En la cancha como en la vida

Macarena Sánchez Jeanney, futbolista, reclama ser reconocida como trabajadora

 

Con la pelota en los pies y parada en el ataque, Macarena Sánchez Jeanney es una delantera aguerrida, solidaria, de esas que bajan a buscar el pase para intentar construir el juego desde la mitad de la cancha, en sociedad. En la Villa 31 las pibas que juegan al fútbol en La Nuestra elaboraron una premisa en base a lo que representa el deporte para ellas: “Me paro en la cancha como en la vida”, concluyeron, y estamparon la frase en sus remeras. Maca, que jugaba con la UAI Urquiza en Villa Lynch, se crió en Santa Fe y ahora vive en San Telmo. Todavía no fue al barrio Carlos Mugica, pero ya sabe que existe una conexión: ella sigue la misma premisa. 

—Si tuviera que describirme diría que soy una atacante que se esfuerza por el equipo. Presiono mucho arriba, pero no me gusta quedarme quieta dentro del área. Me tiro a los costados, intento desbordar porque quiero tener la pelota. Para las rivales soy molesta: aprieto, choco, les estoy encima.

Esto último es también lo que está haciendo con el sistema del fútbol.

El 21 de enero de este año Maca inició una intimación contra su club, la UAI Urquiza, y la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), para ser reconocida como trabajadora. Fue a trabarle la pelota a los poderosos ahí donde más les duele.

El reclamo —historia conocida— comenzó después de que la UAI la dejara libre. O en rigor, la abandonara: su entrenador, Germán Portanova, argumentó motivos futbolísticos para decirle que no fuera más a las prácticas. El club la envió así a Siberia: la dejó libre cuando Maca ya no podía inscribirse en ningún otro equipo por al menos seis meses. 

El fundamento sonó a excusa. ¿Dejar afuera a Maca por motivos futbolísticos? ¿A la delantera que es una de las dos que integran el plantel que estuvo en los cuatro títulos locales que ganó el club? ¿A la que disputó las tres Copas Libertadores a las que se clasificó su club?

 

 

El llamado llegó unos días después de que Maca —con la misma actitud combativa que tiene como delantera— tipeara en sus redes sociales un deseo: 

Un 2019 nacional, popular, democrático y feminista. QUE EL FÚTBOL FEMENINO SEA PROFESIONAL Y EL ABORTO SEA LEGAL, CARAJO.

A esa altura ya había reivindicado con orgullo que ella es lesbiana, kirchnerista y feminista.

Desde el día de la denuncia hasta hoy (es decir: 40 días), Maca ya dio 115 entrevistas. Está jugando con el cuchillo entre los dientes: quiere cambiar todo lo que deba ser cambiado.

¿Qué sentís que se modificó desde el día en que presentaste la intimación hasta hoy?

Sirvió para que se conozca lo que pasa. Había gente que no tenía ni idea de que existía el fútbol femenino. Hoy ese debate y ese reclamo se instalaron en la sociedad. Y eso ya no tiene vuelta atrás. Lo que pedimos nosotras no es cobrar millones de dólares o ganar lo mismo que Messi. Queremos condiciones básicas para desarrollar la actividad de la misma manera.

Boca y San Lorenzo harán jugar a sus equipos de mujeres en las canchas principales. Quizá eso no hubiera pasado sin el reclamo que encabezás.

Boca viene pidiendo esto hace rato. Tal vez fue un empuje. Y si sirvió, está bueno. Lo celebro. Los clubes por ahí toman estas cosas como una conveniencia política o para mostrarse inclusivos en este contexto feminista. Les sirve como para mostrar “buena imagen”. Mientras a nosotras nos sirva y nos sume derechos, está buenísimo que suceda.

Evidentemente tu denuncia molesta. Ya recibiste varias amenazas.

Hay muchos hombres muy furiosos, que se ven atacados. Frente a un movimiento feminista que se hizo tan fuerte sienten que el fútbol era lo último que les quedaba. Es como si nosotras nos hubiéramos metido ahí. Pero en realidad ya estábamos. No entienden que no queremos quitarles privilegios. O que porque nosotras tengamos más derechos ellos van a tener menos. No es así. Se ven amenazados, como que les sacamos algo que es de ellos, algo de su propiedad.

