Entre la belleza y el atropello

El NOA como “producto”, el lustro de Milagro Sala en prisión y la Patria en entredicho

 

Desde hace ya muchos años, el Noroeste Argentino (NOA) se convirtió en una atracción irresistible para el turismo, tanto vernáculo como internacional.

Sin ánimo de ser exhaustivo, las posibilidades que admite el perfil del viajero local son variadas:

  • El viaje iniciático de jóvenes, adolescentes o no tanto, como destino en sí o como tránsito a Bolivia, Perú e incluso hasta Ecuador.
  • Sectores medios y altos de las grandes ciudades del país atraídos por vaya a saber qué repentino amor por “lo autóctono”, sobre todo si aparece ofrecido en la distancia o en la altura (lo autóctono, cuánto más lejos mejor).
  • Quienes aprovechan el auge del “turismo religioso”, que tiene a Salta por destino privilegiado, para recorrer los encantos del paisaje, la comida y la artesanía norteñas.
  • Gentes que fingen amar en su propio hábitat a niñas, niños, adolescentes y jóvenes, a los que habitualmente detestan como habitantes de sus propias ciudades.
  • Sumá aquí las variantes que conozca.

Y así los lugares comunes:

  • “¡Qué terrible lo que hicieron con Los Quilmes!”
  • “¡Qué bello Cafayate!”
  • “¡Qué impactante Iruya!”
  • “¡Qué atractivo Purmamarca!”
  • También puede sumar aquí los lugares comunes que conozca.

 

¿Una América bien oliente?

Si de lugares comunes hablamos, sin dudas hay uno que se destaca: Purmamarca es un “pueblo boutique”, como muchas veces se ha oído decir. Esa excitante combinación entre un nombre originario andino y una expresión foránea. Boutique… Nada más lejos del “hedor de América” –del que hablaba Rodolfo Kusch– que un exorcismo francés…

Y así fue que el mercado decidió que el increíble y bellísimo Cerro de los Siete Colores garpe más que La Paleta del Pintor o que Los Hornocales, o que en Tilcara y Humahuaca sean más baratas las mismas artesanías que compramos ávidamente en Purmamarca…

“Pueblo de la tierra virgen” mancillado como objeto/mercancía. Eso es lo que cuenta. Eso es lo que se cuenta.

 

Abrirse al NOA

Obviamente, es imposible establecer un canon del amor al NOA. Y sin embargo, para quienes creemos que hay espacios humanos y culturales cargados de una compleja densidad, cuyo desentrañamiento mucho tiene para decirnos y cuestionarnos, el devenir del NOA en “producto” no deja de producirnos un profundo malestar. Ni qué decir cuando gobernantes tan lejanos del sentir de la región se invisten en dudosos rituales aborígenes.

No concibo la conmoción frente al Pucará de Tilcara, o frente a las ruinas de Los Quilmes o las de Shincal, si no va unida al profundo rechazo de lo padecido por los pueblos originarios de esta región de nuestra patria, aquellos que como pocos en América resistieron al ocupante español. Porque hay quienes que vierten un lagrimón cuando en sus ruinas oyen la historia de Los Quilmes y a la vez no entienden por qué el 12 de octubre ya no se celebra “el día de la raza”.

Pero es que de eso se trata: de entender. Y de sentir. Y de abrirse.

No puede hacerse del NOA un “producto” escindido del presente, puro objeto de una compasión por el pasado y reservorio barato de los objetos que tan bien adornan los espacios vitales de los herederos de la dominación.

Abrirse al NOA supone cambiar el punto de vista sobre infinidad de cosas y lugares comunes de la cultura dominante.

Abrirse al NOA lleva, inevitablemente, a correrse del mercadeo del propio NOA y a preguntarse si el impacto que él produce en el viajero no se vincula con cuestiones no resueltas por nuestro propio devenir como país. Donde la cuestión central no pasa por dónde integramos a los “otros” sino por cómo esos otros redefinen los propios espacios y lugares donde creíamos tener ya todo resuelto, sin percibir que nadie tiene nada resuelto si los más pobres, postergados e históricamente humillados no lo tienen.

 

El NOA real, o la Patria en entredicho

Cuando el NOA asume potencialidad política; cuando se organiza, se expresa y se proyecta; cuando el “hedor de América” toma las riendas de su propia historia; cuando todo eso ocurre, tenemos lo que tenemos: Milagro Sala –y todo, absolutamente todo lo que ella representa– en prisión.

Mientras se sostiene y profundiza el debate en torno a los pormenores “legales” de un despropósito que ya superó un lustro, para quien sabe leer, la Patria misma está en entredicho.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí