En la mira de los libertarios

Gira al exterior suspendida y adiós al proteccionismo, connubio lleno de contradicciones

 

El señor Presidente electo comunicó hace unos días que, antes de asumir formalmente el cargo para el que fue elegido con el voto popular, iba a viajar a los Estados Unidos y a Israel para entrevistarse con autoridades y gente de los negocios y dejar en claro cuál es alineamiento internacional del país. A raíz de los problemas en la conformación del elenco ministerial, el viaje, de momento, fue suspendido.

Entre tantos otros anuncios que hizo, varias veces puso mucho énfasis en subrayar su compromiso diamantino con el librecambio. La ahora suspendida gira identitaria al exterior con el adiós al proteccionismo es un connubio lleno de contradicciones. Aun considerando el caso de que la fórmula ganadora también triunfó en Tierra del Fuego, un territorio que es boleta en un esquema de libre comercio, el imbroglio extramuros es de una clase diferente a la conformada por los interrogantes que arrecien sobre el comportamiento electoral de la ciudadanía en la segunda vuelta.

Una parte importante de los vientos que corren en el país cuya moneda nacional, el dólar, funge de moneda mundial, se puede identificar en lo que apunta el asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, Jake Sullivan (principal interlocutor habitual del Estado argentino), en la edición de la revista Foreign Affairs de noviembre/diciembre de 2023, al reflexionar sobre “Las fuentes del poder estadounidense”, conforme fueron volcadas en el paper que publicó con ese título en ese número. Sullivan rememora que “cuando el Presidente Joe Biden asumió el cargo, reconoció que la política exterior de Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión, donde las decisiones que los estadounidenses tomen ahora tendrán un impacto enorme en el futuro”. Al abogar por una política exterior para un mundo que ha cambiado, Sullivan parte de la base de que “la política exterior estadounidense se desarrolló en una etapa que rápidamente se está convirtiendo en un recuerdo, y la pregunta ahora es si el país puede adaptarse al principal desafío que enfrenta: la competencia en una fase de interdependencia”.

Sullivan resume que “la esencia de la política exterior del Presidente Biden es sentar una nueva base de fortaleza estadounidense para que el país esté mejor posicionado para dar forma a la nueva era de una manera que proteja sus intereses y valores y promueva el bien común. El futuro del país estará determinado por dos cosas: si puede mantener sus ventajas fundamentales en la competencia geopolítica y si puede movilizar al mundo para abordar desafíos transnacionales, desde el cambio climático y la salud global hasta la seguridad alimentaria y el crecimiento económico inclusivo”.

Sullivan explica: “En un nivel fundamental, esto requiere cambiar la forma en que Estados Unidos piensa sobre el poder. Esta administración llegó al poder creyendo que el poder internacional depende de una economía interna fuerte y que la fortaleza de la economía se mide no sólo por su tamaño o eficiencia, sino también por el grado en que funciona para todos los estadounidenses y está libre de dependencias peligrosas”.

Sullivan, respecto al predecesor de Biden, describe —con ironía— que “con la elección de Donald Trump, Estados Unidos tuvo un Presidente que creía que sus alianzas eran una forma de Estado de bienestar geopolítico. Las medidas que tomó y que dañaron esas alianzas fueron celebradas por Beijing y Moscú, que vieron correctamente a las alianzas estadounidenses como una fuente de fortaleza estadounidense y no como un lastre. En lugar de actuar para dar forma al orden internacional, Trump se apartó de él”. Donald Trump grabó un video para saludar y congratularse con el argentino flamante Presidente electo, dando “una felicitación muy especial para Javier Milei en su gran, gran carrera presidencial en la Argentina”, y comentando: “Todo el mundo estaba mirando, y yo estoy muy orgulloso de vos. Cambiarás tu país y realmente harás grande a la Argentina otra vez”.

¿Cuál será el Estados Unidos con el que se identificará el flamante electo Presidente? Sin una definición precisa del interés nacional, una que esté en las antípodas del seguidismo cualunque del realismo periférico vulgar —enfoque que prevalece en el penoso universo libertario—, ninguna opción luce razonable, puesto que se reúnen todos los elementos y atributos para el cosplay de juguete rabioso. Máxime cuando el propio Sullivan, luego de alegar a favor de una distensión y entendimiento con la nación del panda, manifiesta que “es natural que los países que no están alineados con Estados Unidos ni con China se comprometan con ambos, buscando beneficiarse de la competencia y al mismo tiempo esforzándose por proteger sus propios intereses de cualquier efecto colateral. Muchos de estos países se ven a sí mismos como parte del Sur Global, una agrupación que tiene una lógica propia y una crítica clara de Occidente que se remonta a la Guerra Fría y la fundación del Movimiento de Países No Alineados. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido durante la Guerra Fría, Estados Unidos evitará la tentación de ver el mundo únicamente a través del prisma de la competencia geopolítica. (…) En cambio, seguirá interactuando con ellos en sus propios términos. Washington debería ser realista acerca de sus expectativas al tratar con estos países, respetando su soberanía y su derecho a tomar decisiones que promuevan sus propios intereses”.

