A inicios de la semana, Jared Kushner pasó por Israel para encontrarse con Netanyahu; después del encuentro en El Cairo, llevaba en el bolsillo la aceptación de Khalil Al-Hayya, jefe de Hamás, del plan elaborado por el Board of Peace para Palestina. Como todo el mundo sabía de antemano, Netanyahu volvió a rechazar dicho plan. Lo había ya expresado públicamente. No sabemos si el yerno de Trump contaba con alguna carta secreta para presionar al Primer Ministro. Si la tenía, evidentemente no funcionó. Israel no se retira de Gaza sin el desarme previo de Hamás, y de allí no lo mueven ni a cañonazos.
Trump necesita obtener algún resultado. Se presenta como pacificador, pero no puede garantizar la paz en Gaza ni en el Líbano, ni en el frente ucraniano. Es un pacificador fracasado. También resultó ser un protector fracasado. El famoso paraguas defensivo de las bases estadounidenses en Medio Oriente actuó como un pararrayos, que, como se sabe, funciona como un imán en la tormenta eléctrica. Y es, finalmente, un imperialista fracasado que no pudo imponer sus designios a una potencia regional.
Y las elecciones se aproximan, tanto para Trump como para Netanyahu, pero el segundo se encuentra más cómodo en su elemento natural: la guerra infinita. Por lo cual en Israel el tiempo se ha suspendido y nadie quiere hacer olas con concesiones o cesiones. Cada vez que Netanyahu bombardea el Líbano, sube en los sondeos. Cuando dice "no" a Trump, también. Esto los estadounidenses deberían saberlo. De allí que la lectura de la misión Kushner en Medio Oriente se explica solamente a través del lente de la desesperación.
Las elecciones y los candidatos
El 17 de julio, el Knesset de Israel votó por unanimidad su disolución. Se cerró con el raro récord de ser el único Parlamento que ha concluido su mandato completamente desde 1988.
En cuanto a la fecha de elecciones, ya había sido fijada por ley para el 27 de octubre.
Las encuestas electorales no muestran novedades, por lo cual pensar en una futura mayoría estable es ilusionarse inútilmente; un sondeo de Canal 12 de julio colocó primero al partido Yashar (¡Derecho!), del ex jefe del ejército Gadi Eisenkot, con 24 bancas, por delante del Likud con 23.
En el voto de idoneidad para cubrir el cargo, también Eisenkot aventajaba a Netanyahu con el 43% contra el 37%. Un sondeo del diario Maariv, también de julio, otorgaba a la oposición 62 bancas, a la coalición de Netanyahu 48 y a los partidos árabes las restantes diez.
Habrá que prestar atención a cuántos partidos menores superarán el 3,25% de los votos que permiten el ingreso en el Parlamento; serán determinantes a la hora de formar gobierno; recordemos que el poder legislativo en Israel consiste en una única cámara formada por 120 miembros.
Aun consiguiendo la mayoría absoluta de 61 bancas, no está garantizada la estabilidad. El doctor Saad Nimr, de la Universidad de Birzeit, piensa que es muy probable que se deban realizar nuevas elecciones, recordando el ciclo de repeticiones entre 2019 y 2022, cuando los bloques opuestos no conseguían construir coaliciones duraderas; otro elemento a tener en cuenta es el voto de los partidos árabes. Los partidos sionistas rechazan cualquier tipo de alianza con ellos; no sabemos si se romperá este tabú.
Netanyahu, por ejemplo, depende de socios que sostienen requerimientos especiales en temas tan irritantes como servicio militar, balance, asentamientos o magistratura; los votantes fuera de la base tradicional del Likud rechazan lo que consideran privilegios de una parte de la sociedad y no lo votarán por esa razón.
Podría darse que las elecciones arrojaran un ganador incapaz de formar gobierno.
El éxito de Netanyahu ha sido construir una nueva coalición de emergencia a partir de la operación Al Aqsa de Hamás, incorporando el partido Unidad Nacional de Benny Gantz, que le otorgó una cobertura política temporal, hasta el abandono de la coalición en junio 2024, por controversias sobre la guerra en Gaza.
El especialista en asuntos israelíes Adel Shadid considera, lo mismo que Nimr, que el descenso en los porcentajes del Likud que le atribuyen los sondeos no es una novedad repentina, sino una consecuencia de los problemas personales de Netanyahu, que se han ido acumulando; en primer lugar, el proceso por corrupción. En 2022, el Likud conquistó 33 bancas; ahora las estimaciones le dan un posible 22/25% de bancas; la caída es importante.
