Estado, gasoducto y después

Distintos modelos, diferentes efectos

 

La distribución del ingreso entre los distintos estratos económicos constituye necesariamente la contradicción principal en todas las sociedades; en nuestro país pujan por la distribución del ingreso actores locales y actores internacionales con fuertes intereses económicos en la Argentina.

En diferentes épocas históricas la lucha por la distribución del ingreso adopta diferentes formas; las clases privilegiadas para mantener sus privilegios a veces apelaron a los tanques, a veces apelaron al terrorismo de Estado y otras veces a jueces amigos; pero hay una constante, el Estado nunca es un referi imparcial y con su poder para implementar políticas que favorezcan a uno u otro sector y con su monopolio del uso de la fuerza desempeña un rol fundamental.

En un gráfico publicado por la World Inequality Database en el que analiza la distribución del ingreso en nuestro país, observamos las variaciones en los últimos años prepandemia.

 

La desigualdad en la Argentina.

 

Durante las presidencias de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner hubo una clara disminución de la desigualdad, a pesar de las oscilaciones introducidas por las crisis económicas internacionales y por la resistencia interna de los sectores que ven en el avance de la igualdad —aceptemos que con razón— una amenaza a sus beneficios. Opuestamente, durante la presidencia de Mauricio Macri, se produjo una acelerada recuperación del nivel de desigualdad pre-Néstor Kirchner. Eso sintetiza la competencia entre los dos modelos que hoy disputan la hegemonía en nuestro país: el nacional y popular cuya expresión política es el peronismo y el neoliberal periférico [1].

Es claro que más gas, a un costo reducido y administrado por el Estado, implica una importante mejora en la vida de los sectores menos favorecidos por la distribución del ingreso; es decir, implica mejorar su participación en esa distribución. Fue el Estado hegemonizado por un gobierno nacional y popular el que, con la nacionalización de YPF, hizo crecer desde el año 2012 la producción argentina de gas natural.

Producción argentina de gas natural (CEPA).

 

Contrariamente al impulso a la producción y consumo de energía del gobierno de CFK, el de Macri elevó las tarifas para que las empresas amigas hiciesen excelentes negocios a costa de los sectores populares que así carecían de energía para la vida diaria o para la producción, en el caso de las empresas pymes. Acá aparece una falacia que usó (y usa) la derecha: intentan convencernos de que la Argentina es un país que dilapida la energía. Si se mide per cápita, nuestro país dispone de mucha menos energía que los países industrializados:

Consumos per cápita de energía (Banco Mundial).

 

Otra falsedad, generalmente utilizada por la derecha y muy especialmente contra la YPF nacionalizada, es que el Estado productor es ineficiente. No es así:

Desde 2016 los costos de desarrollo de pozos de YPF en Vaca Muerta alcanzaron a los de los yacimientos no convencionales en Estados Unidos, considerados el óptimo internacional.

 

El Estado nacional que es eficaz y eficiente para producir gas natural en Vaca Muerta, necesita sacarlo del yacimiento y distribuirlo por el país para que los argentinos puedan disponer a costos razonables, en todo el territorio nacional, de servicios indispensables como gas para sus cocinas, agua caliente y calefacción y para que las industrias nacionales puedan producir a costos competitivos generando valor y trabajo. Estas son las necesidades que cubrirá el recientemente inaugurado Gasoducto Presidente Néstor Kirchner.

En su momento, el gobierno de Macri planteó construirlo a través de un proyecto público-privado lo que hubiese sido, simplemente, poner las necesidades urgentes del país en segundo lugar frente a las ansias de rapiña de las empresas asociadas a su club.

El Estado argentino, a través de la empresa estatal ENARSA, construyó el GPNK en el tiempo récord de 10 meses. El GPNK y su futura e inmediata segunda etapa (salvo obviamente que en octubre los argentinos seamos nuevamente víctimas del síndrome de Estocolmo) es el camino tubular para distribuir el gas de Vaca Muerta en todo el país, lo que permitirá, en tiempos cortos, eliminar el peso, sobre la balanza comercial argentina, de la importación de GNL.

 

 

¿Qué viene después?

Cubierto el autoabastecimiento de gas en hogares e industrias (incluida una deseable industria de fertilizantes, hoy con demanda insatisfecha a nivel local e internacional), viene la etapa de exportación de GNL, que será recorrida por YPF en sociedad con la empresa malaya Petronas. Será un proyecto que requerirá muy altas inversiones, pero que, a lo largo de 10 años, transformará la balanza comercial argentina en altamente superavitaria.

Es fundamental considerar que todas las exportaciones no acarrean idénticos beneficios para el país, aunque todas sean deseables:

  • La exportación de gas y petróleo no es equivalente a la exportación de productos agropecuarios, porque la primera implica fuertes encadenamientos productivos aguas arriba del yacimiento, con fábricas nacionales de equipos petroleros y productos químicos y con servicios tecnológicos de alta especialización; es decir, no solamente implica crecimiento del PIB, sino fundamentalmente desarrollo.
  • La exportación de gas y petróleo, en comparación con la exportación de granos, no es dependiente del clima… ni del humor de los productores agrarios.
  • La exportación de gas y petróleo, conducida por el Estado, no impulsa los precios internos al alza, como lo hace la exportación de granos con el precio de los alimentos.

Por último, y no por ello lo menos importante, la participación del gas natural en la matriz energética argentina es hoy del 52 %; considerando que la combustión del gas natural produce menores emisiones de gases de efecto invernadero que los combustibles líquidos, con el incremento del uso de gas como combustible estamos avanzando en la transición energética, cumpliendo así nuestros compromisos internacionales.

 

[1] E. Dvorkin, ¿Qué ciencia quiere el país? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí