¿Es reformable el neoliberalismo?

Las audiencias por el destino de la Costanera Norte mostraron que hay otra sociedad latente

 

Muchos de los problemas que tenemos en la Argentina son, en realidad, mundiales.

Las enormes disparidades sociales, la impotencia política de los Estados para volver más racional la economía, las demandas sociales que exceden lo que puede ofrecer el mercado y eventualmente lo contradicen,  los políticos formateados según las necesidades corporativas, constituyen una realidad universal que clama en todas partes para que la política asuma y enfrente situaciones que dañan las posibilidades de progreso de las sociedades.

Nada cambiará mágicamente por efecto de la pandemia. Muchos problemas globales se han agudizado, y la llegada de Biden a la presidencia norteamericana –si bien recortará algunos enfoques atroces de Trump en varios terrenos—, no apunta a que el planeta vuelva a un orden deseable y viable. Aún las grandes corporaciones productivas y financieras –responsables y grandes beneficiarias del orden neoliberal que llega hasta el presente— mantienen confortablemente las riendas en Washington y en otras latitudes.

Pero pueden observarse en distintos planos, tanto en las altas esferas como en los movimientos ciudadanos, signos de resquebrajamiento y agotamiento de un orden, que dan cuenta de procesos en curso que pueden abrir perspectivas interesantes.

 

 

El reset que se planteó en Davos

La localidad Suiza de Davos aloja anualmente una importante reunión de figuras económicas y políticas de la elite internacional, que además de contactarse para hacer nuevos negocios, intercambian perspectivas y evaluaciones sobre el orden global. Luego de la crisis de 2008, el Foro de Davos reflejó la alarma de grandes figuras del capitalismo por las fallas que había mostrado el sistema financiero global. Alarma que rápidamente se disipó cuando advirtieron que la situación global se había estabilizado. Este año, nuevamente, el Foro reflejó inquietudes que circulan en la cúpula del poder global.

Nada mejor que conocer algunas de las propias palabras que Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos, utilizó en una de sus exposiciones recientes:

«Será necesario revaluar otras consignas de nuestro sistema económico global con una mente abierta. Una de las principales es la ideología neoliberal. El fundamentalismo de libre mercado ha erosionado los derechos de los trabajadores y la seguridad económica, ha desatado una carrera desregulatoria a fondo y una ruinosa competencia impositiva, y ha permitido el surgimiento de nuevos monopolios globales gigantescos. Las reglas de comercio, tributación y competencia que reflejan décadas de influencia neoliberal ahora tendrán que ser revisadas. De lo contrario, el péndulo ideológico –ya en movimiento— podría oscilar de vuelta hacia el proteccionismo a gran escala y hacia otras estrategias económicas perjudiciales para todos».

 

 

Klaus Schwab, toque de alarma.

 

 

El párrafo es extraordinariamente rico, porque encierra la admisión de algunos de los desequilibrios más evidentes que se promovieron entusiastamente desde los países centrales durante los últimos 40 años en la economía y la sociedad mundiales.

Sorprende, por supuesto, la mención a los derechos de los trabajadores, que fueron literalmente borrados de la literatura económica mundial, juntamente con la protección social y todas las referencias al Estado de bienestar. Precisamente el Estado de bienestar fue en la posguerra el gran estabilizador macroeconómico y promotor de sociedades integradas, casi sin crisis financieras. La desregulación ilimitada también es aludida por Schwab, lo que ya es otro avance sorprendente: cuando uno escucha a los neoliberales locales y a sus patrocinadores, lo único que percibe es que siempre se debe desregular más y que eso constituye un aliciente suficiente para la inversión y el crecimiento. En Davos están volviendo de ese dogma fracasado.

Aparece en el párrafo citado la “ruinosa competencia impositiva”, que lleva a un proceso de constante desfinanciamiento de las arcas de todos los Estados, pero que para nuestros países periféricos es doblemente ruinosa, porque además está combinada con las múltiples formas que tienen las corporaciones multinacionales para eludir la tributación local. Los nuevos monopolios globales gigantescos ya están siendo sancionados por sus abusos en la Unión Europea y mirados con creciente escrutinio en el Parlamento norteamericano, pero no existen como problemática en nuestra región, que se ha constituido en el paraíso del pensamiento liberal más retrógrado y antisocial.

Schwab insta a que éstas líneas de pensamiento neoliberales sean revisadas, aludiendo a su temor a que el péndulo ideológico oscile hacia el lado del proteccionismo y “otras estrategias económicas”. No le podemos pedir a él que saque conclusiones sobre si los males económicos que señala son malformaciones circunstanciales –“excesos”— o características centrales de la economía capitalista del siglo XXI.

Tal oscilación en el pensamiento no ocurrirá sola. Dependerá de que el neoliberalismo realmente existente continúe realizando sus habituales tropelías económicas, sociales y ambientales en todo el planeta, y de que vaya surgiendo en todos los ámbitos la alternativa política, ideológica y cultural superadora de un esquema cuyo único norte es la rentabilidad de las corporaciones globales.