Muchos opositores consideran que los intentos de Netanyahu de debilitar los controles independientes de la justicia forman parte de su historia personal en los casos de corrupción y prevaricación.
También es objeto de críticas su alianza con los partidos haredí (religiosos). Las demandas de este sector de preservar exenciones del servicio militar obligatorio en un marco de guerra infinita se han transformado en un tema explosivo: la cuota de enrolamiento la debe absorber el resto de la sociedad, lo que ha exacerbado la rabia entre facciones religiosas y laicas.
Los objetivos no logrados de la guerra infinita de Netanyahu (motivo del retiro de Gantz del gobierno) serán otro tema importante en las elecciones; el doctor Nimr los señala: Hamás no ha sido eliminado, el frente del norte no ha conseguido el nivel de seguridad prometido y la guerra de 40 días lanzada contra Irán se cerró con un alto el fuego sin ninguna victoria decisiva.
La famosa comisión de investigación estatal de los hechos del 7 de octubre fue bloqueada por el Primer Ministro, por lo tanto, volverá al centro de los debates la cuestión del colapso de la seguridad el día de la operación Al Aqsa.
Netanyahu además ha acrecentado su poder dentro del Likud; para las elecciones que se aproximan, consiguió que le sean garantizados ocho puestos en las listas del partido, aunque dichos puestos se repartirán a lo largo de la lista sin concentrarse en los 20 primeros lugares.
Paradójicamente las amenazas para Netanyahu en estas elecciones provienen también de la derecha; su ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, está luchando para superar el 3,25%; el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tiene ya consolidado un electorado construido sobre la base del incitamiento a la violencia.
Para Shadid, el crecimiento de una figura de estas características como modelo político refleja el extremismo que poco a poco se ha infiltrado en la sociedad israelí.
Hasta el momento, el desafiante principal es el ex jefe de Estado Mayor Eisenkot; recordemos que fundó su partido Yashar en septiembre de 2025 después de abandonar la formación de Benny Gantz. Eisenkot ha sabido construirse una imagen de moderación, ayudado por las pérdidas personales sufridas durante la guerra después del 7 de octubre: el hijo de 25 años, sargento mayor, muerto por una bomba en el campo de refugiados de Jabaliya, y dos nietos en Gaza. El general en este momento es una especie de "centro" en un mundo que gira en torno a la guerra y la seguridad.
Shadid, analizando el ascenso de Eisenkot, considera que hay una cuota de cansancio del electorado laico respecto a Netanyahu. Los electores están buscando una figura que no se identifique con la derecha religiosa ni muestre afinidades con la incertidumbre de la izquierda tradicional; Eisenkot ofrece un cambio de tono y de gestión. Además, su propia figura garantiza que el sector militar permanecerá en el centro del gobierno.
Siendo militar, ha compartido en el gabinete de guerra los primeros meses de la ofensiva en Gaza. Es un partidario de la Doctrina Dahiyeh, que considera importante el uso masivo y desproporcionado de la maquinaria de guerra contra estructuras civiles y económicas en áreas controladas por fuerzas enemigas. Dicha doctrina se desarrolló durante su carrera militar. El nombre deriva del barrio Dahieh, de la periferia sur de Beirut, devastado por los bombardeos israelíes del 2006. La denominación recuerda la "coventrización", como denominaban los nazis el sistema que arrasó la ciudad inglesa de Coventry.
Sus divergencias con Netanyahu aparecen en la estrategia y gestión de la guerra y no en una concepción diferente del sionismo respecto a los palestinos o a la región en general.
Shadid señala los ataques con contenidos étnicos contra Eisenkot; algunos dirigentes del Likud se han burlado de su inglés, considerando que en la jerarquía de Israel la afinidad con Occidente es un criterio de idoneidad para gobernar. No conocemos el nivel del inglés del general, pero es dudoso que sea peor que el exhibido por el disminuido Juan Carlos de Borbón en sus tiempos de oro.
Además, Eisenkot es un hebreo mizrahi de origen marroquí y, aunque parezca increíble, en este momento de la historia de Israel, el origen puede funcionar como discriminación étnica, aun contra un ex general.
El doctor Nimr no considera determinantes las procedencias personales de los candidatos; no son importantes para el grueso de los votantes; lo que interesa a los ciudadanos es que su candidato parezca capaz de derrotar al adversario.
