Entre el acampe y el palacio

La escena abierta por los feminismos en Argentina pone en jaque todo e invierte la discusión

Con 129 votos a favor y 125 en contra, el jueves 14 de junio se aprobó en la Cámara de Diputadxs de la Nación el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Después de dos meses en los que se llevaron a cabo 15 audiencias públicas, en las cuales expusieron 738 oradorxs a favor y en contra, la iniciativa llegó al recinto y finalmente obtuvo la media sanción. Ahora le toca al Senado hacer su parte, en un escenario que queda dispuesto para la plena aprobación. Será después del Mundial y el trabajo de suma voto a voto ya está en marcha. De momento la votación está casi empatada, al igual que empezó en la Cámara baja. Muchos son los entretelones que se desplegaron antes y durante la jornada interminable del 13 y el 14 de julio. El palacio y la calle hicieron una danza en la que se tensaron la fiesta, el poder de condicionamiento político de los feminismos, la puja voto a voto hasta el momento final —dos horas antes de la votación la ley estuvo demasiado cerca de no pasar esta primera fase— y sobre todo el enorme acumulado político y social que el movimiento feminista argentino construyó en los últimos años. La vigilia constituyó un acontecimiento político inédito que ya se anunciaba desde los martes y jueves verdes. Las concentraciones afuera del anexo de Diputadxs durante todo el proceso de audiencias fueron multitudinarias. La convocatoria a esas jornadas ya había desbordado los pronósticos. Los pañuelazos, en esta etapa del proceso parlamentario, se multiplicaron en todo el país. El 28 de mayo un pañuelazo federal expresó la fuerza de los colectivos y organizaciones en cada provincia, al igual que el 4J —fecha definida por la asamblea feminista para la movilización por NiUnaMenos que se lleva a cabo los 3 de junio desde 2015—, que se expresó con movilizaciones en todo el país y una movilización de Plaza de Mayo a Congreso. “Sin aborto legal no hay NiUnaMenos. No al pacto de Macri con el FMI. No al pago de la deuda externa”, fueron las consignas principales del documento leído en la Plaza de los dos Congresos el 4J.

