EL TRUENO ENTRE LA SOJA

El conflicto en ciernes con el campo requiere un diseño de política que lo corte de raíz

 

Las flamantes autoridades prontas a debutar en el ejercicio del gobierno nacional han dado a entender que aumentarán las retenciones. A largo y a lo ancho del país, los dirigentes de la gremial agropecuaria han comenzado a mostrar los dientes para hacerle saber al nuevo gobierno que reaccionarán feo si efectivamente aumentan y extienden los derechos a las exportaciones. La gremial agropecuaria promete rehacer otra vez el desagradable clima de los 129 días de desabastecimiento del país durante 2008 en respuesta a la resolución 125. Ahora para ir dándose coraje auguran que la pelea será como si fuera contra una 250. Frente a semejante bando de guerra que sugiere que no se ha aprendido ni olvidado nada desde entonces, se impone intentar tanto entender los argumentos del gobierno como la vivisección de las demandas chacareras para cubicar el grado de racionalidad de ambas.

Porque la racionalidad no puede estar al mismo tiempo en los dos lados en conflicto es que suma cero. O bien los chacareros tienen razón y no hay ninguna justificación que no sea la de un gobierno populista despilfarrador, que toma por asalto sus bolsillos para financiar el ineficaz y malévolo programa de pan y circo a fin de atontar y sujetar así a las masas. O bien el gobierno y los trabajadores antes y ahora tendrían razón, y la falta de fuerza política pretérita taró de tal forma el proceso de crecimiento y la tasa de inflación que ambos indicadores no pudieron volver a recuperar magnitudes más o menos equilibradas, horadando el poder de compra del salario.

El denominador común de los sectores en conflicto es el nivel, reparto y necesidad de la renta de la tierra. Escarbar en las trayectorias previas del presente del agro tanto argentino como mundial dice unas cuantas cosas sobre las perspectivas del porvenir.

 

 

Hoy y ayer

El agro argentino genera el 7% del Valor Agregado Bruto total o del Producto Interno Bruto (valor agregado y producto bruto son conceptos similares). También genera el 7% de los puestos de trabajo de toda la actividad económica nacional y paga el 3% de su masa salarial. Su importancia está como proveedor de divisas. La comparación con otros países del mundo desarrollado da una idea del lugar hacia donde va el sector agrario. En los Estados Unidos, el agro representa el 0,9% del PIB y emplea el 0,7% de la mano de obra. En Japón, estos valores ascienden al 1,1% del PIB y al 2,9% de la mano de obra empleada. En Alemania representa el 0,7% del PIB y el 1,4% del empleo. En Francia, 1,7% y 2,8%, respectivamente. Este destino de apocamiento es el del agro argentino –subsidios incluidos— a condición de que no se detenga el cambio tecnológico que supone la consolidación del mercado interno; o sea, a contramano de lo que desea el campo para sí cuando se solivianta por las retenciones.

Repasar brevemente lo que viene aconteciendo en la economía mundial desde hace dos siglos en el agro debería despejar cualquier duda sobre la naturaleza de ese rumbo hacia la nada del campo. Incluso, alertar sobre la alternativa política aquí y ahora. Recién en 2007 se traspasó el umbral que determinó que más del 50% de la humanidad está urbanizada. A principios del siglo XIX, alrededor del 95% de la humanidad vivía en el campo y del campo. En el momento que la clase burguesa entra a jugar como vector de una transformación radical de la sociedad –la más radical de todas, después de la dislocación de la comunidad primitiva y el principio de la lucha de clases—, la fuente casi única de excedente era el trabajo de los pequeños agricultores. El problema de la revolución industrial fue, por un lado, un asunto de extracción, de movilización y de utilización del excedente agrícola; y por el otro, la transferencia de una parte de la población activa desde ese sector hacia la industria.

Las dos operaciones son factibles si la productividad del trabajo de la agricultura se eleva lo suficiente como para, por un lado, a partir de cierto umbral permitir la generación de un excedente permanente que posibilita financiar el desarrollo de los otros sectores; y por el otro, asegura la misma cantidad de alimentos con menos mano de obra. En suma, aquellos que permanecen en la agricultura deben ser capaces de nutrir a aquellos que la abandonan. Esto comprende también la introducción de nuevos cultivos. Por ejemplo, un trabajo de Nathan Nunn y Nancy Qian de 2009 postula como hipótesis que la introducción desde el Nuevo al Viejo Mundo de las papas , que son extremadamente nutritivas y una fuente de calorías muy barata, puede explicar el 22% del aumento de la población y el 47% del aumento de la urbanización durante los siglos XVIII y XIX en Europa. Las papas produjeron rendimientos mucho más altos por hectárea respecto de los cultivos básicos preexistentes del Viejo Mundo.