 

 

Nada que ver

Por último, pero no en importancia, Sullivan destaca que “la Cumbre para la Democracia, que el Presidente convocó por primera vez en 2021, ha creado una base institucional para profundizar la democracia y promover la gobernabilidad, la anticorrupción y los derechos humanos, y lograr que otras democracias se apropien de la agenda junto con Washington”.

El académico Daniel Steinmetz-Jenkins viene realizando una serie regular de entrevistas para la revista norteamericana The Nation. En la edición del 11 de octubre de la más que centenaria revista publicó la conversación con el historiador Quinn Slobodian sobre las lagunas económicas, el neoliberalismo y su nuevo libro Crack-Up Capitalism (Capitalismo roto). Steinmetz-Jenkins titula esta conversación: “Los extremistas del mercado que quieren poner fin a la democracia”, comentando al respeto: “Hablé con Slobodian sobre su noción del capitalismo de ruptura, por qué los espacios en el Sur Global han sido tan atractivos para el elenco de personajes libertarios que ha reunido, las implicaciones racistas de sus ideas y cómo Estados Unidos se ha convertido en un laboratorio para la formación de tales zonas”.

En Crack-Up Capitalism, Slobodian retrata al pasado reciente como una época de fragmentación, caracterizada por la desintegración de grandes entidades políticas, el surgimiento de nuevos actores transnacionales que operaban en espacios entre los dominios público y privado y, como lo han subrayado geógrafos y antropólogos durante décadas, tuvo lugar la proliferación de zonas que existen bajo la envoltura del Estado-nación, con conjuntos de leyes y regulaciones diseñadas a medida, para atraer al capital móvil.

Esa narración del pasado reciente que hace en Crack-Up Capitalism y el mismo concepto de capitalismo roto le dan pie a Slobodian para especificarles a los lectores de The Natión que busca “describir una ideología en el extremo más radical del pensamiento neoliberal”. Y explica: “Había pasado algunos años insistiendo en que el Estado nunca desaparece en el neoliberalismo, pero pensé que era hora de tener en cuenta el hecho de que los pensadores de la llamada vena anarco-capitalista sí imaginaban la posibilidad de un mundo sin Estados; cuando todas las responsabilidades tradicionales de los gobiernos serían asumidas por proveedores y contratistas de servicios privados. Estos pensadores anhelan la ruptura: quieren acelerar el colapso de los sistemas políticos existentes para construir algo nuevo sobre los escombros, donde tengan la ventaja y donde las herencias políticas de la era moderna —incluidas la democracia de masas, la justicia social, la democracia nacional, la autodeterminación y el Estado social— serán despojados y dejados atrás como una piel desechada de la que podrían surgir una serie de micro-políticas privadas revestidas de elegantes exo-esqueletos”.

Slobodian, tras observar que “en la gran carpa del pensamiento neoliberal, siempre ha habido una pequeña mesa ocupada por aquellos libertarios extremistas que creen no sólo en un Estado pequeño, sino en ningún Estado en absoluto”, confiesa que le “pareció extraño que se haya prestado tan poca atención a este grupo, especialmente porque, en el último lustro, el anarco-capitalismo ha tenido una presencia importante en las nuevas formaciones políticas, a menudo en línea, que han ayudado a generar apoyo y cierto grado de confianza y peso intelectual para la política de extrema derecha, desde el bolsonarismo en Brasil hasta el partido Alternativa para Alemania en Alemania, la extrema derecha en Estados Unidos y, más recientemente, Konfederacja en Polonia y Javier Milei en la Argentina”.

Desde 2020, con la elección de Biden y la disrupción por la pandemia, con sus muchas y marcadas desviaciones de la ortodoxia del libre mercado, el cada vez más desleído consenso sobre el libre comercio, la relocalización, la reducción de riesgos y la intensificada rivalidad económica con China, inducen a Slobodian a inferir que “el neoliberalismo ya no constituye el sentido común de los responsables de la formulación de políticas. Así pues, en el nivel de la alta política, el globalismo neoliberal al estilo de los '90 ya no es hegemónico”.

Slobodian así expone su enfoque: “Ver lugares donde lo que describo como la cepa neoliberal bastarda del capitalismo de ruptura sigue siendo la lengua vernácula política de los partidos insurgentes. Más recientemente en la Argentina, pero también en Brasil, hay una combinación de autoritarismo y libertarismo que podría haber surgido como Atenea de la frente de Murray Rothbard. (…) En este lenguaje político, uno no actúa para el colectivo —tomando “decisiones difíciles” en nombre de una futura prosperidad común— sino partiendo del supuesto de que no sólo habrá ganadores y perdedores, sino también poblaciones enteras excedentes a las que se las deja morir si no pueden contribuir productivamente a la creación de riqueza. Si bien durante algún tiempo ha sido de sentido común que los neoliberales valoren el orden por encima de todo, los capitalistas del colapso en este momento más volátil reconocen que pueden hacerse un hueco capitalizando el desorden, profundizando así una crisis para poder intervenir como los únicos que pueden solucionarla”.

