AFI. No dijo que fue la primera persona del organismo a quien había podido contratar cuando buscaba desesperadamente armar una cuadrilla operativa. A Traficante también le habló de Daniel Santoro: tenía información para escracharlo en Clarín. Y él podía frenarla.

—¿Vos podes arreglar en una hora con Santoro?

Con muchos más de los que te imagines. Porque si yo le digo a Santoro que compró pescado podrido, se la tiene que comer. Yo estoy haciendo cinco investigaciones con Santoro, entonces yo llego a Santoro si quiero —dijo D’Alessio.

Ahora se sabe. D’Alessio repitió esos llamados una y otra vez hasta enloquecer al empresario. Traficante dejó de atenderlo. Lo que no se sabe es el espía comenzó a llamar a otros clientes del Idor.

Juan Pablo Di Pierro usaba el gimnasio, vivía en Saint Thomas Este. Compartía la escuela de los hijos con Traficante, jugaban al fútbol en el Saint Thomas Azul y lo veía en el Idor. El 23 de noviembre se aproximaba un día clave: Clarín iba a publicar el primer artículo. D’Alessio lo llamó por teléfono. No podía ubicar a Traficante. Le dijo que iba a salir una nota en Clarín, que vinculaba al empresario con los contenedores, pero todavía estaban a tiempo de salvarlo: podía decirle a Santoro que saque el nombre. Di Pierro cortó. Y llamó a Traficante.

Mientras tanto, el espía llamó a Adrián Gabriel Garcés. Otro del Idor. Garcés había vivido en El Lauquen, un barrio donde también había vivido D’Alessio antes de mudarse. Solía verlo en el spa del gimnasio o en el restorán.

Necesito hablar urgente.

Dijo el espía. A Garcés le llamó la atención. No la llamada, pero sí el número que usó. D’Alessio lo llamó a un teléfono antiguo, ya no lo usaba. Tal vez lo habría sacado del archivo del gimnasio. Llamame, dijo el espía. Y agregó: Mañana todos van a salir escrachados en Clarín. Yo no me quiero meter, pero puedo salvarlos.

—¿De qué querés salvarme? —preguntó Garcés.

D’Alessio le mandó una imagen: una página con membrete de la embajada de Estados Unidos y una lista de empresas. Las empresas pertenecían a Gabriel Traficante. También estaba el restaurante Mapeira Team SA: el único emprendimiento que Garcés compartía con Traficante.

—¿Qué pasa con eso? —preguntó.

Lo que quiero decirte es que estos tipos tienen hasta cosas chiquitas.

Quedaron en verse al otro día. Garcés salió a la casa de D’Alessio temprano. La nota estaba saliendo en Clarín.

 

Clarin, 26 de noviembre de 2016.

 

 

Cuando llegó, Garcés entró al living. D’Alessio abrió la computadora. Le mostró una serie de informes: un escrito con fotos; un video de la casa de Traficante se veía a un auto registrando el lugar; un informe con llamadas entrantes y salientes del teléfono y otro con entradas y salidas del país. Quería plata. Que hablara con Traficante. Que todavía podía ayudarlo. En definitiva, que eso iba a servirles a los dos: Garcés también era socio del empresario. Antes de despedirlo, le dijo que trabajaba para la embajada de Estados Unidos. Y amigablemente, le enseñó un arma con mira láser.

 

Hacia el Bunker

Garcés llegó a un bunker de D’Alessio tres días después. Así decían los mensajes: te espero en mi bunker. Todo parecía normal en el número 320 del complejo de Las Toscas Office. Tenía apariencia de estudio jurídico. Hubo quien vio un cartel de abogado en la puerta. A las 8.30 de la mañana, Garcés golpeó. Le abrió una persona, lo palpó y le sacó el celular. Adentro vio cosas raras: cuatro personas armadas y cuando enfiló hacia donde estaba D’Alessio debió sortear a un guardia con una escopeta.

 

Las Toscas Offices

 

Garcés pasó a la oficina. D’Alessio le presentó al tal Rolo de la Side. Se sentó en una silla. Miró el escritorio: estaba lleno de armas. Barreiro y D’Alessio se sentaron del otro lado.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Garcés.

Una oficina operativa de la AFI.

 

Esa oficina todavía es un misterio. Algunos creen que era parte de una escenografía. Los viejos espías dicen que D’Alessio para esa época ofrecía contratos sólo para que se pararan ahí. Pero también es posible que haya sido una de las cinco sedes que la AFI estaba desplegando en el conurbano entre fines de 2016 y 2017, en el marco del proyecto AMBA. ¿Por qué no? Se sabe que esos locales estaban llenos de ex policías federales y bonaerenses. Pero las sospechas aparecen por varias razones.