Ahora bien, siguiendo a Paul Bairoch hay que tener cuidado con el concepto de productividad agrícola y diferenciarlo del rendimiento por hectárea. Esta distinción es importante, porque los dos indicadores no están necesariamente relacionados. En el siglo XIX, en Europa, los rendimientos y la productividad siguieron una evolución paralela, mientras que en los Estados Unidos los rendimientos, y más particularmente los rendimientos de cereales, se mantuvieron constantes a pesar del crecimiento de la productividad más rápido que en Europa. En la década de 1930, los rendimientos de cereales de muchas economías en el mundo eran más altos que en los países industrializados más avanzados, donde la productividad era de cinco a diez veces mayor.

Con la revolución industrial, la brecha entre las productividades agrícolas e industriales había empeorado. Aunque la productividad agrícola registró un aumento considerable (sin el cual la revolución industrial deviene imposible), había quedado atrás de la productividad industrial durante más de dos siglos. Tomando cifras de Bairoch correspondientes a los países desarrollados occidentales, a efectos de facilitar la comparación de las tasas de crecimiento de la productividad en los dos sectores industrial y agrícola, observamos que entre 1850 y 1950 la tasa anual de crecimiento de la productividad osciló entre el 1,8% y el 2% en la industria, y entre el 1,1% y 1,3% en la agricultura. Pero de 1950 a 1990, las cifras son respectivamente 3,4% a 3,6% y 5,4% a 5,6%. Desde entonces hasta ahora las dos andan medio estancadas. De todas formas, la reversión histórica se debe principalmente a la aceleración del crecimiento de la productividad agrícola. Estas ganancias de productividad en la agricultura occidental han sido mayores en los últimos 60 años que en los nueve siglos que les precedieron.

La consecuencia de este proceso inédito se plasma en la nada de su significado del producto bruto y por ejemplo en la reducción acelerada del empleo agrícola, que es un factor de crecimiento de la productividad. Asimismo debe contabilizarse que el consumo de alimentos no puede aumentar tan rápidamente, por razones fisiológicas. Esto también explica la aceleración de la tendencia hacia la eliminación de la parte del gasto en alimentos en el consumo general de los hogares. En otras palabras, si la industrialización es de hecho inseparable del desarrollo eso no se debe a que los productos industriales, tomados uno por uno, vendrían a ser más rentables y más dinámicos que las materias primas –abstracción hecha de las condiciones sociopolíticas de la producción, son menos—, sino simplemente porque a medida que aumenta el bienestar de la población estos productos ocupan, por su número, un segmento más y más grande en el espectro del consumo promedio. El estomago tiene sus límites, la cantidad de pares de zapatillas que puede calzar una persona, no.

Es menester no perder de vista que en el sistema capitalista importa el valor de cambio no el valor de uso. El hecho de que en los países desarrollados si no fuera por los subsidios el campo no produciría valor, implica que no hay prácticamente mano de obra a la que extraerle plusvalía, o sea no habría precios de producción. El problema es que los seres humanos tienen que comer para vivir. Evidentemente, el capitalismo no puede superar todas sus contradicciones operando sobre la base de su propia lógica.

 

 

El conflicto

El problema de la revolución industrial acontece pues como un problema de la mecanización de la agricultura. Esta tecnificación implica la introducción de relaciones capitalistas en la agricultura, dado que la chacra capitalista posee un poder de absorción de maquinaria de lejos muy superior a la de la chacra de los pequeños agricultores. Pero no es una cuestión que solo atañe a la revolución industrial, sino desde entonces a la propia preservación de la estabilidad política que emana del desarrollo, cuyo primer imperativo es comer.

La contradicción que enfrentaba la revolución industrial de eliminar los frenos para tecnificarse tenía sólo dos vías de salida: transformar directamente la propiedad del señor noble en propiedad capitalista o transformar al pequeño agricultor en propietario burgués y esperar que las relaciones mercantiles la disuelvan –por la proletarización de unos, el enriquecimiento de otros— y la transformen en propiedad capitalista. Esta segunda situación es la que pervive hoy en el campo argentino. En los dos casos es preciso atravesar, se lo quiera o no, por la expropiación de los propietarios anteriores, inmediata y violenta en el primero, lenta y evolutiva en el segundo. En el primer caso se le expropia directamente, lo que luce más racional. En el segundo, se comienza por consolidar los derechos y se los expropia después, lo que luce absurdo. Así es como entra a tallar el factor político en las relaciones de fuerza del momento.

