En nombre de la Patria

El 25 de mayo hubiera cumplido 63 años Pablo Hipólito Schmucler, detenido-desaparecido a sus 19

 

Durante años la iconografía se repitió en mi memoria cada 25 de mayo. Desde que en la escuela primaria me enseñaron los confundidos nombres de la historia, allí estaban los miembros de la Primera Junta: el fogoso secretario Mariano Moreno y Cornelio Saavedra, el sensato y conservador presidente. French y Berutti habían repartido escarapelas separando para siempre a los “patriotas” (que con el correr del tiempo serían los argentinos) de los “realistas” (fueran o no españoles). El dato más sensible hacía alusión al clima: como un verso atraído por el ritmo, casi automáticamente cualquier descripción señalaba que aquella mañana de 1810 “había amanecido lluviosa”. Nuestro propio cuerpo se sensibilizaba bajo las persistentes gotas que las ilustraciones del Billiken repetían en cada aniversario. Después aprendimos que las ideas que inspiraban a Moreno eran sustancialmente distintas a las de Saavedra y algunos tomamos partido por uno contra el otro, aunque habían pasado tantas décadas y todo parecía haberse conciliado cuando alguien puso en boca de Saavedra las palabras de reconocimiento póstumo: “Se necesitaba tanta agua para apagar tanto fuego”. También, pero eso fue mucho después, supimos que la historia repetiría incesantemente el drama de los enemigos que sólo aspiran a eliminar al otro. La primera corrección , sin embargo, fue borrar los paraguas que la imaginación de algún dibujante había incorporado al gentío que esperaba fuera del Cabildo, bajo pertinaz llovizna.  Supimos que en aquel entonces no existían esos adminículos para protegerse de la lluvia y, simultáneamente, aprendimos dos lecciones: que la historia puede narrar fantasías como si fuesen realidades y que la memoria posee verdades que la historia no registra.

La mañana del 25 de mayo de 1957, en cambio, se anunciaba luminosa. A partir de entonces, el 25 de mayo, para mí, fue la fecha precisa del nacimiento de Pablo. Durante 19 años la memoria registró la extraña circunstancia de que el cumpleaños de Pablo fuera una fecha festiva. Pero el 25 de mayo de 1977 la memoria sólo tuvo espacio para un estremecimiento: Pablo, guerrillero, había desaparecido pocos meses antes. Los años comenzaron a contarse de otra manera, indiferentes a los que sumaban edad a la Patria. Los de Pablo ya no aumentarían pues habían quedado siniestramente paralizados en los 19. La memoria se volvió mortificante: no logra instalarse en una fecha de nacimiento ni en una fecha de muerte. El desaparecido no cumple años. El día de nacimiento queda abandonado como punto de partida para establecer una edad. El desaparecido no envejece porque el cuerpo –lugar del envejecimiento— no es imaginable. Tampoco tolera la acumulación de años que calculan el transcurrir de la infinita muerte. Ni celebración ni duelo. Nada salvo la constancia de la memoria que preserva el esfumado dolor de una búsqueda: el desaparecido es, sólo, la suma de actos que marcan el esfuerzo por hacer visible su muerte, por superar la insoportable ansiedad que produce lo innombrable. La muerte es precisa. Nadie está destinado a nacer; ninguna certeza, en cambio, es más sólida que la muerte indeclinable. El desaparecido es el que no murió; el que se enfrenta ante la amenazante posibilidad de haber nacido para siempre sin ser eterno. Ninguna invención es más cruel que la expresada en la idea de limbo, “frontera” del infierno que no se cruzará nunca. El desaparecido está ubicado allí, en la frontera inmóvil.

La desaparición es más que una injusticia, más que un crimen al que puede otorgársele una categoría tal que pueda encontrar algún castigo equivalente. Y si es inevitable el deseo de justicia que comporta la ilusión de un orden recompuesto, ese mismo anhelo puede abrir las puertas al olvido de lo más importante: la dimensión inabarcable de ciertos actos donde sólo resplandece el mal.

Todo, incluido el olvido y las memorias despiadadas, la exaltación del heroísmo que puede ser sinónimo de la crueldad, la negación del cuerpo y la mofa del alma, en nombre de la incognoscible Patria.

 

 

 

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.