Entre la vida y la muerte obrera

A 45 años de la toma de Astarsa, que dio lugar al secuestro y desaparición de trabajadores

 

El 27 de mayo se cumplirán 45 años de la toma de Astarsa por sus obreros navales, de los que fui delegado. Las pésimas condiciones de trabajo en el astillero producían contínuos accidentes, muchos de ellos mortales, al punto que se pensaba, de una manera fatalista, que cada barco construido se llevaba la vida de uno o más obreros navales. Ante la nula defensa de nuestros derechos por la dirigencia sindical burocratizada, decidimos crear al agrupación gremial 12 de Septiembre, por el día del trabajador naval. En el verano de 1973 un compañero se mató al caerse de una grúa de veinte metros de alto, y el 23 de mayo —dos días antes de que asumiera el gobierno de la nación Héctor Cámpora—, sucedió otro accidente mortal en el astillero. Una explosión en el barco, producto de una superposición de tareas (juntar un origenista y un soldador en el doble fondo), hirió gravemente al compañero José María Alessio. Inmediatamente los compañeros de la agrupación seguidos por el resto de los obreros pararon el astillero y se autoconvocaron en asamblea permanente, sin injerencia de la dirección sindical. Al pasar los días y ver que no era satisfecha la reivindicación exigida —despido del cuerpo de seguridad e higiene de la empresa—, se resolvió continuar con el paro. La dirigencia sindical se hizo presente y trató de levantar la medida de fuerza mintiendo que el compañero accidentado se estaba reponiendo en el Instituto del Quemado. En ese momento llegó un compañero con la noticia de que había fallecido. Una ola de indignación recorrió el taller, los burócratas fueron repudiados, insultados y abandonaron el astillero. El compañero Martín Mastinu (actualmente desaparecido), se puso a la cabeza de los demás obreros y tomaron el astillero.

El compañero Alejandro Sonini (actualmente desaparecido), me avisó que habían tomado el astillero y que me esperaban. En el camino conformé el pliego de condiciones. Al llegar me reuní con los compañeros en una de las oficinas tomadas y propuse ampliar la lista de reivindicaciones:

1) Despido del Cuerpo de Ingenieros de Seguridad e Higiene de la empresa.

2) Reconocimiento por parte de la empresa de un Cuerpo de Seguridad, Salubridad e Higiene, compuesto por los propios trabajadores.

3) Reincorporación de todos los trabajadores despedidos por problemas políticos y gremiales de cinco años a la fecha.

4) El pago de todos los salarios perdidos por el conflicto, y

5) La promesa de no represalias por parte de la empresa.

Después de varios días de toma de fábrica, la lucha se ganó. La experiencia fue traumática para la patronal y reveladora para los obreros. A partir de ese momento fueron reincorporados decenas de compañeros despedidos, yo entre ellos. Se convocó a elecciones de delegados y a dos representantes de cada sección para conformar la Comisión del Control Obrero de las Condiciones de Trabajo. Fueron elegidos todos compañeros de la agrupación. Se clausuraron todas las zonas potencialmente inseguras o insalubres hasta que la recién creada Comisión dictaminara las nuevas normas de trabajo. Paralelamente, los integrantes de la Comisión se capacitaron y fueron asesorados sobre salubridad e higiene en el Instituto de Medicina del Trabajo de la Facultad de Medicina, y sobre riesgos laborales en la Universidad Tecnológica Nacional. La Comisión realizó mediciones de ruidos y toxicidad en los ambientes de trabajo (hasta en los lugares abiertos el ruido superaba los 90 decibeles), y se dictaminó la insalubridad del 100% del astillero.  La patronal apeló la resolución, pero ante la proximidad de un nuevo conflicto aceptó el dictamen del Ministerio de Trabajo.

