ENSUCIAN LA DEMOCRACIA

La ley define la vacuna como bien social y privilegia la salud pública sobre el interés particular

 

La referente de la derecha bolsonarista en la Argentina, Patricia Bullrich, y otros punteros de Juntos por el Cambio, como el radical Alfredo Cornejo, participan de la promoción de la venta de vacunas en farmacias, de su comercialización privada e inclusive del acceso al mercado internacional por instancias ajenas al Estado Nacional. El ex gobernador de Mendoza propugna que las provincias puedan comprar vacunas y  distribuirlas por su cuenta. La plutócrata Bullrich manifiesta que el que puede comprarse la vacuna se abastezca por el mercado y el Estado subsidie a los pobres para que accedan a ese bien urgente para garantizar la subsistencia.

No son hechos menores, se está conformando una corriente antidemocrática que pregona una etapa neoliberal apoyada en una recortada hegemonía política y con una fuerte impronta represiva. Bullrich, que expresa no sólo su opinión sino la de intensos sectores de Juntos por el Cambio –entre los que se encuentra Macri— y la de conductores de organizaciones empresariales del capital concentrado, reitera actos irregulares que convocan a fuerzas de seguridad para promover su lealtad con un programa político de oligarquías locales. La ex ministra de Seguridad conspira, así, contra la subordinación profesional de esas instituciones de seguridad, y busca su adhesión como fuerzas de choque del proyecto neoliberal, derrotado en las urnas luego de haber ultrajado a la Nación en un acuerdo vergonzoso de sumisión al FMI, extremado la polarización social, destruido vastamente la industria nacional y sometido la política internacional a una relación sumisa con los Estados Unidos.

 

 

La Ley 27491: la vacunación de la comunidad

En diciembre de 2018 el Congreso Nacional sancionó la Ley 27491, la que se elaboró para que la Nación tenga una política pública de prevención y control de las enfermedades prevenibles por vacunación. Dicen sus artículos 2 y 3:

“A los efectos de la presente ley se entiende a la vacunación como una estrategia de salud pública preventiva y altamente efectiva. Se la considera como bien social, sujeta a los siguientes principios:

a) Gratuidad de las vacunas y del acceso a los servicios de vacunación, con equidad social para todas las etapas de la vida;

b) Obligatoriedad para los habitantes de aplicarse las vacunas;

c) Prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular;

d) Disponibilidad de vacunas y de servicios de vacunación;

e) Participación de todos los sectores de la salud y otros vinculados con sus determinantes sociales, con el objeto de alcanzar coberturas de vacunación satisfactorias en forma sostenida.

Art. 3° – Declárese a la vacunación como de interés nacional, entendiéndose por tal a la investigación, vigilancia epidemiológica, toma de decisiones basadas en la evidencia, adquisición, almacenamiento, distribución, provisión de vacunas, asegurando la cadena de frío, como así también su producción y las medidas tendientes a fomentar la vacunación en la población y fortalecer la vigilancia de la seguridad de las vacunas”.

Destaco  los incisos a) y c) que prescriben la gratuidad de la vacunación, la equidad respecto de todas la franjas etarias  y sociales y la prevalencia de salud pública por sobre cualquier interés particular.

Resulta clara la voluntad del legislador de defender el criterio de igualdad frente a la recepción de la vacuna. Entonces, la posibilidad de facilitar el acceso a quien la pague, sea en tiempo, en forma, o por elección de marca o características, resultan violatorios de las disposiciones legales. De igual forma el concepto irrestricto de igualdad supone la no diferencia jurisdiccional, enfoque que resulta opuesto a que una provincia resuelva diferenciarse en el acceso o alcance de su disposición vacunatoria respecto al resto del país.

Por otra parte el artículo 3 prevé fomentar la voluntad de vacunarse de la población. Las derechas argentinas e internacionales reniegan de esa vocación y se suman a lógica individualista del libre albedrío sin intromisión estatal, una lógica antisocial que conjuga muy bien con el espíritu de la Fundación Libertad, a la que es afecto el ex Presidente Macri.

