Emigración ¿voluntaria?

El asedio al pueblo palestino

 

Mientras la situación de los palestinos en la Franja de Gaza empeora aceleradamente, el plan de paz del Presidente Trump se encuentra paralizado. El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha ordenado este jueves 28 de mayo al Ejército ocupar el 70% de la Franja de Gaza e incluso ha llegado a bromear con lograr el control total del enclave. “Vayamos en orden”, ha dicho en un coloquio en la Cisjordania ocupada, respondiendo a los gritos del público, que pedía que Israel ocupara íntegramente Gaza. Unos 1,4 millones de gazatíes siguen desplazados, viviendo hacinados en tiendas de campaña, situadas entre los restos de los edificios destruidos por las bombas israelíes. Israel sigue bombardeando la Franja y atacando diariamente desde aire, mar y tierra. Las Fuerzas Armadas israelíes, que ocupan el 60% del territorio, continúan con su política de disparar sobre civiles desarmados, al punto que ya suman más de 900 los palestinos abatidos en Gaza desde que comenzó el alto el fuego en octubre de 2025. Cuarenta y dos de ellos eran policías que se esforzaban por mantener el orden en una sociedad atormentada por la escasez de alimentos. El pasado sábado 23, cinco policías, todos en la treintena, murieron al ser atacados con dos misiles mientras se encontraban en una comisaría. Este miércoles, Israel comunicó que asesinó en Gaza a Mohammed Odeh, supuestamente el nuevo jefe del brazo armado del movimiento Hamás. El dirigente fue blanco de un bombardeo en su casa, por lo que murieron también su esposa e hijos. Junto con el anuncio del asesinato, el ministro de Defensa, Israel Katz, declaró que Israel mantiene sus objetivos de expulsar a Hamás del poder en Gaza y promover lo que describió como una “emigración voluntaria” del enclave, “en el momento adecuado y de la manera adecuada”. De esta manera develó cuál es el verdadero objetivo de la estrategia de mantener el asedio indefinido de Gaza.

El pasado fin de semana, varias organizaciones humanitarias celebraron una rueda de prensa al cumplirse el sexto mes de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Gaza. Janti Soeripto, presidenta y directora ejecutiva de Save the Children, denunció que el 4% de los niños atendidos en sus clínicas sufrían desnutrición aguda. Señaló que, por tercer año consecutivo, 660.000 niños en Gaza no tienen acceso a la educación formal. La directora reconoció que hay más alimentos disponibles, pero afirmó que muchas familias no pueden costearlos y viven entre alcantarillas abiertas y en zonas infestadas de ratas. Las organizaciones humanitarias han advertido sobre la escasez de equipos médicos básicos y materiales de construcción. Las autoridades sanitarias de Gaza estiman que entre seis y diez personas mueren cada día en el territorio porque no pueden ser evacuadas a hospitales fuera del enclave.

 

 

El desarme de Hamás

La prometida etapa de reconstrucción no ha comenzado porque, según lo establecido unilateralmente por Trump, está condicionada al desarme total de Hamás y la Yihad Islámica. Pero Hamás ha declarado que no se desarmará hasta que todas las tropas de Israel se hayan marchado de la Franja. Tampoco se ha producido el despliegue de la denominada Fuerza Internacional de Paz y algunos de los países que habían comprometido su presencia se han retirado tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. Según el experto en conflictos internacionales Vicenç Fisas, “un desarme funcional exige, como mínimo, que el grupo armado perciba que la rendición de sus armas no equivale a su eliminación política y física, y que exista un horizonte político claro, en este caso, la viabilidad de un Estado palestino, que otorgue sentido al proceso. Al ignorar estas condiciones, y al mantener una presencia militar israelí indefinida como variable de control, el plan no constituye técnicamente un proceso de paz, sino un instrumento de rendición unilateral sin contrapartidas, condenado al fracaso antes incluso de haber comenzado”.

Para Tania Hary, directora ejecutiva de Gisha (Centro Legal para la Libertad de Movimiento), una organización israelí de derechos humanos centrada en Gaza, el hecho de que Israel condicione la supervivencia de Gaza al desarme de Hamás supone un castigo colectivo para todos los palestinos. En su opinión, el hecho de condicionar la reconstrucción de la Franja al desarme de Hamás perpetúa el mismo castigo colectivo que ha caracterizado la guerra de Israel en Gaza desde el 7 de octubre: “No se puede tratar la reconstrucción de la vida civil, de las viviendas, los hospitales y los sistemas de agua y saneamiento de Gaza como una recompensa en lugar de una obligación para con una población civil que ha sufrido más de dos años de destrucción catastrófica. Israel, como potencia ocupante en Gaza, tiene la responsabilidad legal y moral del bienestar de la población según el derecho internacional humanitario y esa obligación no desaparece porque Hamás no coopere”.