En términos de la coyuntura histórica de la revolución industrial, la clase burguesa revolucionaria de entonces no podía combatir en dos frentes. O bien acordaba con los señores feudales y expropiaban a los pequeños agricultores y los señores feudales se convierten en capitalistas —que es lo que correspondió a la experiencia inglesa—, o bien acuerda con los pequeños agricultores y proceden a abolir los derechos de los señores feudales, que es el caso correspondiente a los franceses. En definitiva, la Revolución Francesa fue una enorme reforma agraria. En el primer caso, la experiencia inglesa, la revolución es pacífica en el plano político y, por paradójico que pueda parecer, discurre hacia la integración en el plano económico y permite a las fuerzas productivas dar un salto hacia delante. En el segundo, la revolución política es radicalizada y se pone en marcha un sistema híbrido en la cual la agricultura precapitalista, parcelaria, se convierte en un freno, una tara y una hipoteca para el porvenir.

Las retenciones al cortar el hilo entre los precios mundiales y los nacionales apuestan a incrementar el poder de compra de los salarios, condición necesaria de la salida de la crisis. Eso tiene todo el potencial de poner de punta al agro con el nuevo gobierno; suponiendo que del dicho al hecho hay un corto trecho. Tal como van las cosas hoy en día, en la Argentina el conflicto político que se localiza en el agro es del tipo afrancesado. Resolverlo estructuralmente y al menor costo político posible sugiere poner en práctica un diseño de política que institucionalmente propenda a la que fue en su momento la salida inglesa. A cualquiera que crea que el pasado está pisado le sería útil tener presente que Eric Hobsbawm, uno de los grandes historiadores de la revolución económica inglesa y la política francesa, anotó en uno de los ensayos que las tratan que la profundidad de la revolución producida entre 1789 y 1848 es tal que “supuso la mayor transformación en la historia humana desde los remotos tiempo en que los hombre inventaron la agricultura y la metalurgia, la escritura, la ciudad y el Estado. Esta revolución transformó y sigue transformado el mundo entero”. Es cuestión de no detener esa transformación y tomarse bien en serio el asunto, si la clase dirigente no quiere dar el triste espectáculo que en su momento dio el entonces vicepresidente de la Nación, ingeniero Julio César Cleto Cobos, que votó contra la 125 y nunca dejó de quejarse de la inflación que su decisión ayudó a consolidar. Aunque el desarrollo capitalista es para todes, no puede hacerse con todes.

 

 

 

 

11 Comentarios
  1. Cesar dice

    Muy bueno el articulo periodistico.
    Me encantaria saber si los farmers de EEUU ,podrian hacer lo mismo que los terratenientes argentos (no los pequeños productores) depoder retener la cosecha y venderla cuando se les da la gana…?

  2. Catriel dice

    No se trata de bardear al campo , ni de hacer revoluciones y menos cuando estamos por gobernar y sabiendo que américa latina es un caldero, hay que negociar de verdad , hay que conducir, si es necesario al campo , pero no a los grandes terratenientes sino a los pequeños que por supuesto son mayorías.

  3. Catriel dice

    yo subiría mucho las retenciones a los que tienen mas de mil hectáreas , la mitad de esas retenciones va para el estado y la otra mitad en subsidios para los que tengan menos de 100 hectáreas. solo para ver que hacen , ahí ya estas licuando 50% o mas de la fuerza agraria