Mientras la lógica circense-represiva de Bullrich despliega sus golpes de efecto, la versión institucionalista de Rodríguez Larreta-Quirós concesiona la vacunación a prepagas y obras sociales, segmentando las condiciones vacunatorias en sintonía con la fragmentación del sistema de salud. Meritocracia y desigualdad.

La conducta de las autoridades de CABA hace patente la necesidad y urgencia de la reforma del sistema de salud argentino que ponga fin al dispositivo discriminatorio que el neoliberalismo radicalizó en extremo.

En oportunidad de la sanción de la Ley, Carla Vizzotti, la actual ministra de Salud del gobierno democrático, nacional y popular destacó: “Los aportes de la ley son numerosos y concretos. Por empezar, reafirma a la vacunación como una política de Estado: las vacunas continúan siendo gratuitas y obligatorias, como siempre. A esto se agrega que el Estado Nacional es el responsable de adquirir los insumos necesarios para la vacunación y proveerlos a las 24 jurisdicciones. Asimismo, declara la vacunación para todas las etapas de la vida y a todos los componentes del Programa de Inmunizaciones de interés nacional. También la define como un bien social y establece la prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular”.

El diputado nacional Pablo Yedlin aclaraba que “las vacunas no son obligatorias por una decisión nuestra de forzar a nadie a cuidarse, sino porque vacunarse es una responsabilidad social” y destaca el hecho de que Argentina hoy cuente con “una ley moderna sobre una de las políticas sanitarias quizás más injustamente discutidas en el mundo”.

Pese a la no obligatoriedad de la vacuna contra el coronavirus, cuestión que debe resultar sujeta a consideraciones e intercambios, en un contexto donde se ha sembrado en la población un oscurantismo ante los desarrollos de la salud que ensombrecen el futuro de los esfuerzos por allanar el camino hacia nuevas conquistas en mejorar las condiciones sanitarias, es indispensable el fomento de la vacunación.

La cuestión epidemiológica es de orden social y las conductas individuales deben subordinarse a ese orden. En el caso de la vacuna contra Covid-19, como las demás vacunas que combaten la contagiosidad de enfermedades han sido el segundo elemento que ha defendido la vida humana y la salud, luego de la garantía del suministro del agua en condiciones de su uso para la comunidad social. En esta categoría de bienes aparece la idea central del carácter social de la vida humana. De la libertad propia como intensamente ligada a la libertad del otro. Esta fusión de libertades construye una noción de las mismas que supone a la noción de límite como constitutivo de la categoría de libertad. Y ese límite es el fundamento de la vocación y fomento de la vacunación, al margen de la discusión sobre la eventual obligatoriedad u condición optativa con que se califique una vacuna. La libertad como reconocimiento del otro, y este otro entendido como lo comunitario, conlleva la indisolubilidad de las ideas de igualdad-libertad. La protección que otorga la vacuna frente a la peste nos une como iguales. Por el contrario, la oferta de la vacuna por un precio a quien tiene poder económico para pagar, suplementada por la oferta gratuita como subsidio a quien no lo puede hacer, convierte a la salud en una mercancía y le quita el carácter de derecho humano. Los derechos humanos respetados requieren la universalidad de atenderse en igual condición para todos. La propuesta de la segmentación entre mercancía y suministro de limosna focalizada, es una construcción de castas mucho más definida formalmente que las clases sociales en el capitalismo. Lo mismo ocurre con los procedimientos del mismo carácter cuando se mercantilizan la alimentación y otros bienes que son de subsistencia no sólo individual sino social.

La vacunación al ser un hecho de orden social, implica que cuando se vacuna a la persona se lo hace como parte de una comunidad. Esa vacunación importa para la inmunidad de rebaño, que es lo que busca la derrota de la peste, fenómeno que existe porque la vida es comunitaria. No hay persona sin sociedad.