Lo cierto es que, tras dos años de sufrir los constantes bombardeos del ejército israelí, más de dos millones de palestinos se concentran ahora en menos de la mitad del territorio, sobreviviendo entre toneladas de escombros donde antes se alzaban sus hogares, escuelas, hospitales, comercios y calles. La comunidad internacional, que no intervino durante los dos años de guerra genocida, debería adoptar ahora un rol más activo para poner fin al sufrimiento de una población que percibe el fracaso de un plan de paz que no ha servido para que nada relevante cambiara en sus vidas.

 

 

Algo se mueve en Estados Unidos

Si el panorama en Gaza resulta desalentador, algunos cambios de opinión en Estados Unidos alimentan la esperanza de avances en la dirección adecuada, es decir, en el reconocimiento del derecho de los palestinos a dotarse de sus propias instituciones. Un artículo del senador demócrata Chris Van Hollen, que se ha publicado el pasado martes en The New York Times, indica que se consolida la tendencia de adoptar una estrategia diplomática más equilibrada en el conflicto palestino. En la columna de opinión titulada “Los demócratas debemos cambiar de rumbo con respecto a Israel”, el senador Van Hollen reconoce que el Partido Demócrata ha venido brindando un apoyo incondicional y automático a los gobiernos israelíes, a pesar de que esos apoyos iban en detrimento de los intereses y los valores estadounidenses. Según el senador, durante décadas, los Estados Unidos se han declarado en favor de una solución de dos Estados, pero no han adoptado medidas para que la fórmula se implementara. Por lo tanto, considera: “Ya es hora de que usemos esa influencia para poner fin a la ocupación y lograr dos Estados con plenos derechos políticos y legales para todos. Esto implica retirar el apoyo financiero a Israel y condicionar la venta de armas a Israel”.

El senador no cuestiona el derecho de Israel a defenderse, pero señala que las armas norteamericanas no se han utilizado solo en la defensa de Israel. “Todavía no hemos afrontado plenamente el hecho de que Israel ha utilizado su poder no solo como escudo, sino también como espada para sepultar la solución de dos Estados y promover la visión de la extrema derecha de un “Gran Israel”. Sostiene que el pueblo norteamericano ya no quiere ser “cómplice de la limpieza étnica en Cisjordania, ni de lo que organizaciones de derechos humanos y académicos han calificado de genocidio en Gaza”.

El senador Van Hollen no se limita a formular meras consideraciones políticas, sino que insta a producir un verdadero cambio en la política internacional de Estados Unidos. Sostiene que “el próximo Presidente demócrata debería reconocer un Estado de Palestina sujeto a parámetros claros, incluyendo elecciones libres y justas. A menos que se alcance un acuerdo diferente, Estados Unidos debería tratar a Gaza y Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, como parte de Palestina, una política que algunos de nuestros socios europeos y asiáticos ya han comenzado a implementar”. Considera que no se deberían vender armas ofensivas a Israel a menos que “acepte un plan con plazos definidos para poner fin a la ocupación e implementar una solución de dos Estados”. 

Que un senador demócrata asuma públicamente que los demócratas no estuvieron a la altura de las circunstancias en 2024 y que los votantes están “hartos de la hipocresía demócrata y su complicidad en la flagrante violación de los valores que decían defender” no es un dato menor. Pone de manifiesto una firme voluntad de imprimir un cambio radical al rumbo de la tradicional política bipartidista norteamericana de apoyo incondicional a Israel. Si tenemos en cuenta que en los sectores juveniles del Partido Republicano se registra un cambio de opinión de características similares, es posible imaginar que poco a poco se irá configurando un consenso acerca de que el problema palestino no se solucionará a menos que el Estado de Israel soporte el peso de las sanciones internacionales similares a las que terminaron con el régimen de apartheid en Sudáfrica. Es indudable que asistimos a un gran cambio estratégico en la región, lo que abre la puerta a la búsqueda de soluciones profundas, definitivas y justas del drama palestino. 

 

 

 

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