La comisión investigó en los antiguos partes de trabajo y dictaminó que todos los compañeros habían trabajado siempre en condiciones de insalubridad y riesgos laborales. Al reconocer la insalubridad de la totalidad de las tareas, Astarsa tuvo que aceptar que adeudaba de una manera retroactiva dos horas diarias a cada trabajador. Esto equivalía a meses o años según la antigüedad, A los compañeros se les dio a elegir entre cobrar el dinero adeudado o sumar ese tiempo a las vacaciones. La mayoría decidió por vacaciones, los más grandes acortar el tiempo para jubilarse. La experiencia se extendió a los demás astilleros y aglutinó a su alrededor a los trabajadores de la gran mayoría de las empresas existentes en la zona: Ford, Fate, Terrabussi, Matarazzo, Alba, Gilera, Lozadur, Corni. Mientras duró la Comisión del Control Obrero de la Seguridad, Salubridad e Higiene (1973-1976), no hubo en el astillero ningún accidente laboral.

Los conflictos por las condiciones de trabajo y por democratizar los sindicatos se sucedieron a lo largo y ancho del país. Miles de establecimientos tomados fueron la respuesta del movimiento obrero, que buscaba reeditar en sus lugares de trabajo y en los sindicatos el triunfo conseguido en las urnas.

En el año 1975 el gobierno de la Nación llamó a los sindicatos y a las patronales a discutir los Convenios Laborales (paritarias). La cúpula sindical reclamaba un aumento salarial del 50% y los trabajadores rechazaban ese porcentaje por insuficiente. El gobierno intentó imponer por decreto un aumento del 38%, mientras tanto el país seguía paralizado. Los gremios combativos, las agrupaciones de base y sus coordinadoras regionales, todos enfrentados a la burocracia sindical, se pusieron de acuerdo para impulsar una movilización (el Rodrigazo) que le significó al gobierno de Isabel Perón la renuncia del Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, y del de Bienestar Social, López Rega (creador de la Triple A). Los obreros navales condujeron la movilización de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, y en su negociación paritaria consiguieron trasladar al convenio todo lo conseguido por la Comisión del control obrero de las condiciones de trabajo y un aumento del 100% en los salarios. Mientras los delegados paritarios discutíamos con los representantes de las patronales en el Ministerio de Trabajo, mandamos tomar todos los astilleros de la zona norte.  Las patronales de los diferentes astilleros tuvieron que equiparar los sueldos a los salarios que percibían los obreros de Astarsa, y agregar a ese sueldo un 100%.

Durante el período del gobierno peronista (1973-1976), las contradicciones entre el campo popular y la dirigencia político-sindical se agudizaron. Los funcionarios que no aceptaron derechizar sus políticas fueron expulsados de sus cargos, amenazados, perseguidos o asesinados por la Triple A. Lo mismo sucedió en el campo sindical. La reforma a la ley sindical permitió a la burocracia intervenir los cuerpos de delegados y comisiones internas opositoras. Cuando esto no fue posible por su grado de organización y lucha, decenas de trabajadores resultaron secuestrados, torturados o asesinados por la Triple A. Ante este panorama de desobediencia civil, las Fuerzas Armadas se apoderaron del gobierno. El 24 de marzo de 1976 se instauró en la Argentina la dictadura más sangrienta de nuestra historia. Los motivos alegados por los militares fueron terminar con el caos, la corrupción y el desorden.  A las pocas horas del golpe quedó claro, al menos para los trabajadores, que los objetivos fundamentales eran destruir las organizaciones obreras y ahogar en sangre todos los intentos de organización de las nuevas experiencias.

El 24 de marzo de 1976 tanques de guerra, tanques de asalto y helicópteros entraron al astillero y con el apoyo y ayuda de sus directivos detuvieron a 60 trabajadores. Además de los asesinados y secuestrados, dieciséis obreros permanecen aún desaparecidos.

El día del golpe cívico-militar el Directorio de Astarsa estaba integrado por Raúl F. Aleman (presidente), Eduardo Braun Cantilo (vicepresidente 1º), Francisco Ramos Mejía ( Vicepresidente 2º), Armando Braun Menéndez, Eduardo Bidau, Oscar Braun Menéndez, Marcel Capdevielle, y Charles Lockwood (Secretarios).

 

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