Elecciones cruciales en Brasil

Encuestas favorables a Lula y dudas sobre la reacción del Ejército, alineado con Bolsonaro

 

Las elecciones de hoy en Brasil son verdaderamente importantes. La resolución de la pugna política entre Luis Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro tendrá repercusiones internas significativas pero también a escala sudamericana, por decir lo menos. Se elegirá Presidente y Vicepresidente, a resolver entre las duplas Lula da Silva/Geraldo Almink y Jair Bolsonaro/Walter Souza Braga Netto, un general que fue jefe de gabinete (2020-2021) y ministro de Defensa (2021-2022) de la actual gestión.

Se renovará por completo la Cámara de Diputados de 513 integrantes, que actualmente se compone de 226 del oficialismo repartidos en siete partidos, 197 de la oposición que pertenecen a 13 partidos, y 90 independientes que se distribuyen entre cuatro partidos. Se elegirán también 27 senadores de un total de 81 (es decir, un tercio de ese cuerpo), que actualmente se compone de 21 del oficialismo (de cuatro partidos), 24 de la oposición (seis partidos) y 36 independientes (tres partidos). Se elegirán además todos los gobernadores estaduales, que son 26, a los que se suma el Distrito Federal (Brasilia).

Se trata, en síntesis, de unos comicios muy abarcadores, con una considerable cantidad de partidos que participan en ellos en el plano legislativo: 24 en las elecciones a diputados y 13 en senadores.

 

 

Encuestas de julio a septiembre

Wikipedia presentó un listado de sondeos sobre la elección presidencial relativos a la primera vuelta electoral realizados entre julio y septiembre, que arrojó resultados sumamente positivos para Lula. De un total de 52 encuestas realizadas por diferentes entidades, 50 dan ganador al candidato del PT en la primera vuelta, en todos los casos sin superar el 50% de los votos. Sólo la encuestadora Instituto GERP encontró resultados diferentes: en un trabajo realizado entre el 1 y el 5 de agosto pasado dio un empate en 38%. Y en otro posterior, emprendido entre el 28 de agosto y el 1° de septiembre, registró un 39% para Bolsonaro y un 38% para Lula. Lamentablemente, el trabajo de Wikipedia no incluyó a los votos en blanco, que deben descontarse del total para medir el porcentaje de votos válidos alcanzado por cada candidato, que son los que definen si hay segunda vuelta o no. Pero de todos modos sus datos marcan un claro éxito del PT en la primera vuelta. También elaboró una tabla con 39 sondeos efectuados de julio a septiembre respecto de la segunda vuelta: todos lo dieron ganador a Lula.

Un trabajo de Datafolha, una de las más serias encuestadoras de Brasil, realizado entre el 20 y el 22 de septiembre, arrojó los siguientes resultados:

 

Un resultado muy parecido alcanzó la encuesta de IPEC (ex IBOPE) realizada el 25 y 26 de septiembre. El candidato del PT obtuvo el 47% que, expurgando los votos blancos, da como resultado un 52% de votos válidos. Bolsonaro, por su parte, alcanza apenas un 34% de los sufragios válidos.

Todo indica que, de no ocurrir cosas raras, ganaría las elecciones ya sea en la primera vuelta o en la segunda.

 

 

Militares y política

Podría decirse que los militares –vale decir el ejército de tierra– han apoyado políticamente a Bolsonaro desde su llegada a la Presidencia. Con el correr de los días y luego de superar un reacomodamiento de los altos mandos, aquellos terminaron ejerciendo un intervencionismo militar activo en el campo de la política, que superó al intervencionismo militar prescindente –más bien de sesgo tutelar– que había campeado en Brasil desde su retorno a la democracia. Esta última opción se disolvió cuando se produjo una fuerte intervención del Presidente, para abrir paso a lo nuevo.

En efecto, a fines de marzo de 2021 Bolsonaro desató un proceso de reemplazo de ministros y altos funcionarios gubernamentales, que alcanzó un nivel significativo en el campo de los uniformados. El entonces ministro de Defensa, general Fernando Azevedo Lima, fue sustituido por el también general Walter Souza Braga Netto. También lo fueron los jefes de las tres fuerzas armadas: el general Edson Leal Pujol fue sustituido por su par Paulo Sergio Nogueira, el almirante Iquer Barbosa fue reemplazado por el también almirante Almir Garner, y el brigadier Carlos Bermudes por su igual Carlos de Almeida Batista. El general Luis Ramos reemplazó en el cargo al general Braga Netto. Y apenas una semana después, Bolsonaro le pidió la renuncia al general Eduardo Pazuello, que fungía en aquel entonces como ministro de Salud. Es decir, desplazó de un plumazo a la cúpula de las tres armas y metió mano dura en el Ejército.

La maniobra iniciada en marzo del año pasado culminó con el pase a retiro del general Braga Netto, concretado el 1° de abril de este año con el objetivo de quedar en condiciones de incorporarse como segundo, más tarde, a la fórmula encabezada por el actual Presidente.

 

 

Guerra contra el voto electrónico

Bolsonaro viene agitando desde el comienzo de 2021 la bandera de que el sistema electoral por voto electrónico no es suficientemente sólido y puede dar lugar al fraude electoral. Verdaderamente no ha sido así. Al contrario, ha funcionado con rapidez y eficiencia. Ocurre simplemente que el Presidente lo menea para tener un pretexto que le permita soslayar su eventual derrota y apuntalar su rechazo a los resultados de la elección venidera. Su comportamiento en este plano ha sido muy activo. Entre otras cosas, levantó constantemente el fantasma del fraude y no se privó de movilizar una caravana de tanques y vehículos blindados, que paseó por Brasilia en agosto de 2021. Ha sido acompañado por Braga Netto, que no hesitó en advertirle –cuando aún era ministro de Defensa– al presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, que si se usaba el voto electrónico no habría elecciones.

En fin, lo apuntado es sólo una muestra de la falta de escrúpulos de Bolsonaro, que parece estar dispuesto a todo para mantenerse en el sillón presidencial, con el visto bueno del Ejército.

 

 

Final

Está claro que es muy posible que Lula gane las elecciones Y que el actual Presidente no pueda digerirlo.

Si Lula gana en primera vuelta podría desencadenarse, inmediatamente, el odio que mastican el Presidente, sus hijos y sus seguidores, que serían capaces de no aceptar el resultado y de salir a la calle para presionar y activar, con el propósito de descalificar los comicios. Si hubiera segunda vuelta –que se haría el 2 de diciembre– se abriría un tenso y peligroso interregno en el que muy probablemente el Presidente en ejercicio redoblaría el parche del fraude.

En ambos casos habría que ver cuál sería la decisión de los uniformados, que podrían sumarse a los reclamos de Bolsonaro inaugurando un nuevo lapso de intervencionismo militar, lo que sería un tan lamentable como peligroso retroceso. O tal vez no, que sería lo mejor.

Habrá entonces que estar atentos y vigilantes, como decía un viejo general herbívoro, frente a este delicado escenario.

 

 

 

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