Maca reflexiona mientras apoya en la mesa, al lado de su celular, el botón de pánico con el que tiene que andar para todos lados. Recibió más amenazas. Ya llevó todas las pruebas a la fiscalía de delitos cibernéticos, que investigará de dónde provienen. Si sale de la Ciudad de Buenos Aires también tiene que avisar.

—Todo esto no me doblega ni en pedo, al contrario. Más recibo cosas, más fuerte me hago. En ningún momento se me dio por callarme, cuestionarme, sacar la demanda. Nada de eso.

Días atrás Maca se reunió con la ex Presidenta Cristina Kirchner en el Instituto Patria: la senadora quería manifestarle su apoyo. Charlaron sobre la —mala— gestión del gobierno macrista, la deuda cada vez más grande con el FMI y sobre fútbol, claro.

Cristina se sorprendió cuando la futbolista le contó que a ella el club le pagaba un viático de 400 pesos. Maca, que cuando era delantera hacía también el trabajo sucio para que su compañera de ataque —en la UAI fue durante algún tiempo Belén Potassa— se luciera, no llevó solo su caso. Le recordó que había compañeras que estaban en situaciones peores: que se pagaban el transporte para ir a entrenamientos y partidos, que pagaban de su bolsillo la ambulancia que AFA exige que esté en cada partido, que abonaban sus obras sociales (las que con suerte tienen la posibilidad) para cubrirse ellas mismas de lesiones.

¿Pensaste alguna vez en dedicarte a la política?

Siempre me gustó la política, pero nunca me vi en ese rol. Creo que hacen falta dirigentes que se comprometan con los derechos de las mujeres. No lo descarto. Si es conveniente para todas, lo pensaré. La política es la que cambia las cosas. Por eso todo tiene que ir de la mano de la política. Para los deportes tiene que haber política de Estado.

Esta semana Leonardo Ponzio, volante de River, grabó un video manifestando su apoyo a eso que ya se transformó en un hashtag: #FutbolFemeninoProfesional. Fue uno de los pocos varones futbolistas que se mostró a favor de la causa. Maca habló también por teléfono con Nahuel Guzmán, el arquero argentino que juega en Tigres de México, con el ex integrante de la Selección Juan Pablo Sorín y con algunos ex futbolistas como César Carignano, Pablo Urtuboy y Kurt Lutman. Y se reunió con Matías Lammens, el presidente de San Lorenzo.

¿Qué fútbol profesional de mujeres te imaginás?

Uno donde no tengamos que vender rifas para poder bancarnos, uno que nos permita vivir. Porque cuando hay muchas trabas, como ahora, terminás odiando al ambiente y eso repercute en el amor que le tenés al fútbol.

Maca está jugando el partido más difícil: uno que va más allá de la UAI o de la AFA. Uno contra un status quo.

Su arma más potente es la pelota. Por eso espera sumarse a algún equipo una vez que pueda inscribirse. Para ella el fútbol es “un estilo de vida”: lo que le enseñó a pelear adentro y afuera de la cancha desde que era chica y sentía la discriminación por ser mujer y jugar al fútbol.

El fútbol es el recuerdo del gol que hizo tras la muerte de su abuelo, con la camiseta de la UAI, a Estudiantes, después de recuperarse de una lesión: una patada que sufrió al lado de la comisura izquierda de los labios y por la que recibió 17 puntos. Esa que se toca ahora, pero no importa porque volvió a jugar, justo después de lo de su abuelo, y le pudo dedicar aquel tanto.

El fútbol es la alegría de haber compartido equipo con Florencia Bonsegundo, la mejor jugadora que ella vio. Es aquel triunfo contra San José por la Copa Libertadores, en los penales, para quedarse con la medalla de bronce.

El fútbol es eso que le pasa adentro y afuera de la cancha. Con y sin la pelota en los pies.

 

 

 

 

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