  4. Luis Juan dice

    Estimado Enrique:
    Excelente análisis.
    Una digresión, si me permite:
    Carlos Elizondo Mayer-Serra (scielo.org.mx), en un artículo titulado: “Constitución y territorio propiedad del Estado: dos casos polares” resumía: “Mientras que en México el Estado casi no posee tierra, el de Estados Unidos tiene en propiedad más de una cuarto parte de su territorio. Este texto trata de entender esta aparente paradoja. En México, gracias al artículo 27 constitucional, el Estado en principio tenía un enorme poder para definir los derechos de propiedad, pero se quedó con casi nada de territorio. Por otro lado, en Estados Unidos la propiedad privada es un fundamento del pacto social, y a pesar de ello el Estado logró hacerse de la propiedad de una cuarta parte del país.”
    Comienza refiriendo: “Dada la tradición estatista mexicana, uno podría esperar un Estado dueño de una parte importante del territorio nacional, sobre todo de aquello particularmente valioso, como sus principales reservas naturales o sitios arqueológicos. Mientras que, dada la tradición de defensa de propiedad privada en Estados Unidos, uno podría esperar lo opuesto, una suerte de Estado mínimo que garantice un amplio control de los privados sobre la mayor propiedad posible del país.”
    “Este artículo trata de entender las razones de esta aparente paradoja. Ambos países tienen regímenes de propiedad casi polares. México, por un lado, cuenta con el artículo 27 constitucional, que parte del principio de que el propietario originario de todo el territorio es la nación, la cual “tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público…”. Estados Unidos, por el otro, cuenta con la Quinta enmienda en su constitución, que hace de la propiedad privada un derecho natural de todos sus ciudadanos.”
    “…Las constituciones en abstracto no dicen mucho. Importa cómo se construye en la práctica la relación entre el poder público y la sociedad, y cómo se implementan realmente las reglas constitucionales, lo cual requiere construir capacidades burocráticas con cierta autonomía frente a los actores con poder.”
    “Por eso México, cuyo marco constitucional en principio le da más poder al Estado, no es el que tiene más superficie del país en propiedad. En México, según los datos oficiales, 39.56% del total de la superficie nacional es propiedad privada, 59.37% es ejidal o comunal y 0.28% es del gobierno.”
    “En Estados Unidos los parques nacionales son del Estado, quien se asegura de su buena preservación a través de una burocracia competente. En 2010, en este país el Estado tenía 25.89% del territorio en tierras propiedad del gobierno.”
    “…En un estatus distinto se encuentran las reservas indias. Éstas suman 2% del territorio nacional. En éstas el gobierno, tanto federal como estatal, tiene una soberanía limitada. En una reserva india el gobierno federal tiene el título de la tierra en una suerte de fideicomiso en beneficio para la tribu, el cual se basa en un tratado entre la tribu y el gobierno federal.”
    “…La poca propiedad que tiene el Estado mexicano es resultado de que, en México, gobernar ha sido fundamentalmente servir de articulador de intereses privados, gremiales, de las comunidades o incluso de los gobernantes, quienes en el camino se han quedado con pedazos del territorio nacional.”
    “…El segundo momento en el que el Estado repartió tierras, con una lógica distinta, fue el posrevolucionario. En esta ocasión el texto constitucional hace pensar en leyes para beneficio de todos.”
    “El artículo 27 dice a la letra en su versión original, en sus primeros párrafos:
    La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada. […] La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana.”
    “La constitución de Estados Unidos no define qué es la propiedad, como sí lo hace la mexicana. Se entiende que es un derecho natural, y sólo se dice, en la Quinta enmienda, que al ciudadano “no se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización”. Respecto a la propiedad pública, la constitución afirma: “El Congreso tendrá facultad para ejecutar actos de disposición y para formular todos los reglamentos y reglas que sean precisos con respecto a las tierras y otros bienes que pertenezcan a los Estados Unidos”.”
    “Sin embargo, no se repartió todo el país. Desde fines del siglo XIX, y más claramente a principios del XX, un movimiento surgido tanto desde la sociedad como desde ciertos ámbitos de la burocracia federal puso fin a esa expansión de la propiedad privada sin aparente límite. El resultado fue que el Estado se quedó con más de una cuarta parte del territorio nacional.”
    Ya en sus conclusiones refería: “…La lección para México es que, sin un Estado fuerte y con competencias burocráticas, ni la ideología liberal de la segunda mitad del siglo XIX, ni la de la reforma agraria y la construcción de ejidos y el fortalecimiento de la propiedad comunal de buena parte del siglo xx, permiten salvaguardar el patrimonio natural de la nación, que está en manos de quienes tienen poder: los más ricos y los que lograban organizarse para presionar a fin de que las autoridades los dotaran de tierra. No parece haber una preocupación social importante por la falta de propiedad directa del Estado sobre los recursos naturales y arqueológicos del país, y sigue dominando la lógica de declarar zonas protegidas a las propiedades de terceros a quienes no se puede regular adecuadamente.”
    Es un artículo mucho más extenso y seguramente a usted Enrique le interesará por algunos datos estadísticos que aporta.
    El 30 de abril de 1904, el Doctor Juan Bialet Massé eleva su informe al presidente de la República Argentina.
    De arranque nomás refiere: “…Todavía en los patrones, en general, no he encontrado obstáculos: sólo los explotadores han evitado darme datos con cualquier pretexto, o han pretendido engañarme, dándolos falsos; pero como por otros conductos he podido averiguar la verdad, el engaño ha sido inútil.”
    “…Bien quisiera tener el talento descriptivo de un Zola, para presentar, palpitantes y vivos, los sufrimientos y necesidades de este pueblo, tan abnegado, que son grandes y muchos; así como los de esas pobres tribus indias, que en poco tiempo pueden ser traídas a la vida civilizada, contribuyendo con sus cien mil brazos, irreemplazables, al menos durante este siglo, para el desarrollo y la grandeza de la República, y hoy víctimas de su salvajismo, de que no se les puede hacer responsables, del abandono de su cultura, del desamparo de sus derechos y de la explotación inhumana de que son objeto; porque creo que ello bastaría para que del alto criterio de V. E. y de su rectitud surgiera el remedio y las soluciones que la Constitución ordena y la humanidad impone.”
    “No se curan las llagas ocultándolas o velándolas a la vista del cirujano, por un pudor mal entendido: es preciso, por el contrario, presentarlas en toda su desnudez, en su verdad, manifestando sus antecedentes con toda sinceridad, para aplicarles el remedio conveniente.”
    “Puedo asegurar a V. E. que en esta investigación podrá haber error en las apreciaciones, pero que respecto de los hechos son tal cual los he visto o comprobado.”
    Iniciando el año 2020, vale la pena releer ese informe, ya que algunas cosas no han cambiado.
    El territorio nacional estaba más protegido por la Constitución de 1949 (art. 38º) que la vigente en la actualidad.

