Escaramuzas antes de la batalla

Las operaciones de la timba internacional no pueden pesar más que el silencio expectante de las mayorías

El macrismo supo asombrar a los partidarios del kirchnerismo por la rapidez y determinación con la que procedió a desmontar uno a uno los logros y avances que se habían realizado trabajosamente a lo largo de 12 complejos años. Atacó todos y cada uno de los aspectos del gobierno anterior, buscando revertir aceleradamente lo que para muchos era un intento de construir un proyecto nacional viable.

Numerosos opositores quisieron sacar una lección de lo realizado por el gobierno de Cambiemos: ¡miren con qué decisión actúan! ¡Miren qué poco les importan las instituciones y las formalidades legales! ¡Miren cómo encuentran las formas, prolijas o desprolijas, de revertir todo lo que se construyó y construir poder propio! La conclusión a la que se llegaba era simple: el próximo gobierno popular debería hacer otro tanto, con el mismo desapego a las formalidades legales, pero en la dirección opuesta.

Desde ya que las cosas son muchísimo más complejas, ya que si bien la voluntad política es fundamental, también existen condicionantes materiales, institucionales y humanos que inciden en la libertad de tomar decisiones públicas.

 

 

Asimetrías de poder

Desde la dictadura cívico-militar, estamos viendo la asimetría existente entre los gobiernos de la derecha depredadora y las dificultades que tienen los gobiernos democráticos y populares para reorientar la economía hacia senderos más promisorios.

La dictadura fue un fracaso político, ya que nadie la pudo reivindicar públicamente ni dejó descendencia partidaria permanente, como sí lo hizo la dictadura de Pinochet.

Pero desde el punto de vista económico, dejó un cuadro estructural que condicionó al extremo al gobierno de Alfonsín. Lo significativo de la herencia dictatorial es que si bien aparentemente no quedaban en el país actores políticos que defendieran lo realizado por Martínez de Hoz y sus Chicago Boys, el gobierno militar había atado al país a compromisos con acreedores externos que serían, de hecho, los custodios de la herencia de la dictadura.

La deuda con los bancos acreedores llevó a introducir al FMI en el diseño de las políticas públicas. Pero el FMI no tiene ejército, ni cuerpo diplomático, ni maneja medios de comunicación globales. No puede presionar por sí mismo. De eso se ocupan las grandes potencias, que fueron finalmente las custodias reales de que el gobierno democrático no pudiera zafar de la nefasta herencia dictatorial de ajuste y estancamiento, en función de pagar los compromisos externos. Siempre con el FMI en el medio, para que parezca más “técnico” y multilateral.

Este punto es central: las minorías sociales que cada tanto se encaraman al poder en el país no logran sostener el control del Estado, porque hay importantes fuerzas sociales que los cuestionan y logran desplazarlos. Pero cuentan con un respaldo externo invalorable: el conjunto de instituciones globales que regulan la gobernabilidad neoliberal. Los que garantizan que ciertas cuestiones no puedan ser revertidas por los gobiernos populares son las principales potencias de Occidente, las instituciones globales que les responden, los organismos financieros “multilaterales”, los acuerdos económicos, los compromisos legales, las presiones “blandas” de la prensa internacional, etc.

La deuda externa es una relación económica y política que vincula nuestra sociedad –representada por el Estado— con el capital global e indirectamente, con los Estados centrales. Una vez contraída, es el capital global a través de sus Estados, sus instituciones y sus medios de presión el que exige que esos compromisos se cumplan, blandiendo siempre el conjunto de sanciones –financieras, económicas, militares— de toda índole que se enfrentarían si los pagos debidos no se efectuaran.

De alguna forma, los “garantes del modelo neoliberal” que se intentó implantar hasta 2019 en la Argentina son hoy los acreedores internacionales. La traba está puesta por arriba de la sociedad argentina, y si se hiciera caso a todas las demandas de los financistas –de afuera y de aquí—, nos encontraríamos al final de las negociaciones a un gobierno nacional, elegido por el voto popular y con un mandato de impulsar el crecimiento y mejorar la realidad social, despojado de toda capacidad de cumplir con los compromisos electorales que asumió.

