Escuela ORT, pedagogía del miedo

Despidos de docentes por adherir al paro para reclamar clases virtuales

 

El viernes 16 de abril, la escuela ORT decidió despedir a dos docentes –ambas mujeres– que trabajaban en la institución hace más de siete años. “Fue un despido disciplinario por habernos adherido al paro del miércoles. Nos echaron sin justificación alguna. A mí todavía ni siquiera me entregaron el telegrama de despido”, dice Mariana Sampaiño, que decidió adherir al paro docente del miércoles 14 para reclamar la vuelta a las clases virtuales. Vale recordar el contexto sanitario, con un promedio de 3.000 casos diarios en la Capital, y la vigencia de una ley de emergencia laboral que prohíbe los despidos por 90 días. El tema ya pasó por las manos del Ministerio de Trabajo, que dictó una conciliación obligatoria el jueves, luego de que los docentes en conjunto con la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) presentaran un escrito ante la cartera conducida por Claudio Moroni. Resta aún saber cómo procederá la escuela. El Presidente Alberto Fernández también sentó posición sobre el tema al retwittear el hilo de Sacha Unamuno, docente, ex alumno y parte del cuerpo de delegados de la escuela, conformado hace poco más de dos años. Desde la dirección de la escuela sostienen que los despidos son a causa de una fake news que las docentes hicieron circular entre la comunidad educativa con la “marca ORT”, donde supuestamente anunciaban que la escuela no iba a dar clase. “Nosotras no firmamos nada. Lo que circuló fue el comunicado con las decisiones de la asamblea docente donde se explicaba por qué decidimos parar. Sólo eso”, explica Violeta Sznaider, la segunda despedida. No es la primera vez que la escuela ORT se ve envuelta en la polémica: desde fines de los ‘80 hasta el día de hoy, a cada intento de organización docente y estudiantil, la Comisión Directiva respondió con despidos, amenazas y hostigamiento.

 

 

ORT Mundial fue fundada a fines de 1880 como una organización educativa “sin fines de lucro” con el objetivo de brindar herramientas y profesionalizar a campesinos, artesanos y proletarios judíos de la Rusia zarista de ese entonces. Hoy en día está presente en más de 60 países y tiene más de 250.000 estudiantes. A nuestro país llegó a mediados de los años ‘30 y durante décadas fue un colegio netamente técnico. Ya lejos de representar a sus orígenes –ORT es un acrónimo en ruso que traducido al español significa Sociedad del trabajo agrícola y artesanal–, la institución fue reconfigurando su perfil técnico hacia uno cada vez más empresarial y emprendedor. Y esto no es casualidad, ya que el inicio de este período comienza cuando, a fines de los ‘80, la comisión directiva fue copada por empresarios, banqueros, arquitectos y abogados del calibre de Werthein, Jaraj, Kiguel, Gold y Feldberg. La última CD, que según el sitio web de la escuela se mantiene desde 2012, incluye varios nombres célebres del mundo empresarial: Darío Jaraj, dueño del estudio de arquitectura que lleva su nombre, Guillermo Feldberg, fundador del Instituto de Neurociencias de Buenos Aires, o Luis Kitainik, de una importante familia de abogados. Quizás el más reconocido sea Darío Werthein, uno de los accionistas del Grupo Werthein, que posee inversiones en el agronegocio, las bienes raíces y hasta incluso la cría de caballos.

 

Rabino Bergman, aporte de excelencia de ORT a la gestión estatal.

 

En 1988 los docentes de la escuela ORT comenzaron lo que para muchos implicó el primer proceso de organización de un cuerpo de delegados. En ese momento, una serie de reclamos gremiales –aumento de salario, reconocimiento de horas extra, entre otros– unía a los profesores, que decidieron crear una comisión interna para dialogar con las autoridades. Como única respuesta, la institución despidió a los diez docentes que formaron parte de esa comisión. Pocos años después, promediando la década del ’90 –con el contexto de la Carpa Blanca docente y las marchas como telón de fondo– la situación volvió a repetirse: los docentes reclamaron, se organizaron y quienes lo hicieron fueron despedidos. Daniel Plotinsky, ex docente de la escuela en el área de Ciencias Sociales, recuerda que en esos momentos “lo común era estar aislados de los sindicatos porque, para la mayoría de los docentes no politizados, el sindicato era política y eso la institución no lo veía con buenos ojos”. “El tema de los despidos siempre fue muy opaco. Si no cuadrabas en la ‘cultura ORT’ que es algo muy amplio pero que incluye no quejarte de las condiciones laborales, en diciembre te echaban. Algo que también hicieron para romper la organización fue ofrecer un plus que, en esos momentos, era mucho dinero”, reflexiona Plotinsky. Luego de la crisis del 2001 los docentes de la escuela volvieron a reclamar, pero esta vez sin una organización formal y simplemente para que la institución esclarezca los ítems de los recibos de sueldo. “Esos reclamos tuvimos que hacerlos más de una vez, porque nunca terminaban de resolverlo”, completa el ex docente.

