El verdadero escocés

La construcción de una falacia

 

En 1975, el filósofo británico Antony Flew publicó Thinking About Thinking (Pensando en pensar), un ensayo que nos advierte sobre los peligros del pensamiento complaciente y el autoengaño, y las conclusiones falsas, pero atractivas, a las que nos pueden conducir.

En su libro, Flew desarrolló el concepto “Ningún escocés verdadero”, una falacia cuyo objetivo es proteger a una generalización universal de sus eventuales contraejemplos, al cambiar dicha generalización para excluir el contraejemplo. Flew lo explica así:

A: “Ningún escocés pone azúcar en la avena del desayuno”.

B: “Pero a mi tío Angus, que es escocés, le gusta hacerlo”.

A: “Ah, sí, pero ningún escocés verdadero pone azúcar en su avena”.

La falacia consiste en agregar el adjetivo “verdadero” para apartar cualquier contraejemplo que invalide la generalización universal.

Se trata de construir una certeza que sea inmune a la realidad.

En diciembre del 2019, la recién asumida legisladora porteña Ofelia Fernández opinó sobre el gobierno de Mauricio Macri: “La realidad es que, si uno reduce a lo electoral cuál es el diagnóstico de estos cuatro años, va a parecer que el problema fue Macri como persona (…) y en cuatro años vuelven otros y te dicen ‘yo voy a hacer lo que Macri dijo que iba a hacer, pero lo voy a hacer bien’. Pero lo van a hacer mal, y vamos a tener los mismos resultados”.

 

 

Ofelia tuvo el don de la adivinación, ya que, cuatro años más tarde, acaban de llegar al gobierno otros tipos que dicen querer hacer lo mismo que Mauricio Macri, pero bien hecho.

En rigor de verdad, durante su larga campaña —iniciada a mediados del 2019, cuando los medios serios lo transformaron en una presencia casi obligada en nuestras pantallas— Javier Milei trató de diferenciarse tanto del Frente de Todos como del gobierno de Cambiemos. Su diagnóstico, repetido hasta el hartazgo, era que “una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre. La Libertad Avanza, el espacio político liderado por Milei, se presentaba como una fuerza política nueva, que no cometería los mismos errores del pasado llevados adelante por la vilipendiada casta, un significante vacío que fue cambiando de contenido con el correr del tiempo. De estar conformada por la totalidad de los políticos y una parte de los empresarios —aquellos que, en palabras de Milei, viven a la sombra del Estado y a los que calificaba como empresaurios o empresucios— en el último tramo, el líder de La Libertad Avanza redujo la casta al kirchnerismo.

Luego del acuerdo electoral con Mauricio Macri posterior a la primera vuelta —que desde las jaulas de La Nación + llamaron pomposamente “Pacto de Acassuso”— la equidistancia con los dos espacios que dominaron la política argentina en los últimos años dejó de existir. Por si quedara alguna duda de ese cambio de rumbo, la elección de Luis Caputo, “el Toto de la Champions”, como ministro de Economía —a quien hace un tiempo Milei acusaba de haberse “fumado 15.000 millones de dólares de reservas”— tuvo la cortesía de despejarla. La designación del “mesadinerista” ilustró tanto el acercamiento a la patria endeudadora antes criticada, como el final abrupto del paradigma de “lo nuevo”. El gobierno de La Libertad Avanza será el quinto experimento neoliberal que deba padecer nuestro país desde José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía y verdadero mandante de la última dictadura cívico-militar.

Utilizando la falacia de “ningún escocés verdadero”, podemos explicar el fracaso del experimento de Martínez de Hoz —que no logró frenar la inflación y generó más pobreza y desempleo— porque los militares le impidieron desarrollarlo a fondo e implementar el “verdadero” modelo neoliberal. Domingo Cavallo tampoco habría podido implementar el verdadero proyecto liberal durante la presidencia de Carlos Menem ni cuando volvió como ministro de Economía de Fernando de la Rúa, desplazando a Ricardo López Murphy el Breve. Y la misma circunstancia habría sufrido el gobierno de Mauricio Macri: el modelo de ajuste tampoco pudo ser aplicado con el ahínco que requiere.

Por diversas razones —corrupción y gasto público desenfrenado en el caso de Menem, impericia en el caso de De la Rúa o gradualismo durante el gobierno de Macri—, los técnicos salvadores no lograron implementar la magia del “verdadero” modelo.

Utilizando el don de la adivinación de Ofelia Fernández y siguiendo el precepto de Milei sobre la imposibilidad de hacer algo distinto con los mismos de siempre, podemos imaginar que el quinto experimento neoliberal tendrá las mismas consecuencias devastadoras hacia las mayorías, a la vez que enriquecerá a una minoría selecta. Ante este nuevo fracaso anunciado, escucharemos los mismos argumentos que hoy nos explican el fracaso de Macri. Milei nos llevará a una nueva crisis económica y social, no por su diagnóstico errado o sus ideas zombie, sino por culpa de una implementación deficiente.

Hace unos días, Nicolás Dujovne, ex ministro de Hacienda de Mauricio Macri y responsable del catastrófico último y mayor préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) al país, afirmó: “Nuestro programa con el FMI funcionó, fracasó la Argentina”.

Es una honesta declaración de principios: para nuestra derecha, el modelo funciona siempre, es la Argentina real la que falla una y otra vez.

 

 

 

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