Entre la chacra y el pozo

Alternativas a la expansión petrolera en Río Negro: mirar más allá de la renta petrolera

 

La Vaca Muerta rionegrina amenaza a la todavía diversificada economía provincial. Agobiada por la deuda en dólares, la provincia de Río Negro promociona la explotación hidrocarburífera en nuevas áreas. Académicos/as de distintas universidades y disciplinas, junto a representantes sindicales y referentes del movimiento socioambiental, invitan a mirar más allá de la renta petrolera. Con ese objetivo conformaron la Mesa de Transición Productiva y Energética de Río Negro y presentaron una Propuesta para la diversificación productiva y la democratización energética, que busca poner de relieve esta situación como un primer paso para esbozar alternativas posibles. 

Como fuego sobre pasto seco, la explotación de hidrocarburos mediante la fractura hidráulica se expande sobre la crisis económica que golpea a la producción frutícola. El yacimiento Estación Fernández Oro se extiende sobre las tierras productivas de Allen, la capital nacional de la pera. El éxito de ese área entusiasmó al Ejecutivo provincial, que motorizó una vertiginosa concesión de áreas petroleras. En poco tiempo gran parte de la superficie comprendida entre los ríos Colorado y Negro fue adjudicada con el objetivo de alcanzar formaciones con potencial en hidrocarburos no convencionales en zonas escasamente exploradas hasta el momento. 

Esta política de promoción hidrocarburífera busca generar divisas para la afrontar la deuda provincial. Según datos de 2018 de la Dirección Nacional de Coordinación Fiscal con las Provincias, Río Negro aumentó su deuda pública un 2800% en el período 2016-2017, mayormente en moneda extranjera, condicionando fuertemente las finanzas provinciales. 

La provincia de Río Negro lleva el nombre de una de las principales cuencas del país en la que, entre otras cosas, se producen peras y manzanas. La fruticultura, que es todavía una de las actividades económicas más importantes de esa región, sufre recurrentes crisis por el modelo implementado desde hace décadas. Como explica la socióloga y parte del equipo redactor de la propuesta, Belén Álvaro : “Lo que se instala como una ‘crisis de la fruticultura’ es en realidad la crisis de una forma de organización social de la actividad”. 

En el Alto Valle de Río Negro, el repliegue del Estado provincial ha contribuido al proceso de concentración, internacionalización y desaparición de la mediana y pequeña producción del sector frutihortícola. Esa crisis habilita al chantaje que busca legitimar socialmente el desarrollo de la actividad hidrocarburífera. En la retórica gubernamental y empresarial, la generación de puestos de trabajo y recursos como resultados positivos de la explotación petrolera exige tolerancia por parte de la población respecto de los “costos” socioambientales, para sostener una supuesta intervención “benefactora” del Estado.

El trabajo presentado por la Mesa de Transición en distintas localidades de Río Negro subraya que el avance hidrocarburífero violenta la estructura económica de una provincia relativamente diversificada y sostenible. En primer lugar, porque prescinde de mecanismos de participación que permitan conocer la opinión de los afectados y afectadas por esa actividad, o bien debido a que se emplea la fuerza —en sus diferentes formas: física, económica, judicial— en aquellos lugares donde la comunidad expresa su rechazo a proyectos extractivos. En segundo lugar, porque opera en un contexto de crisis de las actividades que fueron sostén productivo y dinamizadoras de la economía provincial durante 100 años. 

 

 

Al respecto, la investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata Maristella Svampa, integrante también de la Mesa de Transición, reflexionó: “El fracking no es un destino, sino una imposición gubernamental y corporativa que hace más insustentable el modelo de desarrollo hoy existente en Río Negro. Por eso es más que nunca necesario avanzar hacia una transición energética que vaya hasta la raíz. Y para eso hay que promover las energías limpias y renovables y defender la matriz productiva regional”.

 

 

Un futuro sustentable

El avance de la frontera hidrocarburífera en el Alto Valle y Valle Medio de Río Negro dio lugar a un activo movimiento de oposición a la técnica de fractura hidráulica, que se aplica para la extracción de hidrocarburos de formaciones compactas (tight sands y shale). Esa técnica fue prohibida en 12 municipios, sin embargo las ordenanzas de Allen y Fernández Oro, donde la actividad hidrocarburífera se expandió en los últimos años, fueron judicializadas por el Estado e YPF, respectivamente, y declaradas inconstitucionales por el Superior Tribunal de Justicia provincial. El argumento en ambos casos fue que solo el Estado provincial tiene potestad sobre los recursos hidrocarburíferos. 

La idea de limitar la ampliación de la frontera extractiva parte de la determinación de no sacrificar la sustentabilidad ambiental y social en busca de un esperado beneficio económico. Quienes firman la Propuesta para la diversificación productiva y la democratización energética sostienen que lograr ese freno sería un paso necesario, aunque insuficiente, por lo que se animan a proponer alternativas capaces de sostener el bienestar de la comunidad a largo plazo en equilibrio con el medio. 

Con ese fin, ubican a la producción de alimentos en un lugar central. Sostienen que se necesita un debate urgente en torno a la distribución de la tierra, el acceso al agua y una mayor equidad entre los sujetos sociales del sector productivo, más aún si se consideran los riesgos que existen y la vulnerabilidad en que se encuentran quienes producen. “La generación de políticas públicas inclusivas, soberanas, sustentables en términos socioambientales y económicamente más justas requiere que estos debates sean parte de la agenda pública”, señalan y concluyen: “La fruticultura y la horticultura son un camino necesario para construir la soberanía alimentaria”.

Por otra parte, describen el potencial en términos de generación de energía eólica, dada la frecuencia y la velocidad de los vientos de la región. Y vinculan esa cualidad natural con un entramado entre la industria y los organismos de ciencia y técnica regionales para desarrollar la tecnología de los nuevos molinos. 

A su vez,  la provincia cuenta con la posibilidad de desarrollar actividades de recreación y turismo en sus diversas localidades, desde una lógica comunitaria. El turismo a gran escala es una tendencia que se debe problematizar por su carácter extractivo y multiplicador de desigualdades. Un plan alternativo debe impulsar el desarrollo local de las comunidades receptoras, contribuir a la protección y conservación de las condiciones naturales del territorio y propiciar la producción a pequeña escala y con condiciones laborales dignas. 

Por último, focalizan en que la minería no metalífera puede desarrollarse con un bajo impacto ambiental, si se tiene una fuerte política de controles, fiscalización e incentivos a los fines de reducir impactos y promover la actividad. Una de la razones para prestar atención a este sector es que las firmas que lo motorizan suelen ser pymes que emplean mano de obra local. 

Durante las actividades de presentación del documento, Leonardo Salgado, doctor en Ciencias Naturales e investigador de la Universidad Nacional de Río Negro, sintetizó el objetivo de la propuesta: “Es urgente que discutamos nuevos modelos de producción para nuestra provincia, nuevas formas de relacionarnos con el ambiente y con la sociedad. Debemos comenzar a pensar en vivir de otra manera, quitando del centro la renta y privilegiando la solidaridad y la equidad.”

 

 

 

 

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