El momento bisagra para la organización de los docentes y de los estudiantes fue en 2013, cuando ORT decidió despedir a dos docentes muy queridos y con mucha antigüedad sin justificación alguna. Al día de hoy, ninguno de esos dos puede decir cuál fue la causa aunque coinciden en que haber presentado una carta a las autoridades pidiendo que no transfirieran a un docente que llevaba muchísimo tiempo en el área de Producción Musical fue parte de la sumatoria de cosas que llevó al despido. “Me sentaron en un aula y me avisaron que ya no iba a formar parte de la escuela porque me despedían del terciario, y si te despiden de uno te tenés que ir de los dos”, cuenta uno de ellos, que prefiere reservar su identidad. Ninguno de los dos recibió en toda su carrera una sola queja por el dictado de sus clases. Fue a raíz de esos despidos que los estudiantes comenzaron a organizar lo que hoy se conoce como el Centro de Estudiantes ORT, que implicó el lanzamiento de una revista, El Fénix. Durante esos meses, y cada vez que salía un nuevo número de la publicación, la institución tomó una política de censura. Comandados por Avi Gonen –actual director de estudios– los directivos se organizaron para evitar la circulación de la revista y a cada alumno que veían ofreciéndola lo obligaban a tirar las publicaciones a la basura o incluso se ocupaban ellos. Fueron varios los relatos de alumnos y alumnas que, caminando por un pasillo, eran sorprendidos por alguna autoridad que los sentaba en una oficina y les explicaba muy amablemente que les sacarían la beca si seguía repartiendo o participando de la publicación.

 

La revista del Centro de Estudiantes que ORT los obligaba a tirar a la basura.

 

En cuanto a los docentes, la organización comenzó con muchas reservas, reparos y temor. “No podíamos reunirnos en la escuela porque nos daba miedo que nos vieran y tomen medidas. Por eso íbamos a algún café cerca y rogábamos que no pasara alguien que pudiera delatarnos”, relata una docente que prefiere mantener la reserva. Fue recién a principios de 2019 que el cuerpo de delegados “Docentes Escuela ORT” logró constituirse formalmente con ocho delegados, planteando ocho puntos reivindicativos (salariales, jornadas ESI, pago de horas extra, etc.) y con el acompañamiento del sindicato conducido por Eduardo López. Antes, durante y después de la elección que designó a los delegados, los actos disciplinadores fueron variopintos: intervención del área de Ciencias Sociales –donde más docentes se organizaron–, evaluaciones constantes sin explicación, monitoreo de clases, presencia de directivos en la sala de profesores, entre otras. Fue a fines de 2019 que la institución decidió despedir sin causa a diez docentes que habían participado del proceso de organización gremial, ocho de los cuales eran afiliados de UTE.

Es viernes, año 2019, y el calor de diciembre ya marca más de 30 grados en el termómetro. Adrián Moscovich, director ejecutivo de ORT Argentina, juguetea con el antiguo BlackBerry que sostiene en su mano. “Los docentes que fueron desvinculados, que no son 10 sino 28, decidieron no participar de las capacitaciones pagas que nosotros brindamos y tampoco subían material didáctico al campus virtual de la escuela. No hay un reclamo por cómo dictan clases, pero no se adhirieron a nuestro proyecto educativo”, explicaba en ese entonces Moscovich, formado como contador público. “Me extraña que se defienda a 10 docentes en lugar de 28. Justo de los 20 que no defienden la mayoría son amigos míos, que me dicen ‘ni siquiera el sindicato nos defiende a nosotros’. Yo les digo que no puedo desautorizar a la gente que trabaja. Son las generales de la ley”, relataba en ese entonces Moscovich. Suena por demás extraña esa declaración, ya que el directivo se muestra orgulloso por no haber intervenido en el despido de sus amistades pero se ocupa de criticar al sindicato y a los docentes que se organizan. De todas maneras, la doble indemnización que recibieron los despedidos deja en evidencia que la decisión fue un castigo por haberse sindicalizado en una institución educativa privada.

