ESCENARIOS CONTRADICTORIOS

Posibles cambios y continuidades cuando vuelva el movimiento global de bienes

 

Tras la caída global del producto bruto, el inédito estropicio del petróleo y el alza del desempleo, se espera que en la coyuntura el comercio internacional baje entre un quinto y un tercio desde los niveles alcanzados antes del confinamiento mundial. Por supuesto que el mundo no puede prescindir del petróleo y cuando los niveles de actividad se recuperen, es posible incluso que su precio de acá a unos años monte fuerte de acuerdo a algunos análisis de consultoras especializadas. Si el comercio internacional lo seguirá o no en volver a los niveles dónde estaba dependerá en mucho en como finalice la disputa de lo que expresa Trump contra las multinacionales norteamericanas, centrada en el retorno al terruño de las inversiones en China.

Los flujos comerciales se inflaron mucho en lustros recientes por ese ir y venir absurdo de partes y piezas que se dejaron de hacer en el centro y desemplearon a trabajadores muy calificados y bien pagos por relocalizarse en la periferia, particular y mayormente en China, para aprovechar los salarios bajos. La proliferación de acuerdos comerciales entre bloques fue un correlato de ese proceso. El contrincante de Trump para las presidenciales de noviembre de 2020, el demócrata Joe Biden, de sesgo conservador al que posiblemente le adosen un/una vice más a la izquierda para equilibrarlo un poco, es de los que creen que lo que es bueno para las corporaciones es bueno para los Estados Unidos. Si triunfa hay que ver de qué espacio dispone para reglobalizar el mundo. No parece que mucho en vista de la tasa de desempleo y menos contabilizando que dos tercios de los estadounidenses ahora ven a China desfavorablemente, en comparación con el 47% de hace dos años, según datos de Pew. La tendencia es bipartidista, aunque los republicanos (72% desfavorables) desconfían más de China que los demócratas (62%). La misma encuesta en 2010, cuando Biden era vicepresidente de Obama, arrojaba una visión favorable a China del 50% y desfavorable del 37%.

Los intereses que rodean a la gran corporación multinacional parecen tener más fe que el común de los mortales en lo que vendrá, de la mano de la política intervencionista de los gobiernos. Sus intelectuales orgánicos no dejan de trasmitir las dudas sobre la eficacia de la monetización del déficit fiscal en los países desarrollados (lo que se conoce como emisión) y las diversas facetas de los paquetes de ayuda, instrumentos que más de un análisis considera que en uno o dos trimestres al menos se van a duplicar en magnitud. Siempre se refieren al tema como terreno desconocido. Haberse pasado años maldiciendo al Estado y mistificando al mercado para ahora tener que dar el brazo a torcer, tiene la cara hereje de la necesidad para el bolsillo pero no para el corazón, si es que tienen uno; lo cual no son pocos los que lo ponen en duda.

Y así es como en medio del vendaval para la tercera semana de abril, encabezados por la bolsa de New York, los mercados de acciones registraron una suba del 23 %, compensando poco más de la mitad de la caída experimentada desde principios de marzo. Los prudentes no ven ninguna recuperación a la vista y sus argumentos hacen hincapié en que en los mercados de renta fija, o sea los bonos, andan con rendimientos que orillan los mínimos históricos, el de las divisas no hace pie frente al dólar, y las monedas de los mercados emergentes siguen en caída libre al igual que los mercados de materias primas. El dólar y el oro al alza juegan de contra tendencia a las acciones al alza a las que les auguran no menos de 20% de caída en lo que queda del año respaldados en la relación histórica entre el crecimiento del PIB nominal y el de las ganancias de las corporaciones.

A los que esgrimen que las acciones están subiendo porque los bonos no, los prudentes les retrucan que ambas cayeron en 2008 en New York y durante una década o más viene sucediendo en Japón. Agregan que las inversiones están siendo muy selectivas y van a las 5 tecnológicas que explican buena parte de la capitalización bursátil (20,2% del S&P o 5 billones de dólares). Los prudentes subrayan el peso muerto de la deuda pública creciente, lo cual es un argumento relativo porque se paga con más deuda, como venía sucediendo, sin que se vea que se ha tocado un límite preocupante más allá de los discursos de advertencia. Justamente, los optimistas ven que a partir de las medidas tomadas en 2008 el mercado bursátil batió records de crecimiento durante una década. Además, los estudios del área indican que cuando las acciones recuperan más de la mitad de lo perdido no vuelven para atrás.

Al respecto, los historiadores especializados en finanzas siempre tienen a mano el episodio de excepción, ocurrido entre noviembre de 1929 y marzo de 1930. Desde el valor mínimo tocado en noviembre del ’29 las acciones en marzo del ’30 ya habían escalado cerca del 45%. A partir de esa fecha declinaron 80% y recién en 1954 recuperaron los valores máximos de 1929. Es lo que están esperando los prudentes y juntan efectivo para pegar el zarpazo cuando sea debido. No ven el evidente giro de 180 grados en la conducta gubernamental entre uno y otro episodio y cuando se les señala, aducen que las medidas que se están tomando en todo caso son estabilizadores y no mueven el amperímetro incentivando nuevos gastos.

