ESA MALDICIÓN TRANSHISTÓRICA

Que Macri se quede hasta el 10 de diciembre

 

En la semana siguiente a las elecciones PASO escuché o leí, de distintos analistas, el
siguiente concepto. Pongámoslo en palabras de Eduardo Fidanza: “Su administración [la
de Macri] parece encaminarse a un módico final que podría incluir una novedad
saludable: que un gobierno no peronista concluya su mandato, algo que no sucede desde
1928” (La Nación, 17 de agosto de 2019).

Esta es la idea: desde 1928 ningún gobierno no peronista concluyó su mandato. Quizás
estemos ante la primera vez que ocurra. Dicen que hasta el propio Macri siempre se
planteó entre sus objetivos alcanzar dicha hazaña.

La frase en cuestión encierra, para quienes la dicen, este presupuesto: el peronismo, de
una u otra forma, no deja que concluyan los gobiernos que no sean los propios. De allí el
carácter de hazaña para quien rompa con este maleficio.

Malas noticias: la “novedad saludable”, la “hazaña” o como se la quiera llamar, resulta imposible.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a que se invoquen los “70 años” en los que el país parece haberse perdido. La frase, dicha hasta el cansancio por el actual Presidente y sus funcionarios, remite al período histórico inaugurado por el peronismo en 1946. Podrá discutirse si esto es así o no, pero al menos es una expresión que resiste la lógica: puede responsabilizarse al peronismo de algo ocurrido con posterioridad a su nacimiento y existencia. Pero la frase que refiero, dicha por quienes la dicen como si postularan algo evidente e indiscutible, atenta contra toda lógica.

En 1928 el peronismo no existía. Por lo tanto, hasta el 24 de febrero de 1946, cuando el “peronismo” se presentó por primera vez a elecciones, todos los gobiernos eran “no peronistas”.

El razonamiento que hoy critico es tan cierto como algunas de las siguientes afirmaciones:

  • “Afortunadamente, en la Primera Junta no había ningún peronista.”
  • “La creación de la bandera no surgió –como quieren hacernos creer– de propuestas
    peronistas.”
  • “Tal como se esperaba, San Martín cruzó los Andes con un ejército no peronista.”
  • “Para acabar con la tiranía, el no peronismo venció en la batalla de Caseros”.

Que cada uno agregue lo que quiera.

Si nos corremos de los lugares comunes y apelamos a una simple descripción de la
historia argentina contemporánea, podemos decir lo siguiente:

Desde 1946 a la fecha, excluyendo tanto a los gobiernos surgidos de golpes militares –Lonardi y Aramburu (1955-1958); Onganía, Levingston y Lanusse (1966-1973); Videla, Viola, Galtieri y Bignone (1976-1983)–, cuanto a los gobiernos legales pero ilegítimos a partir de la exclusión del peronismo –Frondizi, Guido e Illia (1958-1966)–, hubo cuatro gobiernos democráticos, legales y legítimos que no concluyeron su mandato:

  1. El segundo gobierno de Juan Domingo Perón, en septiembre de 1955, que debiera
    haber concluido en junio de 1958.
  2. El gobierno de María Isabel Martínez de Perón, en marzo de 1976: su mandato
    concluiría tras las elecciones convocadas anticipadamente para octubre de ese
    mismo año.
  3. El gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, que en julio de 1989 adelantó el traspaso de la
    banda presidencial previsto para diciembre de ese año.
  4. El gobierno de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001, que abandonó la Casa
    Rosada dos años antes de lo previsto.

Es decir, dos gobiernos peronistas, uno radical y otro de una alianza que hegemonizaba
el radicalismo pero que incluía a sectores peronistas. Agreguemos que los dos gobiernos
no peronistas referidos no concluyeron sus mandatos a causa de un golpe militar.

¡Qué lejos de la realidad aquella frase instalada! ¿No?

Pero –parece– la Historia no importa.

El peronismo se nos presenta como responsable no sólo de lo que pasó con
posterioridad a su existencia, sino también de lo que pasó antes… ¡A tal punto que se
pueden batir récords hacia atrás refiriéndose a él!

Hecho maldito del país burgués, una vez más.

Chivo expiatorio atemporal y metafísico de los desatinos de la Patria.

“Hablar es gratis”, razona el dicho callejero.

A lo largo de la Historia, muchos maestros nos enseñaron que si hay algo que no es
“gratis” es, precisamente, hablar.

Porque la palabra forma opinión – la doxa de los griegos. Y la opinión se vuelve
“sentido común” a lo Gramsci, más difícil de cambiar que un gobierno autoritario.

Concluyo esta breve columna antes de que los enemigos se la atribuyan al peronismo
eterno. Por muchos motivos, sería bueno que el 10 de diciembre el Presidente Mauricio Macri termine su mandato. Entre otros, para hacerse cargo hasta el final de sus propias políticas. Pero además porque se abre la esperanza de que una de las muchas zonceras que cada tanto se instalan entre nosotros deje de ser dicha.

 

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