El tutelaje

El análisis de una de las figuras más influyentes del gobierno de Lula sobre la crisis de Brasil.

 

José Dirceu es uno de los referentes del PT de Brasil. Fundador del partido con Lula, fue una de las figuras más influyentes del gobierno del lider petista desde el ministerio de gobierno, y luego estuvo dos veces detenido. En esta entrevista hace un fino analisis de lo que está sucediendo en Brasil. La crisis social que Bolsonaro intenta trasformar en crisis política, y el rol de tutelaje que asumieron las fuerzas armadas. A su criterio se trata de un tutelaje que no busca desprenderse de la figura del presidente sino, por el contrario, de evitar el suicidio que arrastraría a toda la alianza de gobierno. En ese juego, es Bolsonaro quien crea las condiciones del golpe.

En este momento, Dirceu promueve el armado de un frente amplio que evite repetir los errores de las elecciones pasadas, con un acuerdo amplio capaz de reunir las fuerzas democráticas de izquierda pero también de derecha cada día más enfrentadas a Bolsonaro en medio de la crisis desatada por la pandemia.

– Existen datos que señalan que el armado del golpe camina rápido. ¿Podría explicar la situación del ministro de Salud y el apoyo del Ejército? ¿Oficialmente, el general del ejército Braga Neto asumió el mando del gobierno de Bolsonaro?
– Bolsonaro está perdiendo base política electoral y social. La crisis del coronavirus es una señal de un límite porque busca con su actitud crear una crisis social y transformarla en una crisis política para dar un golpe de Estado. O para cerrar el régimen, y el congreso. Eso es claro de parte suya, pero hay una oposición no sólo de la izquierda, sino más amplia en el propio Congreso. Sobre la oposición de izquierda, hay que acordarse que es fuerte. Haddad tuvo más de 47 millones de votos en la segunda vuelva y si Lula hubiese sido el candidato hubiese ganado. Y él sigue con 35 por ciento de apoyo en las encuestas. Entonces, allí hay una fuerza política real porque el PT, PSOL, el Partido Verde y todos los partidos de la izquierda están actuando como una fuerza unitaria. Pero hoy en Brasil hay cuatro campos de batalla. Uno es el Congreso, otro es el judicial, otro son las redes sociales y el cuarto es el frente de gobernadores del nordeste que está haciendo alianza incluso con gobernadores de centro derecha que han roto con Bolsonaro. Así, tenés un espectro de oposición muy amplio que va del centro derecha a la izquierda. Incluso en los barrios hay un combate al coronavirus en defensa del Sistema Único de Salud (SUS). Y Brasil tiene instituciones de bienestar social que heredó de gobiernos anteriores, salario mínimo, salud gratuita, educación gratuita. Una de las grandes peleas en ese momento es garantizar la plata para que esas estructuras de protección social sigan funcionando.  Y además es fundamental la distribución de plata a todos los trabajadores, que tengan cómo comer y no aceptar despidos. Bolsonaro se mueve en sentido contrario. Sigue proponiendo el confinamiento vertical –que es el aislamiento sólo de grupos de riesgo–, contra el confinamiento horizontal que es lo que hace la Argentina, e intentan hacer los gobernadores en Brasil, menos de las actividades esenciales. Y esto con el consiguiente riesgo muy grave para el país, para la vida de la gente. Casi se puede decir que es un crimen de traición a la Patria.

 

Jose Dirceu

 

– ¿Es posible que Bolsonaro aún esté blindado por el apoyo de la gente? La encuestadora Datafolha registró que el 59 por ciento rechaza la renuncia del presidente, aparentemente con especial apoyo en los sectores populares y de los empresarios.
– Es un gobierno que está en el limite. Todavía una parte de la sociedad lo apoya. Pero en cuanto la persona está más informada, aún en la población de menos recursos y menos educación, se nota que está perdiendo apoyo. Y va aumentando la oposición. Se hizo una encuesta, y casi 80 por ciento apoya la cuarentena. Con los jóvenes ha perdido el apoyo. Ahora, en esa encuesta que mencionás donde aparece una mayoría que se pronunció contra su renuncia, hay que pensar que no es muy diferente de otras mayorías de otros momentos. Cuando, por ejemplo, se dio el golpe de impeachment contra Dilma. La mayoría era favorable a que se hiciera. El país esta dividido desde hace algún tiempo. Hay que buscar un solución política para el tema de Bolsonaro. Pero la tarea principal ahora es la salud pública, la salvación de la población. Es la plata en la mano de los brasileños para la manutención, la reconvención de infraestructura de algunos servicios. Lo que es esencial tiene que funcionar y la gente tiene que tener plata para consumir. Todos los recursos de salud deben ser manejados por el Estado.