Imaginemos por un segundo a este mismo país, a este mismo gobierno, con una deuda externa muy reducida, que fuera irrelevante desde el punto de vista presupuestario y de la cantidad de divisas que hay que destinar a los pagos externos. Con el muy buen equipo económico que ha designado el Presidente Fernández, el despliegue de ideas en relación a la inversión, el crecimiento, el empleo, el desarrollo regional y el avance tecnológico podrían significar un vuelco en nuestra historia económica y social. El tema del hambre se podría resolver mucho más rápido, y ya se estarían articulando planes muy ambiciosos en materia de empleo, recomposición del salario y reconstrucción de capacidades industriales.

La diferencia entre la velocidad que tuvo el macrismo para cambiar el país y las dificultades de la actual gestión deben enmarcarse, por lo tanto, en un contexto de época: el neoliberalismo global. Fue ese conjunto de intereses –Barack Obama incluido— el que trabó la normalización financiera del gobierno de Cristina para evitar la recuperación plena, el que apoyó todos los dislates económicos del macrismo y el que hoy puede jugar como un freno –no sólo en lo económico— a un gobierno alternativo.

La adhesión del orden global al gobierno satelital de Cambiemos fue grosera. No se vio ninguna advertencia ni presión durante la gestión macrista, de ninguna embajada occidental, sobre los DNU nombrando jueces en la Corte Suprema, ni sobre las irregulares relaciones entre Estado y empresas, ni sobre los encarcelamientos fraguados de opositores, ni sobre los fusilamientos por la espalda de manifestantes o delincuentes, ni sobre la asfixia económica a los medios de comunicación o sobre la gestación irregular de la deuda externa. Porque iban en la dirección deseada por el orden internacional. Doble standard total.

 

 

Tensiones entre prudentes e imprudentes

Se entiende. Estamos en un momento muy delicado, de negociaciones decisivas sobre la deuda externa, en las que se busca construir los márgenes económicos necesarios y vitales para poner a la economía nacional en marcha. Y eso implica, para facilitar las negociaciones y no dar pasto a las fieras, proyectar una imagen de prudencia, de sensatez, de mesura. Nada que pueda oler a populismo o a chavismo. Nada que se salga del libreto de la moderación. Es cierto: no tendría sentido, a priori, enturbiar las negociaciones con palabras altisonantes ni gestos destemplados.

Sin embargo, es por el lado de los acreedores donde han aparecido varias actitudes que se alejan de la reclamada “buena fe” y entran en el terreno más duro del tironeo y de las presiones más diversas. Tanto al ministro Martín Guzmán como al gobernador Axel Kicillof les han rechazado propuestas razonables para trocar bonos por otros títulos a más largo plazo, o propuestas de postergación de pago hasta que se aclare la situación total de la deuda externa.

Los protagonistas de estas negativas a facilitarle una salida viable al país han sido grandes fondos externos, entre ellos Fidelity y Templeton. Se trata de las primeras escaramuzas de una pulseada donde buscarán obtener los mayores beneficios posibles de una situación muy complicada, de la cual son, en realidad, corresponsables. Fueron ellos los aventureros que le prestaron  al equipo de irresponsables y timberos que nombró Mauricio Macri al frente de la economía argentina. Los elevadísimos intereses que le venían aplicando a los préstamos a la Argentina ya incluían, evidentemente, la inseguridad sobre el cobro en tiempo y forma. Ahora los acreedores externos fingen estar sorprendidos y vuelven con la cantinela de la falta de seriedad argentina.

Axel Kicillof debió pagar esta semana con fondos provinciales los 250 millones de dólares por vencimientos de capital que se le exigían, lo que algunos de afuera –y muchos de adentro— calificaron y festejaron como una derrota del gobernador bonaerense. Es importante la comprensión del hecho. Un fondo, uno solo, trabó la propuesta formulada por la provincia, dado el porcentaje del 75% requerido para dar valor legal a un esquema de prolongación de plazos.

Pero que Kicillof haya debido realizar este pago contra su voluntad, no debe ser interpretado como que la Provincia puede hacer esto todos los meses: no es una vaca lechera. El pago se hizo porque se evaluó que a la Nación le servía más que la provincia de Buenos Aires no entrara en default ahora. Pero la situación externa no da para más.

Lo que ha dicho la Argentina es que no puede pagar, y es totalmente cierto. No depende de la genialidad de las presiones que los bonistas están ejerciendo a múltiples niveles. Si los financistas internacionales piensan que con presiones y extorsiones “van a ir haciendo pagar” a la Argentina, se confunden gravemente, y pueden terminar generando conflictos a mayor escala.