 

 

 

Un régimen de discriminación

En el mundo se advierte sobre la amenaza permanente de la privatización de los bienes que cubren derechos esenciales, entre los que se encuentran los de subsistencia menos prescindibles como el agua. Los centros imperiales tienen inventariadas las reservas de los acuíferos de los países dependiente-periféricos. La tendencia ideológico política neoliberal-autoritaria que propone una sociedad donde el mercado predomine sobre la democracia, es la que propone la venta de vacunas en farmacias (tal vez mañana la propongan en kioskos), la concesión del proceso vacunatorio al sector privado, y el subsidio a los pobres como destino para las pocas dosis que sobren, luego de la venta a los que pagan. Porque por ahora hay escasez de vacunas a nivel internacional, y el sistema de múltiples vías que propone el neoliberalismo autoritario implica un ordenamiento de la fila donde los más ricos se vacunen primero y los más pobres al final, si queda algo para ellos. Los mismos que se referían a los  “que tuvieron que caer en la escuela pública”, insisten hoy en la lógica del subsidio para los “que deberían caer en él” porque no tienen para pagar la vacuna.

Por eso la prevención de la peste y sus costos deben excluirse de la lógica que se articula en la concurrencia mercado-propiedad privada. Decía Karl Marx en La cuestión judía que “el derecho humano de propiedad privada es el derecho a disfrutar de su patrimonio y a disponer  de él arbitrariamente, sin atender a los demás hombres, independientemente de la sociedad, el derecho del interés personal”; sigue luego definiendo que esa lógica es el fundamento de  una “sociedad en la que todo hombre encuentre en otros hombres, no la realización, sino, por el contrario, la limitación de su libertad”. Esta concepción que Marx critica es la contraria al reconocimiento del otro como semejante, que expusimos previamente, y es incompatible con la vigencia de los derechos humanos de acuerdo a la doctrina aceptada e incluida en la reforma constitucional de 1995. Además, tras las propuestas de Bullrich, el concesionalismo de la CABA y las trasnochadas ideas del dirigente de la UCR Cornejo, hay serias cuestiones de falta de apego a la Ley vigente, y a la doctrina de la misma expuesta por Vizzotti y Yedlin.

Pero los problemas de mercantilización de la salud no se remiten solamente a la Argentina. También impregnan el mundo financiarizado. Que el 10% de los países posean el 90% de las vacunas resulta una obscenidad. Que  la investigación y producción de vacunas sea delegado a laboratorios que se comportan como empresas privadas guiadas por la maximización de ganancias representa la degradación del capitalismo individualista que Keynes criticó respecto de las dos primeras décadas del siglo XX y ahora se repite desde hace 40 años como hegemónico a nivel global. Las exigencias de sumisión que Pfizer quiso imponer a la Argentina y las vacunas del occidente poderoso que no aparecen en el sur periférico, resuenan a discriminación. Precios, patentes y preferencias están a la orden del día. En Occidente sólo la producción de Astra Zéneca sigue un criterio distinto y sujeta a precios muy inferiores, hoy con distribución en países subdesarrollados. Algunos incidentes médicos que la OMS ha descartado como riesgos de la vacuna, han instalado en países centrales la desconfianza sobre la vacuna, que levanta presunciones de guerra comercial. Mientras tanto el extenso mundo no desarrollado se abastece de las vacunas rusas y chinas, mientras pequeños países con medicinas dignas como Cuba, avanzan en sus propios desarrollos. La Argentina también ha comenzado ese camino del desarrollo de una vacuna propia.

La pandemia de Covid-19 transcurrió en la época de la decadencia del neoliberalismo como creencia del fin de la Historia, mientras persiste en Occidente la hegemonía del capitalismo de la propiedad privada sin límite. Cuanto más dure este régimen, más difícil será la montaña a remontar. El Humanismo es duramente atacado por los slogans de los Trump, Bolsonaro, Bullrich y el coro de economistas autoritarios formados en la herencia de las ideas de Von Mises, Hayek y Friedman, nutridos en el autoritarismo que critica a la política. Ensucian y destruyen los principios democráticos.