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Energías renovables: ¿negocio financiero o política industrial?

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¿Quién debería asumir las políticas de investigación, desarrollo y transferencia en tecnologías renovables?

 

Luego del colapso financiero de 2008, la reconversión de la matriz energética global basada en hidrocarburos –carbón, gas y petróleo– en una matriz basada en energías renovables, supone una transformación tectónica de la infraestructura energética a nivel planetario de dimensiones inéditas. Ahora bien, para las economías centrales y los organismos de gobernanza global esta “revolución industrial verde” abre también un horizonte inédito para los grandes negocios financieros en las periferias.

A contramano de la ventana de oportunidad que se presenta para un país como Argentina, que tiene empresas con capacidades en tecnología eólica únicas en la región, la versión macrista de la “revolución verde” es el programa RenovAr, que transforma una política tecnológica e industrial en un fastuoso negocio financiero. La estrategia es la compra de tecnología importada con deuda masiva diferida canalizada por el llamado Régimen de Contratación Público Privada. Hasta acá la versión predatoria del macrismo, fase actualizada de la “patria contratista” que nace con Krieger Vasena y crece con Martínez de Hoz.

Hagamos un paréntesis y pensamos en un gobierno que en 2019 vuelva a impulsar políticas de industrialización inclusiva. Entonces vuelve a ser relevante la pregunta: ¿qué puede hacer Argentina en el terreno de las tecnologías renovables? Nos interesa proponer una idea que puede ser un componente de la respuesta: la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) debería ampliar su foco de incumbencias y transformarse en la institución pública que asuma la tarea de organizar a nivel nacional las políticas de investigación, desarrollo y transferencia en tecnologías renovables.

Por supuesto que esta nueva incumbencia no significa relegar sus actividades en el sector nuclear. Al contrario, significa capitalizar su enorme experiencia en gestión de tecnologías complejas, capital intensivas y en procesos de articulación con la industria nacional. Esta idea no es nueva y dentro de la propia CNEA circula la broma de que ni siquiera haría falta cambiar las siglas del nombre actual de la institución si “CNEA” pasara a significar “Comisión Nacional de Energías Alternativas”.

Entre los fundamentos más importantes de la propuesta, podríamos mencionar los siguientes:

(i) Las políticas tecnológicas y la inestabilidad institucional son las debilidades históricas de América Latina. Hoy el sector eólico local es un ejemplo dramático (1). Como contrapartida, el sector nuclear argentino supo construir una política tecnológica de expansión y diversificación incremental de capacidades y enraizamiento en otros sectores: en medicina y agricultura, a través de la producción de radioisótopos; en el sector energético, como productor de electricidad a través de las centrales Atucha I y II y Embalse; en política exterior, como exportador de reactores de investigación; en política industrial, como institución promotora de la conformación de una industria nuclear nacional.

(ii) La política de fabricación de satélites nacionales –que se inicia con la creación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en 1991– fue impulsada por INVAP, empresa conformada en los años ’70 por tecnólogos y científicos del sector nuclear. Hoy esta empresa, además de fabricar reactores nucleares de investigación (como el que acaba de exportar a Holanda), aprendió a desarrollar radares primarios y secundarios, satélites geoestacionarios (ArSat 1 y 2), drones y tecnología de aerogeneradores de baja potencia, entre otros.

(iii) La CNEA cuenta con un Departamento de Energía Solar, que inició sus actividades a mediados de los años ’70, que una década más tarde avanzó en investigación y desarrollo (I+D) en energía fotovoltaica y que, desde 1995, comenzó a desarrollar celdas y paneles solares para los satélites argentinos. Un hito notable fue el desarrollo de los paneles solares para el satélite SAC-D/Aquarius, puesto en órbita en junio de 2011.

(iv) Sin embargo, el valor (intangible) más importante es la conectividad densa de la CNEA con numerosas instituciones públicas –incluidas universidades–, empresas públicas, mixtas y pymes, así como capacidades regulatorias en el estado del arte, una política exterior sectorial complementada por posiciones consolidadas en los principales foros internacionales del sector. Por ejemplo, la cooperación nuclear con Brasil a través de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), que la dupla Macri-Temer busca debilitar o clausurar, es modelo global de cooperación entre países vecinos.