El problema es qué tipo de lectura hagan los “mercados” (que muy pocos fondos de inversión lideran) y qué piensan que pueden lograr. Siempre debemos recordar que quienes manejan esos fondos, así como tienen conocimientos especializados en las oportunidades financieras globales, son fuertemente ignorantes de la política y de las realidades nacionales.

Desgraciadamente, los medios de comunicación locales están infestados de voceros internos de los intereses externos, lo que no contribuye a establecer con claridad el estado de la opinión pública. Si bien numerosos economistas y analistas trabajan para lograr que la gente piense como los acreedores —lo que constituye un grave problema interno de nuestra sociedad—, la actual pasividad de la población no debe ser interpretada como una ausencia de demandas y necesidades acumuladas.

Sería una mala lectura política creer que el gobierno nacional puede ceder ilimitadamente, frente a fondos y frente al Fondo. No hay que confundir silencio con vacío social.

 

 

Los dos caminos

Si bien casi todo el mundo apuesta a una salida negociada entre las partes –el contexto global tampoco necesita malas noticias financieras adicionales, y parece que los norteamericanos no quieren arriesgar a una radicalización de este lado de los Andes—, pueden ser muy distintas las expectativas de unos y de otros.

Si los fondos acreedores piensan que el principal temor del gobierno argentino es al default, las presiones serán infinitas y el gobierno nacional se encontrará con pedidos insensatos e intransigencias irracionales. Si el gobierno argentino se comportara como si el default fuera su principal temor, habilitaría a los acreedores a presionarlo y acorralarlo.

Para el gobierno argentino, la peor alternativa no debería ser el default sino firmar un acuerdo con los acreedores que no permita crecer. Que se le imponga una rendición y se le exija disimular al mismo tiempo.

Desde una perspectiva nacional de largo plazo, lo inaceptable hoy es que el gobierno popular sea obligado por las finanzas internacionales a efectuar una gestión decepcionante, impotente, de estancamiento. Ese fracaso habilitaría nuevamente la reaparición del relato ficcional de los neoliberales que, como bien sabemos, nunca termina de morir porque está sostenido por el orden global.

La peor opción entonces no es el default, aunque nadie lo quiera. Lo peor para este gobierno es ser obligado a aceptar el congelamiento de la realidad en el punto que el macrismo la dejó, porque eso significaría dejar sin alternativa política a las mayorías argentinas y confirmar el discurso único de la derecha local, de que estamos condenados al ajuste eterno, al subdesarrollo y a la resignación.

Las ensordecedoras operaciones cotidianas de la timba internacional no pueden pesar más que el silencio expectante de las mayorías nacionales.

 

 

 

 

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21 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Ricardo:

    Excelente análisis.

    Una digresión, si me permite.

    Espero que no se tome como una crítica de un gobierno que recién comienza y al que voté porque Cristina me pareció la mejor presidenta que tuvo el país (aún con los errores que no he compartido ni las políticas funcionales a los poderes fácticos que tampoco, pero a sabiendas que hizo todo lo posible dentro de las inmensas limitaciones, porque como ella misma reconoció y quedó demostrado, no tenía el poder real y demasiados enemigos de ese poder real local e internacional y de fuego amigo).

    Soy absolutamente consciente del latrocinio más grande que sufrió el pueblo y la pérdida de soberanía del país a partir del último gobierno. Comparto, porque así lo he manifestado en otras oportunidades, lo de tierra arrasada. Y me duele sobremanera la impunidad. Y, como es pena que dura, parafraseando a don Ata, podríamos llamarla “la añera”.

    Tómese entonces, como una simple catarsis.

    La dicotomía entre la facilidad de acción que violenta las instituciones y recurre a cuanto sea necesario para cumplir sus fines, sin olvidar en el camino el latrocinio criminal que le es propio de los partidos de derecha y el escabroso deambular zigzagueante, reprimido, condicionado, tembloroso y temeroso, por parte de los gobiernos democráticos y populares; hace que las esperanzas del pueblo (con memoria híper frágil y manipulada), ante el hartazgo de los tiempos que demanda una recuperación que jamás los devuelve a las situaciones previas al saqueo, a veces, terminan optando por opciones aún peores a aquellas que los devastó.

    Como no me gustaría que eso ocurriera, tal como les ocurrió a nuestros hermanos brasileros bolivianos o chilenos, permítaseme entonces.