  • D’Alessio no sólo trabajaba con Rolo Barreiro, también trabajaba con Claudio Alvarez: agente de la AFI aún activo procesado en la causa Traficante y con procesamiento confirmado por la Cámara Federal porteña.
  • La investigación de Dolores con hechos de 2018 lo pone en contacto con Ricardo Bogoliuk. El excomisario fue oficialmente responsable de AMBA Ezeiza. D’Alessio dice desde el verano que él le encomendó la persecución de Etchebest. Ramos Padilla detuvo y procesó a Bogoliuk, un procesamiento que aún espera una demorada confirmación de la Cámara de Mar del Plata.
  •  Lo dijo D’Alessio a sus viejos amigos del Idor.
  •  Como se verá, queda para investigar el vínculo con Pablo Pinamonti.

Garcés seguía en la oficina.

— Lo de Traficante va en serio –dijo Barreiro: va a ir preso si no paga.

D’Alessio parecía otra persona. Solía ser un tipo amigable, verborrágico y hasta pelotudo para Garcés. Pero estaba agresivo, intimidante.

Arreglar este problema ahora les va costar 600.000 dólares —dijo D’Alessio–: 300.000 para el juez Aguinsky y la fiscal.

Aguisnky es juez hace 25 años. Siempre negó vinculación con todo esto. El juez Luis Rodríguez cree que posiblemente la banda usara ese nombre para impresionar a las víctimas. Es cierto que se conocían. Los había presentado Daniel Santoro.

 

De las Toscas a Pinamonti

D’Alessio apareció en Comodoro Py antes de la feria judicial. Los tribunales de Retiro quieren quedarse con la causa de Dolores. El espía pidió declarar ante el juez Julián Ercolini en un expediente que puede rozar la ilegalidad. No sólo porque tironea jurisdicción con Alejo Ramos Padilla, si no por lo siguiente: en Dolores, el fiscal Carlos Stornelli está citado como imputado. Ramos Padilla lo llamó a declarar siete veces. Lo declaró en rebeldía. Y Stornelli no se presenta. En Retiro, el fiscal de los cuadernos impulsa la causa de Ercolini. Acusó a D’Alessio de usar su nombre para perjudicar a terceros. Abrió el expediente tras el escándalo del verano para despegarse del espía y blindar, así, la investigación en Retiro. Ercolini no quiso la causa. La Cámara Federal se la devolvió. El espía pidió de declarar. La fiscal Alejandra Mángano pidió que lo haga como imputado. Finalmente habló hace diez días. Ahí despegó a Stornelli del caso Etchebest como ya había hecho en Dolores; repitió que los audios y mensajes –peritados por más de un juzgado– estaban fraguados. Y se presentó como víctima de una interna de inteligencia.

Hasta ahí, nada nuevo. Sólo dos cosas. La hipótesis de la interna de la interna es vieja pero ahora ni siquiera parece ayudarlo en Retiro. La fiscalía encontró causas más viejas –además de Traficante del año 2016–, que muestran el mismo modus operandi: la extorsión. D’Alessio fue sobreseído en esas causas, no sirven para disputar jurisdicción por antigüedad, pero sí para mostrar que él hizo lo mismo muchas veces antes.

El otro dato importante es su relación con la AFI. D’Alessio dijo que intervino en el caso Etchebest como agente de la Agencia Federal de Inteligencia por mandato de Pablo Pinamonti. Eso es una novedad. Pinamonti es técnicamente el tercero en la conducción del organismo: responsable de Asuntos Jurídicos, pero entre 2016 y 2017 estuvo a cargo del proyecto AMBA en la provincia de Buenos Aires como la persona enviada directamente por Gustavo Arribas para garantizar la línea presidencial.

Tal vez de eso hablaba D’Alessio con Etchebest cuando viajaban a Pinamar. Chapeó con ese nombre: dijo que era amigo de un director de la AFI, de línea directa con el Presidente.

 

Pinamonti.

 

Pinamonti también es Stornelli

Pinamonti no es nuevo en el caso. Había sido mencionado en Dolores. Lo nombró Rolando Barreiro, el socio de D’Alessio. También lo mencionó el ex comisario Ricardo Bogoliuk. Esta nueva inclusión vía D’Alessio, sin embargo causó sorpresa: primero porque impacta directo en el gobierno. También porque no termina de despegar a Stornelli.