El 13J desbordó la captura neoliberal

La vigilia del 13J fue un hecho político que condensa en sí a una multiplicidad de expresiones sociales que convergen masiva y transversalmente en el feminismo. El acampe ocupó las calles más allá de toda organización, desbordando los dispositivos previstos. Con o sin carpas, miles de jóvenes pasaron la noche a la intemperie arropadxs con frazadas, bolsas de dormir y lo que hubiera a mano para soportar temperaturas que llegaron a los cuatro grados. Fogatas improvisadas, rondas, ollas comunitarias: escenas que insinuaban barricadas feministas. En el peor momento de la vigilia, esas horas de desazón en que faltaban dos votos que ya parecían irremontables, las organizaciones feministas se reunieron para evaluar estrategias pacíficas de contención, pero nadie podía prever qué sucedería con todos los cuerpos movilizados y ocupantes que habían ido a buscar la media sanción y no se iban a contentar con menos de eso. El hecho de que la ley haya estado a punto de perder la media sanción, aunque es un hecho que no ocurrió, puso en discusión hasta qué punto sectores minoritarios y reaccionarios tienen la capacidad de traccionar a la política. La ofensiva puesta en marcha para evitar que la ley avance en el senado también es un indicador de eso. Encabezada por la vicepresidenta Gabriela Michetti, el presidente provisional, Federico Pinedo, el diputado bonaerense Esteban Bullrich (PRO) y la tucumana Silvia Elías de Pérez (UCR) la estrategia consiste en proponer una reducción de penas para las personas que abortan, sin suprimirlas: despenalizar sin legalizar. Ya saben que no alcanza con presentar un proyecto vacío que plante solo el rechazo. En el ir y venir de esta disputa no hay más ni menos que la discusión por el sentido profundo de la democracia: los feminismos expresan una serie de agendas que incluyen la ampliación de derechos pero que no se agotan ahí y que por ello mismo constituyen un estado de rebelión que desborda poroteos, operaciones conservadoras e incluso la clara tentativa de captura neoliberal que algunos sectores de la política buscan producir como saldo de un proceso de ascenso de la movilización disidente. Lxs miles de adolescentes, jóvenes, viejxs, familias enteras que participaron del 13J están poniendo en discusión la familiaridad política y los mandatos sexuales y cívicos de una forma que también es necesario poner en perspectiva con las tradiciones disidentes, anticapitalistas y democráticas de las luchas populares en Argentina. Es en ese punto que los feminismos pueden verse en una encrucijada, pero no es la negación de la agenda ampliatoria de derechos la respuesta. Por otro lado, el debate planteado en torno a la emocionalidad política con que miles se conmovieron ante las intervenciones y acciones de lxs diputados oficialistas Daniel Lipovetzky y Silvia Lospenatto, es un debate planteado en los términos de la suposición de que existe una racionalidad política ya acabada y definida en los contornos únicos del clasismo, y que excluye una transversalidad en la cual algunos actores neoliberales de la política pueden actuar progresivamente e incluso asumir las banderas históricas del feminismo, cuando ellas “encajan” con rasgos de las tradiciones liberales de la política. Esa escena es la de los feminismos tejiendo articulaciones y no la de la tontera a la que “hay que avisarle” que el macrismo es malo. Por supuesto que este análisis no puede comprenderse por fuera de la historicidad no sólo de los treinta años de Encuentros Nacionales —esos rasgos de historia política que jamás ingresan en los balances anuales de las organizaciones populares— sino de las grandes movilizaciones alrededor de NiUnaMenos y de los Paros feministas, tampoco considerados de manera suficiente en la brújula de la mayor parte de los sectores ni en sus balances del período post 2015.

 

El feminista que no fue

En las horas finales del debate en el Congreso, Nicolás Massot, uno de los principales voceros reaccionarios del recinto, seguía operando para restar a la votación. A pesar de los esfuerzos de lxs oficialistas Brenda Austin (UCR) y Daniel Lipovetzky (PRO) para cerrar negociaciones con el Ejecutivo, hubo un momento en que la ley estuvo en manos de Maurizio Macri, quien podía intentar hacer una bajada política contundente, o bien dando la orden de retirarse a algunos de lxs votantes en contra, o bien proponiendo una modificación. Pero, al igual que funcionó la transversalidad política con que el feminismo caló y dio vuelta las alianzas en todos los bloques, funcionó el factor sorpresa: fueron lxs diputadxs de La Pampa del Bloque Justicialista quienes sorprendieron saliendo de la nube de los indecisos que ya se contaban como opositores al proyecto, para votar a favor. Hay que decirlo con claridad: de ser por Macri, la media sanción caía. Macri estuvo dispuesto, en el momento más dramático, a dejar caer la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En este sentido resuenan todavía las palabras del diputado Axel Kicillof: “No alcanza con abrir el debate, hay que tomar una decisión política”, dichas cuando lxs funcionarixs de mayor jerarquía en el Gobierno habían apagado sus teléfonos y ya no les respondían siquiera a lxs correligionarixs que intentaban interceder para obtener esos dos votos que faltaron casi hasta el final. Es un debate pendiente ahora entre quienes desde el bloque de Cambiemos se aliaron a través del grupo de “L@s Soror@s”, analizar hasta qué punto la experiencia política alrededor del aborto transformó y tensionó alianzas, acuerdos y perspectivas. “Hay dos opciones, el sí y el no. Hay una que es la libertad y otra que obliga a las mujeres a vivir según la creencia de un sector minoritario pero con un gran poder de lobby en nuestro país”, dijo Brenda Austin en pleno debate, en referencia a las presiones de las iglesias católica y evangélica sobre lxs diputadxs durante estas semanas. ¿Puede esta disidencia con respecto a la imposición de las minorías poderosas alterar a futuro la política de quienes por otro lado colaboran con grandes reformas en contra de los intereses de las mayorías? La pregunta está abierta y los feminismos están demostrando que la transversalidad es muy poderosa. El bloque oficialista fue el que más votos  aportó en contra del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Contando a la UCR aliada, el macrismo proveyó 41 de los 129 votos con que se obtuvo la media sanción. De esos 41 votos, 24 provienen de la UCR (con un anclaje histórico de feministas radicales que también forman parte de las tradiciones democráticas liberales del partido) y 17 provienen del PRO. El oficialismo aportó en total 65 votos de los 125 en contra.

