Entre perros y gatos

Los verdaderos alcances del proyecto de moratoria con media sanción en Diputados

 

«La moratoria es necesaria dado el estado complicadísimo, tanto para la población en términos económicos como para el Estado en términos de recaudación. Esto es un círculo pernicioso que hay que cortar.” Así empezaba mi discurso el viernes 31 durante la sesión que resultó por demás insultada; y digo insultada por la calamidad de hechos, la falta de argumentos y la sobrada pelea de perros y gatos que vuelve a denostar el trabajo de la Cámara de Diputados de la Nación.

La moratoria impositiva era necesaria para muchísimas empresas en este contexto y es necesario que la ciudadanía sepa exactamente por qué. Hablamos durante las comisiones de la necesidad de ser generosos, y ser generosos en este caso implicó introducir a todos los sectores de la economía, ayudarlos a ellos y también a la recaudación de las arcas públicas. Porque si hay algo que debemos tener en claro es que no podemos seguir recurriendo a la emisión, y no podemos volver al endeudamiento externo.

Por eso, y con complacencia de algunos sectores de la oposición como el interbloque Unidad Federal para el Desarrollo, construimos un dictamen (y más tarde un proyecto aprobado) que tuvo como una de las prioridades hacer diferencia entre las empresas chicas/medianas y las grandes, a cuáles les propinó algunos límites concretos a repartir ganancias o a llevarse las divisas.

Este hecho debe ser destacado, sobre todo tras la retahíla de insultos y agresiones en la sesión. Nosotros lo venimos pidiendo hace mucho tiempo, porque creemos firmemente que no podemos aceptar que las empresas incumplan compromisos con la ciudadanía, mientras que se reparten millonarias ganancias. Lo marcamos ante los tratados multilaterales que se firmaron los años pasados y en particular en el impacto enorme que esto tiene en la inversión de todo tipo, y más aún en los servicios públicos.

No puede haber reparto de ganancias de estas empresas, si antes no se cumple acabadamente con los compromisos acordados. No solo porque estamos hablando de plata que usualmente se va a la especulación, sino porque en algunos casos muy notorios, como el de los servicios públicos —básicos para la vida—, permitirlo va directamente contra la posibilidad de mejorar la vida de millones de argentinos.

Claro está que a pesar de lo debatido en comisión y de los cambios introducidos para mejorar el proyecto se siguió estableciendo sólo un debate público que dejó de lado la importancia de todo este proyecto. Ese debate que se trasladó a la Cámara Baja en agresiones constantes de parte de la oposición mayoritaria y respondidas por el oficialismo, tienen como eje una sola empresa, y ahora les pregunto: ¿es Oil Combustibles el único beneficiado?

¿Qué pasa con Vicentin? Por traer de ejemplo de una de las empresas eje de las noticias desde que Alberto Fernández propuso su expropiación, pero también podemos preguntar por otras. ¿O acaso el grupo Clarín no ingresa también en este proyecto de ley? ¿Qué pasa si no con inversores de bancos privados, o Pampa Energía, o Distribuidora de Gas Cuyana? ¿Qué pasa con Mercado Libre o las empresas de telecomunicaciones?

Este proyecto volvió a ser utilizado para politiquería berreta en defensa de otras empresas, a las que también les podemos poner en duda su fiabilidad económica y empresarial. Se tomó un ejemplo para viralizarlo y someter toda la construcción y debates de días, entre los diferentes bloques, para promover el odio y los rencores.

 

 

 

 

Mientras tanto, en esta crisis económica global siguieron ganando siempre los mismos. No importó el beneficio claro y contundente para los monotributistas que se concretó en la exención del componente impositivo, conforme la cantidad de cuotas que se detallan para cada categoría y con un máximo de descuento de 17.500 pesos. Importó una empresa por sobre ideas, proyectos y acciones; y ganó la podredumbre política.

Hay que decir también que una ley de moratoria no es una medida que alcance en el contexto de pandemia y que se necesita una regulación sobre las empresas que no solo no se han visto perjudicadas por la crisis, sino que vienen enriqueciéndose con ella, y conquistar la equidad necesaria.

No debemos quedarnos tranquilos con lo que entendemos es media solución, porque si algunos ganan con la cuarentena, se siguen cometiendo injusticias; no solo la población hace un esfuerzo y paga un costo económico y social alto para cuidarnos entre todos, sino que algunos encima se enriquecen a su costa. El aislamiento no se dictó para distribuir riqueza, sino para cuidar la vida, y desde los poderes del Estado debemos garantizar discusiones y leyes que promuevan la equidad y los consensos.

Hoy no somos ejemplo de nada de eso, pero sí lo somos de la violencia simbólica y de los discursos vacíos. Debemos darles trascendencia a los proyectos que vienen a ayudar en este contexto y no seguir el camino bochornoso al cual nos están empujando.

 

 

 

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