– Volvamos a la situación con los militares. Usted dice que es Bolsonaro quien busca el golpe.
– Está claro que las Fuerzas Armadas tutelan a Bolsonaro. Eso en realidad empezó con el Twitter del general Vilas Boas cuando el Tribunal  Electoral estaba por decidir si Lula podía ser candidato. Vilas Boas hizo un Twitter amenazando con un endurecimiento del país. Y eso sucedió durante el gobierno de Temer. Lo mismo cuando se decidía si se daba un habeas corpus a Lula. Él salió en las redes sociales con una foto del Estado mayor del Ejército reunido y dejando claro su posición contraria. Entonces, eso viene aumentando. Hoy tenemos militares en los principales cargos del gabinete. El presidente está rodeado de militares. Los militares, ademas, lo hicieron por razones políticas, pero también por ventaja personal. Por ejemplo, hicieron una reforma de la seguridad social que los ha transformado en una casta, obtuvieron una jubilación sin límite de edad, 45 por ciento de aumento y una jubilación sin descuentos. Es una casta. Y la presencia de los militarse en la escena política brasileña como fuerza política institucional, como partido de ley y orden de la derecha, no es novedad en este país. Tenemos el antecedente del Estado Nuevo de 1945, luego la dictadura militar entre 1964 y 1985. Y lo absurdo, diría, la obscenidad del último tiempo es la escena de los tres jefes militares del día 31 de marzo, cuando publicaron una orden del día leída en todos los cuarteles con loas al movimiento golpista del 64. Es decir, ya tenemos una realidad del país en estos términos. Un golpe de Estado me parece improbable, pero es lo que Bolsonaro está buscando. Para sintetizar, creo que él quiere escalar la crisis para cerrar el gobierno. El tema es que él y su grupo no consiguen convivir con una oposición ni de izquierda ni liberal como la que pasa por el congreso.

– Desde el 31 de marzo cuando los altos mandos militares conmemoraron el golpe de 1964, un sector del país señala que los generales ya no se cuadran ante el presidente. Luego hubo un informe del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército sobre el Covid-19, que probablemente tomó estado público luego de recibir la venia del jefe del arma, general Jorge Leal Pujol. ¿Como son las posiciones dentro de las Fuerzas Armadas?
– En relación al informe que emitió el Centro de Estudios Estratégicos del Ejército, Bolsonaro dice que ellos retiraron el documento. Seguramente lo retiraron por presión de Bolsonaro. Creo que el antecedente para leer esto es el gobierno de Dutra de 1946: fue electo por indicación de Getulio Vargas, se lo eligió pero gobernó todo el tiempo con el comando militar a su lado. En ese momento no había división en las Fuerzas Armadas, pero está claro ahora que ellos buscan evitar lo peor, que sería el desprendimiento de Bolsonaro, y Bolsonaro sigue con la orientación de ellos. Ellos tienen que tutelar porque si él sigue con la marcha en la que va todo esto va a sufrir un proceso contra su mandato, o a través del congreso o de la justicia. Entonces, la autonomía del gabinete de crisis es relativa. Están intentando evitar que saquen a Bolsonaro. De cualquier manera es una crisis política institucional. Los militares entraron, crearon este comité de crisis, que está tutelando a Bolsonaro para impedir su política suicida. Pero no lo quieren sacar. Lo dejan hablar, pero ellos asumieron el control de la gestión y de toda la política. Tanto es así que el general Braga Neto encabeza las entrevistas colectivas, no Bolsonaro. O Bolsonaro echa al ministro de Salud pero el ministro no se va. Pero esto no es un golpe: lo hicieron para impedir que él siga con la política suicida que llevaría a más acciones que ellos no tienen interés que se generen.

— Usted viene proponiendo formar un frente amplio democrático contra Bolsonaro no sólo con la izquierda. ¿Qué chances existen para no repetir el fracaso de las últimas elecciones?
— Tenemos ahora que construir un frente de alianza real, político, incluso con los movimientos populares. Una fuerte oposición con miras a las elecciones de 2022 con un frente de izquierda. Va a depender de qué haga un sector de la sociedad que siempre apoyó. Pero diría que en este momento hay cuatro puntos importantes: primero, combatir la epidemia. Segundo, construir y consolidar un frente de izquierda. Tercero, combatir el autoritarismo y oscurantismo y el suicidio político. Y eso requiere de un frente mucho mas amplio, con todas las fuerzas políticas que están en contra de la política de Bolsonaro. Otra cosa que hay que decir es que no hay posibilidad de democracia sin la rehabilitación de Lula. Y la participación del PT. No se puede discutir democracia sin la rehabilitación. Hay mucha resistencia y oposición que está en contra de Bolsonaro, pero no quiere abrir el espacio para que el PT vuelva a tener fuerza y gane las elecciones. Esos sectores son parte de la oposición, por ejemplo la Folha, la red Globo, y están buscando alternativas. Pero ellos tienen que reconocer y aceptar la participación de Lula porque es un derecho democrático constitucional y conquistado por nosotros en los últimos 50 años, primero contra la dictadura y después en la construcción de la democracia. Además, tenemos que buscar la unidad de las fuerzas de izquierda y democráticas.

1 comentario
  1. Héctor dice

    La presencia del capitán retirado en la cúspide del poder «formal» de nuestro vecino muestra cabalmente el atraso democrático profundo que nos diferencia. Si nosotros cargamos con el «hecho maldito» para los factores de poder, Goulart, Lula, PT y otros son su símil de nuestra frontera hacia el norte.

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