 

Cuatro escenarios y la Argentina

Lo cierto es que la mayoría del mercado cree que la acción gubernamental tanto en los Estados Unidos como en el resto de los países será exitosa. No obstante, es justamente la dinamización de los gastos lo que preocupa a las corporaciones para trazar su sendero estratégico. En otras palabras, una cosa son las grandes esperanzas depositadas en el remdesivir. Otra diferente es que con eso solucionado la deflación no siente sus reales. UBS encuestó a 908 inversores en los Estados Unidos con al menos 1 millón de dólares en activos invertibles, del 1° al 20 de abril, mientras que PwC entrevistó a 305 directores financieros de empresas estadounidenses durante la semana que terminó el 22 de abril. Lo que se comprueba es que la diferencia de percepción entre los inversores de acciones y los directores es creciente. Los primeros son muy optimistas, los segundos se muestran muy preocupados a las espera de una depresión que los maltrate.

La consultora de las multinacionales Deloitte y la corporación Salesforce (ambas muy tomadas por los intereses en China que afecta Trump) hicieron un análisis (The World Remade by COVID-19) a efectos de proyectar –conforme lo señalan en la introducción- “cómo las empresas y la sociedad pueden desarrollarse en los próximos tres a cinco años a medida que el mundo navega por las posibles implicaciones a largo plazo de la pandemia global”. Trazaron cuatro escenarios para identificar las preguntas más importantes que plantea una crisis, y prepararse para una serie de posibles resultados;

  1. La tormenta pasajera. Todo tiene éxito comenzando por el control de la pandemia y entonces no hay grandes cambios. “El virus se erradica antes de lo esperado debido a las medidas coordinadas de los actores mundiales para difundir la conciencia y compartir las mejores prácticas […] La actividad económica se recupera a fines de 2020. La recuperación es inicialmente lenta pero se acelera en la segunda mitad de 2021 a medida que los consumidores tienen más confianza”, tal lo que se espera de darse el primer escenario.
  2. Buena Compañía: “La pandemia de COVID-19 persiste más allá de las proyecciones iniciales, lo que representa una carga cada vez mayor para los gobiernos de todo el mundo que luchan por manejar la crisis solos. A medida que las empresas avanzan como parte de la solución global, surge un aumento de las asociaciones entre el sector público y el privado”. En este segundo escenario las grandes empresas avanzan, acelerando la tendencia hacia un capitalismo de partes interesadas más empático y “La recuperación económica comienza a fines de 2021. La recuperación se desaceleró a principios de 2022 y se acelera en la segunda mitad de 2022”.
  3. Amanecer en el este. Los países occidentales como Estados Unidos luchan por controlar la pandemia con poco éxito en comparación con China y otras naciones del este asiático. Como resultado, Beijing se apodera de la primacía geopolítica. El escenario plantea que “La recuperación económica comienza a fines de 2021, con una recuperación notablemente más rápida y robusta en el Este”, delineando así las condiciones bajo las cuales las tendencias hacia el recentramiento geopolítico se acelerarían.
  4. Lobos solitarios,  la pandemia dura más de lo que cualquiera espera, y en respuesta, los gobiernos se vuelven más aislacionistas y la vigilancia tecnológica se vuelve moneda corriente. “Las naciones ponen estrictos controles sobre los extranjeros y fuerzan a las cadenas de oferta a permanecer en el país en nombre de la seguridad local […] La recuperación económica mundial se da a mediados de 2022, con tasas de recuperación divergentes entre países”.

 

La prospectiva no otorga valor de probabilidad a ninguno de los cuatro escenarios.

Resulte lo que resulte, en este mundo desconfiado, la Argentina tendrá que batallar fuerte para conseguir inversiones externas a efectos de intentar la muy difícil meta de acelerar su desarrollo. Si aprendió las lecciones del pasado reciente, la clave está en fortalecer y no estropear como hizo el mercado interno. ¿Por qué? El salario era y es siempre y en todas partes un precio administrado, institucional y, por lo tanto exógeno, en una palabra: político. Incluso, se puede decir que a excepción del capital, cuya remuneración es residual y, por lo tanto, endógena, todos los otros factores o elementos de costo o bien son 100% exógenos, como los impuestos indirectos, o en alta proporción exógenos como las rentas. Esto significa que las variables nacionales de la distribución del ingreso devienen, asimismo, tan autónomas y rígidas como las condiciones técnicas de producción y, desde ese momento, no son más los precios de los productos los que determinan los ingresos de los productores (los salarios) sino son los ingresos de los productores los que determinan los precios de los productos. Más salario, más precio, más mercado, más potenciales inversiones. El reseteo pandémico del mundo por ahí da una oportunidad a la Argentina de las que hasta ahora les fueron esquivas por las insuficiencias de la consciencia nacional.

 

 

 

 

 

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