Este Cohete narró en otra edición la relación de Pinamonti y Stornelli. El fiscal lo llevó a trabajar a la provincia de Buenos Aires en su época de ministro de Seguridad. Nombró a Pinamonti como titular de la Unidad de Asistencia Técnica Integral Bonaerense y representante del estratégico Comité Provincial de Seguridad Deportiva (Copresede), el organismo de control de seguridad en el fútbol cuya cabeza ejercía el entonces ministro. Si él está detrás de la banda de D’Alessio, debería ser una preocupación para el fiscal. El vínculo entre ellos tiene por lo menos once años.

 

La designación de Pinamonti. Y la firma de Stornelli. Doce años atrás.

 

Pinamonti es Presidencia

Pero la trayectoria de Pinamonti en los servicios es mas larga. Estuvo en la Secretaría de Inteligencia de la Alianza. Y volvió para insertarse en Asuntos Internos en 2016. Gustavo Arribas y Silvia Majdalani confirmaron su nombre como parte del organismo. Y explicaron que fue la persona que estuvo frente al proyecto AMBA: las cinco bases de la AFI en el conurbano, entre ellas la base de Ezeiza del ex comisario Bogoliuk. A esta altura se sabe que la experiencia del AMBA fue un fracaso. Pinamonti volvió a la AFI a manejar Asuntos Jurídicos. El caso D’Alessio tal vez lo explica.

Como dijo D’Alessio, Pinamonti era una de las personas que garantizaba para Arriba (s) el control de la nueva estructura en la provincia. Si es Arriba (s), es Daniel Angelici y es también Mauricio Macri. La estructura creció en 2016. Para entonces, crecía también Marcelo D’Alessio.

 

Sigue manejando

—¿Qué lugar ocupa hoy en la AFI? –preguntó Traficante al espía, año 2016. Y pensaba en Barreiro.

Es un ex AFI, no tiene nada en la AFI.

—¿Entonces?

Es uno de los que perdió.

No entiendo

Sigue manejando —dijo el espía—, sigue manejando quilombos, sigue manejando internas, sigue manejando puteríos, sigue manejando plata, sigue manejando negocios del RENAR, sigue manejando de todo. Vos qué crees, que estos tipos del PRO acaban de asumir y creen que limpiaron la bonaerense, que limpiaron la AFI porque le pusieron AFI en vez de Side. Estos tipos son ilusos, realmente son ilusos estos pibes. Creen que por decreto van a inventar un millón de puestos de trabajo. ¿Explicame cómo por decreto vas a inventar un millón de puestos de trabajo? A Rolo le dan una instrucción de caminar, y él camina, y debe caminar a diez tipos, debe estar caminando a diez tipos a la vez, sino más. Eso es lo que puedo arreglar.

Los delitos cesaron sólo cuando el juzgado de Dolores lo detuvo. Habían pasado más de dos años.

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3 Comentarios
  1. danilo dice

    Mirando carreras de autos -de todas las categorías: TC, TC Pista, TC 2000, Super TC 2000, etc., etc.- en Argentina, se ven tantas «marcas» de productos y empresas que luego aparecen ligadas con los negocios impropios. Causa duda, no ?. Hace poco se investigaba la compra-venta de facturas truchas para blanquear dinero a través del automovilismo «deportivo». Esa causa judicial se esfumó !. Pasará con las carreras de autos lo mismo que pasa en el fútbol ????!!!. La categoría de autos TC 2000 y Super TC 2000 es del grupo Clarín. Con esa práctica deportiva se blanquea dinero ???. Vaya uno a saber !!!.
    Si bien los auspicios deportivos se pueden descargar de los Impuestos del caso, cabría verificar si la facturación por publicidad, coincide con lo realmente aportado por la empresa que patrocina a los autos de carrera. Para que no se crea que hago la factura por publicidad por la suma de $ 100.000 por mes, pero en realidad el corredor recibe con suerte el 50 % de aquel dinero. La empresa, se queda con el otro 50 %. Por ejemplo ! Bueno, soy mal pensado, en realidad, la AFIP-ADUANA debe controlar a las PYMES, caramba. Gracias

  2. Andres dice

    La cronista se olvidó u omitió un dato crucial en esta nota: Dalessio le vendió el spa al ex rugbier Serafin «never pony» Dengra en 2008. Dengra estuvo procesado por asociación ilícita junto a dos laderos de Farina: Miguel Angel Lamparelli y Adrian Gago. ¿Los recuerdan? Era la banda que durante el kirchnerismo ofrecía «borrar» deudas de AFIP a cambio de una pequeña «colaboración» económica. Eran los tiempos de Echegaray al frente de la agencia fiscal.

  3. Maria Rivas dice

    Estimada Alejandra: La admiro por su excelente periodismo de investigacion,serio,siempre bien fundamentada la documentacion,excelente prosa.Digna discipula de Horacio .Los quiero mucho

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