Recientemente ocurrió en el ombligo del sistema global, Wall Street, un episodio bochornoso que sin duda contribuirá a la clarificación colectiva sobre las actuales “reglas de juego” de la tan famosa como inexistente economía “libre”.

En una muy apretada síntesis diremos que una masa de pequeños inversores, que se agruparon en la red social Reddit, decidió participar en el mercado bursátil norteamericano, comprando acciones de empresas cuyos precios debían continuar cayendo para que ganaran los grandes fondos, que habían apostado a la baja. El repentino repunte en el valor de esos papeles –efecto de las compras de estos pequeños inversores— trastocó las reglas no escritas del “mercado” y empezó a provocar importantes quebrantos a los grandes especuladores tradicionales.

Ante este panorama, que violaba la regla no escrita de que siempre ganan los mismos, uno de las grandes empresas privadas corredoras de Bolsa, Robinhood, suspendió arbitrariamente sus operaciones con las acciones demandadas por los nuevos y pequeños inversores. Con eso frenó y revirtió una pérdida de importantes proporciones para los jugadores tradicionales.

El episodio desnudó varias cosas, desde la inexistencia de regulación pública en actividades especulativas más que dudosas, hasta la existencia de una regulación privada tan invisible como grosera, por parte de los grandes actores del sistema. De libre mercado, poco y nada. De igualdad de oportunidades para todos los jugadores, menos aún.

Para la generación que participó en la movida bursátil que se cocinó en la red Reddit, es una gran lección sobre las características reales de un sistema que se presenta formalmente abierto, pero que no lo es. Aprendizaje que se suma a la lección de la crisis financiera de 2008, en la cual las autoridades norteamericanas desprotegieron a todo el mundo en nombre de las reglas del mercado, salvo a las gigantescas empresas financieras que eran “demasiado grandes para quebrar” y que fueron prolijamente rescatadas. Neoliberalismo en acción.

 

 

 

 

 

El iceberg

Recientemente, el periodista Alfredo Zaiat señaló que la ONG británica Tax Justice Network ha estimado, en base a información pública y reconocida, que el Estado argentino deja de percibir sólo por maniobras de elusión impositiva de las multinacionales que operan en nuestra economía, 2.700 millones de dólares anuales. Décadas de literatura económica especializada han puesto de relieve los problemas que trae la operatoria de estas gigantescas firmas en la periferia, especialmente en la época del neoliberalismo, que tanto énfasis ha hecho en el desmantelamiento del Estado en todas sus formas. El neoliberalismo periférico no sólo opera a favor de los intereses privados y en contra de toda la comunidad, sino específicamente a favor de las multinacionales, en detrimento de las propias capacidades locales de garantizar un mejor nivel de vida para las mayorías, al minar la capacidad recaudatoria del fisco.

Pero a esa pérdida sistemática de recaudación deben sumársele las maniobras también archiconocidas de subfacturación de exportaciones que realizan las exportadoras de cereales, petróleo, minerales y pesca, o de contrabando abierto, como se ha denunciado en reiteradas oportunidades. En esos casos, no hay espías, no hay tecnología, no hay computadoras, ni satélites, ni filmadoras, ni testigos protegidos. Simplemente no se sabe nada ni se llega a ninguna conclusión.

Nuestro PBI supera en este momento los 400.000 millones de dólares, y seguramente cuando se estabilice nuestra situación cambiaria se acercará a los 450.000 millones. Un cálculo sumamente conservador permite estimar en al menos 9.000 millones de dólares la pérdida de recaudación por incapacidad del Estado de controlar la riqueza que se envía desde aquí al exterior y que encontró la forma de no tributar los impuestos que corresponden. Equivale, por lo menos, a 2 puntos del PBI, que adecuadamente utilizados pueden ser un gran acelerador del progreso del país. No son recursos que se le quitarían a la “inversión” como dirán los representantes de los evasores, sino a la fuga hacia el exterior de nuestra economía. La continuidad del Estado bobo e incapaz de controlar y recaudar es una necesidad de los evasores –y un lindo curro de los países centrales, que reciben esos flujos—, y un corolario de la ideología neoliberal periférica que los representa cabalmente.

 

 

Síntomas de lo nuevo

Un interesante tramo de la Costanera Norte de la ciudad de Buenos Aires se libera de las concesiones realizadas en los ’90, época de oro del liberalismo local, con la consabida filosofía de “negocios sobre cualquier otra cosa”. Las concesiones expiran ahora, pero el neoliberalismo local, hoy expresado por el gobierno de Rodríguez Larreta, no. Como en los ’90, aparece de vuelta el lobby del negocio privado, representado perfectamente en la ya demasiado larga gestión del PRO, con acompañamiento “progresista” de la UCR y socialistas de Cortina.