La franja electoral común
Los candidatos anti Netanyahu navegan entre propuestas de coaliciones irrealizables y ambiciones personales. Eisenkot, Bennet, Yair Lapid, Lieberman y Yair Golan se disputan los electores de la misma franja electoral. Dos de ellos, Bennet y Lapid, han constituido una alianza que se llama Juntos, pero por el momento hay una dispersión de objetivos y ningún líder común. Como dice el doctor Nimr, nos encontramos con una competición "derecha contra derecha". Los partidos que se presentan como centristas o moderados se mantienen dentro de los criterios sionistas respecto a la guerra y la situación regional.
Bennet rechaza la idea de un Estado palestino. Lieberman se opone a los privilegios de los ortodoxos y mantiene la hostilidad contra los palestinos. Eisenkot promete el saneamiento de las instituciones estatales, pero la ocupación en Gaza es intocable.
La guerra contra Irán ha contribuido a acercar las posiciones de gobierno y oposición. Algunos de los opositores han solicitado medidas militares aún más fuertes que las empleadas por Netanyahu. Lapid, uno de los acérrimos enemigos del Primer Ministro, ha solicitado la destrucción del programa misilístico de Irán y la liquidación física de su dirigencia.
El desplazamiento de Netanyahu, dadas las características del personaje, podría contribuir a mejorar las relaciones con parte del establishment occidental, pero no se vislumbra un cambio en el uso de la fuerza en el ámbito regional.
El voto árabe
Las encuestas le atribuyen un 10% de los votos, y podrían ser decisivos en la formación de un gobierno. En agosto los dirigentes han intentado un proceso de unidad entre las diferentes facciones en vista de las elecciones, mientras que los partidos sionistas no parecen dispuestos a elaborar algún pacto con ellos por temor al costo político que podría significar.
Netanyahu ha utilizado astutamente el tema, advirtiendo al electorado que sus adversarios no podrían gobernar sin el apoyo de los partidos árabes, lo que quitaría legitimidad a cualquier proyecto de este tipo.
Pero si la campaña electoral agita este tipo de fantasmas, una reciente encuesta de Maariv en julio ha revelado que el 70% de los encuestados son favorables a la inclusión de un partido árabe en la próxima coalición, mientras que un 83% se opone a la inclusión de un partido ultraortodoxo.
Algunos análisis sostienen que, después de las elecciones, podrían presentarse tres escenarios principales: el primero es un parlamento bloqueado, seguido de un nuevo llamado a elecciones, similar a los años precedentes a la actual coalición.
El segundo escenario es un gobierno de Netanyahu restringido, dependiente de aliados frágiles y volubles, caracterizado por ataques continuos a los mecanismos de control institucional.
El tercero es un frágil gobierno de la actual oposición, corroído por temas como la conscripción obligatoria, la religión, rivalidades internas de liderazgo y la negativa de tratar los partidos árabes como actores políticos a la par.
Podrían variar las coaliciones, podrían moverse en el Parlamento con geometrías variables según los objetivos tácticos, pero hay "variables" que no varían, como el sostén al modelo militar, el robo de la tierra y bienes a los palestinos y la continuación de la guerra con todos los vecinos; estos tres elementos son comunes a los dos campos. Ben Gvir es un producto de este orden, mientras que Eisenkot no representa una ruptura.
Netanyahu podría perder las elecciones, pero el sistema que el Primer Ministro ha desarrollado subsistirá.
Colaterales
- Estados Unidos endurece posiciones respecto a Ormuz e Irán; Alastair Crooke, en el portal del Ron Paul Institute, escribe que Scott Bessent habría asegurado repetidamente al Presidente que la carestía de petróleo causada por el cierre de Ormuz "es momentánea y manejable" y que la inflación ligada al sector energía se atenuará después que se afloje la tensión.
En Washington circulan cifras sobre el pasaje diario de petroleros por el corredor de Omán que son ficticias. Brett Erickson, de Obsidian Risk Advisors (sociedad de asesoramiento estratégico y gestión del riesgo), escribió que "diversos colegas de los que me fío ciegamente me dijeron que no existe ninguna prueba de la afirmación de que ocho millones de barriles atraviesen diariamente la ruta omaní".