  5. Roberto Pintos dice

    IM-PE-CA-BLE Enrique. Coincido con Gerardo. Esas lacras egoìstas no van a entender jamàs el lenguaje de la razón, de la solidaridad con quienes menos tienen. Solo entienden el lenguaje de la violencia. Y hay muchas formas legítimas y democráticas de ejercer violencia contra esas bestias.

  6. Ramon dice

    Es muy fácil aplicar retenciones pero el gobierno debe entregarles algo a cambio. En la actualidad se vende el grano pero no se puede comprar dólares ( moneda estable para enfrentar futuros costos).
    También debe tenerse en cuenta el alto costo de fertilizantes que si no se aplican el agro pasaría a ser minería pues por cada grano que sale del campo sale un pedazo de tiera fértil dejándonos un futuro agro económico cada vez más debilitado

  7. gustak dice

    La presión tributaria favorece estratégicamente a los más grandes que avanzan sobre los más pequeños; pero la resistencia a esa presión, de imponerse, genera hoy ganancias extraordinarias a unos y la precaria supervivencia de los otros. Resistir las retenciones sigue siendo una oportunidad de negocios y de poder político, sabiendo que la concentración se va a dar igual. No hay solución.

  8. Héctor dice

    Añado una pregunta al comentario de Mario De Rivi: ¿no pueden las cooperativas de productores reemplazar a los chacareros en una salida a la francesa agiornada? Desde ya.

  9. Jorge dice

    Tranquilos lo que viene es el fin, guerra civil, mientras arriba cantan combatiendo el capital, ya urgente mano dura, cultura de trabajo, sin planes no trabajes, políticos sueldos de docentes, camiseta celeste y blanca para todos los argentinos que quieran habitar suelo argento.

  10. Mario De Rivi dice

    Dr. Aschieri,
    En la situación argentina actual, quienes representarían a los Sres Feudales Ingleses ?
    1) los tradicionales grandes productores de la SRA por la superficie que representan 2) los Pooles de siembra que controlan flujos de producción sin apropiarse de la tierra.

    Que papel juegan los propietarios que alquilan sus campos y viven de su renta en las grandes ciudades.

    Y los que conservan el control del campo pero contratan labores que monitorean desde el pueblo con semanas de trabajo intenso y semi ociosidad el resto del año.

    Y el chacarero tradicional, si es que queda alguno.
    Si la salida es «a la inglesa», tiene sentido segmentar futuras retenciones ?
    Si tiene la generosidad de atender mis interrogantes le quedaré agradecido, aunque ya lo estoy por su interesante nota.

    1. gerardo senderowicz dice

      Estimado
      Lo único que tendrá sentido ante esta manga de terratenientes es estar en la calle mas que ellos y generar un movimiento popular que haga que los De Angelis se vuelvan a sus cuevas y paguen las retenciones, los ABL agrícolas y los BBPP que Dios les ha regalado en gracia.
      Ya lo dijo AF, todos tienen que ceder algo, y mas los que mas tienen.

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