En síntesis, el conjunto de todos estos rasgos permite afirmar que el sector nuclear argentino representa un caso exitoso de política tecnológico-industrial en un sector estratégico que logró expandirse y diversificarse hacia otros sectores intensivos en conocimiento. Una evidencia de su vitalidad fue su capacidad para “resucitar” y recuperar su dinamismo luego de las políticas de desguace del menemismo.

Como contrapartida, en la Argentina existen alrededor de setenta empresas en el sector eólico, y un conglomerado un poco más pequeño en el sector de energía solar que, desde el punto de vista del apoyo estratégico del Estado, hoy se encuentran a la intemperie.

Dada la proyección creciente del protagonismo que a escala global representan las energías renovables, la recuperación de políticas públicas de industrialización inclusiva deberían contemplar la creación de un entorno institucional de I+D para este sector. La integración (o asimilación) de las tecnologías renovables por parte del “ecosistema nuclear” representaría una nueva expansión y diversificación de sector tecnológico más denso y robusto que logró generar nuestro país.

Creemos que pueden ser muy positivos los análisis y debates sobre la viabilidad de esta propuesta.

 

 

(1) Un estudio detallado del sector eólico argentino en el escenario global puede verse en: Hurtado, D. y Souza, P. 2018. “Geoeconomic Uses of Global Warming: The “Green” Technological Revolution and the Role of the Semi-Periphery”, Journal of World-System Review, vol. 24, núm. 1, pp. 123-150. En: http://jwsr.pitt.edu/ojs/index.php/jwsr/article/view/700

 

 

 

2 Comentarios

2 Comments

  1. Raul Martinez

    19 abril, 2018 en 2:05 pm

    Crisis energética

    Visto y oído todo lo que se dice de este y otros gobiernos, de las incesantes críticas a que se los expone, muy bien merecidas por cierto, debido a su responsabilidad en el fracaso de la politica energética y en casi todo lo que emprenden, y al mismo tiempo considerando la escasez de propuestas alternativas dado el estado catatónico en que se encuentra la autodenominada oposición, y fundamentalmente porque mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar, me permito ofrecer al juicio de los lectores del Cohete a la Luna, un proyecto que permitirá, con una inversión modesta (porque aprovecha parte de la red ya existente de tubos de ventilación y aire acondicionado) mitigar la acuciante falta de energía eléctrica que aqueja a vastos sectores de la ciudadanía a lo largo y a lo ancho del país. Se denomina CAlor Recuperado en Redes de Interconexión Optimizada (CARRIO) y consiste, como su nombre lo indica, en un vasto sistema de conductos para canalizar el aire caliente producido por la actividad humana, a las centrales de generación eléctrica de ciclo combinado, a efectos de incrementar la temperatura del aire que ingresa a los compresores de las turbinas de gas y de este modo recuperar el calor y el gas metano emitidos, entre otras partes del organismo humano, por ambos extremos del tubo digestivo. Este aporte energético, se traducirá, casi sin costo alguno, en un ahorro considerable de combustible y en un incremento de la performance de las plantas generadoras.