 

 

Librecambio y presión salarial

Al decir de Slobodian, el “supuesto de que no sólo habrá ganadores y perdedores, sino también poblaciones enteras excedentes a las que se las deja morir si no pueden contribuir productivamente a la creación de riqueza”, se ve muy claramente en la insistencia del libertario elegido como Presidente en lograr la apertura de la economía inmediata y profunda. Hay que recordar que Ricardo (el gran inspirador, aunque no único, de toda esta muchachada en el ámbito del comercio exterior) cuando aplica su modelo teórico de librecambio y especialización, para alcanzar la ventaja comparativa liquida al 8 % de la humanidad que existía antes del ajuste.

Encima, lo más probable es que ni de casualidad pueda controlar la inflación, dado el monetarismo ramplón que profesa el flamante elegido. La inflación es impulsada por los costos, la cantidad de dinero se adapta. Además, la cantidad de dinero es algo que los gobiernos no pueden controlar, la establecen los agentes económicos. El control de su cantidad es un buzón que tiene en los monetaristas argentinos los más exitosos vendedores del orbe. En el resto del mundo, al que sostiene semejante mito lo mandan al psicólogo. El economista James K. Galbraith en una columna en PS (15/11/2023) explica “por qué la economía dominante se equivocó en materia de inflación”. Lo mismo se pregunta el economista Paul Krugman (al que cita Galbraith) en la columna del New York Times del 7/11/2023: “¿Por qué tantos economistas se equivocaron en las perspectivas de inflación?”. Galbraith nota que “el diagnóstico erróneo de la inflación en 2021-22 por parte de los principales economistas fue el último episodio de una larga serie de fracasos. (…) O los economistas tradicionales necesitan reexaminar sus creencias fundamentales, o la profesión necesita una nueva corriente principal”.

En el mundo tal cual es, la salida de una malaria como la que padecemos implica fijar el tipo de cambio mientras se acomoda el alza de los costos, se logra el excedente de la balanza comercial, se administra adecuadamente el déficit presupuestario y se da cauce al overtrading, es decir el recurso al crédito para anticipar los ingresos de los empresarios. Las incitaciones al overtrading son las innovaciones, las exportaciones, el aumento exógeno de los salarios, la depreciación de la moneda. Todo lo contrario a lo que propugna el libertario ungido Presidente. ´

Al mundo, el dólar le cuesta tanto como el oro, a los Estados Unidos el papel, la tinta y el costo de la imprenta; es decir: prácticamente nada. Pero el libertario quiere que el peso se vuelva convertible en dólar, que a todos los efectos prácticos es igual que el oro. En las condiciones planteadas por Marx y Ricardo de una moneda metálica o convertible, si suben los salarios bajan los precios y viceversa. Marx, razonando dentro de dicho marco, no se equivocaba al destacar este aspecto al refutar a Proudhon.

Después de agosto de 1971, cuando el POTUS Nixon decretó el fin de la convertibilidad del dólar al oro, tornó nominales todas las monedas simultáneamente. Esto hizo posible algo que era impensable para Marx y Ricardo: el mejoramiento simultáneo de los salarios y de las ganancias o, mejor, la mejoría de los salarios sin disminución de las ganancias. Es poco lúcido negar que en la base de los procesos inflacionarios, permaneciendo todo lo demás igual, hay una mejoría de los salarios, pero es importante destacar que dicha mejoría no conduce por sí misma e inevitablemente a la inflación. Lo qué sí resulta inflacionario es el hecho de que los empresarios adoptan los medios para tornar —luego de las paritarias— nominal y, por lo tanto, anular en términos reales, la totalidad o a una parte de dicha mejora salarial. Es en la exacta medida en que esta mejora se trasforma de real en nominal que conduce a la inflación. En la medida en que permanezca real, está tomada o bien del incremento de la productividad, o bien de la tasa de ganancia, o bien de ambos.

De este modo, en el capitalismo realmente existente, se pone en juego un doble estimulante de la actividad económica: por un lado, una ampliación del mercado de los bienes de consumo como consecuencia del mejoramiento real residual (después de la deducción de la tasa de inflación) de los salarios y, por el otro, una ampliación del mercado de medios de producción mediante el mismo overtrading impulsado por la inflación.

El libertario elegido Presidente para controlar la inflación quiere volver a la lógica del patrón oro. Eso y batallar contra los salarios porque horadan las ganancias y entonces se acumula menos de lo necesario es una y la misma cosa. La apertura hace el resto para definir el tamaño y la cantidad de palos, para los díscolos. Al fin y al cabo, como enseña Friedrich August von Hayek: “Viene de antaño la idea de que quienes adoptan las prácticas del mercado competitivo consiguieron mayor aumento demográfico y desplazaron a otros grupos que siguieron costumbres diferentes. (…) Sólo los grupos que se comportan conforme a ese orden moral logran sobrevivir y prosperar”. ¡Uy!

 

 

 

 

 

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