—Hay que mantener la calle— decía un mensaje de Whatsapp en el momento más sombrío.

—La calle se mantiene sola. Acá hay mucha gente que no se va a ir a ningún lado— decía una respuesta en el mismo grupo.

Nadie esperaba que desde La Pampa soplaran vientos aborteros. En los bordes del dispositivo oficial de gobernabilidad, apareció un consenso entre el gobernador pampeano Carlos Verna y lxs diputadxs que finalmente votaron a favor. Sergio Ziliotto, Melina Delú y Ariel Rauschenberger habían además votado en contra de la Reforma Previsional en diciembre de 2017. En el Salón de los Pasos Perdidos sonaba el nombre de Eduardo Bali Bucca, diputado bonaerense, como uno de los arquitectos de la jugada política, el único alfil de Florencio Randazzo en el Congreso. A esas alturas del debate había además una variable que surcaba con fuerza la indefinición: ¿quién iba a capitalizar el resultado si era favorable? Y en ese debate miserable, en el cual los sectores más reaccionarios operaron hasta el final para evitar que “los K” combinen con una victoria popular, el factor La Pampa fue sorprendente porque hasta hace no tanto Verna era un acérrimo detractor de CFK. Pero eso no alcanzó para que Verna, al mismo tiempo, jugara por derecha en este debate.  En la Argentina hay una fuerza transversal capaz de articular una perspectiva de futuro en el marco de una democracia que está en disputa y de empujar a la política a cuestionarse esquemas y alianzas, es el feminismo, que aparece como una grieta más poderosa que aquellas que dividen entre kirchneristas y no kirchneristas, incluso entre macristas y peronistas, entre liberales y populares.

 

Restos

Como resultado de este debate, un diputado fue expulsado del bloque de Evolución que conduce Martín Lousteau y el socialismo por su lado perdió a la vez al último diputado que le quedaba en el Parlamento. El oficialismo quedó plagado de tensiones y resquebrajamientos. Al interior del FPV habrá que considerar a esxs 10 diputadxs que votaron en contra. El feminismo produjo, después de años de movilización popular, un saldo legislativo que todavía tiene que ser completado con la votación en Senadores pero que rompió todos los esquemas de la política tal como estaba planteada desde el regreso de la democracia. En consonancia, ninguna ley desde 1983 se esperó con una vigilia y un nivel de masividad y ocupación callejera como se esperó la media sanción de la I.V.E. el 13J y 14J de 2018. La marea incrustó en la democracia argentina una cuestión del orden de la legitimidad política. Si la media sanción no prosperaba, la marea ocupante hubiera sido desoída ante sectores minoritarios que no movilizaron más que a un puñado de personas orgánicas a algunas instituciones conservadoras. Es cierto también que existen las “mayorías silenciosas”, cómplices de toda afrenta antipopular y de toda violencia institucional y económica. Pero la escena del 13J se dirimió en una territorialidad condensada, entre el palacio y el acampe, con la fuerza de la asamblea feminista y de las organizaciones detrás. Si el neoliberalismo consagra la razón de mercado por sobre la autonomía política y la racionalidad económica por sobre la democracia, la escena abierta por los feminismos en Argentina pone en jaque e invierte la discusión, sin ingenuidades, con emocionalidad y estrategia en una misma fuerza.

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