 

 

Adrián Moscovich, director de ORT Argentina. Foto Iton Gadol.

 

“Me parece excelente que exista un cuerpo de delegados y que los docentes ejerzan su derecho a huelga o a organizarse”, decía en 2019 Moscovich, a quienes muchos docentes califican como “una persona impredecible, que si ve que sos el enemigo va a intentar destruirte de cualquier manera”, y a quienes todos, tanto docentes como directivos de menor rango, de alguna manera le temen. Es notorio que la proclama del director ejecutivo no se condice con las acciones que la institución tomó hace pocos días, ya que las dos docentes fueron despedidas a 48 horas de haber adherido al paro que reclamaba volver a las clases virtuales. Según el telegrama de despido, las docentes “difundieron por redes sociales una falsa información sobre que la escuela iba a suspender las clases, utilizando malintencionadamente la marca ORT”, y eso trajo una “enorme confusión” en las familias que hizo que muchos no enviaran a sus hijos al colegio. Ninguna de las docentes compartió algo en sus redes sociales. A lo que aluden los abogados de ORT es al comunicado que sacó el cuerpo de delegados de la escuela, donde sólo se explica por qué adhieren al paro, que en ningún momento habla de suspensión de clases y que se publicó con el día ya comenzado.

“Educar para la vida” es el lema central de la Escuela ORT. Se repite como un mantra solemne en actos, propagandas, cursos de ingreso, carteles y folletería. “Educar para la vida es educar para la democracia, la libertad y el ejercicio de los plenos derechos, no es educar para perseguir política e ideológicamente a los docentes”, sostiene Sampaiño, quien junto a Sznaider, al cuerpo de delegados y a los gremios UTE y SADOP luchan por lograr la nulidad de los despidos y la reincorporación. El jueves 22 se celebró una audiencia de mediación en el Ministerio de Trabajo con las partes involucradas, que duró más de tres horas. La cartera que conduce Moroni dictó a los pocos minutos una conciliación obligatoria por el plazo de 15 días, en la cual se intima a la Asociación ORT Argentina a “retrotraer la situación a la existente con anterioridad al inicio del conflicto, dejando sin efecto los despidos producidos por el plazo que dure el presente procedimiento conciliatorio, otorgando tareas en forma normal y habitual a todo su personal, como así también abstenerse de tomar represalias de cualquier tipo con el personal representado por la UTE y/o con cualquier otra persona”. A pesar de la resolución, es claro que el conflicto sigue abierto –una conciliación obligatoria sólo deja en evidencia que hay una disputa y pone a las partes a negociar– y aún resta ver qué postura tomará la institución. Por lo pronto, el viernes Mariana volvió al colegio, pero no le asignaron tareas.

En su libro Pedagogía de la esperanza, el pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire afirmaba: “Se pretende convertir a la escuela en una empresa que tiene por objeto final el rendimiento. Esto se convertiría en una trampa mortal para los desheredados de la tierra”. El caso ORT deja en evidencia lo planteado por Freire y pone sobre la mesa un tema que siempre trató de evitarse y nunca se soluciona: la organización gremial de los docentes de instituciones privadas. El realismo mágico argentino hace que, en la escuela pública, el docente pueda luchar por sus derechos, mientras que en la privada muchos coinciden en que se mantienen prácticas dictatoriales. En su currícula, ORT, a pesar de ser una institución privada, se jacta por su pluralidad ideológica. Los contenidos van de la Revolución Cubana al liberalismo económico e incluyen jornadas ESI (Educación Sexual Integral). Pero, cuando se trata de trabajar con el personal, la perspectiva de género hace agua: llama la atención que, tanto en 2019 como este año, todas las docentes despedidas hayan sido mujeres. Incluso, hace dos años, una de las profesoras desvinculadas había sido madre hacía menos de dos meses. Que dos profesoras hayan sido despedidas por ejercer un derecho constitucional y legítimo como adherir a un paro, en un contexto de crisis sanitaria y con una ley de emergencia laboral que prohíbe los despidos, deja en evidencia la enorme crisis que vive la educación en el país.

 

 

 

 

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