Fruto de esta persistencia de los ’90 es la propuesta de privatizar ahora todo ese tramo, para la construcción de edificios carísimos, shoppings y muy recortados espacios de esparcimiento. Nos encontramos nuevamente con la filosofía del consumismo vacío para las masas, la satisfacción de las necesidades de inversión de los desarrolladores inmobiliarios, el acaparamiento de los lugares más atractivos por una pequeña elite de altos ingresos y la expresión más acabada de un personal político formateado según las necesidades del negocio particular. No son capaces de concebir otra idea. Si bien el proyecto privatizador fue en principio aprobado por la Legislatura de la Ciudad, se debieron realizar Audiencias Públicas para que lxs ciudadanxs porteñxs pudieran expresar sus opiniones al respecto.

Impensadamente, se generó un hecho de participación social con importantes repercusiones políticas. Una masa muy importante de ciudadanos sintió la necesidad de expresarse en primera persona. Se anotaron para participar miles de personas, y más de 2.000 pudieron expresar, muy brevemente sus opiniones.

 

 

 

Lo que resulta conmovedor es la calidad y cantidad de testimonios de vecinxs de la ciudad, abrumadoramente en contra del proyecto. Si bien no pudimos presenciar todos los testimonios, hubo muchas exposiciones extraordinarias. Algunas por su rigurosidad, otras por la originalidad de su enfoque, otras por su calidez y autenticidad humana. Una gran presencia de mujeres, de muy diversa extracción y edad, explicando sensata y contundentemente lo maravilloso que sería contar con ese espacio para encontrarnos, comunicarnos, disfrutar del río y los árboles, del mate y de la gente.

El anonimato, los problemas individuales, el ritmo a veces abrumador de la vida cotidiana, nos impiden tomar nota de la impresionante riqueza humana que tiene Buenos Aires. Por lo general aparecen los ejemplos desagradables, no generalizados pero muy destacados, de individualismo egoísta. A veces parece que el gobierno de PRO fuera la clara expresión de un tipo de ciudadanx tilingo y superficial, una suerte de clase media universal americanizada.

Por supuesto que el macrismo es la continuación perfeccionada del menemismo, de la promoción de los negocios privados sobre cualquier otra consideración: esa es –más allá de cualquier disquisición instrumental— la esencia central de neoliberalismo, tendencia económico-cultural dominante en todo el planeta.

El menemismo-macrismo es la expresión de la falta completa de respeto al patrimonio cultural, a la especificidad histórica porteña, a la riqueza de lo propio, a la importancia de lo comunitario. Es la universalización de la estandarización americanizada de la vida. Sujetos programados para trabajar y consumir. Si trabajan mucho, y ganan mucho, podrán adquirir un departamento premium con vista al Río de la Plata. Si trabajan mucho, pero ganan poco, podrán ir a pasear a los nuevos shoppings y a consumir un cafecito en la Costanera. Si están desocupados, sabrán que no tienen lugar en esta ciudad de consumidores. Por ahora, la ciudadanía pasa por el consumo.

Pero lo que apareció a la vista de todxs en las Audiencias es que en nuestra ciudad hay una gran base humana para una propuesta claramente alternativa. Una propuesta que puede ser masiva, porque interpela necesidades muy básicas de los ciudadanos, como tener una vida más armónica, más natural y más comunitaria. Una propuesta que puede ser rupturista, porque cuestiona aspectos centrales del modo de vida neoliberal: la construcción de individuos cuya felicidad pase centralmente por consumir. Y una propuesta que puede ser comprendida sin grandes disquisiciones ideológicas: las brillantes razones esgrimidas por cientos y cientos de expositorxs para favorecer un gran parque que albergue a miles de porteñxs disfrutando de un entorno natural son perfectamente comprensibles por cualquier persona, independientemente de su formación y conocimientos. Basta que sea mínimamente sensible.

Se pudo ver que Buenos Aires está poblada de muchos profesionales con ideas plausibles, razonables, maravillosas. Que hay mucha ciudadanía consciente, capaz, madura, que no está mirando idioteces en la televisión.

Hay otra sociedad, más humana, más inteligente, más vivible, que está ahí latiendo, y que tiene que salir a la superficie. Ha crecido sola y se ha nutrido de las mejores tendencias de la cultura universal y local. Esa otra sociedad viene siendo tapada, hasta hoy, por capas de mediocridad, roscas de bajo vuelo y la inercia de lo viejo.

El proyecto de un hábitat más feliz tiene miles, o decenas de miles de representantes. Un hábitat humano, vivible, que será, de hecho, una ruptura cultural con las prioridades y valores mercantiles impuestos a la sociedad por una reducida elite de negocios, clon de los mediocres que gobiernan el mundo.

Hace falta que encuentre el cauce organizativo y político adecuado, y las y los líderes que encabecen ese movimiento subyacente, con inteligencia y compromiso genuino.

Deben saber que no estarán solos, porque en todo el planeta la “sociedad de mercado” tal cual la conocemos hasta hoy, será sometida a demolición.