La administración en Washington sigue sin aceptar la realidad; será difícil doblegar a Teherán, que enfrenta una batalla existencial y que además ha respondido a los anuncios de Trump (que incluyen la "incorporación" de Ormuz a la soberanía estadounidense) anunciando a través de Mosen Rezai, el nuevo secretario del Comité Supremo de Seguridad Nacional, que Irán continuará con acciones militares proactivas, aunque si Trump eligiera no recurrir a acciones militares.
Mientras se produce la ruptura entre Irán y Emiratos Árabes, el ex vice secretario de Estado estadounidense Mark Kimmitt declara a Al Jazeera que "silenciosamente Dubai se ha transformado en el socio comercial más importante de Irán, superando a China y Turquía. Además, provee el 30% de las importaciones de la República Islámica". La ruptura con Emiratos y la extensión de las amenazas de Trump a países terceros podrían acentuar la criticidad de Teherán en el ámbito económico. - Mamdani, una nueva estrategia cultural. El Departamento de Asuntos Culturales de la Ciudad de Nueva York (DCLA), que funciona como una oficina de asesoramiento cultural, ha reforzado sus cuadros dirigentes. La comisaria Diya Vij ha nombrado a Bryan Joseph Lee vicecomisario y a Ryan Max como director del personal. Lee lleva a la DCLA sus 20 años de experiencia en el sector. Desde 2021 ha dirigido Cntr Arts, una sociedad de asesoramiento que ha colaborado con importantes organizaciones culturales y filantrópicas, como el National Endowment for the Arts, la Mellon Foundation, etc. Max es ya un cuadro del DCLA, pero asumirá una carga más amplia de coordinación interna. Esta combinación de experiencias institucionales y competencias culturales directas apunta a desarrollar en Nueva York una política cultural más equitativa, inclusiva y atenta a un trabajo cultural más sostenible, sin perder de vista la eficiencia de la administración pública.
- Corrupción en Kiev. Mientras el Parlamento ucraniano ratificaba el nombramiento del nuevo ministro de Defensa, Yevhen Khmara, la policía se llevaba esposada a Irina Mudraya, número dos de la Oficina de Administración Presidencial; la acusación apunta a una red de corrupción ligada a especulaciones inmobiliarias, con cifras que giran en torno a cuatro millones de dólares. Algunos analistas sostienen que el círculo íntimo de Zelensky obtiene cargos en rotación para operaciones de enriquecimiento ilícito. De esa manera, todos están contentos de participar en el festín. Obviamente, es una especulación periodística, pero la situación parece estructural. Sobre el tema, la Unión Europea no dice nada; el Presidente es donde han apostado sus acciones políticas. Mucho menos se mencionan los 200.000 millones de euros con los que han financiado la guerra hasta el momento; los denominados créditos otorgados son prácticamente donaciones, nunca serán recuperados. En tanto, los ciudadanos siguen pagando impuestos para sostener esta aventura sin salida y los controles de la Unión Europea sobre el destino de los fondos erogados permanecen en el misterio.
Epílogo sin palabras
El jueves 20 las agencias difundieron un comunicado del Ejército israelí, que informó que ha ordenado dos investigaciones por dos hechos pasibles de ser considerados delitos penales.
Uno es la muerte de 15 palestinos asesinados por este ejército en marzo de 2025. Eran rescatistas que viajaban en un camión de bomberos, una ambulancia y un vehículo de la ONU.
El otro hecho es el asesinato, el 29 de enero de 2024, de Hind Rajab, una niña palestina de cinco años que viajaba con seis parientes en un automóvil; todos fueron asesinados por el Ejército israelí. Pero la niña sobrevivió al primer ataque y estuvo en comunicación telefónica por horas con la Media Luna Roja, que grabó la conversación; la ambulancia enviada para rescatarla fue también atacada y sus dos socorristas asesinados.
Claramente, la difusión mediática fue inmensa; escuchar la voz de la niña causa una gran impresión. Como suele suceder, la historia se transformó en un film, La voz de Hind Rajab, que ganó el León de Plata en el festival de cine de Venecia 2025; además, fue candidato al Oscar 2026 como mejor film extranjero.
Dejando de lado el furor mediático y dirigiendo nuestros pensamientos al hecho desnudo, no encontramos palabras para escribir algo significativo; como se suele decir, el hecho se comenta solo.
La única reflexión posible es tomar conciencia de que el abismo que imaginábamos metafórico existe realmente; es un pozo sin fondo que amenaza con tragarnos a todos.
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