    Esencialmente consiste en conectar a través de una red de conductos térmicamente aislados, las emisiones producidas en locales donde se realicen actividades que produzcan una cantidad considerable de aire caliente y metano, tal como ocurre con tareas legislativas, congresos, consejos deliberantes, comisiones bicamerales, comisiones investigadoras, cursos de autoayuda, foros empresarios, casas de gobierno, municipalidades, ministerios, secretarias, reuniones de empresarios, peluquerías (a lo que habría que sumarle a la verborragia del peluquero el calor de la reacción exotérmica producida por el peróxido de hidrógeno, utilizado regularmente en ingentes cantidades, necesarias para doblegar la resistencia de ciertos tipos de cabello a la decoloración), redacciones de diarios, estudios de televisión, cabinas de transmisión de futbol y otros eventos deportivos, programas de opinión, noticieros radiales y televisivos, reuniones de partidos políticos oficialistas, de partidos políticos no oficialistas, de partidos políticos en transición, de alianzas de partidos políticos oficialistas, de alianzas de partidos políticos de la oposición, de alianzas de partidos políticos en formación, de alianzas de partidos políticos en descomposición, de otros partidos políticos, circos, reuniones de gabinete, juzgados, teatros, tribunales, facultades de humanidades, filosofía y letras, derecho, ciencias sociales, arquitectura, carreras diversas de sociología, psicología y filosofía, partidas de truco, cortes supremas, consultorios de psicólogos, sociólogos, cámaras de apelaciones, dentistas (que aprovechan que Ud. no puede contradecirlos para decir lo que se les antoja, y como el que calla otorga…), de medicina alternativa, de alimentación saludable (vegan, paleo, y otros disparates), remiseros, politólogos, nigromantes, adivinos, consultores, taumaturgos, charlatanes (varias categorías), cafés, restaurantes, hoteles, centros de estadística, embajadas, almuerzos con Rosa Martinez, consejos profesionales, gimnasios, consulados, conferencias episcopales, reuniones de directorio, críticos de arte, concursos literarios, periodistas oficialistas, periodistas no oficialistas, otros periodistas, periodistas (varias categorías), consejeros, ONGs (varias categorías), curas, predicadores, reuniones de profesores de la secundaria, rabinos, protectores del medio ambiente, pastores evangélicos, asambleas universitarias, congresos sobre el medio ambiente y (muy apropiadamente) sobre el calentamiento global, telepredicadores, imanes, sindicalistas oficialistas, sindicalistas no oficialistas, otros sindicalistas, sindicatos combativos, miembros de ateneos onano-insurreccionales, porterías en edificios de departamentos, y muchos más. Como puede observar el lector informado, la lista es inagotable. Este proyecto no termina aquí. Una vez que la tecnología lo permita, también se podrán incorporar a la red, otros aportantes de energía termo-eólica-bucolabial y termo-eolica-colorrectal como estadios, cuarteles, explotaciones ganaderas, asados, picnics, conciertos, exposiciones agropecuarias, picados, partidas de golf, vaciaderos de basura, ventilaciones de desagües cloacales y de cámaras sépticas, plantas de tratamiento de efluentes, cuenca del Riachuelo de la Nación, aire sobrecalentado generado por conductores de taxi (que actúan como acumuladores de lo que escuchan por horas y horas en la radio y que se lo propinan de un saque al pasajero indefenso y desprevenido que recién sube al vehículo; descarga que lo paraliza y lo hace balbucear respuestas incoherentes y forras, mecanismo de defensa utilizado para que el sujeto no lo haga objeto de su lenguaje abusivo y lo obligue a bajar del auto, si se siente ofendido o si sus razones no son atendidas o aceptadas en un plazo prudencial, no prorrogable, proporcional a la duración estimada del viaje); y otros aportes, producto de actividades generadoras de aire caliente que, por ahora, se desarrollan al aire libre.

    En términos técnicos, la unidad de energía a emplear seria el CARRIO/hora, o Crr/h equivalente al W/h, pero en este caso referido a la energía recuperada. Las unidades de potencia derivadas serian como fácilmente se deduce, el KCrr (KiloCarrio), el MCrr (MegaCarrio), para la escala ascendente, y el mCrr (miliCarrio) como la unidad más pequeña de la escala. Para dar un ejemplo: cuando algún legislador oficialista bosteza ante una interminable tirada de un miembro de la oposición, o por el contrario, cuando un miembro de la oposición lo hace cuando el jefe de gabinete expone ante el congreso los logros conseguidos por el gobierno, la energía emitida por el bostezo equivaldría a un miliCarrio-hora (mCrr/h = Crr x 10-3/h). Ahora, si en el recinto legislativo se tratara, pongamos por caso, el desafuero de la Sra. Fernández, el incremento (peak) en la cantidad de aire caliente generado por tal actividad produciría un “output” de un mega-Carrio/hora o sea (1 MCrr/h = Crr x 106/h), o sea un millón de Crr/h. Como puede observarse, si le damos un fin útil a toda esta energía procedente de actividades, algunas ventajosas pero en general improductivas, y actualmente despilfarrada, podremos al menos aprovechar parte de lo gastado, como beneficio secundario de algunas de las enfermedades crónicas que afectan a la sociedad, como por ejemplo hablar al pedo, y así paliar la crisis energética que aqueja a una parte importante de los habitantes del país por responsabilidad directa, vaya la paradoja, de los que generan o han generado en el pasado la mayor parte de la masa de aire caliente que hoy nos asfixia, y que por aplicación de este proyecto podría canalizarse hacia fines más provechosos.

    Creemos que pueden ser muy positivos los análisis y debates sobre la viabilidad de esta propuesta.

  2. Pingback: Energías renovables en Argentina: ¿Negocio financiero o política industrial? - Por Diego Hurtado - NODAL

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