    Si un gobierno democrático y popular no puede a través de todos los medios institucionales a su alcance lograr iniciar las acciones legales que lleven a rendir cuentas ante la justicia a los saqueadores de siempre para que paguen penal y patrimonialmente por el daño producido al pueblo y a un país; y modificar esa justicia al servicio del statuo quo desde que el tiempo es tiempo; no puede con todos los medios de prueba habidos y por haber hacerle saber a los oportunistas de siempre que esta vez no se reconocerá la deuda odiosa y fraudulenta que, por razones geopolíticas posibilitó el FMI y por razones de latrocinio sempiterno benefició a los fugadores seriales; si no puede imponer a los que vienen de fiesta desde la campaña del desierto hasta la fecha, que la fiesta debe ser pagada por ellos; si no puede desmonopolizar el control de los alimentos (Vicentín debería resultar una bisagra que al menos posibilite un mejor balance de poder, hasta por razones de supervivencia futura); el control de los medicamentos (por caso una de las vacunas de refuerzo para la meningitis, la Bexsero no se puede conseguir) ; el control de la energía por parte del Estado (en todas sus variantes); si no puede expropiar a los terratenientes extranjeros las tierras adquiridas a precio vil, ni cobrarles impuestos a esa tierra nacional que les brinda beneficios que luego fugan a sus países de origen (o financian campañas de políticos que los harán más ricos e impunes) y, generalmente no pagan impuestos e incluso se apropian de parques nacionales; si no puede perseguir a los fugadores seriales que resultan evasores, lavadores de dinero imponiendo elevados impuestos por las riquezas que extrajeron del país sin dejar nada a cambio; si no puede solucionar en 24 horas el hambre que produjeron los delincuentes de siempre, siendo uno de los países más ricos en la producción de alimentos (capacidad de producción para 580 millones de personas y 15 millones viviendo al límite de la sobrevida); si no puede siquiera echar sin indemnización alguna a la grasa militante terriblemente onerosa que pretenden dejar los delincuentes tras su paso, a los fines de que le sirvan de espías, obstaculizadores y otras yerbas; si no puede acceder a la fidelidad de la información necesaria porque el sistema de Gestión Documental Electrónica es hackeable, no tiene respaldo y lo manejan desde el exterior; si no puede desmonopolizar y democratizar la información, etc, etc, etc, hasta el hartazgo.

    Tal como sostuvo Alcira Argumedo en el programa “Recalculando” y el suscripto viene sosteniendo, “…acá no hubo inocencia, evidentemente es parte de la complicidad y las ganancias y parte de una estrategia. Esto ya lo decía John Quincy Adams en 1825: los países se dominan por la espada o por la deuda…”

    Agregó: “…yo creo que acá hay que hacer por una parte una quita y por otra parte una auditoría de la deuda, recuperar lo que fue el dictamen del Juez Ballesteros sobre la investigación que hizo en su momento Alejandro Olmos que en el 2002 entró en el Congreso y donde se detectan cerca de 400 desfalcos, además de los nombres de quienes son aquellos a quienes se les estatizó su deuda privada, entre los cuales figura…Nosotros estamos pagando la deuda que supuestamente tenía con su casa central el JP Morgan, el Deutsch Bank, el Citi Bank, IBM, Techint, los Macri, etc. etc, un desfalco de proporciones, vos fijate que cuando Rafael Correa decide hacer una auditoría de la deuda…que la hizo Alejandro Olmos Gaona que es el hijo de Alejandro Olmos, que también detectaron varios cientos de desfalcos, fueron los bancos los que vinieron a proponerle que aceptaban que se le pagara la tercera parte de la deuda, mira que quita, una quita del 70%, cual era la condición que esa investigación y esos desfalcos no se hicieran públicos…Yo creo que acá la Argentina y los argentinos que han sufrido muchísimo, este país ha sido devastado como consecuencia del manejo de la deuda tienen el derecho a saber quienes fueron los beneficiarios y cómo se realizó todo el proceso, porque eso es lo que no quieren los bancos y este elemento es absolutamente legítimo…empecemos a controlar el comercio exterior esa declaración jurada, el nivel de contrabando de mineras, agro negocios, petroleras y demás es descomunal, entonces si uno se pone a ver que el costo…”.

