En el nombre del padre

Leopoldo Torre Nilsson contado por su hijo

 

El 5 de mayo Leopoldo Babsy Torre Nilsson, uno de los directores de cine más prestigiosos de la Argentina, hubiera cumplido cien años. No parece casual que Pablo Torre, su hijo, haya estrenado la semana pasada en el Malba el largometraje documental Mi padre y yo.

En esta película-tributo Torre se pregunta: “¿Conocí realmente a mi padre?” Mientras busca respuestas a esa atrevida cuestión, el film reflexiona con íntima intensidad sobre la vida profesional y personal del director. “Siempre pensé que él tenía dos corazones. Uno, el del hombre del cine, conocido, con una gran personalidad, fuerte, soberbio. Durante un tiempo tuve la idea de que el verdadero era el que las circunstancias del trabajo se habían apropiado. Pero también estaba el otro, el papá fuerte que realmente tuve: tímido, sensible, el que cuando viajaba nos escribía a mi hermano y a mí cartas muy amorosas. Recién cuando empecé a filmar tuve claro que el real era ese hombre fantasioso, el que me recitaba versos de Guillén, el que se disfrazaba para asustarme. Ese, solo en la intimidad, admitía que odiaba el cine y que por sobre todas las cosas amaba leer libros y escribir”, explica Torre en la pantalla y añade que se identifica con su papá porque las filmaciones le parecen una pesadilla. “Seguramente —sorprende con una promesa— no volveré a filmar”.

Según se narra en la película, Pablo lo conoció y mucho. Aunque también la condición de padre especial —hombre público de fama local e internacional; multimillonarios de a ratos gracias al éxito de alguna película y sin un peso de la mañana a la noche porque se la había patinado alegremente en casinos e hipódromos— lo llenaba de contradicciones. “Es que los padres de los otros chicos eran bancarios, ingenieros, comerciantes”, explica. Lo del cine no era una novedad en esa familia. Su abuelo, Leopoldo Torres Ríos, dirigió 35 películas: su hermano Carlos puso su sello en 12, algunas del tiempo del cine mudo. Torre Nilsson firmó con nombre, apellido y talento un tipo de cine de autor reconocido en todo el mundo y que en la Argentina llevó al cine a más de 25 millones de personas. Las dos primeras, El crimen de Oribe y El hijo del crack, fueron en co-dirección con su padre. Mucho más adelante sería el tiempo de los hijos de Babsy: Javier, director de ocho películas, y Pablo, que asistió a su padre en la filmación de La maffia. El documental, de reciente estreno, es su quinto largometraje luego de El amante de las películas mudas, La cara del ángel, La mirada de Clara y Las voces. Familia con ascendencia y descendencia de cineastas, en los créditos del documental aparecen varios apellidos Torre: Agustín, Valentina, Sofía, hijos de Pablo, decididos a no alejarse de la luz, de la cámara y de la acción. La filmografía de Babsy (por ese apodo lo identificaban amigos de la vida y colegas del mundo del cine) se inició en 1950 y culminó en 1976, con la realización de 28 films en 26 años.

Torre se lamenta y se fastidia. “Lo necesario que serían hoy figuras como las de mi padre, con esa energía que tenía, con esa creatividad que les hervía en la sangre. Me pregunto que podrían hacer frente al poco apoyo del Estado. Para hacer una película, y para terminarla, hay que arrastrarse ante gente que desconoce absolutamente el concepto de bienes culturales y que piensa que el cine es algo superfluo, innecesario”, dice, y confiesa: “Te cuento una debilidad que escondía. Recién ahora vi de un tirón, en un par de semanas, todas las películas de mi papá. La que más me gustó fue Piel de verano. No sé si por la película en sí o porque me hubiera gustado integrar ese equipo. Buena parte se hizo en Punta del Este, la terminaron en tres o cuatro semanas, todos —imaginate entre ellos a Graciela Borges, a Alfredo Alcón— coincidieron en que había sido un rodaje delicioso. Tal vez la que no debía haber hecho es la última, Piedra libre”.

 

Pablo Torre: ahora la compu es la moviola.

 

 

Digresión (1): El caso Piedra libre

En 1954 la censura prohibió por cuestiones de moralidad la segunda película en solitario de Nilsson. Se llamaba La tigra y se basaba en un cuento de Borges, Emma Zunz. La película recién pudo estrenarse ocho años después, en 1962, en el programa de televisión Sábados Circulares, que conducía Nicolás Mancera. Pero para su estreno comercial tuvo que aguardar dos años más. De allí en más tuvo diversos encontronazos con los censores de turno que fueron sorteados como se podía en cada época. Pero ninguno fue tan grave y lesivo como el que padeció con Piedra libre en el fatídico 1976. Detrás de esas tijeras malignas hay una curiosa historia.

El 3 de julio de 1952 se estrenó en el cine Ocean, de la calle Lavalle, la película Facundo, el tigre de los llanos, debut y despedida en la dirección del crítico de cine Miguel Paulino Tato. El co-guionista y coordinador de producción fue Leopoldo Torre Nilsson. En 1972 Babsy recibió de la Asociación de Cronistas Cinematográficos un diploma que reconocía el valor de su obra. Venía firmado por Tato, la misma persona que, cuatro años después, al frente del Ente de Calificación Cinematográfica de la dictadura, certificara la prohibición de Piedra libre. “En esa época se podría decir que con Tato llevábamos una amistad. Incluso participamos de una cooperativa para seguir produciendo. Pero en alguna parte suya quedó algo feo, un resentimiento. Hizo una sola película y no pudo continuar, cosa que yo pude hacer”, contó en 1976 a la revista de espectáculos Perdón.

