El voto bronca no fue por la escuela

Una megaencuesta de 18 universidades nacionales desmiente el nexo entre falta de presencialidad y voto

 

La cuestión de la suspensión prolongada de la presencialidad escolar fue un punto álgido en el conflicto entre el gobierno nacional y la oposición política al comienzo del ciclo lectivo 2021 y hoy se la suele invocar como una de las causas de la debacle electoral oficialista; sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, distrito donde más se prolongó la suspensión de las clases. Cabe preguntarse entonces qué papel jugaron las complicaciones de la situación educativa en la generación del descontento que se volcó a las urnas. ¿Hubo rechazo a la suspensión de las clases? ¿La prolongada permanencia de lxs chicxs en los hogares alteró negativamente las rutinas y los ánimos de padres y madres? ¿La enseñanza virtual fue deficiente? ¿Se “escolarizó” el “voto bronca”? ¿Terminó siendo exitosa la estrategia de la oposición de Juntos por el Cambio de instalar la centralidad del tema educativo forzando la vuelta a clases en pleno ascenso de la segunda ola del Covid-19 en la CABA?

Una encuesta online a 5.990 personas [1] en todo el país que incluye 2.318 padres y madres de chicxs escolarizados realizada en agosto de este año brinda elementos de juicio para contestar estas preguntas.

 

 

Suspensión vs. presencialidad

Lo primero que dicen los resultados de la encuesta es que entre los respondentes hay un sesgo favorable a la suspensión de las clases. Como vemos en el gráfico, ante la pregunta “Si usted fuera el/la gobernador/a de su provincia, ¿qué hubiera hecho con las clases presenciales durante este año 2021?”, en la población general había una clara preferencia por las opciones de “No empezar las clases” o de “Suspenderlas cuando suben los contagios”.

 

 

Si sumamos ambas llegan al 57% en la población total frente al 43% que suman los que “hubieran suspendido pocos días” o “no hubieran suspendido nunca”. Así, hay 14 puntos porcentuales de diferencia a favor de la suspensión de clases. Pero lo más significativo es que los “pro suspensión” son más numerosos entre lxs padres/madres que tienen a su cargo chicxs en la escuela, donde la diferencia ¡sube a 20 puntos!

Esto permite inferir que el posible efecto “desorganización familiar” ocasionado por el cierre de las escuelas y el “no tener a quien dejarle lxs chicxs” no operó como se suele creer: si hubiese sido importante entre lxs padres y madres de chicxs escolarizadxs el nivel de preferencia por la presencialidad y contra la suspensión debería haber sido mayor y claramente es menor.

No hay diferencias geográficas significativas referidas a la preferencia por la suspensión de clases: en todo el país oscila en un 55/59% frente a un 45/41% más favorable a la presencialidad. Es mínima la diferencia entre CABA y PBA e incluso las cifras de preferencia por la suspensión se mantienen en el Conurbano: más del 57% se inclinaba por no empezar o supeditarlas a los niveles de contagio, por lo que no cabe asociarla a los resultados electorales en uno y otro distrito.

Por otra parte, en un cuestionario adicional a 538 padres o madres de chicxs en la escuela, sólo el 3,5% respondió haber sentido alivio el primer día de clases por “recuperar tiempo para cumplir con otras responsabilidades laborales y familiares”, e incluso en otra pregunta que interroga por las ventajas de tener a los chicxs en casa, el 43% optó responder por “una mejor comunicación dentro del grupo familiar”. En el marco de esta encuesta no hay mayores elementos para considerar que la suspensión de clases puede haber generado un descontento significativo por el trastorno de la vida o las rutinas familiares y laborales.

 

 

La preocupación por la pérdida de aprendizaje

Entre todxs lxs encuestadxs la preocupación por las consecuencias perjudiciales del parate educativo 2020/2021 se reparte entre un 44% por “perdidas en el aprendizaje” de lxs chicxs y un 39% por su afectación anímica (“desánimo por falta de contacto con lxs compañeritxs”). Sólo un 16,5% se preocupó por el ocio de niñxs y jóvenes que “no tienen nada que hacer”. Las respuestas son casi las mismas entre los que tienen y los que no tienen chicxs en la escuela. Esto indirectamente refuerza la hipótesis de que no fue tan frecuente el efecto “desorganización familiar” o “molestia” por el mayor tiempo de permanencia de lxs chicxs en los hogares.

Hay pequeñas diferencias entre los distintos niveles educativos: la preocupación por la pérdida de aprendizajes sube un poco en jardín y en escuela media, y el desánimo sube al 45% en primaria donde supera a la merma de aprendizaje. En la secundaria la preocupación por el ocio y la inactividad es algo mayor (22,4%). También se nota una feminización de la preocupación por las consecuencias anímicas (entre las encuestadas mujeres empata con la baja en el aprendizaje en 42%) mientras los hombres están más atentos a la merma pedagógica (46,2%) y al ocio de lxs chicxs (17,5%).

La percepción del principal daño de la suspensión de clases tiene un moderado sesgo de clase social: hay mayor preocupación de lxs padres/madres por lo anímico y lo social de sus hijxs en las clases medias altas que en las clases populares. La preocupación por las consecuencias anímicas pasa del 43% en comerciantes y profesionales al 30% en obreros, changarines y desocupados.