    “…Si vos te pones a ver en estos 40 años, desde la dictadura militar hasta acá que se inicia con la deuda, el nivel de destrucción económico, social y productivo, no lo ha tenido ningún país que no haya sufrido una guerra en su territorio. Empecemos a hacer cuentas, en estos cuarenta años se destruyó el polo industrial ferroviario, el polo industrial naviero, el polo industrial aeronáutico…, el polo petrolero…a su vez se entregaron las empresas públicas rentables a precio vil, por ejemplo, Somisa estaba valuada en u$s 3.000 millones de dólares y se le entregó a Techint en u$s 135 millones, a menos del 5% de su valor; se destruyó el sistema nacional de ferrocarriles, se destruyó la flota mercante y fluvial, se degradó un sistema educativo público que era el mejor de América Latina, mejor que el de Estados Unidos y había dado tres premios nobel en ciencias, además de dos premios nobel de la paz…niños que desde el jardín hasta la Universidad, universal, pública y gratuita.”

    “A su vez, pagaste u$s 550.000 millones de dólares por esos u$s 45.000 millones iniciales, perdiste u$s 420.000 millones de dólares más por renta petrolera y gasífera y, como consecuencia del pago de fletes, por la destrucción de la flota mercante, tenés u$s 200.000 millones más, sacá cuentas…”

    “…En términos sociales, el 90% de los trabajadores en blanco y con derechos sociales y ahora estás en el 46%… la desocupación pasó del 3% al 10% u 11%, pero si sumas los inactivos que son …pasas el 20% y la pobreza pasaste del 6% al 40%, esto es catastrófico y esto fue como consecuencia de la deuda…esto es un saqueo constante que no es inocente, es un mecanismo de saqueo a través de estos empréstitos que después entran en esta y cuando no se puede pagar, entonces, el paso siguiente es bueno, recursos naturales, recursos estratégicos…creo que es lo que pensaba hacer Macri, es decir, poner como garantía de la deuda, no sé los yacimientos de litio, lo que quedaba del petróleo…sí estoy absolutamente segura, porque esa es la concepción que ellos tienen y además, es la estrategia de Estados Unidos históricamente, esto denunciado por sicarios económicos norteamericanos…”

    Continuando con el documental Zeitgeist-Addendum, al que hiciera referencia en los artículos de los columnistas precedentes a su artículo:

    “Nosotros los sicarios económicos somos los realmente responsables de crear este primer imperio verdaderamente global. Y trabajamos de diferentes maneras. John Perkins, Ex Jefe de Economía de Chas. T. Main. Inc. autor de «Confesiones de un Sicario Económico»

    “Pero quizás la más común es que primero identificamos un país que tiene recursos, como petróleo. Después concertamos un enorme préstamo a ese país por parte del Banco Mundial
    o una de sus organizaciones hermanas. Pero el dinero nunca llega realmente a ese país sino que va a parar a nuestras grandes corporaciones para construir infraestructuras en ese país, plantas eléctricas, parques industriales, puertos…”

    “Cosas que benefician a una minoría rica de ese país, además de a nuestras corporaciones, pero que realmente no llegan a la mayoría de la gente en absoluto. Sin embargo esa gente, el país entero, se queda soportando una enorme deuda. Es una deuda tan grande que no pueden devolverla, y eso es parte del plan…no pueden devolverla.”

    “Así que, en algún punto, los sicarios económicos vamos y les decimos, «Escucha, has perdido mucho dinero y no puedes pagar tu deuda, así que véndele tu petróleo muy barato a nuestras compañías petrolíferas, permítenos construir bases militares en tu país, o envía tropas a apoyar a las nuestras en algún lugar del mundo como Iraq, o vota a nuestro favor en la próxima decisión de la ONU.»

    “Privatizar la compañía eléctrica del país y su sistema de aguas y alcantarillado vendiéndonosla a nosotros, las corporaciones estadounidenses o a otras corporaciones multinacionales. Y esta situación se extiende, y es muy típico que, de la forma en que trabajan el FMI y el Banco Mundial, dejen a un país con una deuda tan grande que de hecho no puedan pagarla. Y entonces les ofreces refinanciar la deuda, y pagar aún más intereses y exiges este «quid pro quo», lo que se llama condicionalidad o buen gobierno, que consiste básicamente en que ellos tienen que vender sus recursos, incluyendo muchos de sus servicios sociales, sus servicios públicos, a veces sus sistemas escolares, sus sistemas penales, sus sistemas de seguros a corporaciones extranjeras. Así que es un golpe doble, triple, cuádruple.”

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