En ese reportaje, Torre Nilsson admitió que al crítico Tato no le gustaban ni medio sus películas. A Martín Fierro le hizo una campaña de terrible desprestigio. Fue co-productor de Adiós Sui Generis, para jóvenes y adolescentes, y la calificó prohibida para menores de 18. “He sido tan perjudicado por Tato que eso ensombreció mi memoria, al punto que llegué a abominar la relación amistosa que tuvimos con él mi padre y yo. En un tono aparentemente chistoso me decía: ‘Dejate de jorobar con tus películas. Dedicate a escribir poesías’. Yo le respondía: 'Si vos seguís en este puesto, me voy del país porque con vos acá es imposible trabajar en serio'. Y él redoblaba la apuesta, con desprecio: ‘Y sí, andate. Con lo bien que hablás inglés te la vas a rebuscar’. Nuestra discrepancia fue de fondo, tanto artística como ideológica”, establecía un dolorido Torre Nilsson.

Luego de cinco meses de prohibición y de arduas idas y venidas judiciales, el film interdicto pudo verse en cine, sin los cortes que Tato había ordenado. “Cuando la exhibimos en el festival de Cannes produjo una fuerte fascinación, pero acá la veda hizo que mucha gente acudiera a verla esperando encontrar cosas que el film no tenía ni le iba a dar”, explicó.

 

 

The End

La película termina en un lugar bellísimo: la librería El Ateneo, en la avenida Santa Fe. Allí mismo, hasta el año 2000, funcionó el cine teatro Grand Splendid. Y en esa sala, Pablo y su padre fueron juntos al cine por última vez para ver El huevo de la serpiente, de Ingmar Bergman. Es muy raro ver a Torre Nilsson sin los anteojos, con gruesos cristales oscuros. Cuenta Pablo que heredó esas gafas y que mientras escribía el guion siempre estuvieron cerca. Misteriosamente, un día aparecieron rotos. Parece paradójico, pero ese miope de 18 dioptrías le enseñó a mirar cine a varias generaciones de cineastas.

Pablo recuerda una historia graciosa y tierna, que calificaría con creces como escena de una película. La relata así: “Mi padre había desarrollado la teoría de que los padres de Romeo y Julieta tenían razón cuando sostenían que los matrimonios estaban unidos más por el dinero que por el afecto. Yo era chico, tendría 14 ó 15 años, y sospechando que elegiría para el futuro una tarea intelectual, me instruyó para que me casara con una chica de familia millonaria. Te voy a contar con quién quería que me casara. Me dijo, tengo la persona justa. Era Martita, la hija de Bioy Casares. Ella no solo es rica (la familia Bioy era la propietaria de La Martona, un emporio lácteo). Los dos éramos muy chicos, ella era amorosa, tímida, salíamos, bailábamos, pero la relación se cortó (probablemente fui yo quien lo hizo), a pesar de la insistencia de mi padre y del de ella. Entonces mi padre me dijo: ‘Te lo perdiste, ibas a crecer con Bioy, con Borges, te iban a aceptar, ibas a estar en un medio muy afín’”. Y medio enojado, Nilsson lo amonestó: “Sos un tonto: ahora te quedaste sin Martita y sin La Martona". Torre cuenta que no cumplió con el mandato paterno: “Me casé por amor, y aquí me tenés, pobre”. En una audición de radio, la periodista Lucila Rolón le preguntó a Pablo dónde creía que tendría puesto el ojo hoy Torre Nilsson. “En los prismáticos del hipódromo”, respondió Torre y se rio. Durante el mismo espacio quisieron saber también que estaría filmando. Confiado, Torre dijo que no sabía, pero que le gustaría que fuera una película llamada Mi hijo y yo.

 

Pablo en el hipódromo: el lugar en donde su padre, a veces, fue feliz.

 

 

Digresión (2): Filmografía completa. Y algo más

1950: El crimen de Oribe. 1953: El hijo del crack. 1954: Días de odio. 1954: La Tigra. 1955: Para vestir santos. 1956: Graciela. 1957: La casa del ángel. 1958: El secuestrador. 1959: La caída. 1960: Fin de fiesta. 1960: Un guapo del 900. 1961: Piel de verano. 1962: Setenta veces siete. 1962: Homenaje a la hora de la siesta. 1963: La terraza. 1966: El ojo que espía. 1967: La chica del lunes. 1967: Los traidores de San Ángel. 1968: Martín Fierro. 1970: El santo de la espada. 1971: Güemes, la tierra en armas. 1972: La maffia. 1973: Los siete locos. 1974: Boquitas pintadas. 1975: El pibe Cabezas. 1975: La guerra del cerdo. 1976: Piedra libre.

A lo largo de su carrera, Torre Nilsson trabajó mucho y a gusto con intérpretes como Elsa Daniel, Leonardo Favio, Graciela Borges, Alfredo Alcón, Lautaro Murúa, entre otros, y dirigió también a Tita Merello, José Slavin, Isabel Sarli y Juan José Camero. Sus películas reversionaron textos de escritores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Dalmiro Sáenz, José Dominiani, Roberto Arlt, Manuel Puig y, por supuesto, Beatriz Guido, quien fuera su pareja a partir de 1959.

 

 

 

 

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