Respecto de las diferencias por región hay un dato muy significativo: en CABA domina la preocupación por lo anímico (48% contra 40% de PBA) cuando en el resto del país domina la preocupación por la merma de aprendizaje, sobre todo en las provincias de NOA (llega al 52%) y NEA (50%). De acuerdo a este dato, puede interpretarse que la decisión política del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de forzar la presencialidad en marzo pasado, si bien enarboló la bandera de defender “la educación” y “no dejar caer el nivel educativo”, fue recibida por la población más bien como una forma de satisfacer la preocupación por el estado anímico de lxs chicxs, sobre todo en las clases medias.

Por otra parte, la encuesta registra un elevado nivel de satisfacción con la comunicación entablada con los docentes. A la pregunta: ¿Cómo fue la comunicación de la mayoría de los docentes de su hijo o hijos con ustedes?, casi el 70% contesta que se comunicaban permanentemente o bastante y sólo un 30% que se comunicaban poco o nunca. La enorme mayoría de los padres y madres con chicxs en la escuela se sintieron acompañados en esta situación de emergencia sanitaria.

Lo mismo ocurre con la valoración de la eficacia percibida en la enseñanza virtual, como puede verse en el gráfico, sin olvidar que los respondentes a esta encuesta online gozan de conectividad a Internet y por ello pueden aprovechar más la enseñanza virtual que quienes carecen de ella.

 

 

El recurso a las clases virtuales y la incorporación de las nuevas tecnologías de la comunicación para sostener la continuidad pedagógica en el contexto de suspensión de la presencialidad escolar es uno de los tópicos que tiene respuestas más positivas de parte de lxs encuestadxs, con el agregado de que hay una diferencia estadística significativa de 10 puntos de mayor valoración sobre la enseñanza virtual entre quienes tienen chicxs en la escuela sobre quienes no los tienen. A pesar de la emergencia y la improvisación evidente, la experiencia de la virtualidad en general ha sido rescatada como positiva por quienes la experimentaron y en cambio despierta más reservas entre quienes no la experimentaron.

Entre quienes no tienen la experiencia directa de la escolarización virtual hay menos confianza pedagógica en ella o más confianza pedagógica en la presencialidad tradicional. Esto significa que la estrategia opositora de menospreciar la enseñanza virtual y consagrar la “vuelta a clases” como única medida de rescate de “la educación” se orientaba no tanto a los padres o madres de chicos escolarizados sino al resto de la población, mucho más desconfiado de la virtualización.

Además, la valoración alta de la enseñanza virtual es significativamente mayor en los sectores populares más vulnerables como changarines (40,3%) y desocupados (48,6%) que en comerciantes (30,5%) y profesionales independientes (33,6%), que son quienes más disconformes están con lo virtual.

Las respuestas por provincia no muestran mayores diferencias: en el Área Metropolitana de Buenos Aires hay una leve mayor valoración de lo virtual que en el promedio nacional y casi no se observan diferencias significativas entre la provincia y la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, hay que prestar atención a las provincias de la región patagónica, que muestran valoraciones mucho peores respecto de la enseñanza virtual: tiene 9 puntos porcentuales más que el promedio en valoración mala o muy mala y la valoración de excelente ¡cae a 3%! (11 puntos menos que el promedio). En el marco de esta encuesta es difícil establecer las causas del descontento educativo en nuestra Patagonia pero se puede arriesgar su relación con prolongados paros docentes en algunas de ellas y con los problemas de conectividad a internet en muchos sitios de esa región.

El único dato levemente adverso en la valoración de las respuestas recibidas desde las escuelas y lxs docentes se da en la pregunta: “La mayoría de los docentes de su hijo o hijos, ¿cuánto acompañaron emocionalmente a sus hijos?” Las opiniones positivas (“Casi todos los docentes estuvieron muy atentos a cómo estaban ellos”) alcanzaron un 27,3% pero las opiniones negativas (“La mayoría de los docentes ni se preocuparon por cómo estaban ellos emocionalmente”) fueron un 32,8%, en tanto el 40% restante respondió: “Algunos docentes se preocuparon”.

En definitiva, con la excepción de la región patagónica, no aparecen elementos que permitan afirmar que las consecuencias de la emergencia sanitaria sobre la situación educativa hayan generado un volumen de descontento que se pueda interpretar como condicionante significativo del resultado electoral. Sobre todo las madres y padres con chicxs en la escuela han valorizado las respuestas de lxs docentes y las escuelas en la emergencia. La opinión mayoritaria ha sido de privilegiar la prevención de contagios suspendiendo la presencialidad, apreciando positivamente el recurso a la virtualización y la disposición a la comunicación de lxs docentes para sostener el vínculo pedagógico.

 

 

 

[1] La encuesta de alcance nacional fue realizada por la red ENCResPA, integrada por 18 universidades nacionales y otras tres instituciones en el marco del Proyecto de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC) “Identidades, experiencias y discursos sociales en conflicto en torno a la pandemia y la pospandemia”, dirigido por Javier Balsa con financiamiento de la Agencia I+D+i. Más detalles sobre las características del relevamiento pueden encontrarse en http//encrespa.web.unq.edu.ar
* El autor es doctor en Ciencias Sociales, UNQ/UBA.

 

 

 

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